La castidad, ¿anti-SIDA?

Escrito por Mariano Domínguez el . Publicado en Sexo interesante

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¿Es la castidad el único modo de prevenir el sida?

El condón es la mejor prevención con la que cuentan hoy las personas sexualmente activas para combatir la transmisión del sida y de otras enfermedades venéreas.

Quienes se manifiestan contrarios aseguran que abstenerse totalmente de las relaciones sexuales antes del matrimonio y mantener la fidelidad a tu cónyuge, o la castidad de por vida si no te casas, es el único modo de protegerse de las enfermedades venéreas. Esto es cierto, pero una utopía que, a la hora de la verdad, muy pocas personas pueden llevan a la práctica. Para darse cuenta de ello basta con mirar alrededor. El ser humano no es casto ni monógamo por naturaleza, sino más bien al contrario; somos una evolución genética de los primates, y cualquiera que los observe en el zoo o en la selva, verá que les encanta gozar genitalmente, igual que a nosotros.

Nos podemos preguntar, entonces: ¿por qué siguen insistiendo los sectores más fundamentalistas en desautorizar el uso del condón y en difundir ideas erróneas acerca de su efectividad?

Observando la realidad social, comprobamos que los jóvenes y adolescentes tienen gran curiosidad por experimentar con sus afectos y su sexualidad; una vez que se emparejan, especialmente cuando ha pasado la época del enamoramiento, la infidelidad, aunque sea a escondidas u ocasionalmente, es algo bastante común; quienes deciden mantenerse solteros no por ello dejan de mostrar interés por la sexualidad, aunque no tengan en mente el iniciar una relación de pareja... y dentro del mismo clero, que supuestamente ha hecho voto de castidad, saltarse la norma es de lo más frecuente, según todos los estudios sociológicos.

El asunto es grave, porque estos sectores contrarios al uso del preservativo no se limitan a elogiar la castidad, sino que además difunden ideas erróneas para convencernos de que el preservativo no es efectivo. Dicen que el virus del sida puede filtrarse a través de los microporos del látex, que su porcentaje de fallos es muy elevado, incluso que usar preservativos puede producir cáncer cervical. Aseguran que el hecho de dar publicidad al condón como medida de protección es una forma de fomentar la promiscuidad sexual... que lo único que hay que enseñar es la castidad y la abstinencia sexual.

Ya en la primera guerra mundial ocurrió que la tasa de contagios en el ejército de Estados Unidos se disparó, porque sus responsables sanitarios se obstinaron en prohibir el uso del preservativo entre las tropas desplazadas a Europa, pensando que un simple llamamiento a la abstinencia sexual sería efectiva. No lo fue, porque el 76% de los soldados norteamericanos adquirieron sífilis, gonorrea y otras enfermedades de transmisión sexual, mientras que en otros ejércitos que promovieron el uso del preservativo entre su tropa, la tasa de infecciones fue mucho menor.

Pero parece que no hemos aprendido las lecciones que nos da la historia. Al cuestionar la validez del condón, al negarse a proponerlo como medida de protección, al frenar las políticas que intentan hacerlo asequible a las poblaciones con mayor riesgo, y al insistir en la abstinencia como único modo de frenar la transmisión de enfermedades venéreas, los sectores anti-condón están lanzando mensajes muy dañinos que afectan a las poblaciones más desinformadas y con menor acceso al preservativo; esto está causando estragos, especialmente en Latinoamérica y en Africa. Un mensaje razonable como, "abstenerse de mantener relaciones sexuales es el mejor modo de prevención, pero si practicas el sexo, nunca olvides utilizar el preservativo, a no ser que tengas pareja estable y desees tener hijos..." junto con la disponibilidad de preservativos baratos para que los habitantes de los cinco continentes tengan acceso a él. Sería el modo más efectivo de frenar la pandemia del sida.

Los preservativos que conocemos ahora están fabricados con látex o con poliuretano, pero tienen una larga historia.

Nuestros antepasados se las han ingeniado desde hace más de dos mil años para protegerse de las infecciones genitales, colocando como barrera distintos tipos de capuchones en el pene, aunque con menor efectividad que los actuales. Hay evidencias de que se usaron desde antiguo en China, en Japón y en Egipto. Las pinturas rupestres de Combarelles en Francia muestran que hacia el siglo segundo antes de Cristo algunos hombres los usaban en la Europa precristiana, y también eran conocidos en época del Imperio Romano. En su confección se han empleado distintos materiales: telas como el lienzo, el lino o la seda, papeles empapados en aceite, cueros, tripas de pescado o de animales...

A partir del siglo XV comenzó a extenderse por los cinco continentes la sífilis, una terrible enfermedad causada por el treponema, una bacteria que había existido tanto en América como en Europa, pero que mutó cuando el viejo y el nuevo mundo entraron en contacto. Esta nueva variante del treponema se transmitía principalmente a través de las relaciones sexuales y tuvo difícil cura hasta el descubrimiento de la penicilina en el siglo XX. Sus efectos fueron devastadores y afectó a todas las clases sociales; reyes como Felipe II de España o Enrique XVIII de Inglaterra la contrajeron. Chancro sifilíticoEntonces se consideró un castigo divino; por ello, en algunos hospitales, después de tratar a los sifilíticos con el único remedio conocido, a base de mercurio sumamente tóxico, se les castigaba con una somanta de palos por su conducta desordenada y pecadora. En el siglo XVI, Gabrielle Fallopius experimentó con unas pequeñas capuchas de lienzo que cubrían únicamente el glande; de 1100 hombres que las emplearon ninguno se contagió de sífilis. A partir de ahí, los condones de tela y de tripas animales se fueron perfeccionando y se comenzaron a emplear cada vez más, especialmente entre las clases altas y en los ejércitos.

Sin embargo, como ahora, sólo los sectores de la población con más recursos tenían acceso a ellos, debido a lo complicada que era su elaboración y a su alto coste. En el siglo XIX se hicieron muy populares los condones de caucho vulcanizado; desde el XX se han impuesto los fabricados con látex, un derivado del petróleo. El condón es por lo tanto una herramienta que el homo sapiens ha desarrollado inteligentemente a lo largo de la historia para mejorar su calidad de vida. Es cierto que los actuales de látex puede fallar y que es necesario manejarlos con cuidado -no rasgarlos con las uñas, emplear un lubricante con base acuosa para que no se ablanden y se rompan, sacarlos nada más acabar la relación y emplearlos sólo una vez- pero gracias al avance de la ciencia el condón masculino es hoy en día más seguro que nunca.

Además contamos desde hace pocos años con otra innovación estupenda: el condón femenino. Se trata de una funda de poliuretano que se puede introducir en la vagina con los dedos, antes de la relación sexual. Para las mujeres tiene muchas ventajas, ya que en este caso son ellas las que mantienen el control, y no dependen tanto de la voluntad del varón para protegerse de enfermedades y embarazos no deseados.

Mariano Domínguez

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