TDSO (Te deseo)

Escrito por Manuel Lucas el . Publicado en Estudios y manuales

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"Me pones. ¿Te gusto también yo a ti?” Siempre damos por supuesto que nuestras preferencias son correspondidas, que el anhelo por el otro es mutuo y las expectativas similares

Sin embargo, cuando la relación sexual finaliza se tiene cierto sentimiento frustrante, por no haber encontrado lo que se buscaba. ¿Por qué? ¿Qué esperamos cuando deseamos a alquien?

Hace miles de años, cuando los humanos comenzaron a serlo, ocurrió una gran revolución. La más importante de todos los tiempos. Una revolución que cambió profundamente la sexualidad. Fue igualitaria y femenina. La actividad sexual trascendió el umbral de la procreación, y las hembras protohomínidas se independizaron de la época de celo y de sus hormonas. Empezaron a responder eróticamente y, en consecuencia, pasaron a tener una disponibilidad sexual permanente y de origen neurológico, como hasta ese momento le ocurría al macho. Comenzaron también a desear, y “obligaron” a los hombres a ser deseables. La necesidad de contacto y de comunicación física inundó por completo la sexualidad de los monos desnudos.

Todo ello influyó decisivamente en la esencia de nuestros anhelos sexuales, por un lado, mucho más parecidos entre hombres y mujeres que entre machos y hembras de otros primates, y por otro, más llenos de matices y, en consecuencia, más complicados. Por eso definirlos, describirlos, desmenuzarlos y, en definitiva, comprenderlos, no es tarea fácil para los especialistas.

Placer en tres dimensiones

En 1997, Fuertes y López plantearon un modelo explicativo multidimensional del deseo sexual en el que se incluyen tres componentes diferentes: la activación neurohormonal, la disposición cognitiva-emocional (variables psicológicas) y la presencia de estímulos sexuales externos o internos (fantasías sexuales).

Se requiere la puesta en marcha de las tres dimensiones para que el ser humano tenga la experiencia del deseo sexual. Solo de la interacción entre ellas se puede explicar el desarrollo de este sentimiento. Intentar comprender sus entresijos y motivaciones es complicado, y hay quien, en un intento de simplificación, se limita a explicarlos bajo el paraguas de meras determinaciones genéticas, enzimáticas u hormonales.

Gen connection

Pero por encima de ellos, expertos dirigidos por el jefe del departamento de Genética Humana en la Universidad de Jerusalén, Richard Abstein, encontraron una conexión entre el deseo sexual y el gen DRD4, también conocido como el gen receptor de la dopamina D4, responsable de activarlo.

Los investigadores examinaron el ADN de 148 jóvenes sanos de ambos sexos, todos ellos estudiantes de la Universidad, y compararon los resultados que los diferentes individuos habían arrojado. Según los datos obtenidos, una modificación de este gen tiene un efecto depresor sobre el deseo sexual en algunos sujetos, mientras que en otros produce exactamente el efecto opuesto, el de aumentarlo. Esta última variante se debe a un cambio relativamente reciente producido hace 50.000 años en Homo sapiens. Según Richard Abstein, alrededor del 30% de la población lleva la versión “deseo reforzado”, mientras que en un aproximado 60% se encuentra la versión “depresora”. Por otro lado, científicos del Instituto de Neurobiología (INB) de la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam) realizaron una serie de estudios con el fin de explicar la falta de apetito sexual en algunos roedores. Los investigadores, encabezados por el director del INB, Raúl Gerardo Paredes, observaron que las ratas que no copulan carecen de una enzima llamada aromatasa en una región del cerebro conocida como el área preóptica media (APM). Esta enzima es muy importante para la conducta procreadora. Tras analizar los resultados del estudio, realizado en Juriquilla, en el estado mexicano de Querétaro, y publicados en la revista Journal of Neuroendocrinology, Paredes y su equipo llegaron a una importante conclusión: entre el uno y el dos por ciento de las ratas no posee esta enzima y no muestra ningún deseo sexual. Según afirma Paredes: “Algunos ejemplares pueden incluso pasar su vida sin practicar jamás el coito”.

Prefieren el vello

En el caso del deseo femenino, las soluciones son múltiples, y algunas muy válidas. Hace ya más de un año que se puso en el mercado un parche de testosterona, Intrinsa, fabricado por la multinacional Procter & Gamble, para aumentar el apetito sexual en las mujeres.

También se han utilizado los andrógenos. Tuve en mi consulta, entrada la década de 1980, a varias mujeres menopáusicas en tratamiento con inyecciones mensuales de estrógenos. Estas inyecciones tenían una pequeña dosis de andrógenos, que a veces producían un ligero hirsutismo (vello en el rostro). El laboratorio las cambió por otras sin andrógenos que yo, a mi vez, receté a mis pacientes. Poco a poco, las mujeres empezaron a quejarse. Querían las primeras, y yo no era capaz de averiguar el porqué. Una de ellas me confesó que antes se sentía más “marchosa”. Y ahí descubrí la razón del misterio. En los hombres, en cambio, los tratamientos están centrados en la testosterona (teniendo cuidado para no sobrepasar ciertos niveles) y en los tratamientos psicológicos. En febrero de este año, la revista Nature presentó el resultado de las investigaciones de Eli Finkel y Paul Eastwick, de la Northwestern University, en Illinois. Estos psicólogos, tras cientos de horas de encuentros tipo speed-dating (citas rápidas), confirmaron que bastan apenas unos minutos para escoger pareja. En contra de lo que se piensa, las decisiones más importantes de la vida se toman en segundos. De ahí que los flechazos y las primeras impresiones influyan poderosamente en el deseo.

Dos años de intensidad

Pero, ¿cuánto dura esa atracción? Donatella Marazziti y otros científicos de la Universidad de Pisa, basándose en un estudio sobre cambios hormonales en relaciones estables, demostraron que el deseo sexual dura dos años. Entonces, genes, testosterona y otros mediadores químicos ¿sobre qué deseo actúan? ¿Qué componente dura tan poco? ¿Será la oxitocina el elixir del que poniendo unas gotas todos los días en la bebida de la persona amada asegura su fidelidad? No parece tan simple. Esas parejas que en el recibidor o en un pasillo, contra la pared y rompiendo lencerías, no pueden esperar a caer en el lecho del amor para satisfacer su pasión, seguramente sienten un deseo distinto del de otras que yacen en la cama con música suave, cuerpos entrelazados, besos e intensas miradas cómplices. Las primeras probablemente tienen una fuerte dosis de deseo de descarga de la tensión sexual, y es posible que los andrógenos estén muy presentes en su plasma sanguíneo; pero también hay otros factores que pueden influir en ello. Las segundas, en cambio, tendrán un predominio mayor del deseo de comunicación y de encuentro mutuo; en suma, mucha sed de piel. Y en su plasma, ¿habrá un poco más de oxitocina? Quizá sí, pero como un elemento más. Es, posiblemente, la porción del deseo sexual más evolucionada, la que produce un cemento de unión más estable.

También está el bienestar que producen los “te quiero”, “me gustas”, “qué interesante eres”. ¡Cuánto nos gusta que nos digan todo esto! ¡Cómo nos pone! Sobre todo a las mujeres, aunque su máxima expresión está en las figuras de Casanova y don Juan Tenorio, dos personajes masculinos obsesionados en coleccionar pasiones. El deseo de ser deseado se suele inhibir, fundamentalmente por desencanto o por una autoestima lesionada. Las imperfecciones de la estética también afectan a esta porción del deseo, y la percepción que uno tiene de sí mismo es el elemento diana de los anhelos del otro.

Si no sabes si te gusta, huélelo

El equipo del biólogo suizo Claus Wedekind reclutó a cerca de 100 estudiantes universitarios, la mitad hombres y la otra mitad mujeres, con el fin de realizar un estudio en el que se relacionara olfato y deseo. A los varones se les dio una camiseta de algodón para que durmieran con ella dos noches seguidas. Terminado el experimento, las prendas se guardaron en una caja, para que no se escapara su “buqué”. A las mu­jeres, por su parte, se les pidió que usaran un aerosol para proteger la mucosa nasal. Cada una de ellas, durante los días de ovulación (cuando su sentido del olfato era más agudo), tuvo que evaluar lo agradable y sexy que era el olor de algunas de las ca­misetas. Wedekind y su equipo descubrieron que les resultaba más atrayente el olor de los varones cuyo complejo principal de histocompatibilidad (MHC) era muy distinto del de ellas. No en vano, el MHC es la región más den­sa de genes del genoma de los ma­míferos y su papel es importante para el éxito reproductivo, el sistema inmunitario y la autoinmunidad.

Razones de la indiferencia

En cambio, la necesidad de descarga suele inhibirse por hastío, alteraciones químicas o enfermedad.

Este componente de la pasión humana es el que puede ser más sensible a los problemas neurohormonales, a las alteraciones del eje hipotálamo hipófiso-gonadal y al efecto adverso de ciertas medicaciones habitualmente utilizadas en las enfermedades crónicas. Es objeto de posibles tratamientos con testosterona, tanto en hombres como en mujeres, y el más efímero de los deseos. Y por último, el anhelo de encuentro mutuo se suele inhibir por desavenencias, desencuentros o problemas de comunicación. Es, por tanto, la capacidad para relacionarse y la sensibilidad corporal disminuidas las que afectan a esta importante porción del deseo. Pero las tres dimensiones no suelen actuar en solitario. Están íntimamente conectadas, y cuando se “avería” una de ellas, las demás se resienten. Y además, las tres, solas o sumadas, nos “ponen”, nos llenan los genitales de sangre y, con mayor o menor fuerza, despiertan toda la química de nuestra respuesta sexual. Lo importante es llegar a saber la que necesita más atención en cada momento de nuestras vidas. El “tranvía llamado Deseo” tiene variados pasajeros en su interior, también distintos momentos de partida y llegada, y puede realizar muchos trayectos. El mero hecho de saberlo nos puede ayudar mucho a alentar los nuestros. Si tenemos todo esto en cuenta, seremos mejores amantes y, a la vez, más amados.

La influencia del guapo oficial

El modelo de belleza dominante influye en la atracción, como también lo hacen nuestra herencia genética y los aprendizajes familiares. Mejor con piernas largas. La Universidad polaca de Wroclaw, según un informe publicado por New Scientist, reunió a 218 personas para que clasificaran las fotogra­fías de siete hombres y otras tantas mujeres en función de su atractivo. Las imágenes habían sido retocadas de forma que las 14 personas tuvieran la misma altura, pero con una longitud de piernas que variara entre el 0, el 5, el 10 y el 15% de la media polaca. Independientemente de su aspecto, los voluntarios prefirieron a las personas con unas piernas un 5% más largas, seguidas de las que tenían unas extremidades normales o un 10% más extensas. Según los investigadores, Boguslaw Pawlowski y Piotr Sorokowski, estas preferencias esconden una razón genética: la de encontrar una pareja en mejores condiciones para reproducirse.

La perfección se llama 0.77

Una cintura estrecha, pechos firmes y rasgos simétricos.

Según el científico Devendra Singh, de la Universidad de Texas, EEUU, la atracción que despierta una mujer se puede medir mediante una fórmula sencilla, de cuya aplicación surge una cifra que Singh llama “coeficiente de atracción física”. Para obtener los datos basta con tomar medidas. “El coeficiente es 0,8, que resulta de dividir una cintura de 80 centímetros por una cadera de 100. Esta proporción en las mujeres es una señal de buena salud”, afirma Singh. Pero agrega: “El ideal es 0,77, una cintura de 70 cm y una cadera que mida 90”. 0,77 es, pues, el número clave.

Armonizar sistemas contrarios

Ya se comercializan parches de testosterona para potenciar el apetito sexual femenino

La respuesta sexual se basa en una sorprendente y casi milagrosa armonía en­tre dos “enemigos” prácticamente incompatibles del sistema nervioso autónomo: el simpático (determina el estrés y la alerta) y el parasimpático (el relax). Esta armonía hace que la respuesta sexual sea bastante lábil, inestable. Los supuestos afrodisíacos actúan aumentando el nivel de uno o de otro, y eso desequilibra la relación entre ambos. Por eso, las investigaciones resultan muy complicadas. El mejor y verdadero afrodisíaco es que la otra persona te atraiga.

Tres formas distintas de gustar

Tras 15 años de estudio en 62 países, la antropóloga Helen Fisher estableció tres tipos distintos de deseo, las hormonas que actúan y qué efectos tiene cada una.

  1. El impulso: Está catalogado como la atracción sexual entre dos personas (haya o no amor de por medio), según explica la doctora Fisher.
  2. La atracción: Tiene que ver con el enamoramiento, con ese sentimiento que a menudo coincide, pero a veces no, con el impulso sexual.
  3. La unión: Cambian las homonas que se activan, sobre todo la oxitocina, esencial también a la hora de establecer el vínculo madre-hijo.

Fuente: Quo

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