Los artificios matemáticos para la prolongación del acto amatorio

el . Publicado en Estudios y manuales

0
0
0
s2smodern

Contra la opinión comúnmente aceptada, la simbología matemática cumple una función importante en la representación y comunicación del lenguaje sexual entre las personas. Ello ocurre, en la mayoría de los casos, siendo ignorado por los propios sujetos que la utilizan, pero esto es un mal común para la mas exacta del las ciencias: las gentes se sirven de ella a diario y continuamente, pensando al mismo tiempo que no forma parte de sus vidas.

Piénsese, sino en el caso del prodigioso número 69. En la cultura occidental moderna, representa en una cifra de dos dígitos una compleja posición para cuya descripción con palabras debiera recurrirse a una larga frase con inclusión de palabras en latín, como "cunnilingus y fellatio en ejecución simultánea ", o cosa por el estilo.

Semejante capacidad de síntesis no se ha logrado fácilmente, sino como resultado de la maravillosa evolución que llevó a la concepción del actual sistema numérico arábigo decimal. En sistemas numéricos más antiguos, por ejemplo el romano, el maravilloso 69 se convierte en el insípido LXIX , que llevado a la práctica erótica requiere la participación de cuatro personas en posiciones extrañas que nadie sabe bien que placer puedan proporcionar.

El arte de los números no se limita, sin embargo, sólo a servir como método de referencia y clasificación, sino que su ejercicio directo resulta de gran utilidad para la resolución de problemas durante el mismisimo acto sexual.

Tal es el caso del control de la duración del coito, sobre el que pasamos a explayarnos.

La problemática de la duración pudiera muy bien llamarse la problemática de la coordinación, puesto que en gran medida deviene de los diferentes tiempos que las personas requieren para alcanzar el clímax y el orgasmo. Es un problema típicamente masculino el de la eyaculación precoz, que termina con la fiesta casi antes de que empiece. La lentitud para alcanzar el punto óptimo en algunas mujeres, en cambio, le agota las ganas de festejar a más de un caballero.

Un recurso muy recurrido para resolver este dilema, ha sido la fantasía. Quien desea aumentar su grado de excitación, con frecuencia imagina la comparecencia en el lecho de personas que realmente no están allí, pero que resultan muy estimulantes al que imagina. Como desventaja de este método se menciona la perdida del sentido de la realidad llevando a accidentes como llamar al cónyugue por un nombre extraño, lo que puede generar discusiones.

Otros recurren a símbolos, cosas, situaciones o lugares que les resultan erotizantes. Un caso especial es el de la esposa del célebre inventor Cornicelli, quien recurría a su imaginación no para excitarse sino lo contrario: Cuando era acosada por señores que le hacían propuestas indecorosas, para preservar su virtud imaginaba un gran cactus erecto (evidente símbolo fálico) pero provisto de abundantes y agudas espinas, como deben ser los cactus. Un símbolo fálico armado de tales dificultades le enfriaba el ánimo. Adicionalmente, si no deseaba ya preservar la virtud, se imaginaba un cactus sin espinas, con lo que recuperaba su apetito sexual. Sus críticos rumoreaban que generalmente la mujer del ilustre creador no se tardaba más que unos minutos en sacarle las espinas al cactus, pero esto ultimo son seguramente maledicencias .

Ahora bien, el problema contrario, esto es, recurrir a la imaginación para bajar los niveles de excitación, evitar el pronto orgasmo y así prolongar la cópula, es de más difícil resolución.

Al común de las personas se les da por pensar en algo desagradable o poco feliz como método de bajar el ritmo de actividad sexual. Por ejemplo, pensar en la última derrota sufrida por su equipo de fútbol favorito. O acordarse del dentista. Si la fantasía negativa elegida es demasiado eficaz, sin embargo, podría pasarse del peligro del orgasmo anticipado a la simple impotencia, a la pérdida total del clima erótico.

Existe una complicación mayor aún, en esto de recurrir a las imágenes negativas. Es un derivado de los reflejos estudiados por Pavlov, que demostró que la mente de los seres pensantes puede realizar erradas asociaciones entre los estímulos percibidos. En su famosa experiencia de laboratorio , Pavlov ofrecía carne fresca a perros hambrientos al tiempo que tocaba un agudo timbre. Tras repetir la acción un buen número de veces, comprobó que bastaba tocar el timbre para que los canes aumentasen su flujo salivar, y se babeasen: reaccionaban al timbre como si estuvieran frente a la comida, aunque esta yo no se les ofrecía.

Llevado al tema que nos ocupa, los anales cuentan el caso de un comerciante minorista que para prolongar el coito recurría a la siguiente fantasía: Se imaginaba a sí mismo en la cola bancaria para abonar los impuestos. El método le daba gran resultado en su actividad nocturna, pero tras un tiempo notó con asombro que, al concurrir realmente a pagar sus obligaciones con el estado, se sentía extrañamente erotizado. Al llegar frente al cajero, solía regularmente tener una erección. El efecto pavloviano es evidente; el pobre hombre terminó presentándose en actitud acongojada ante los empleados de la entidad, exigiéndoles que hubiese más días de vencimientos y más impuesto que pagar. Fue un caso tan extremo que la propia autoridad fiscal recomendó su internación.

El meollo del problema estaría en lo errado de la estrategia : tratar de compensar una emoción agradable (la excitación sexual) con otra emoción mala o desagradable. Esto es imprudente como se ha visto más arriba.

Es un hecho científicamente demostrado que el terreno de las emociones y los sentidos se ubica en el hemisferio derecho del cerebro humano, mientras que la actividad más fría y lógica se centra en el izquierdo. Tratar de compensar estados emotivos buenos evocando estados emotivos malos es como provocar una tormenta en el hemisferio derecho; la actitud más acertada sería desplazar la atención hacía el hemisferio izquierdo, buscando una actividad que no sea negativa, pero si lógica, esto es, ajena a lo emotivo y lo sensitivo. Ello produciría el efecto buscado de calmar la excitación de los sentidos sin provocar ningún tipo de conflicto.

Y para ello, oh lector, nada supera a las matemáticas.

Imagínese el lector en medio del más tórrido acto sexual, en compañía del ser más bello y lujurioso que haya conocido, y a punto de alcanzar una culminación del acto que desea prolongar pero le resulta incontenible. Entrecierre un momento los ojos, y dedíquese a resolver la raíz cuadrada de 1234. El efecto dilatorio estaría prácticamente garantizado.

En esta era en que la calculadora de mano nos ha quitado la costumbre de resolver cuentas mentalmente, bastará al común de las personas ejecutar sumas de tres dígitos o simples divisiones durante la cópula para obtener una buena prolongación de la misma. Quienes se han vuelto entusiastas del método que aquí recomendamos, se entregan a ejercicios aritméticos mucho más intensos, en la búsqueda de noches enteras de pasión bien administrada. Algunos ambiciosos, tratando de extender el asunto ya en exceso, suelen recitar la tabla de logaritmos decimales, pero esto tendría el inconveniente de inducir el sueño en el compañero sexual.

El académico Fonseca habría llevado este sistema al paroxismo. En tiempos en que mantenía una relación íntima con una auxiliar de cátedra a la que le costaba horrores llegar al orgasmo, Fonseca recurrió asiduamente a las técnicas que describimos. Por ser matemático de profesión, las operaciones aritméticas simples no alcanzaban a los fines buscados, por lo que el sabio se entregaba a ejercicios más exigentes, como la resolución de sistemas de ecuaciones de primer grado o series de potencia.

Cierta noche en que el teatro corporal previo se había desarrollado particularmente bien, y en que su querida parecía por fin próxima a alcanzar las cumbres del placer físico, Fonseca sumergió su mente en la ecuación de Bernoulli, un acertijo dejado por un sabio hace más de tres siglos, y que ningún matemático ha podido resolver a la fecha.

Con esto, el estudioso pretendía mantener su mente ocupada, mientras su cuerpo cumplía con su deber, por un largo tiempo, ya que estaba seguro de no llegar a ninguna parte con el acertijo. Su amante subía minuto a minuto sus niveles de goce y tensión sexual , acercándose ya a la explosión final, mientras Fonseca se mantenía firme en sus funciones corporales en tanto su mente volaba en abstracciones.

De repente, tuvo la absoluta certeza que acababa de encontrar la respuesta que tantos colegas habían buscado por tanto tiempo. Una chispa de inspiración, un camino que nadie antes había imaginado.

Urgido por la necesidad de ayudarse con la escritura, Fonseca abandonó súbitamente su puesto, corrió por lápiz y papel, y comenzó a escribir febrilmente los resultados recién vislumbrados por su mente.

Más no escribió mucho: Una lluvia de objetos arrojadizos, lanzados por su frustrada acompañante presa de un ataque de histeria, lo obligó a proteger su humanidad lo mejor que pudo. Luego de la trifulca, ya no recordaría nada de lo que creyó imaginar.

Y la resolución de la ecuación de Bernoulli se perdió así, quizás para siempre.

Licenciada María de las Mercedes Cárdenas – La página de Cornelio

Escribir un comentario

Código de seguridad
Refescar

UK betting sites, view full information www.gbetting.co.uk bookamkers