El cinturón de castidad

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Un cinturón de castidad es un cinturón o braga de hierro, cerrable con llave, que supuestamente se obligaba a usar a algunas mujeres en la Edad Media para evitar las infidelidades o deslices sexuales.

El objeto ganó popularidad en Inglaterra en el siglo XIX gracias a un libro cuyo contenido lo describía como "una de las cosas más extraordinarias que los celos masculinos hayan realizado". El libro describe como el objeto era usado para asegurar la fidelidad de las damas que se quedaban solas en casa mientras los aguerridos maridos iban a luchar a las cruzadas.

Esta es la opinión más habitual, aunque equivocada. El cinturón de castidad no puede ser usado más que durante unas horas, a lo más un par de días. De otra forma, la mujer que lo llevase moriría víctima de infecciones, abrasiones y laceraciones provocadas por el contacto con el metal. En realidad, el cinturón de castidad era utilizado por las mujeres como defensa contra la violación, en época de acuartelamiento de soldados, durante viajes y en estancias nocturnas en posadas. El cinturón de castidad es una invención muy posterior a la Edad Media, probablemente del renacimiento. Ninguno de los cinturones de castidad que existen fueron hechos en el medievo, todos los expuestos en museos fueron retirados tras comprobar que eran falsificaciones del s. XIX.

En la actualidad siguen existiendo en forma de juguetes eróticos, y, en algunos casos, son hombres quienes se los ponen a sí mismos para luego ceder las llaves a su pareja.

Fuente: Wikipedia – Contenido disponible bajo los términos de la Licencia de documentación libre de GNU (véase Derechos de autor).

FABRICA DE CINTURONES DE CASTIDAD

OBLIGADAS A PONÉRSELOS

EL 2% DE LOS 500 cinturones de castidad que Giuseppe fabrica al año son para usarlos de verdad. En estos casos, las destinatarias suelen ser mujeres árabes. Una pareja le encargó uno para él y otro para ella
IRENE H. VELASCO. Roma

Con gran bochorno, la señora explicó a los desconcertados agentes que su marido sólo había consentido en permitirla viajar a las islas griegas a condición de que llevara puesto un cinturón de castidad. El desconfiado esposo quería estar seguro de que su encantadora mujercita no iba a caer en ninguna tentación carnal y le iba a guardar forzosa fidelidad. Tras escuchar boquiabiertos tan increíble historia, los agentes permitieron finalmente a la señora embarcar en el vuelo de la British Airways con aquel cachivache de acero inoxidable ajustado al cuerpo y regresar a Londres. El avión, eso sí, despegó con retraso a causa del embrollo organizado.

La historia, absolutamente real, ocurrió en febrero de 2004 y de ella se hicieron ampliamente eco los medios de comunicación británicos. Porque, por muy disparatado y cavernícola que parezca, en los albores del siglo XXI aún hay personas que se resisten a aceptar la idea de que los cinturones de castidad sean objetos del pasado ya en desuso. Giuseppe Acacia, por ejemplo, lo sabe muy bien. Este italiano es el responsable de Gubbio, una empresa que se dedica a la comercialización de reproducciones de armas y otros objetos medievales, incluidos cinturones de castidad.Cada año, su compañía despacha a diversos puntos del planeta (desde Estados Unidos a Rusia, pasando por Francia, Gran Bretaña, China, Argentina o los Emiratos Arabes) medio millar de cinturones de castidad.

«Y, desgraciadamente, en el 2% de los casos me consta que esos cinturones son usados con el objetivo de evitar que las personas que los llevan puedan mantener relaciones sexuales», confiesa a CRONICA el señor Acacia. «Y yo estoy absolutamente en contra de cualquier artilugio que pueda limitar la libertad sexual de una persona».

La inmensa mayoría de los cinturones de castidad que este artesano vende van a parar a coleccionistas, parejas que desean gastarse una broma, producciones cinematográficas, vitrinas de pubs Pero, cada año, Giuseppe Acacia recibe alrededor de una decena de solicitudes un poco particulares. Se trata de pedidos de cinturones de castidad en los que el cliente interesado específica detalladamente las medidas de la mujer que portará el artilugio, exigiendo que el mismo se adapte perfectamente a sus formas. «En esos casos es evidente que se pretende dar al aparato un uso como guardián de la castidad. Algunos, además, nos piden que les hagamos el artículo más seguro, en el sentido de hacerlo más difícil de abrir. Pobres ilusos », subraya Acacia, destacando que la mayoría de los pedidos de estas características que le llegan lo hacen vía Internet y proceden de países árabes.

Este apasionado de la Edad Media, que hace 30 años empezó a fabricar reproducciones de armas medievales y que desde hace ocho comercializa también cinturones de castidad, es el primero en advertir que, en la actualidad, estos artefactos utilizados por los caballeros que acudían a las Cruzadas para preservar la virtud de sus esposas ya no son útiles para ese fin. «Encerrar el deseo sexualidad en una prisión de hierro es en estos momentos un método absolutamente superado: cualquiera puede abrir uno de estos cinturones con una simple llave maestra», afirma Acacia. «En el mercado existen otros artículos mucho más sofisticados que permiten a una persona asegurarse de la fidelidad de su pareja», añade.

No le falta razón. Existen unas braguitas pensadas específicamente para detectar un posible engaño amoroso. Están dotadas con una sonda especial que registra los cambios de temperatura ambientales, algo que por ejemplo ocurre cuando la persona se despoja de esa prenda. La sonda envía entonces una señal a un procesador, que registra la hora exacta del suceso. Además de los cambios de temperatura, las bragas también son capaces de detectar las modificaciones en la acidez cutánea, un parámetro que varía de persona a persona y que permitiría descubrir un cambiazo.

Y quien dice bragas dice calzoncillos. Porque los cinturones de castidad no sólo eran, ni son, cosa de mujeres. «También fabricamos para hombres, siguiendo las descripciones que de ellos hemos encontrado en diversos manuscritos medievales», señala Giuseppe Acacia. «El uso de los cinturones de castidad masculinos estaba bastante extendido en los conventos, a fin de evitar que los monjes mantuvieran relaciones sexuales entre ellos. Y también se empleaban para impedir que se masturbaran». Aproximadamente el 30% de los cinturones de castidad que vende esta empresa italiana son para hombres. «El pedido más insólito que hemos tenido nunca fue el de una pareja que nos encargó realizar a medida dos cinturones de castidad, uno para ella y otro para él, con el firme propósito de usarlos».

LEYENDA Y VERDAD

PLACER. Ni siquiera se sabe cuándo fue inventado. Pero cada vez está más claro que la colocación del cinturón de castidad a sus mujeres por los cruzados es un mito. Su uso prolongado, dicen algunos estudiosos, provocaría infecciones mortales en un plazo de tiempo corto. En la actualidad muchos se comercializan, también en España, como juguete erótico.

EL CID. El mito alcanza a personajes tan honorables como el propio Rodrigo Díaz de Vivar. Cuando sufre destierro en 1081, se propala que se aseguró con este ingenio la fidelidad de su Jimena. Pero resulta del increíble que la dama mantuviera sus pudebundeces encerrojadas durante seis largos años.

REPRESOR. Más creíble resulta el uso del invento en los conventos, a modo de cilicio, para enfriar la carne consagrada a Dios. Y los confesores se lo imponían como penitencia a damas pecadoras.

USO MÉDICO. A mediados del siglo XIX, en la muy estrecha época Victoriana, un tal doctor John Moodie lo prescribía para combatir la masturbación.

FEMINISTAS. A principios del siglo pasado, algunas feministas recalcitrantes se lo calzaban para dar a entender que la mujer no sólo era un instrumento de placer.

Fuente: El Mundo

Libertad es el derecho aescoger la propia esclavitud.

El efecto primario del cinturón de castidad, bajo cualquier condición de uso, sea seria o no, es hacer imposible para la mujer que usa uno, la cópula, la masturbación, o tomar el papel pasivo-receptivo en el sexo oral. Esto se logra cubriendo sus órganos genitales externos con un protector que impida la entrada a su vagina y aisle su vulva de cualquier estímulo físico. Ese protector se mantiene en su lugar con una cerradura. El portador del cinturón puede o puede no tener la llave. Si se utiliza el cinturón seriamente entonces la sumisa no tendrá acceso a esta llave. Esta situación es lo que se llama una regla terminante. Bajo la regla terminante del cinturón de castidad, toda la responsabilidad de la conducta sexual del portador se transfiere enteramente al poseedor de la llave, y cuando se toma totalmente en serio el carácter de la castidad deja de ser algo autónomo.

Es necesario recordar en cualquier uso del cinturón de castidad que la mujer es totalmente dependiente del portador de la llave, ya que ha de ser quitado antes de poder masturbarse copular o recibir estímulo oral en sus órganos genitales, por lo tanto, con la excepción posible de una mujer con los pechos excepcionalmente sensibles, no podrá experimentar ningún orgasmo.

Aunque todos los diseños de los cinturones de castidad proveen la salida de la orina, la realidad es que los órganos externos han de limpiarse después y esto es imposible con el cinturón, el residuo de orina si no se limpia generará al menos un olor desconcertante y posiblemente ofensivo a menos que ese sea el efecto deseado para la humillacion de la sumisa; en todo caso, los residuos de orina dejados durante mucho tiempo, pueden provocar irritación en la piel.

También dificulta la higiene durante la menstruación.

Por otra parte una mujer durante la excitación sexual segrega un lubricante para facilitar la cópula sexual, este lubricante cuando está fresco tiene un olor agradable y excitante, señala la preparación inminente para copular, sin embargo cuando este olor es añejo, no es agradable para todo el mundo, aunque puede ser excitante para muchos. Sus residuos también pueden irritar la piel.

Tampoco el cinturón permite la salida de las heces.

Todo esto significa que una mujer que usa un cinturón de castidad necesita más cuidado y atenciones que si no lo usa, se debe estar constantemente pendiente de sus necesidades de la misma forma que ella es dependiente del portador de llave y no se debe ser negligente en el tema higiénico-sanitario.

El cinturón de castidad es un elemento de juego con una gran carga erótica y da al Dominante la sensación de poder absoluto sobre la sexualidad de su sumisa, se puede utilizar como elemento de castigo o para la privación total de estímulos externos en los órganos genitales femeninos durante el juego. Puede ser un elemento fetichista de primer orden.

Fuente: Un Rincón del Paraíso

Nota del Maca: ¡Ojo!, esto lo escriben otros,, yo pienso lo de siempre,, que cada uno haga lo que le salga de ahí mientras no salpique,,,

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