Pajeándose en el antiguo Egipto

Escrito por Miguel Arroyo el . Publicado en Sexo interesante

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La autoestimulación en el antiguo Egipto

En nuestra cultura, la autoestimulación fue vigilada y perseguida durante siglos, por tratarse de una práctica sin una función procreativa. En realidad, hasta el siglo XV este pecado, llamado entonces "mollities", era considerado más bien leve. Pero poco a poco se le empezó a dar más importancia. Tanta, que paso a ser objeto de indagación casi obligada en las confesiones.

La masturbación no solo fue considerada una práctica pervertida por el derroche de semen, sino también por propiciar la delectación con uno mismo. Fue acusada de todo tipo de males; se hicieron circular bulos acerca de los supuestos prejuicios que causaba a la salud. Sacerdotes, padres y médicos emprendieron, especialmente a partir del XIX, una auténtica cruzada contra la masturbación infantil.

Como contraste, será interesante presentar la visión que de esta actividad humana se tenía en el antiguo Egipto. Según la cosmogonía egipcia, antes de la creación solo había un océano primigenio que lo contenía todo. De esas aguas surgió por autogeneración el dios creador Atum. ¿Y cómo creo a los hombres? Pues nada más y nada menos que masturbándose con la mano hasta alcanzar el orgasmo. De esa primera eyaculación surgieron los dioses Shu y Tefnut. Según se cuenta, uno de los nietos de Atum, el dios Geb, recurria a la autofelación como desahogo cuando estaba separado de su esposa Nut.

Es curioso comprobar que la mano, como contrapartida femenina al falo, llegó a adquirir un caracter sagrado en el antiguo Egipto. En los sarcófagos encontramos representaciones de la pareja divina: el dios creador Atum y su mano. Además, algunas sacerdotisas tenían el título de la "Mano de Dios", y con toda probabilidad llevaban a cabo masturbaciones rituales para remedar el acto creador de Atum.

Las mujeres tampoco se privaban del placer solitario, a juicio de las estatuillas con forma de pene que se conservan en el Museo del Cairo; por su forma y medida son perfectamente aptas para ser utilizadas como consoladores. Además, estos penes de tamaño natural tenían al parecer un uso mágico entre las egipcias. Si algún marido padecía de problemas de erección, su mujer hacía una réplica exacta de su pene y lo depositaba en el templo con la esperanza de que él recuperara la salud.

Contemplar la naturalidad con la que otras culturas han considerado la autoestimulación, puede hacernos reflexionar. ¿Por qué en la nuestra esta práctica tan inocente llegó a considerarse un acto sumamente perjudicial, inmoral y escandaloso, origen de innumerables males? En su proyecto de forjar un ser humano cada vez más espiritual, cada vez más desligado de los impulsos animales, nuestra cultura llevó el dualismo mente-cuerpo al extremo. En realidad, lo que se pretendía conseguir era escindir al individuo de su propios impulsos corporales para hacerlo más dócil y manejable. Seres fuertes espiritualmente para la evangelización y físicamente para la guerra. Ese era y sigue siendo el objetivo, aunque hoy por hoy son otros los mecanismos que se utilizan para conseguirlo.

Miguel Arroyo

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