Helados

Escrito por Olivia Suquet el . Publicado en Otras cosas

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Cede al placer helado, ¡al rico helado, a la rica heladería!

El verano es el momento perfecto para desatar nuestra ganas de tomar un buen helado, mejor si totalmente artesanal y capaz de regalarnos un placer inmenso.

Refrescante y nutritivo, el helado lleva muchos siglos calmando el calor y el apetito goloso. Cae en la tentación de los más cremosos y combínalos con ingredientes sorpresa. ¡Aventúrate y vive un verano bajo cero!

Difícilmente se puede encontrar un alimento que consiga mayor consenso. Porque, ¿a quién no le gustan los helados? Podrá haber desencuentros en cuanto a sabor, textura, modo de presentación, forma de preparación, incluso temperatura. Pero… ¿existe alguien sobre la faz de la Tierra que frunza el ceño con tan sólo nombrarlo? A no ser que sea alérgico o esté sometido a una estricta dieta, no hay excusa que valga. Ditirambos aparte, el helado es, de hecho, una de las elaboraciones dulces más antiguas de la humanidad. No se puede asegurar un origen inequívoco. Aunque los estudios más sesudos, que también para esto los hay, apuntan a que ya babilonios, persas o árabes, mezclaban bebidas y fruta con nieve traída de las montañas, pero fueron los chinos los que, pocos siglos antes de Cristo, comenzaron a mezclar diferentes ingredientes con el hielo, acercándose más a la categoría de helado que hoy se conoce. No fue hasta la baja Edad Media, cuando Marco Polo regresó a Italia procedente de uno de sus viajes a Oriente, con técnicas y recetas del delicado manjar. Se comenzó a popularizar su uso sólo entre la nobleza, dada la dificultad de su preparación, y se extendió imparable por las extravagantes cortes cortes europeas. Por fin en la segunda mitad del siglo XIX, el gran público tuvo acceso al dulce, gracias al auge que había adquirido el negocio de recoger hielo en zonas frías y comercializarlo en las ciudades, que se llenaron de vendedores ambulantes que los servían en las plazas y los lugares concurridos. El boom había comenzado.

Hoy en día, el helado ha dejado de ser un producto de estación para convertirse en un básico que no falla en los congeladores de medio mundo. Las películas norteamericanas muestran la capacidad reconstituyente de un litro de sabor a chocolate después de la ruptura amorosa, quién sabe, a lo mejor los de ellos tienen algún ingrediente farmacéutico entre trozo de cookie y nuez pecana. La sofisticación de este producto no deja de crecer. Y aunque Italia sigue liderando el mercado, cada vez es más sencillo encontrar auténticas heladerías artesanas con la máxima calidad e innumerables sabores y propuestas nuevas, y si a esta ecuación ya le sumas su decoración, un auténtico lavado de imagen en pos de un diseño moderno, imposible no dejarse llevar por ese placer helado. ¿Uno de wasabi? ¿Otro de Pedro Ximénez para acompañar un solomillo de buey? Por probar que no quede. Reconocer estas mecas del frío es fácil: tienen cola en la puerta. Son la versión veraniega de la fábrica de chocolate de Willy Wonka, sitios prodigioso que alumbran dulces helados para que caigas en la tentación. ¿Preparado a formar parte de sus acólitos? Rocambolesc

La heladería Rocambolesc, propia del imaginario de Roald Dahl, envuelve con su ideal naíf y sabores golosos el casco antiguo de Gerona. Ahora sus más de treinta toppings (tan sugerentes como leche de oveja caramelizada y algodón de azúcar, gominolas de frutos rojos, nubes de lichi o confitura de guayaba), los sorbetes de fruta o las magdalenas de helado harán las tardes al sol más dulces (Santa Clara, 50, Gerona, tel. 972 41 66 67, www.rocambolesc.com. También en el Gourmet Experience de El Corte Inglés de Serrano, Madrid).

DellaSera

Decidió ser heladero y se transformó con los años, y sin quererlo, en maestro. Artesanales y elaboradas con ingredientes naturales, Fernando Sáenz Duarte, desde su Obrador Grate, su base de operaciones en la localidad navarra de Viana, crea especialidades únicas e inesperadas que más tarde vende en su heladería dellaSera, en el corazón de Logroño. Ha creado un mundo tal de fantasía para quienes adoran este pequeño capricho, necesita pedir más de un cucurucho con un sabor artesanal diferente (Portales, 28, Logroño, tel. 638 79 21 85).

Borgonesse

Escondida en el bullicio de la Rambla de Alicante, se encuentra esta heladería que ofrece sus productos a la antigua usanza bajo una decoración retro. La elaboración está a la vista de todos y cuenta con un taller de helados refinado si lo que buscas es el sabor auténtico artesanal (Rambla Méndez Núñez, 7, Alicante, tel. 644 37 41 40, www.borgonesse.com).

Eyescream & Friends

Sus helados no te quitarán los ojos de encima, literalmente. Sus artífices convirtieron el ice (de cream) en eyes (ojos), dotando al helado de cierta humanidad, porque tras esos ojos azucarados que coronan cada uno de sus sabores, se encuentran tiernos monstruos. El helado es de Taiwán, se llama shaved ice cream, se sirve raspado, tiene una textura a medio camino entre el sorbete y el helado, y se acompaña de salsas y toppings (Passeig de Joan de Borbó Conte de Barcelona, 30, Barcelona, tel. 932 21 53 10).

Mistura

Desde la India dos amigos de la universidad, Carlos y Carmelo, se trajeron a Madrid un pequeño descubrimiento: una fórmula única de mezclar sabores y texturas en los helados, y decidieron compartirlo con el resto del mundo bajo el nombre de Mistura. Su campamento base en la madrileña calle de Augusto Figueroa. La leche, la nata y el yogur proceden de una pequeña granja de las afueras de la capital, las frutas son frescas de ese día de mercado y los siropes no contienen ingredientes artificiales como espesantes o conservantes (Augusto Figueroa, 5, Madrid, tel. 917 55 63 91, www.misturaicecream.com).

Olivia Suquet

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