Por qué practicamos el sexo oral

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Chupar, lamer, succionar o mordisquear los genitales son prácticas comunes dentro del sexo. La felación y el ‘cunnilingus’, estimulación bucal de los genitales masculinos y femeninos respectivamente, es algo practicado por casi el 80% de las parejas en todo el mundo. Según los expertos, con ello se mejoran los problemas de erección en el varón y de sequedad vaginal en la mujer.

A finales del siglo pasado, el padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, diferenció tres etapas en los orígenes de la sexualidad humana: la oral, la anal y la genital. Desde que nacemos, el primer placer nos llega a través de la boca cuando mamamos la leche materna, una sensación de bienestar que queda almacenada en la memoria y que tratamos de reproducir posteriormente a través de los besos, que también pueden efectuarse en la zona genital. "Erróneamente, la mayoría de la gente sigue pensando que la sexualidad se reduce a la penetración, por lo que destierra el sexo oral a un simple precalentamiento", explica Antonio Casaubón, vicepresidente de la Federación Española de Sociedades Sexológicas. Pese a todo, las prácticas bucogenitales están bastante extendidas: se estima que entre el 60 y el 70% de las mujeres heterosexuales llevan a cabo felaciones y que alrededor del 80% de los hombres realizan el cunnilingus a su pareja. Unas cifras que aumentan entre los homosexuales hasta el 85 y 90% respectivamente, según un estudio realizado por los norteamericanos A. Bell y M.S. Weinberg.

Los antropólogos han estudiado la conducta sexual de nuestros antepasados, y entre ellas, la actividad bucal. Desmond Morris, explica en su obra El mono desnudo cómo el hombre primitivo utilizaba la boca para dar y obtener placer con su pareja. Al parecer, en los primeros contactos, los besos se repartían principalmente entre el cuello y los lóbulos de las orejas y, posteriormente, en los genitales. El macho se dedicaba a lamer el clítoris de la hembra -cunnilingus (del latín cunnus, vulva y lingere, lamer)- y ella a chupar el pene de su compañero -felación (de fellare, chupar)-.

La máxima expresión de la sexualidad bucogenital la representa el coito oral o irrumación: introducción del pene en la boca, mientras se realizan con él movimientos copulatorios, hasta conseguir la eyaculación.

El sexo oral ha sido practicado a lo largo de la historia por la mayoría de las culturas. Por ejemplo, varios estudios históricos han atribuido a Cleopatra unas magníficas habilidades como felatriz. Por su parte, los judíos ortodoxos realizaban el metsitsah: chupar una gota de sangre de los penes que circuncidaban. En la actualidad, en los pueblos indígenas keraki, manrid-anim, etoro, kaluli y onabasulo de África y del Pacífico se considera importante para conseguir la virilidad que los jóvenes ingieran el semen de las felaciones, sin que esto sea considerado signo de homosexualidad.

Animalitos

La sexualidad bucal no es sólo una conducta humana. Algunos animales, como los gatos, los perros y los chimpancés, entre otros, se lamen a sí mismos gracias a la peculiar estructura de su columna vertebral y de su cadera, algo que tan sólo pueden llegar a practicar alrededor del 4% de los humanos, tal y como explica Edgar Gregersen en su obra Costumbres Sexuales. -Varias teorías aseguran que la masturbación animal en los machos de ciertas especies tiene la función de mejorar la calidad del semen, facilitando su renovación cada cierto tiempo. Así, garantizan que la hembra con la que se aparean quede preñada-, explica Jaume Fatjó, veterinario responsable del servicio de tratamiento de problemas de conducta animal de la Universidad de Barcelona.

Sin embargo, -la mayoría de las conductas orales no tienen una implicación sexual en los animales, sino que cumplen una función de higiene-, explica Fatjó. En los mamíferos, es habitual que el macho chupe la vulva de la hembra cuando ella está en celo y, también, que un macho chupe a otro. -En este caso se trata de un comportamiento jerárquico. El animal dominador chupa los genitales del dominado-, explica el veterinario Felix Vallejo.

Aquí huele a sexo

Los animales son capaces de oler las feromonas del sexo contrario -unas sustancias químicas que segrega el organismo para comunicar que está dispuesto para el apareamiento-, que actúan sobre su sistema nervioso central produciendo excitación y atracción sexual. En el caso de los humanos, los últimos estudios científicos revelan algo parecido: aunque nosotros no poseemos, como el resto de mamíferos, glándulas secretoras de olor, sí tenemos unas pequeñas glándulas, situadas principalmente en las axilas y los genitales, llamadas apocrinas y que podrían cumplir una función similar. Curiosamente, se ha descubierto que el hombre, al igual que los animales, también tiene en la nariz el OVN u órgano veronasal: unos pequeños orificios situados a los dos lados del tabique nasal, capaces de traducir el olor de éstas glándulas en un estímulo de atracción sexual.

Pero paradójicamente, es precisamente el olor de los genitales uno de los principales motivos por los que las mujeres rechazan practicar el sexo orogenital. Una gran parte de las 3.000 mujeres norteamericanas que respondieron a preguntas sobre su sexualidad en el Informe Hite describieron sus genitales como algo sucio y maloliente que preferían no enseñar; sin embargo, una vez superada esta barrera, el 42% de ellas aseguró llegar al orgasmo con el cunnilingus. Sin embargo, los expertos afirman que relacionar los genitales con la suciedad es una idea errónea, ya que si están limpios no tienen por qué contagiar enfermedades; por el contrario, en la boca sí existen un gran número de bacterias saprófitas y parásitas producidas por la fermentación de los alimentos (unas 250 aproximadamente), responsables de muchas de las infecciones del organismo, entre ellas la mononucleosis o enfermedad del beso, causada por el virus Epstein-Barr y que puede dejar secuelas permanentes en el hígado.

Sabe que alimenta

Existe toda una relación entre el sexo y los sentidos. En concreto, el del gusto tiene mucha importancia, por eso cuando imaginamos una velada en la que se producirá un encuentro sexual muchas veces pensamos en cosas como el champán o las ostras-, explica Antonio Casaubón. La lengua de un ser humano adulto posee alrededor de 250 botones gustativos, lo que nos permite distinguir los sabores; otro de los problemas a la hora practicar el sexo bucal. Una importante cantidad de mujeres sienten rechazo por el sabor del semen, algo que no ocurre con tanta frecuencia en los hombres, a los que les disgusta menos el gusto de los fluidos vaginales.

Los nutrólogos aseguran que una alimentación muy alcalina basada en carne y pescado da al semen un sabor parecido al de la mantequilla, y que si se consumen muchos lácteos, con un alto grado de putrefacción, o alcoholes fuertes, el sabor tampoco es agradable. Por el contrario, los dulces en general y los alcoholes fermentados de forma natural, como por ejemplo las cervezas naturales, le dan un sabor más dulce.En cuanto al aporte calórico que tiene una eyaculación se puede decir que es mínimo -se cree que no supera las quince calorías- aunque sí aporta otra serie de nutrientes como ácido ascórbico, ácido cítrico, creatina, magnesio, fructosa, ácido láctico, sodio, sorbitol, vitamina B12, zinc… aunque en muy pequeñas cantidades.

Las malas lenguas

Cuando practicamos el sexo oral ponemos en funcionamiento casi 30 músculos faciales. La lengua tiene diecisiete músculos con complejas conexiones nerviosas con varias zonas del cerebro -principalmente el tronco cerebral, el hipotálamo y las áreas superiores de la corteza cerebral- que le dotan de gran sensibilidad.

Las primeras veces que se practica el sexo bucogenital -entre los 15 y 18 años, tal y como demuestra una encuesta realizada entre 4.000 adolescentes españoles en junio de 1996-, pueden producirse casos de agarrotamiento de los músculos bajos de la barbilla y de los del cuello. Los expertos aconsejan que esta práctica se realice de forma pausada, lenta e introduciendo períodos de descanso. También es aconsejable, sobre todo si no se tiene mucha experiencia, no lamer directamente los genitales, sino ir besando poco a poco la parte anterior del cuerpo: torso, estómago, muslos y pubis. Igualmente, existe una falsa creencia sobre la popular postura del 69, con la que se trata de alcanzar un orgasmo simultáneo, pero que sin embargo, puede producir lesiones involuntarias causadas por los dientes de la pareja. Los especialistas creen que es mejor no practicar el sexo oral simultaneamente.

El que avisa…

Por otro lado, los expertos aconsejan tener en cuenta lo siguiente a la hora de practicar el sexo orogenital:

- Un pene circuncidado es más insensible.

- Hay que tener cuidado si la mujer ha tenido un orgasmo, ya que el clítoris estará mucho más sensible, por lo que la lengua no debe dirigirse inmediatamente a este órgano al practicar el cunnilingus.

- Conviene tener cuidado con los productos -como la miel, la nata o el helado- que se introducen en la vagina para hacer más satisfactorio el sexo oral.

-Algunos de ellos pueden alterar el pH vaginal, que se encuentra en torno al 4,5, dejando esta zona expuesta a sufrir infecciones-, explica Iñaki Lete, ginecólogo y presidente de la Sociedad Española de Contracepción.

Eva Calvo

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