100 días de sexo

el . Publicado en Estudios y manuales

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Un matrimonio decide resolver su crisis dedicándose, durante más de tres meses, a mantener relaciones sexuales a diario. Es posible, pero, ¿Es deseable?

Claro que numerados es más fácil, pero al final tanto sexo tiene una consecuencia: hastío. (sabemos que los hombres no lo creen, pero parece que es cierto).

A medida que la Historia avanza, el ser humano realiza proezas cada vez más dignas y memorables. Eones atrás apenas si era suficiente enfrentarse contra un ejército de un millón de persas, hace algunos siglos bastaba con lo justo para lanzarse a lo desconocido y dar la vuelta al mundo. Otros han explorado el espacio solo algunas décadas atrás con el único objetivo de tener una reseña en el gran libro de la Humanidad… Pero el hombre de hoy desdeña estas proezas y se yergue sobre hombros de gigante para superar a todos sus antepasados. Y ese hombre, el héroe moderno, es Douglas Brown. ¿Qué tiene este cuarentón, periodista, nativo de Colorado y padre de dos hijos que le coloca al nivel de Leónidas, Magallanes o Armstrong? Pues que durante 100 días seguidos hizo el amor con su mujer. Y todo a petición de ella (este es el verdadero acto heroico: que su mujer le pida sexo 100 días seguidos). El tío sacó rédito de su virilidad y también de su capacidad para los negocios: publicó un libro (Just Do It o Simplemente házlo) que hasta podría convertirse en una edulcorada sesión de tarde de la mano de Warner Bros. El libro recorre, durante 300 páginas, las odiseas de una familia normal para endilgarle sus hijos a la parentela más cercana y así poder abandonarse a los regocijos lúdico- sexuales, el yoga, los baños de espuma y los masajes. Estas lubricidades ocupan unas penosas 20 páginas del libro y con un lenguaje poco explícito y menos libidinoso que el de una declaración de la renta. El resto es el relato del canguro perdido y la búsqueda del abuelo. Pese a todo, el libro plantea ya no solo si es necesario airear las intimidades más personales (Relato de mis 50 días a base de fabada y sus consecuencias, podría ser otro éxito), sino si es posible, deseable y aún rentable (en términos afectivos y sexuales) llevar a cabo este tipo de maratones. El hombre, como especie, posee una ventaja sobre la mayoría de los seres vivos: no tiene celo. Esto le permite liberar su instinto de procreación independientemente de estaciones, feromonas y ciclos.

Pese al reducido número de parejas sexuales que tenemos los españoles en nuestra vida (6, según la encuesta Durex), en el 50% de las relaciones uno de los dos resulta ser infiel. Vamos, que nos va más el rollo de una noche que la estabilidad.

Pero llega a alcanzar la gloria a costa de un precio muy alto: la saturación. “Una pareja que se plantea, aunque sea voluntariamente, regenerar la libido por la vía de priorizar la sexualidad –comenta Antonio Bolinches, psicólogo y sexólogo– tiene muchas posibilidades de convertirla en una tarea. El primer enemigo de esta situación es la saturación, ya que es la moderación la que aumenta el deseo. El segundo de ellos es la rutina: para ello hay que variar la situación, las fantasías, los complementos”. Aún así, llegados a esta maratón sexual, hay algunos que no se detienen y la completan, cueste lo que cueste. “Esto es como un atleta… que todo el tiempo tiene que correr –asegura el sociólogo Javier González–. Cuanto más sexo tienes más quieres. En ese sentido es como el dinero, no hay ningún estudio, pero todo el mundo lo sabe. También es cierto que, en cuanto a deseo, existen etapas más activas y menos activas”. Pero no solo las etapas regulan nuestra energía venérea, también el género influye: “El diagrama del apetito sexual de la mujer tiene forma de onda, en cambio el del hombre sufre un descenso abrupto a partir de cierta edad”. Vale. Entonces si logramos no convertir la batalla de cuerpos en un deber, si conseguimos evitar la rutina y la curva de edad, nuestro cuerpo debería responder adecuadamente a una sesión centenaria de encuentros cercanos con cualquier tipo… o tipa. Pues al parecer no es tan fácil. “No estamos programados para hacerlo durante 100 días con la misma mujer, –agrega Bolinches, autor de Sexo Sabio– no estamos programados para la monogamia. Pero por razones culturales, sociales, económicas y de estabilidad nos empujamos a ello”. Y el impulso es como la cabra… tira para el monte, que en este caso es, sin duda, el de Venus. Yves-Alexander Thalmann autor de Las virtudes del poliamor, pone la ginda a la afirmación de Bolinches cuando asegura que: “Es imposible que una sola persona satisfaga nuestra necesidad de amor. Creo que la monogamia surge por un condicionante cultural, como los cuentos de hadas, la presión social…”.

más vale maña que fuerza
No estamos diseñados para soportar esos cien días de “amor”, ni por fisiología, ni por psicología, ni por genética, pero como “hecha la ley, hecha la trampa”, el juego de Douglas Brown tenía ciertas normas que, digamos, facilitaban la interacción de los cónyuges. Así, en el sexo bastaba con la penetración, sin necesidad de eyaculación u orgasmo, lo cual, en términos masculinos, es una gran ventaja a la hora de visualizar una performance digna. Además, toda ayuda material era válida. Así, esta pareja se sirvió de juguetes, películas, masajes y de las siempre bienvenidas “grúas farmacéuticas” o pastillitas capaces de poner recta hasta a la Torre de Pisa. Si gracias a este reportaje Douglas Brown ha reemplazado en el panteón de los héroes a Alejandro Magno, a Marco Polo o a Einstein y queréis emularlo, aquí van algunas claves. Primero: “Al final… uno se acostumbra a todo –asegura González–. Así como se puede aguantar sin sexo durante mucho tiempo, también ocurre lo contrario ya que el sexo es una necesidad fisiológica, genética”. Pero a la genética hay que ayudarla y, sin prescindir de grageas y unguentos, hay consejos que pueden ser útiles: “El sexo sabio –indica Bolinches– tiene cuatro reglas de oro: haz todo lo que quieras, no hagas nada de lo que no quieras, hazlo desde el respeto y de acuerdo a tu escala de valores. Lo recomendable es tener la relación sexual por debajo del nivel óptimo. Eso mantiene el deseo activo. La mejor manera de conservar el interés sexual es no hacer nada que la pareja no quiera, pero tampoco hacer todo lo que quiera”. Si gracias a esto lográis llegar a la meta (al menos al meta y saque), seguro que habrá consecuencias. La más clara de ellas es la ya nombrada saturación. Los expertos coinciden en que tanto sexo concluye con la necesidad de separarse del otro, algo que les sucedió a la pareja del libro que estuvo semanas sin hacerlo después del día 100.Y la segunda es que, como asegura Bolinches: “El vínculo no se fortalece de tanto hacer el amor”. Para los hombres que sean abordados por sus mujeres por sorpresa con una propuesta similar, les regalo la doble sentencia que ha salvado mi pareja: “Lo bueno si breve, dos veces bueno. Y la buena esencia viene en frasco pequeño”.

Los más viciosos.

En el mundo del sexo humano los números son sorprendentes. Por ejemplo el informe Kinsey aseguraba que uno de cada 2.000 hombres es capaz de hacerse una autofelación. Aquí, la crónica de otros personajes que también huyeron de la media.

  • El doctor Vernom Coleman registró (no se sabe cómo) la relación sexual más larga: 15 horas. Los protagonistas fueron Mae West y su amante conocido como Ted.
  • El récord mundial femenino, para la mujer que interactuó con más hombres en un solo día, corresponde a la actriz erótica Lisa Sparxxx: 919 hombres. Casi uno por minuto contando los descansos de ella.
  • El jugador de baloncesto Wilt Chamberlain afirmaba que tuvo relaciones con al menos 20.000 mujeres a lo largo de su vida.
  • El Marqués de Sade se inspiró en Mlle. Dubois para su Saint-Ange, personaje de La filosofía del tocador. En 20 años la actriz yació con 16.527 hombres.

Así se hizo

La historia detrás del libro Just Do It comienza cuando Douglas Brown, periodista, 40 años, le comenta a su mujer que en Dinamarca existe un club llamado de los 100 días formado por hombres casados que llevan un centenar de días, o más, sin sexo (al menos, no con sus esposas). Entonces su mujer, Annie, 38 años, representante de ventas, le propone hacer un club inverso: el de los matrimonios que hacen el amor 100 días seguidos. Y él acepta. Aunque no sabía lo que le esperaba. Aquí tienes el resumen de la historia.

  • Día 1
    Los juegos se inician en Nochevieja. El primer encuentro dura 15 minutos. Vale, no será un récord, pero llevan 13 años casados.
  • Día 6
    Ella compra un consolador por primera vez en su matrimonio. El ve en el artilugio una competencia.
  • Día 12
    Llegan los vÍdeos pornográficos y él utiliza una pequeña toalla húmeda que supuestamente garantiza la erección (Keep Dick Hard), que contiene cafeína y pimienta entre sus ingredientes.
  • Día 17
    Douglas comienza YOGA. El instructor le da unos masajes y él se debate entre el placer de las pulsiones, el rechazo porque le toque otro hombre y la fantasía de si le habrá hecho lo mismo a su mujer (que también acude a las clases).
  • Día 20
    Introducen por primera vez los afrodisíacos y la vaselina en la relación. También se aprovechan de una pelota medicinal para intentar nuevas posiciones.
  • Día 27
    Prueban un nuevo lubricante que supuestamente estimula el clítoris, pero Annie comienza a sentir escozores en su zona vaginal y la relación se demora… Pero no se suspende. Sí, 13 años sin vaselina.
  • Día 33
    Él no tiene mucho deseo y su mujer se lo tiene que trabajar. Al día siguiente decide comprarse un suplemento de pastillas de zinc. A ver si cambia algo.
  • Día 38
    Trabajo, niños y cena copiosa: cogen la vaselina, dos besos, dos sacudidas y el ejercicio del día se cancela en menos de 10 minutos.
  • Día 43
    Prueban, bueno, él prueba viagra. El sexo se prolonga por 20 minutos, cuando Douglas cae rendido.
  • Día 58
    Toma Cialis, media dosis, pero comienza a tener otros efectos, mareos y taquicardias. Puede ser porque lo han usado en el jacuzzi.
  • Día 64
    Primer doblete de la maratón. Lo hacen dos veces por la mañana sin ayuda farmacéutica alguna.
  • Día 69
    Ella toma viagra y saca de la chistera sexual otro consolador más.
  • Día 73
    Él cae enfermo. Toma medio Levitra. Pero una discusión estropea todo. Aún así, lo hacen. La conclusión: él ni la acaricia, ella ni se mueve. Ninguno tiene un orgasmo y ella termina llorando.
  • Día 79
    Él vuelve a tener una recaída. Todo queda descrito en el comentario: “el peor sexo de mi vida”. Ninguno tuvo un orgasmo. ? Ella no dice nada. ¿Habrá jugado un solitario?.
  • Día 83
    Una pastilla entera de cialis. “10 minutos de sexo caliente, ardiente y despreocupado en el sótano de casa”.
  • Día 90
    Cuanto más lo hace ella más predispuesta se siente. Al menos ese día en particular.
  • Día 98
    Hotel en las montañas con las niñas. Las pequeñas se quedan dormidas y ellos tienen “lo más cercano al sexo dormido que hemos experimentado”. Vamos, el pan nuestro de cada día.
  • Día 100
    Han llegado a LA META. Y la pasan con creces pues cumplen por la noche y por la mañana.
  • DESPUÉS

    NO LO HICIERON durante semanas. Y durante meses se alegraron de que la maratón terminara. El resultado de la experiencia: pasaron de hacerlo 3 veces al mes a hacerlo 6 veces.

Fuente: Quo

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