La Cazzaria

Escrito por Antonio Vignali el . Publicado en Sexo interesante

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En 1992 se encuentra en la población extremeña de Bancarrota, escondida tras un tabique, la biblioteca de un librero del siglo XVI. Entre otros textos prohibidos por la Inquisición, aparece un ejemplar manuscrito de la Cazzaria (1526), de Antonio Vignali, italiano que trabajaba en la corte de Felipe II y que escandalizaba con sus escritos pornográficos y muy misógenos. Interesantes las críticas del autor al silencio en el que se quiere sumir a la sexualidad y la reivindicación que hace de un conocimiento racional de esta. Aquí tenéis algunos fragmentos traducidos al español. barra fina

Aunque nuestro amigo Arsiccio vaya siempre proclamando que es enemigo de las mujeres, a mi me parece que, en realidad, le gustan más que a la mona los cangrejos. Cierto que el muy sinvergüenza sólo va detrás de alguna que otra sirvienta holgazana. Esto siempre me ha maravillado, pero como nunca he podido comprender porqué lo hacía, una tarde me decidí a preguntárselo.

Él, después de reírse un rato por lo tonto de mi pregunta, con mil razones me mostró que no hay amor en el mundo comparable al de las criadas. Con mil historias intentó persuadirme de que no hay nada mejor que acostarse con una hembra brutota, sucia, desaseada, cuanto más puerca mejor, una mujer de la que, a ser posible, emane un profundo hedor. Como yo no paraba de burlarme, a él se lo llevaban los demonios, hasta que me propuso que probara con una chiquilla morena y poco agraciada que él conocía y que me presentaría aquella misma tarde.

Me dejó en su habitación esperando, y me indicó que la traería atravesando ciertos tejados, pero a mi la espera se me hacía eterna (como siempre le ocurre a quien tiene que aguardar con la Verga en ristre) así que, para no aburrirme, empecé a revolver ciertos libracos, tras los cuales encontré un montón de borradores de escritos suyos que, a decir verdad, eran bastante buenos.

Entre ellos estaba el presente diálogo; como al hojearlo parecía breve, me puse a leerlo, y así acabé dando con el mayor embrollo de Carajos que uno pueda imaginar. A medida que iba avanzando en la lectura, mayor fue mi placer al darme cuenta de que allí había todo tipo de razonamientos sobre el follar, y en seguida me acordé de usted, que la mayoría de las veces no habla conmigo de otra cosa. Pensando lo grato que le resultaría echar un vistazo a un escrito como este, y como yo tengo muchas cosas que agradecerle, se me ocurrió robarlo, y lo escondí bajo la ropa. Entonces llegó Arsiccio con aquella carroña y me obligó a cumplir con ella, lo cual me impregno de tal olor a cebolla y de tal hedor que durante quince días no he encontrado criatura que no haya huido corriendo de mi, como si yo fuera un apestado.

Ahora voy a mandaros la obra, pero con la condición de que me la devolváis tan pronto como la hayáis leído. Y sobre todo cuidáos de que nadie más le eche el ojo, porque como Arcissio se entere, y dado lo irritable que tiene el Culo, se encolerizaría tanto que nunca más me dejaría entrar en su casa, y eso me impediría ver otras cosas hermosas, o mejor dicho, otras obrillas, de las cuales hace mención en este diálogo. Si él no se percata de ello se las enviaré a usted del mismo modo. Así que léala y devuélvamela lo más rápido posible.

Por ahora no tengo ninguna otra cosa que pueda enviarle para complacerle. Recuerde, si lo desea, que soy su fiel servidor.

ARSICCIO No me agrada que cuando nos ponemos a razonar acerca de estos asuntos, tú te quedes ahí callado, sin dar tu opinión. Porque según los filósofos, una cosa puede ser fea, pero mucho más feo y vil es ignorarla. Y me da la impresión de que a ti lo que más debería avergonzarte es la ignorancia, sobre todo porque te dedicas a las leyes, al latín y a las lenguas romance, así como a la filosofía, que es precisamente la que se dedica al estudio de las cosas naturales. Así que, siendo el Carajo algo natural, al igual que el Coño y follar son cosas naturalísimas y necesarias para nuestra existencia, me parece una gravísima ofensa que tú te hagas el ignorante. (.)

Ojalá mañana se diga por todo Siena: "Le preguntaron al tonto de Sodo, en una cena que se celebró en la casa de Salavo, a la que acudieron muchos jóvenes nobles y agraciados, por qué los huevos no entran nunca ni en el coño ni en el culo, y él respondió que no lo sabía. ¡Oh, cuánta gloria! Di la verdad. ¿Es que no te averguenzas de ti mismo?

SODO No, no me averguenzo en absoluto, porque en mis libros no aparecen ese tipo de porquerías; mi filosofía no trata de Carajos ni de Culos, y no me ocupo de esos asuntos, porque no pongo el fundamento de mis estudios ni en el Culo ni el Coño, sino en cosas más perfectas, más gloriosas y honorables que esas. Que las conozcan quienes así lo deseen, que se ocupen de ellas a quienes les plazcan, ya que a mi no me interesan.

ARSICCIO Ya querría yo, Sodo, no apreciarte tanto ni estimar tu honor como lo estimo, porque entonces te respondería: "Si no quieres saber nada de ello, vale". Y si quisieras ahogarte te diría que haces bien y yo mismo te daría el empujón. Pero el mucho afecto que te tengo me impulsa a sacarte del error y a hacerte ver la ignorancia manifiesta que muestras.

Una de las primeras cosas que hay que aprender en filosofía es a coger el Carajo por la mano. Tendrás que aceptar que esa es la verdad, porque Sodo ¿cuál de las cosas creadas es la más digna?. Si quisieras responder con sabiduría me dirías que el hombre, pues así lo indican tanto las escrituras sagradas como las profanas. Pero escucha atentamente: ¿cuál es la parte más digna de la filosofía?. Necesariamente la que busca a su vez las cosas más dignas, es decir, la que se centra en el conocimiento del hombre. Y como el hombre no puede existir sin el Carajo, ya que evidentemente se hace necesario meter la Verga para cerrar la Almeja y el Culo, de todo ello se deduce que este tipo de cosas son las primeras que deben aprenderse. Luego, de la relación entre el Carajo, el Coño y el Culo se sigue la necesidad de estudiar los actos de follar por delante y por detrás, y así es como la ciencia va avanzando. Bien es verdad que estas cosas no las trata, que yo sepa, ningún escritor antiguo ni moderno; no obstante, la Verga, la Almeja y el Culo son cosas que se manejan y se emplean cotidianamente, por lo que parece increíble que alguien pueda ser tan necio como para no conocerlas por sí mismo.

Antonio Vignali

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