Orgías ancestrales con bastones sagrados

Escrito por Francisca Martín-Cano Abreu el . Publicado en Sexo interesante

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Los rituales sagrados de las más arcaicas religiones mistéricas de todos los continentes, cuando aún estaba vigente la religión matriarcal agrícola, sensual y vitalista, se caracterizaban por ser exaltadores de la voluptuosidad y la impudicia femenina. Falófora en danza lasciva con falo artificial ceñido a la cadera, en una fiesta de carácter agrícola (antes de la orgía en honor de la Diosa Maramba o de Mebeli) rodeada de otras mujeres de diferentes edades, Ubanghi-Chari, República Democrática del Congo Zaire, África, siglo XX

Con ellos las mujeres conminaban a la Diosa para que lloviera, o para que enviara los fenómenos que hacían madurar las cosechas. Le demandaban su protección en la sequía y en la enfermedad, o que les enviara el embarazo. O le exigían otros logros.

Uno de los ritos más arcaicos en honor de la Diosa Madre fueron las orgías (masturbación) La acepción propia de orgía es ira, furor desenfrenado. La palabra en época antigua definía los actos sexuales que practicaban exclusivamente mujeres, sin varones.

El término orgía ha sido usado de forma incorrecta en muchos manuales de divulgación al referirse a ritos promiscuos. Y hoy día se sigue usando inexactamente para describir las uniones sexuales colectivas entre sujetos de ambos géneros, que deberían ser descritos de forma más precisa como bacanales.

Después, con la evolución de las creencias y el politeísmo que dio entrada a las divinidades masculinas y a los sacerdotes, las mujeres realizaban actos sexuales sagrados con varones. Y entonces ambos, como representantes de la Pareja Divina, intentaban propiciarlos conjuntamente. Los ritos sagrados en los que participaban mujeres conjuntamente con varones eran hierogamias sacras y promiscuidad ritual (festiva, sagrada o bacanales). Otros ritos de mujeres en los que se alentaba la impudica femenina, eran los sexuales con animales, verdaderos actos de bestialismo de carácter sagrado.

Todo esto evidencia que, antes de que las religiones patriarcales extendieran por la mayor parte de las culturas de occidente la represión de la sexualidad femenina (arrebatándole a la mujer su derecho a participar en rituales sagrados) las religiones matriarcales potenciaban la sexualidad femenina más que la masculina, sobre todo la de sus Sacerdotisas, las más arcaicas participantes en rituales religiosos.

Antes de que las Sacerdotisas comenzaran a ser castigadas con la muerte si rompían su voto de castidad, era su satisfacción sexual el fundamento de los rituales de fertilidad. Robert Graves recoge el hecho histórico de que las vestales romanas habían practicado actos libidinosos sagrados en sus ritos en honor de la Diosa, antes de que Tarquino el Viejo en el siglo VI a. C, dictase la ley que las obligaba a la virginidad.

Uno de los rituales que formaban parte de los Misterios de Fertilidad llevados a cabo por Sacerdotisas de la Diosa, desde el Paleolítico consistía en llorar y masturbarse para hacer llover. Estos cultos eran secretos, pero se sabe que las Sacerdotisas los siguieron celebrando hasta bien entrada la época histórica, porque fueron expiadas y sus rituales mistéricos llegaron a ser conocidos, siendo reprobados desde la conciencia e ideología patriarcal y descalificados como misterios sospechosos en los que se cometían cosas abominables.

Hay una frase muy notable del satírico y poeta romano Juvenal (60-140 a. C.), en la que expresa su desaprobación de lo que ocurría en uno de los cultos secretos de las mujeres: nada se simula por juego, todo se hace en serio...

Las orgías-masturbarorias se llevarían a cabo, tanto con la mano como con esculturas fálicas. Nos basamos para afirmarlo en hallazgos arqueológicos que lo evidencian y en el hecho de que existen gran cantidad de símbolos fálicos que fueron talladas desde el Paleolítico. Muchos de estos dildos (consoladores o falos) eran llevados en cestas o ceñidos a la cadera por sacerdotisas que danzaban en fiestas religiosas. Y lo más lógico es pensar que serían usadas en los rituales secretos posteriores, aunque por la obscenidad del rito gran parte de los historiadores prudentes y pudibundos no se hayan atrevido a explicitarlo. Expone Campbell al respecto: aunque arqueólogos extraordinariamente bien cualificados simulen que no pueden imaginar qué servicios podían haber prestado... sabemos bien qué servicios prestaban tales imágenes en los períodos inmediatamente posteriores.

También Frade coincide en la idea de que, en las orgías sagradas que serían celebradas desde el Paleolítico, las Sacerdotisas usarían las esculturas impúdicas: de hecho, la masturbación (femenina) está ampliamente documentada como ritual religioso en textos sumerios y del antiguo Egipto, en algunos casos, como el de los bastones fálicos de Dolní Vestonice y otros numerosos yacimientos, la similitud de forma y tamaño con los vibradores modernos es tan asombrosa que sería poco sincero eludir la interpretación más simple y obvia.

Y Rudgley añade:Dado que muchos de estos objetos son manifiestamente fálicos, Taylor sugiere que también se podrían haber utilizado como sustitutos del pene.

Las orgías colectivas consistirían tanto en la automasturbación con los falos como la estimulación de los genitales entre compañeras. Esta sexualidad en grupo tendría una función aún más importante que la de esperar una respuesta mágica: estrechar los lazos entre mujeres en sociedades maternales cuando la vinculación horizontal era la fuente de su poder. Bonobos

Nuestra presunción se basa en el hecho de que entre hembras adultas de bonobas (cuya conducta sexual da idea de la de nuestras remotas antepasadas prehomínidas), el sexo es una estrategia para establecer fuertes vínculos y cohesión dentro del grupo y como eficaz lenitivo de conflictos. Precisamente el poder de dominio de las hembras en la comunidad bonobo frente a los machos se funda en su asociación a través del contacto sexual y del acicalamiento. Puesto que las hembras parecen dominar mejor a los machos cuando están juntas que yendo por su cuenta, su asociación estrecha y su fregamiento genital frecuente puede representar una alianza, indica De Waal.

Gracias a la fuerte unión de las bonobas adultas (especie en cuyas bandas las relaciones privilegiadas son entre hembras, no entre machos como pasa entre los chimpancés) no se dejan intimidar por ningún macho y si alguno lo intenta todas se agrupan para ahuyentarlo.

En la sociedad humana, mientras estuvo exclusivamente en manos femeninas los rituales de la religión sensual a la Diosa (durante los últimos 40.000 años de la Prehistoria antes de la Edad del Bronce), que alentaba la sexualidad femenina y el contacto orgiástico entre mujeres, no se dejaron avasallar por los varones. Entonces permanecían fuertemente unidas por las ventajas que les reportaba el poder presentar un frente unido en caso de necesitarlo.

Con la formación de la pareja varón-mujer y el alejamiento femenino de las funciones religiosas en la Edad del Bronce, las mujeres se separaron y perdieron los lazos que las unían con sus compañeras, con lo que se imposibilitaron contactar y participar en las fiestas sagradas como antaño. Su aislamiento les hizo fracasar en la defensa de sus derechos y perdieron la posibilidad de unirse, establecer contactos orgiásticos y alianzas en el futuro para recuperar su antiguo ascendiente.

En las sociedades de transición (como la griega), se alentaron los contactos homosexuales entre varones, sobre todo la pederastia, lo que les permitió crear fuertes vínculos y les proporcionó la posibilidad de aliarse frente al poder femenino. Gracias a ello y a otros factores, consiguieron vencer y reprimir la sexualidad femenina. Y las mujeres aisladas, tuvieron que enfrentarse solas a las prohibiciones o leyes que a los intereses del dominio patriarcal interesaba, y dada su indefensión y soledad, les lograron imponer.

Sabemos que diferentes tipos de sacerdotisas, de numerosas religiones agrícolas de principios de tiempos históricos, participaban en ritos orgiásticos nocturnos que formaba parte de los misterios de fertilidad agrícola en honor de diferentes Diosas.

Primero las sacerdotisas se daban un baño purificador. Después bailaban frenéticamente con falos atados a las caderas a la vista de los fieles (o en canastos encima de la cabeza). Estos rituales en época de la siembra, se celebraban de forma similar en muchas regiones, según nos informan diferentes fuentes escritas desde hace al menos 4.000 años y se extendieron a todos los rincones del universo: Egipto, Creta, Babilonia, Grecia, Roma...

Han permanecido similares festivales agrarios primitivos hasta hace poco. La fotografía de arriba es de hace unos 30 años. Ilustra a una Falófora en un rito agrícola celebrado en honor de la Diosa Maramba o de Mebeli, de la colonia Ubanghi-Chari (frente a Bazainville en el puesto militar de Mobaya Bubú Dagha, antiguo Congo Francés).

Esta otra fotografía evidencia que también los han estado celebrando en Balí, Indonesia hasta época contemporánea. Ilustra a una bailarina en una ceremonia en honor de la Diosa Rangda.

Sacerdotisa con máscara con enorme lengua fuera, ojos saltones, rasgos de cara animalísticos, bailando desnuda (a pesar del colorido traje a rayas que porta, las mamas colgantes muestran que simula estar desnuda) y sosteniéndose en un solo pie en ceremonia en honor de la Diosa Rangda, de Balí, Indonesia. Fotografía de Robert Harding Picture LibraryLleva una máscara con enorme lengua fuera, ojos saltones y colmillos, cubierta de un postizo de gran plumería imitando cabellos sueltos.

Está enfundada en un traje a rayas coloristas, pero las grandes mamas colgando, denotarían que estaría desnuda, con el cuerpo completamente cubierto de dibujos, como tatuaje de líneas paralelas...líneas paralelas en el cuerpo (como imagen del cuerpo de la Diosa, la Madre Tierra), simbolizando el suelo arado y donde se aloja las semilla, esperando la lluvia para germinar.

Porta otros elementos alargados que le caen de la cabeza como si fueran ¿serpientes o torrentes de baba, símbolo metafórico y funcional de lluvia?. Además lleva un pañuelo en la mano ¿serviría para enjugar las supuestas lágrimas, aludiendo a que completaría el ritual los lloros, como metáfora funcional propiciatoria de lluvia? Y se sostiene en un solo pie. Tal postura ¿imitaría la de la grulla, ave zancuda que la adopta cuando está en Tierra?. ¿Y tendría un significado mágico y asegurador del retorno de las grullas en la primavera (asociada en numerosos panteones con la Diosa de la Fertilidad y de la Primavera), a la que la Sacerdotisa encarnaba, para propiciar las funciones benéficas asociadas al buen tiempo?.

Independientemente de que estas ceremonias estén ya desposeídas de su valor y función religiosa y agrícola, es evidente que están basadas en mitos, quizás olvidados, pero en dependencia con las tradiciones míticas arcaicas del mundo. De manera que, aunque haya perdido su antigua funcionalidad mágica y metafórica para hacer llover y propiciar la germinación de las semillas, es evidente que el origen del ritual actual balinés, sería el orgiástico-masturbatorio de carácter secreto ilustrado en la escultura balinesa del siglo XVII (izquierda): representada masturbándose, acción innegablemente excepcional en el arte universal, reflejo de una ceremonia sagrada que fue de carácter secreto desde la Prehistoria. Y que sólo se llegó a divulgar, tras ser expiadas sus practicantes mujeres mientras celebraban sus rituales secretos, según contaba el romano Juvenal.

A partir de entonces fueron muy censuradas desde la ideología patriarcal y las masturbaciones descalificadas como cosas abominables, llegando a ser prohibidas y duramente castigadas en regiones de la cuenca del Mediterráneo, incluso con la pena de muerte a quienes las siguieran practicando.

Pero que se mantuvo en otras regiones no occidentales cristianas, así como en culturas primitivas, y en donde en algunos casos dejaron de ser secretas, lo evidencia esta escultura de Bali del siglo XVII que muestra a una Sacerdotisa en ceremonia orgiástica totalmente explícita. La similitud de ambas imágenes es notable y evidente, especialmente porque ambas figuras femeninas tienen rasgos animalísticos en la cabeza, ojos saltones y lengua fuera, están desnudas y ambas se apoyan en un solo pie. Por ello, es lógico pensar que la danza del siglo XX tiene su origen en las arcaicas de carácter impúdicos realizadas en procesión con espectadores, que eran seguidas por la autoestimulación femenina lejos de la vista del público.

Francisca Martín-Cano Abreu

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