Placeres solitarios y ejercicio físico

Escrito por Dr. Federico Corominas el . Publicado en Sexo interesante

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Muchos creen aún la tontería de que es perjudicial para los deportistas tener actividad sexual antes de las competiciones, porque supuestamente les resta energía y les deja cansados. Eso es lo que se sostiene en este texto divulgativo de los años sesenta, defensor de una juventud casta y deportiva, alejada de toda concupiscencia. Son interesantes sus observaciones acerca de la masturbación femenina, y divertidos los consejos que da a las chicas para que monten a caballo a la amazona y para que tengan cuidado con la peligrosa bicicleta. Carcajeante.

Placeres solitarios y manera de evitarlos

El hombre siente el apetito sexual más intensamente que la mujer, y es muy extendida la idea, absolutamente errónea, de que este apetito debe satisfacerse para evitar males o perjuicios que sólo existen en la imaginación de los que tal cosa piensan. Esta creencia errónea es el origen de los llamados vicios solitarios, más frecuentes en el varón que en la hembra; y ello es debido, en gran parte, a la existencia de las llamadas poluciones o pérdidas espontáneas de licor seminal, que, anodinas al principio, van siendo cada vez más voluptuosas, es decir, acompañadas de mayor goce o deleite a medida que el joven va desarrollando plenamente su pubertad; no es extraño, pues, que abandonado a su instinto y sin ningún freno educativo, moral o religioso, procure, cada vez con mayor frecuencia, provocar aquellos deleites sensuales entregándose a la masturbación y exponiéndose a sus nefastas consecuencias si abusa de ella.

Este peligro es menos frecuente en las niñas, porque éstas tienen, en general, menos desarrollado el apetito genésico y no suelen sentir espontáneamente el deleite voluptuoso con la frecuencia y con la fuerza con que lo siente el varón. No obstante, es de recomendar que no usen prendas de ropa interior que rocen o aprieten demasiado sus partes sexuales, que no abusen del ejercicio de la bicicleta o de la equitación llamada a la jineta, porque el roce del sillín o de la silla de montar con sus órganos sexuales puede despertar a destiempo o prematuramente sus sensaciones voluptuosas. que las llevan a provocárselas con manipulaciones vergonzosas. Y en este punto no se puede negar que están de acuerdo la moral, la higiene la distinción y la elegancia. ¡Cuánto más elegante y distinguida no es una mujer montando un traje de amazona con su sombrerete y su larga falda, que con pantalón de montar ya horcajadas sobre el caballo! y ya es sabido que este deporte, si se abusa de él en esa forma, da a las piernas una curvatura de radio interior tanto más acentuada cuanto más joven es la mujer que lo practica; este peligro no existe montando de amazona a la española.

La actividad física, fuente de neutralización sensual

Está demostrado que la apetencia sexual, el impulso a gozar del deleite libidinoso está en relación inversa a la fatiga física; o, dicho de otro modo, que la ociosidad favorece el apetito genésico. Por esta razón debe obligarse a las personas jóvenes a levantarse de la cama una vez pasadas las horas normales de sueño y procurar que tengan el día ocupado en estudios o trabajos y ejercicio físico. Éste, sobre todo, es el mejor antídoto de la concupiscencia. Los deportistas saben muy bien que los abusos de los placeres sexuales hacen disminuir las fuerzas físicas, ya este conocimiento se debe que unos días antes de jugarse un partido de compromiso, en cualquier deporte, los equipos respectivos se mantengan alejados de las ciudades para no caer en la tentación de entregarse a placeres sexuales, disminuyendo con ello su capacidad deportiva.

Pues bien, recíprocamente, la cultura física, el ejercicio muscular en cualquiera de sus manifestaciones, ya sean deportes, ya tan sólo ejercicios gimnásticos, hacen disminuir el apetito sexual reduciéndole a sus normales manifestaciones.

Estas ideas son importantísimas, y es preciso que los padres y los educadores las inculquen a los jóvenes que tienen a su cuidado, sobre todo a los chicos, que han de saber que la continencia sexual no puede en manera alguna dar origen a trastornos nerviosos ni de ninguna clase y que, por el contrario las excitaciones y las eyaculaciones provocadas pueden originar desarreglos, a veces importantes.

Yo he visto, más de una vez, chicos jóvenes a quienes, por entregarse frenéticamente a la masturbación, su médico les ha recomendado, y sus padres admitido y facilitado, la adopción de una amiga, más o menos reposada, con la cual satisfacer su desordenado apetito sexual. Esto es querer curar un vicio mediante adopción de otro peor; ya se puede suponer cuál ha de ser la moralidad de la mujer que a ello se preste y qué enseñanzas podrá brindar al joven entregado a su cuidado.

La continencia nunca puede ser perjudicial.

El único remedio es la abstinencia completa, a la cual podrán ayudar mucho las ocupaciones de cualquier índole, ya sean intelectuales o mecánicas, y la práctica de los deportes. Lo interesante es distraer la imaginación del joven en algo que le satisfaga y le canse, sin darle tiempo a pensar en sus apetencias sexuales.

Se ha de saber, por otra parte, que en esta época de la vida, es decir, en la adolescencia y en la pubertad, es cuando se desarrollan más fácilmente los trastornos mentales de tipo esquizofrénico en los jóvenes que, por ley de herencia o por fragilidad psicosomática, están predispuestos a ellos.

Es por esta razón, entre otras por lo que en estas edades es cuando ha de ser mayor la vigilancia y el ascendiente que puedan tener los padres sobre sus hijos. Afortunadamente, como también es en este periodo de la vida cuando se desarrollan mas normalmente las potencias intelectuales y cuando los jóvenes tienen mas apetencia de saber, es asimismo cuando más prenderán en el animo y en los conocimientos del joven las advertencias y las admoniciones que sepan dirigirle sus padres o las personas encargadas de su dirección moral; es cuando el niño o la niña empiezan a saber ser hombre o mujer; y de la formación intelectual o moral que se les haya inculcado a esta edad dependerá. muchas veces el futuro de toda su existencia. Huelga, por lo tanto, añadir la importancia que tienen la educación y el comportamiento sexual en este penado de la vida.

El ilustre pediatra Degkwitz, de Hamburgo, decía que la madurez sexual corporal precede en ambos sexos a la madurez psíquica, de lo cual deducía que no se debían considerar aptos para el matrimonio el joven o la joven por el mero hecho de haber alcanzado su madurez sexual. Esta consideración es absolutamente cierta para el mundo civilizado y a nadie se le ocurriría recomendar el matrimonio a un muchacho de dieciséis años, por ejemplo, con una muchacha de doce a trece. aunque ambos hubiesen llegado a su madurez sexual y fuesen, por lo tanto. aptos para la procreación. Pero esto hace que el joven haya de pasar un periodo más o menos largo de su vida absteniéndose de satisfacer su apetito sexual. y en este período es cuando, por falta de educación sexual o por un concepto erróneo de sus necesidades, se entrega a la masturbación o la homosexualidad.

Hasta no hace mucho, padres y pedagogos se abstenían de hablar a los adolescentes de estas cuestiones, e incluso yo he visto, en colegios de niñas dirigidos por religiosas, muy capaces y muy buenas instructoras en la enseñanza de las materias del bachillerato, al llegar a los estudios de Historia Natural pasar por alto todo lo referente a la reproducción de las especies y, de un modo especial. suprimir del estudio de la anatomía humana, el de los aparatos genitales masculino y femenino. Esta manera de proceder no puede ser más equivocada. Aparte de provocar en las niñas una mayor apetencia de conocer lo que se les prohíbe, con lo cual se les inclina al disimulo, procuran averiguarlo por otros medios. no siempre idóneos, exponiéndose a aprender mal o a adquirir conocimientos cuanto menos equivocados, si no pecaminosos.

Masturbación

Hoy, afortunadamente, ha cambiado esta manera de proceder, y son los mismos educadores católicos y los directores de conciencia los que aconsejan que, desde la adolescencia; se enseñen a los jóvenes todas las cuestiones referentes a la sexualidad. con lo cual las aprenderán bien, se acostumbrarán a las confidencias con sus padres o sus directores y no caerán en los peligros de hablar de estas cuestiones a hurtadillas con personas mal informadas o mal intencionadas que, a menudo, les pueden inducir a la práctica de la masturbación que, aunque más desarrollada entre el sexo masculino por sus impulsos más violentos, se ve también algunas veces entre las muchachas jóvenes. Yo he visto más de un caso de masturbación femenina en muchachas alrededor de los veinte años, que me ha sorprendido por su pertinacia y por la dificultad en corregirlo. Casi me inclinaría a creer que es más difícil de corregir este vicio, o estado psicopático si se quiere, en el sexo femenino que en el masculino, en lo cual influye, quizás, el distinto género de vida. pues, como ya he dicho, la vida activa y más ocupada de los chicos les permite desprenderse más fácilmente de sus vicios solitarios. La mujer, más recluida en casa, con menos ocupaciones físicas, quizá más entregada a lecturas peligrosas, más aficionada al cine, cuya peligrosidad en el orden moral no se puede negar, en una palabra, menos distraída por ocupaciones personales, tiene más facilidades para entregarse a placeres solitarios por poco que su temperamento la incline a ello. He aquí un serio motivo para combatir la holgazanería: ya se dice que la ociosidad es madre de todos los vicios.

Dr. Federico Corominas

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