¿La quieres grande?

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Los peligros de pasar por cirugía

El hombre joven que yacía sobre la mesa del quirófano frente a mí era bien parecido, sano y musculoso. Con la excepción de su pene, que era un desastre para la vista de cualquiera. Tenía el aspecto de un cohete de dos estadios: desde la base por unos tres centímetros era impresionantemente grueso, hasta que de repente se angostaba hasta llegar al tamaño de un lápiz. No parecía que podía servir para lo que había sido creado, ni tampoco hubiera querido mostrarlo en cualquier vestuario. Pero ahora se encontraba bajo la devastadora luz de la iluminación del quirófano, con todo el vello púbico afeitado, algo que podía haberlo camuflado: un pitito triste que sólo esperaba ser pasado por el bisturí.

El cirujano me contó lo que había pasado. El muchacho – un policía australiano casado – había empezado la vida con un pene normal, pero quería uno más grande "para darle más placer a la mujer". Para aumentar el órgano del tipo, el cirujano australiano había retirado dos lonjas de grasa subcutánea de sus nalgas y las había colocado a lo largo de la verga del tipo. Todo pareció funcionar por un tiempo, pero cuando el tejido graso se aflojó de donde lo habían alojado, se retrajo y bajó hasta el abdomen, el resultado fue ese efecto de dos estadios. Tal es así que el tipo viajó hasta Los Ángeles para que le devuelvan el pene a una condición similar a su estado original y para que le quiten las cicatrices de las nalgas.

Mientras yo estaba observando, el cirujano hizo una incisión en la base del pene y rápidamente retiró los restos de los injertos. Insertó un tubo para drenar la herida y la cosió. Luego colocó al paciente boca abajo, cortó las cicatrices que marcaban el lugar en donde el cirujano anterior había extraído los injertos de grasa y también cosió esas incisiones. Tiempo transcurrido: alrededor de una hora. Costo: $3.500 (el billete de avión no incluido).

El cirujano que yo estaba observando es algo parecido a un especialista dentro de ese pequeño grupo de médicos (muchos de ellos trabajan en el sur de California) que realizan cirugía de aumento de pene. La mayoría del tiempo lo dedica a "rescatar" penes que han sido masacrados por otros cirujanos. Durante la operación, me relató una serie increíble de historias de horror – todas acerca del trabajo de otros médicos, por supuesto. Trataba de convencerme de que él era la única persona que sabía cómo hacer las cosas bien.

Después de terminar con el primer paciente, el cirujano comenzó a trabajar en otro, esta vez el poseedor de un pene "virgen" que en este caso necesitaba ser aumentado. El cirujano practicó una incisión en el tejido encima de la base del pene y cortó el ligamento que lo une al hueso púbico. Este acto permitirá que el pene parezca más largo que lo que normalmente parecería. Si el paciente siguiera las instrucciones del médico religiosamente – que incluye estirar el pene mediante pesas durante varias horas al día – podría lograr un pene unos cinco centímetros más largo de lo que la naturaleza le proveyó, por lo menos en el estado de flacidez. Si el tipo vuelve para recibir otra intervención quirúrgica, podría recibir injertos de grasa para hacerlo más grueso – en esta oportunidad bien hechos. Costo total: $7.500.

Sin embargo, aún cuando la operación es un éxito, tampoco deja satisfecho al paciente. Según un estudio realizado por el sexólogo Randy Klein (ex-investigador del Instituto de Estudios Avanzados sobre la Sexualidad de San Francisco), los hombres que se someten a la cirugía de aumento del pene no obtienen penes erectos más grandes, sólo penes más grandes en el estado de flacidez. La mayoría de los hombres que entrevistó indicaron que no habían logrado mejorías en sus vidas sexuales ni en su auto-estima y preferentemente no habían quedado satisfechos con el procedimiento.

Para colmo de males, un hombre había muerto a causa de la cirugía de aumento de pene y otros habían desarrollado serias infecciones o notables malformaciones de pene. Y si el cirujano que yo observé operando era típico, entonces yo tendría también otras preocupaciones. Durante una de las operaciones tuvo problemas para regular el nivel general de la anestesia: en varias ocasiones el paciente comenzó a sacudir las manos y tuvieron que contenerlo. Y antes del final de una operación, el cirujano le encargó el trabajo a su asistente y dejó el quirófano para ver a otro paciente. El asistente me dijo, mientras completaba la cirugía, que lo que estaba haciendo era ilegal dado que no era para nada competente.

Estoy a favor de que la gente pueda hacer lo que quiera con sus propios cuerpos. Sin embargo, si uno tiene pensado someterse a una cirugía de aumento del pene, mi consejo es: haga terapia psicológica. Es más barata, más efectiva y mucho más segura.

Roberto

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