Los otros Puntos G

Escrito por Pedro la Calle el . Publicado en Estudios y manuales

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Te enseñamos dónde están los otros Puntos G

El órgano sexual más grande y más agradecido del cuerpo humano es la piel

A principios de los años ochenta se hizo famoso un cómic que su autor, el dibujante italiano Milo Manara, tituló El clic. El argumento de esta obra resultó muy sugerente y tuvo mucho éxito: un científico y médico de familia enamorado de la joven Claudia Christiani, que se manifestaba fría e inaccesible a cualquier estímulo sexual (es decir, frígida, que dirían nuestros abuelos) diseña un dispositivo que, una vez instalado en el cerebro de aquella mujer objeto de su deseo, puede provocar en ella un proceso de erotización intenso. A modo de vendetta, o de aprendizaje forzado, el frustrado varón, ante la frialdad de la joven, accionaba el dispositivo en las situaciones más comprometidas, de forma que ella se excitaba tremendamente y satisfacía su tensión sexual sin importarle el contexto, lo comprometida que fuese la proposición o el desenlace de aquel episodio sexual. De esta manera, siempre brusca e inesperada, la joven Claudia promovía acercamientos, estimulaciones, tocamientos y proposiciones con frecuencia tremendamente directos, pornográficos y muy comprometidos. Al principio, ella sentía un lógico rechazo ante aquellos sentimientos sexuales tan intensos e inoportunos que descubría nuevos, pero conforme avanzaba la historia, la joven conseguía desenvolverse cada vez con menos disgusto e incluso llegó a desear estos inesperados episodios.

Una experiencia intensa

Una década antes, en 1973, Woody Allen realizaba una sátira futurista en la que su protagonista, Miley Monroe, propietario de una tienda naturista, hibernaba durante 200 años. En 2174, cuando por fin Miley era despertado por unos revolucionarios con la misión de destronar al “jefazo”, encontraba una sociedad dictatorial y tecnológica donde las mujeres, curiosamente frígidas, necesitaban entrar en el “orgasmatrón”, pequeña cabina que estimulaba de forma intensa su excitación sexual para conseguir frenéticas y exageradas experiencias orgásmicas. Esta idea, la de una experiencia sexual intensa, de acceso universal, conseguida a través de la tecnología y para la que no se requiere aprendizaje, es posible que constituya un importante mito moderno, que podríamos denominar el mito del orgasmatrón. Si continuamos este pequeño viaje a través del tiempo y de las fantasías masculinas, podemos comprobar que parte de estas historias tiene su origen en los personajes e ideas de Donatien Alphonse François de Sade, aristócrata libertino y dramaturgo del siglo XVIII. El marqués de Sade, que inspiró el término “sadismo”, promulgaba en sus obras y en la realidad la búsqueda del placer por medio de diversos aprendizajes, con frecuencia extremos y dominados sobre todo por las fantasías masculinas. En sus obras es frecuente encontrar mujeres que se adiestran para las experiencias eróticas intensas de forma sumisa y gratuita.

El nacimiento de un mito

Pero volvamos al siglo XX. Además de la ficción, también la ciencia ha formulado propuestas que, si bien en su origen eran planteadas bajo criterios rigurosos y en el marco de la promoción de la salud, más tarde fueron convertidas, transformadas –o mejor dicho, “deformadas”– en mitos sexuales. El doctor Gräfenberg (este sí, un científico real) publicó en 1950 un artículo que más tarde sería muy famoso: El punto G (se llama así por su inicial). Gräfenberg criticaba los estudios estadísticos realizados sobre frigidez femenina porque metían en el mismo saco a aquellas mujeres que no habían sido estimuladas adecuadamente y probablemente no tenían ningún problema en su respuesta sexual. Este ginecólogo alemán proponía como auténtico “orgasmatrón” la caricia y estimulación de la cara anterior de la vagina en relación con la uretra y las áreas parauretrales (o próstata femenina, como se la denominaba antiguamente). Para aquellos/as que no tengan buena orientación, digamos que se encuentra a unos cinco centímetros de la abertura de la vagina, en su interior, justo detrás del hueso del pubis. Es como una habita, porque realmente el punto G corresponde al bulbo uretral y contiene una fina capa de tejido esponjoso muy similar al clítoris, que se erecta más o menos como el miembro viril. Hasta aquí, la ciencia. Pero, como ocurre con frecuencia, de la ciencia se pasa a la ciencia ficción; y curiosamente, en las mismas fechas en las que Milo Manara publicó su historia de El clic es cuando saltó a la fama el increíble y sorprendente punto G. Imagínate cómo se recibió la noticia: “¡Extra! ¡Extra! ¡Un punto en la vagina que, si lo encuentras, te regala el mayor orgasmatrón de tu vida!” Sin embargo, este ídolo de masas poco tiene que ver con las formulaciones científicas de Gräfenberg. Pero ¿por qué se ha creado todo un mito acerca del placer? El ser humano tiende a convertir en leyenda lo que no comprende bien, lo que es importante y para lo que necesita una respuesta. El mito recurre a la ciencia o a la magia para desencadenar aquello que al varón le resulta inexplicable, como esos secretos que encierra la sexualidad femenina: esas notas que hay que tocar para desencadenar en ella el gemido del placer. Pero la particularidad de estos mitos también responde a algo que en los años cincuenta tanto pensadores como científicos defendían y que se ha repetido hasta la saciedad. Nos referimos a aquello de que que no hay mujeres frías, sino ineficazmente estimuladas. Cada persona tiene una forma única de ser excitada. Somos exquisitamente particulares. Además, mujeres y hombres se diferencian no solo en la forma que tienen de responder sexualmente, sino también en el tipo de estímulos que provocan su excitación sexual y la valoración que hacen de esta excitación. Una de estas diferencias es la mayor importancia que para el hombre tienen los estímulos visuales (ver un cuerpo desnudo) y para la mujer los auditivos (palabras románticas o/y obscenas). Por otra parte, tenemos una idea demasiado reducida y simplista acerca de la estimulación sexual. Con frecuencia entendemos que estimular es friccionar. Dependiendo de cómo, cuándo y dónde, esto puede “calentar motores” o enfriarnos hasta convertirnos en un iceberg. Por ejemplo, los varones tendemos a creer que necesitamos una erección muy potente y mantenida para poder friccionar suficientemente la vagina; sin embargo, la vagina no es el principal órgano erógeno en todas las mujeres, lo es sobre todo el clítoris. Hay evidencias en la historia de la literatura universal en este sentido, como también las hay científicas en el último siglo. Aunque es de la ciencia de comienzos del XX de la que arranca la idea de que la vagina es el órgano sexual fundamental de la mujer madura. Probablemente, una idea preconizada en la teoría de la evolución sexual de Freud. Por el camino, esa diana equivocada es el origen de tantos disparos fallidos de los hombres, y también de las mujeres, que han terminado por convertir el orgasmo femenino en todo un mito. Hombres y mujeres buscan erróneamente una respuesta vaginal que con frecuencia esquiva sus propios sentimientos. Claro, que mientras unos y otras buscan desesperadamente a Wally, algo se va aprendiendo. Todo el que se precia de buen amante alguna vez se ha planteado, sobre todo en el inicio de sus relaciones, qué excita a las mujeres. ¿Qué botón hay que tocar? ¡Cuidado! En cuestión de puntos erógenos no se puede teorizar de forma tan genérica. De hecho, deberíamos ser cautos y, si decimos que a la mitad de la población femenina le excita que le acaricien los pezones, también deberíamos aclarar que la otra mitad prefiere otro tipo de estímulos. Por eso, lo ideal es preguntarles a ellas.

El hombre también tiene su punto

Son menos en número que en la mujer, pero no por ello menos importantes. Las áreas eróticas de los hombres también necesitan su dedicación

El glande.;El punto sexual más excitable. Sirve como almohadilla amortiguadora durante el coito y tiene, igual que el clítoris, unos corpúsculos sensitivos especiales, llamados de Krause-Finger, que lo hacen hipersensible.

Próstata. Es el punto G masculino. Este órgano glandular, del tamaño de una nuez, se encuentra debajo de la vejiga y delante del recto. Solo se puede acceder a él a través del interior del ano, como si fueras a tocar la vejiga.

El pliegue entre los testiculos. ;Esta senda de placer, rica en nervios, recorre todo el escroto. Acariciarla es todo un arte, igual que el pliegue de unión de los testículos con la ingle. Y desde luego, el punto P –de piel– en él es tan importante como en ella.

El rafe perineal. Situado entre los testículos y el ano. Se puede estimular con la lengua o presionando suavemente con la mano.

Por favor, sube la calefacción

Para explorar el punto G masculino es recomendable hacer uso de un lubricante y evitar las uñas largas.

Parece ser que en cuanto al lugar, es frecuente que la mujer tenga mejor acceso a sus sentimientos sexuales en un paraje apartado, cómodo, con luz tenue y, ¡ojo!, con buena temperatura. Suele ser necesaria la confianza y la proximidad. Ingrediente que no puede faltar: la complicidad con su partenaire. Entre los estímulos que más “ponen” se incluyen las risas, los susurros y las miradas pero, sobre todo, las caricias. Pero no las pegajosas, sino las suaves, prolongadas, “inteligentes”, como los nuevos edificios, pero más. Gran parte del lenguaje gestual se expresa a través de ellas, y estas tienen un papel protagoista, ocupan un lugar central en la estimulación sexual. Pero ¿dónde? No vale ir directo al grano, no vale la urgencia, excepto cuando hay premura y/o complicidad para ella. La respuesta es que hay que hacerla sobre el órgano más grande del cuerpo humano, la piel, en toda ella. Pero si hay que poner el acento, parece que el cuello, la espalda, la ingle y el clítoris suelen ser los favoritos. En cualquier caso no debemos olvidar algo que es anterior a cualquier detalle: la estimulación es en realidad una forma de comunicación corporal, gestual y emocional, y en cada persona es única. La fantástica y desesperada búsqueda que el hombre hace a través del mito, la ciencia y la ficción sobre la excitación femenina reproducirá una y otra vez la errónea creencia de que la mujer se estimula de forma muy parecida al hombre. Conforme avanza la historia de las relaciones sexuales surgen nuevas propuestas orgasmotrónicas, diferentes tipos de fármacos en los que se quiere ver panaceas sexuales, pero que en realidad actúan como tratamientos para mejorar el funcionamiento orgánico. Quién sabe: cada vez los recursos son mayores, pero es posible que la quimera del orgasmatrón esté todavía tan lejana, y a la vez tan cercana, como la comunicación sexual.

Y estos son los puntos a tratar

No te equivoques con las letras

Punto A. Todo un hallazgo del sexólogo Chua Chee (1996). Está localizado a unos 2 ó 3 centímetros hacia el interior, pero en la pared vaginal posterior, la más cercana al cóccix. Su estimulación facilita una rápida e intensa lubricación, mejora la excitación y los orgasmos múltiples. Estas son las posturas recomendadas.

Punto K. Fue descrito en 1998 por la americana Bárbara Keesling. Lo llamó “el pasaje misterioso”, o el pingüino del sur, por haber permanecido durante tanto tiempo desconocido. Según Keesling se halla en la zona final de la vagina, llegando al cuello del útero. Se mantiene oculto debido a la presión del útero, de forma que en la mayoría de los casos es inaccesible en las relaciones sexuales.

Punto U. Debe su inicial a que se encuentra cerca de la uretra. Fue descrito por Kevin McKenna (Nothwestern Medical School, EEUU) como una pequeña área situada por debajo del clítoris que necesita ser estimulada con una firme presión. En el caso de sexo oral, se puede activar este punto separando los labios menores y pasando suavemente la lengua, o bien frotando el área con la barbilla. Durante el coito, estas dos posturas pueden facilitar su estimulación.

Punto G. En 1950, Ernst Gräfenberg desveló el punto erógeno más popular. Se encuentra situado en los primeros cinco centímetros de la apertura vaginal, en su cara anterior y tras el hueso púbico. Para localizarlo, ella debe ponerse en cuclillas e introducir un dedo hasta palpar la parte interior del hueso púbico. Por medio de la fricción del punto G, algunas mujeres han vivido una eyaculacion parecida a la masculina.

Fuente: Quo

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