La carga del escepticismo

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¿Qué es el escepticismo? No es nada esotérico. Nos lo encontramos cada día. Cuando compramos un coche usado, si somos un poco listos ejerceremos algún residuo de poderes escépticos — sea cual sea la educación que nos han dado. Podrías decir: “Aquí hay un tipo con apariencia honesta. Simplemente aceptaré lo que me está ofreciendo”. O podrías decir: “Bueno, he escuchado que ocasionalmente hay algunos engaños implicados en la venta de coches usados, tal vez inadvertidos por la parte del vendedor”, y entonces haces algo. Das unas patadas a las ruedas, abres las puertas, miras bajo el capó. (Podrías hacerlo incluso si no sabes qué se supone que debe haber bajo el capó, o podrías llevar a un amigo con conocimientos de mecánica). Sabes que se requiere algo de escepticismo, y entiendes por qué. Es un fastidio que puedas estar en desacuerdo con el vendedor de coches usados, o que le hagas una pregunta que es reticente a contestar. Hay al menos un pequeño grado de confrontación interpersonal implicada en la venta de un coche usado y nadie afirma que sea especialmente agradable. Pero hay una buena razón para ello – debido a que si no ejerces un mínimo escepticismo, si tienes una absoluta credulidad sin restricciones, es probable que tengas que pagar un precio antes o después. Entonces desearás haber hecho antes alguna pequeña inversión en escepticismo.

Ahora, esto no es algo que para comprenderlo tengas que estudiar cuatro años en la universidad. Todo el mundo lo entiende. El problema es, que un coche usado es una cosa, pero los anuncios de televisión y los pronunciamientos de los presidentes y líderes de partidos son otra. Somos escépticos en ciertas áreas pero, desafortunadamente, no en otras.

Por ejemplo, hay un tipo de anuncios de aspirina que revelan que el producto de la competencia tiene sólo una parte del ingrediente anestésico que los doctores más recomiendan — no te dicen cuál es el misterioso ingrediente — mientras que su producto tiene una cantidad drásticamente superior (de 1,2 a 2 veces más por tableta). Por tanto, deberías comprar su producto. Pero, ¿por qué no tomar los dos productos en competición? Se supone que no tienes que preguntar. No apliques el escepticismo en este tema. No pienses. Compra.

Tales afirmaciones en los anuncios constituyen pequeños engaños. Nos quitan algo de dinero, o nos inducen a comprar un producto ligeramente inferior. No es tan terrible. Pero ten en cuenta esto:

Tengo aquí el programa de este año de la exposición Whole Life Expo en San Francisco. El año pasado asistieron veinte mil personas al programa. Aquí tienes algunas de las presentaciones: “Tratamientos alternativos para pacientes de SIDA: Reconstruya de forma natural sus defensas y evite colapsos del sistema inmune – conozca los últimos desarrollos que los medios han ignorado hasta el momento”. Ésta me parece una presentación que podría hacer un verdadero daño. “Cómo las proteínas atrapadas en la sangre producen dolor y sufrimiento”. “Cristales, ¿Son talismanes o piedras?” (Tengo mi propia opinión). Dice: “Dado que un cristal focaliza las ondas de luz y sonido de la radio y televisión” — los artículos de cristal lo hacen desde hace tiempo— “pueden amplificar las vibraciones espirituales de los humanos equilibrados”. Apostaría a que muy pocos de vosotros estáis equilibrados. O aquí tienes otra: “El retorno de la diosa, una presentación ritual”. Otra: “Sincronicidad, el reconocimiento experimental”. Esta fue impartida por el “Hermano Charles”. O, en la siguiente página, “Tú, Saint-Germain, y la curación a través de la llama violeta”. Y sigue, y sigue, con más anuncios sobre “oportunidades” – variando desde lo dudoso a lo espurio — que hay disponibles en la Whole Life Expo.

Si te dejasen caer en la Tierra en cualquier momento durante la ocupación humana, encontrarías un conjunto de sistemas de creencias populares más o menos similar. Cambian, a menudo muy rápido en escalas de tiempo de pocos años: Pero algunos sistemas de creencias de este tipo duran muchos miles de años. Al menos siempre tenemos un puñado disponibles. Creo que merece la pena preguntarse porqué. Somos Homo sapiens. Esa es la característica que nos distingue, la parte sapiens. Se supone que somos inteligentes. Entonces, ¿por que tenemos todo eso siempre con nosotros? Bueno, por una cosa, una gran parte de esos sistemas de creencias abordan necesidades humanas reales que no se cubren en nuestra sociedad. Hay necesidades médicas y espirituales insatisfechas, y una necesidad de comunión con el resto de la comunidad humana.

Puede que haya muchos más de tales fallos en nuestra sociedad que en muchas otras de la historia humana. Y por tanto es razonable que la gente curiosee y trate de evaluar distintos sistemas de creencias, para ver si le ayudan.

Por ejemplo, tomemos una moda pasajera, la canalización. Tiene como premisa fundamental, como el espiritualismo, que cuando morimos no desaparecemos exactamente, que alguna parte de nosotros continúa. Esa parte, nos dicen, puede re-entrar en cuerpos humanos y otros seres del futuro,y de esta forma la muerte pierde gran parte de su escozor. Es más, tenemos una oportunidad, si la canalización es cierta, de contactar con nuestros seres queridos que han muerto.

Personalmente, me encantaría que la reencarnación fuese real. Perdí a mis padres, a ambos, en los últimos años, y me encantaría tener una pequeña conversación con ellos, para decirles lo que están haciendo los chicos, y asegurarme de que todo va bien allí donde estén. Eso toca algo muy profundo. Pero al mismo tiempo, precisamente por esa razón, sé que hay gente que intentará aprovecharse de las vulnerabilidades de los desconsolados. Los espiritualistas y canalizadores mejor que tengan un argumento convincente.

O toma la idea de que pensando con fuerza en formaciones geológicas puedes decir dónde hay depósitos de mineral o petróleo. Uri Geller hace esta afirmación. Ahora, si eres un ejecutivo de una explotación minera o una compañía petrolífera, tu pan depende de encontrar los minerales o el petróleo; por lo que gastar cantidades triviales de dinero en comparación con lo que normalmente gastas en una prospección geológica, esta vez para encontrar depósitos psíquicamente, no suena tan mal. Podrías estar tentado.

O los OVNIs, la opinión de que seres en naves espaciales de otros mundos no están visitando a cada momento. Encuentro esa idea emocionante. Es, al menos, una ruptura con la rutina. He pasado una gran cantidad de tiempo en mi vida científica trabajando sobre el tema de la inteligencia extraterrestre. Piensa cuánto esfuerzo podría haber ahorrado si esos chicos están por aquí. Pero cuando reconocemos algo de vulnerabilidad emocional respecto a la afirmación, ahí es exactamente donde tenemos que hacer los esfuerzos más firmes por aplicar el escrutinio escéptico. Aquí es donde podemos hacerlo.

Ahora, volvamos a considerar la canalización. Hay una mujer en el Estado de Washington que afirma contactar con alguien de 35 000 años de edad, “Ramtha” — él, por cierto, habla inglés muy bien con lo que me suena a un acento indio. Supón que tuvimos a Ramtha aquí y supón que Ramtha es cooperativo. Podríamos hacer algunas preguntas: ¿Cómo sabemos que Ramtha vivió hace 35 000 años? ¿Quién está siguiendo el rastro de los milenios intermedios? ¿Cómo llegó exactamente a los 35 000 años? Ese es un número muy redondo. ¿Treinta y cinco mil más o menos qué? ¿Cómo eran las cosas hace 35 000 años? ¿Cuál era el clima? ¿Dónde vivió Ramtha en la Tierra? (Ya sé que habla inglés con acento indio, pero, ¿de dónde?) ¿Qué come Ramtha? (Los arqueólogos saben algo sobre lo que comía la gente de esa época.) Tendríamos una oportunidad real de descubrir si las afirmaciones son ciertas. Si realmente era alguien de hace 35 000 años, se podría aprender mucho sobre la esa época. Por lo que, de una u otra forma, si Ramtha realmente tiene 35 000 años, descubrimos algo sobre ese periodo – es antes de la Edad de Hielo de Winconsin, una época interesante — o es un farsante y cometerá un desliz. ¿Cuáles eran los lenguajes indígenas, la estructura social, con quién vivía Ramtha — hijos, nietos — cuál es el ciclo de la vida, la mortalidad infantil, qué ropa lleva, cuál es la esperanza de vida, las armas, plantas y animales? Cuéntanos. En lugar de esto escuchamos vanas homilías indistinguibles de aquellas de supuestos ocupantes OVNI que cuentan a los pobres humanos que han sido abducidos por ellos.

Ocasionalmente, por cierto, recibo una carta de alguien que está en “contacto” con un extraterrestre que me invita a “preguntar cualquier cosa”. Cuando es así, tengo una lista de preguntas. Los extraterrestres son muy avanzados, recuerda. Por lo que pregunto cosas como: “Por favor, dame una prueba corta del Último Teorema de Fermat”. O de la Conjetura de Goldbach. Y luego tengo que explicar qué son esas cosas, porque los extraterrestres no los llaman Último Teorema de Fermat, por lo que escribo la pequeña ecuación con los exponentes. Nunca obtengo una respuesta. Por otra parte, si pregunto algo como: “¿Deberían ser buenos los humanos?”, siempre tengo respuesta. Creo que puede deducirse algo de esta capacidad diferencial de responder preguntas. Están encantados de contestar a cualquier cosa vaga, pero para algo concreto, donde hay una posibilidad de descubrir si realmente saben algo, sólo hay silencio.

El científico francés Henri Poincaré hizo un comentario sobre por qué la credulidad está en aumento: “También sabemos cómo de cruel es a menudo la verdad, y nos preguntamos si los espejismos no son más consoladores”. Esto es lo que he intentado decir con mis ejemplos. Pero no creas que es la única razón por la que la credulidad está en aumento. El escepticismo es un reto a las instituciones establecidas. Si enseñamos a todo el mundo, digamos estudiantes de instituto, el hábito de ser escépticos, tal vez no restringirán su escepticismo a los anuncios de aspirinas y canalizadores de 35 000 años. Tal vez empiecen a hacer incómodas preguntas sobre las instituciones económicas, o sociales, o políticas, o religiosas. ¿Dónde iríamos a parar? El escepticismo es peligroso. Esa es exactamente su función, en mi opinión. El papel del escepticismo es ser peligroso. Y por esto es por lo que hay una gran reticencia a enseñarlo en las escuelas. Por esto no encuentras una gran afluencia de escepticismo en los medios. Por otra parte, ¿cómo negociaremos un peligroso futuro si no tenemos las herramientas intelectuales necesarias para hacer preguntas de búsqueda a esos que están al cargo, especialmente en una democracia?

Creo que este es un momento útil para reflexionar sobre el tipo de problema nacional que se podría haber evitado si el escepticismo estuviese más disponible al público en la sociedad estadounidense. El fiasco de Irán/Nicaragua es un ejemplo tan obvio que no me aprovecharé de nuestro pobre y asediado presidente comentándolo. La resistencia de la administración a un Tratado Exhaustivo de Prohibición de Pruebas y su continua pasión por hacer estallar armas nucleares – uno de los principales directores de la carrera armamentística nuclear — bajo el pretexto de hacernos “seguros”, es otro de tales temas. También está la Guerra de las Galaxias. Los hábitos del pensamiento escéptico que promueve CSICOP tienen relevancia para temas de la máxima importancia nacional. Hay tantas tonterías promulgadas por ambos partidos políticos que el hábito de un escepticismo imparcial debería declararse un objetivo nacional, esencial para nuestra supervivencia.

Quiero decir algo más sobre la carga del escepticismo. Puedes acostumbrarte a pensar en lo que disfrutarías ridiculizando a toda esa otra gente que no ve las cosas tan claramente como tú. Esto es un peligro social potencial presente en una organización como CSICOP. Tenemos que guardarnos cuidadosamente de ello.

Me parece que lo que se requiere es un exquisito equilibrio entre dos necesidades en conflicto: el escrutinio más escéptico de todas las hipótesis que se nos sirven y, al mismo tiempo, una gran apertura a las nuevas ideas. Obviamente, estos dos modos de pensamiento están en cierto conflicto. Pero si eres capaz de ejercer sólo uno de estos modos, sea cual sea, estarás en un grave problema. Si sólo eres escéptico, entonces no penetrará en ti ninguna idea nueva. Nunca aprenderás nada nuevo. Te convertirás en un viejo cascarrabias convencido de que la estupidez domina el mundo. (Hay, por supuesto, muchos datos que te apoyan). Pero de vez en cuando, tal vez una vez de cada cien casos, una nueva idea aparece en el mercado, es válida y maravillosa. Si tienes demasiado hábito de ser escéptico, la pasarás por alto o te molestará, en cualquier caso te plantarás ante el camino de la comprensión y el progreso. Por otra parte, si estás abierto al punto de la credibilidad y no tienes nada de sentido escéptico dentro de ti, no podrás distinguir las ideas útiles de las que no tienen valor. Si todas las ideas tienen igual validez, entonces estás perdido, debido a que entonces, en mi opinión, ninguna idea tendría validez en absoluto.

Algunas ideas son mejores que otras. La maquinaria para distinguirlas es una herramientas esencial para lidiar con el mundo, específicamente con el futuro. Y es precisamente la mezcla de esos dos modos de pensamiento la clave del éxito de la ciencia.

Los científicos realmente buenos hacen ambas cosas. Solos, hablando para sí mismos, generan una gran cantidad de nuevas ideas, y las critican con dureza. La mayor parte de las ideas nunca llegan al mundo exterior. Sólo las ideas que pasan un riguroso auto-filtrado salen y son criticadas por el resto de la comunidad científica. A veces las ideas que son aceptadas por todo el mundo resultan ser incorrectas, o al menos parcialmente equívocas, o se ven reemplazadas por ideas de mayor generalidad. Y, aunque hay, por supuesto, una pérdida personal – los vínculos emocionales con la idea en la que has desempeñado un papel en su creación – la ética del colectivo es que tal idea debe ser descartada y reemplazada por algo mejor que haya generado la empresa científica. A menudo, en la ciencia aparece un científico que dice: “Sabes, ese es un argumento realmente bueno; mi posición era la equivocada”, y cambia de idea y nunca vuelves a oír hablar de la vieja idea. Realmente lo hacen. No sucede tan a menudo como debería, debido a que los científicos son humanos y los cambios a veces son dolorosos. Pero sucede cada día. No puedo recordar la última vez que pasó algo así en la religión o la política. Es muy raro que un senador, por ejemplo, diga: “Ese es un buen argumento. Cambiaré mi afiliación política”.

Me gustaría decir algunas cosas sobre las estimulantes sesiones de la Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre (SETI) y del lenguaje animal en nuestra conferencia CSICOP. En la historia de la ciencia ha habido un desfile instructivo de grandes batallas intelectuales que dan como resultado, todas ellas, cómo de egocéntricos somos los humanos. Podríamos llamarlas batallas sobre la vanidad anti-copernicana.

Aquí hay algunos de los temas:

Somos el centro del universo. Todos los planetas y estrellas, y el Sol y la Luna giran a nuestro alrededor. (Chico, debemos ser algo realmente especial).Esta fue la creencia predominante – Aristarcos aparte – hasta la época de Copérnico. A mucha gente le gustaba debido a que les daba una injustificada posición central en el universo. El simple hecho de que estuvieses en la Tierra te hacía un privilegiado. Eso te hacía sentir bien. Luego llegaron las pruebas de que la Tierra era sólo un planeta, y que esos otros puntos de luz brillantes que se movían, también eran planetas. Un fastidio. Incluso deprimente. Mejor cuando éramos únicos y centrales.

Pero al menos nuestro Sol es el centro del universo. No, esas otras estrellas también son soles, y es más, estamos en los suburbios galácticos. Ni siquiera estamos cerca del centro de la galaxia. Muy deprimente.

Bueno, al menos la Vía Láctea está en el centro del universo. Y entonces, un poco más de progreso científico. Encontramos que no hay algo a lo que podamos llamar el centro del universo. Es más, hay cientos de miles de millones de otras galaxias. No hay nada especial en la nuestra. Profunda melancolía.

Bueno, al menos los humanos somos el pináculo de la creación. Somos distintos. Todas las otras criaturas, plantas y animales, son inferiores. Somos superiores. No tenemos conexión con ellos. Cada ser vivo ha sido creado de forma separada. Y llegó Darwin. Encontramos un continuo evolutivo. Estamos estrechamente conectados con las otras bestias y plantas. Es más, nuestros parientes biológicos más cercanos son los chimpancés. ¿Esos son nuestros parientes más cercanos – esos tipos? Es vergonzoso. ¿Has ido al zoo y los has visto? ¿Has visto lo que hacen? Imagina la Inglaterra victoriana , cuando Darwin generó esta idea, qué verdad tan incómoda debió ser.

Hay otros importantes ejemplos – marcos de referencia privilegiados en la física y de la mente inconsciente en la psicología — que han quedado atrás. Mantengo que, en la tradición de estos largos debates – cada uno de los cuales fue ganado por los copernicanos, por los tipos que dicen que no hay nada especial en nosotros – hubo una contracorriente profundamente emocional en las sesiones de CSICOP que mencioné. La búsqueda de inteligencia extraterrestre y el análisis del posible “lenguaje” animal, golpea uno de los últimos restos del sistema de creencias pre-copernicano:

Al menos, somos las criaturas más inteligentes del universo. Si no hay otros tipos más listos que nosotros, incluso aunque estemos conectados con los chimpancés, incluso si estamos en los suburbios de un vasto y asombroso universo, al menos hay algo especial en nosotros. Pero en el momento en que encontremos inteligencias extraterrestres, se habrá marchado el último pedazo de engreimiento. Creo que parte de la resistencia a la idea de inteligencia extraterrestre se debe a la vanidad anti-copernicana. De la misma forma, sin tomar parte en el debate de si otros animales – primates superiores, especialmente los grandes simios – tienen un lenguaje o son inteligentes, está claro que, a nivel emocional, el problema es el mismo. Si definimos a los humanos como criaturas que tienen un lenguaje y nadie más lo tiene, al menos somos únicos a este respecto. Pero si resulta como todos esos sucios, repugnantes y risibles chimpancés pueden también con Ameslan y otras cosas, comunicar ideas, entonces, ¿qué queda de especial en nosotros? La propulsión de predisposiciones emocionales sobre estos temas está presente, aunque a menudo incoscientemente, en los debates científicos. Es importante darse cuenta de que los debates científicos, así como los pseudocientíficos, pueden estar llenos de emoción, por estas entre muchas razones.

Ahora, echemos un vistazo más de cerca a la búsqueda de inteligencia extraterrestre. ¿En qué se diferencia de la pseudociencia? Déjame darte un par de casos reales. A principios de la década de 1960, los soviéticos convocaron una conferencia de prensa en Moscú en la que anunciaron que una fuente lejana de radio, conocida como CTA-102, variaba sinusoidalmente, como una onda seno, con un periodo de aproximadamente 100 días. ¿Por qué dieron una rueda de prensa para anunciar que una fuente de radio lejana estaba variando? Debido a que pensaron que era una civilización extraterrestre de inmenso poder. Por esto sí merece la pena convocar una rueda de prensa. Esto fue antes de que existiera la palabra “quásar”. Hoy sabemos que CTA-102 es un quásar. No sabemos muy bien qué son los quásares; y hay más de una explicación posible para ellos en la literatura científica. No obstante, pocos consideran seriamente que un quásar, como CTA-102, es una especie de faro galáctico de una civilización extraterrestre, dado que hay un número de explicaciones alternativas de sus propiedades que son más o menos consistentes con las leyes físicas que conocemos sin tener que invocar vida alienígena. La hipótesis extraterrestre es el último asidero. Sólo si todo falla te agarras a ella.

Segundo ejemplo: Científicos británicos descubrieron en 1967 una brillante fuente de radio que fluctuaba a una escala mucho menor, con un periodo constante en diez cifras significativas. ¿Qué era eso? Su primera idea fue que era algo como un mensaje enviado hacia nosotros, o una baliza de navegación interestelar para naves que surcan el espacio entre las estrellas. Incluso le dieron, entre los propios de la Universidad de Cambridge, la irónica desginación de LGM-1 — Little Green Men (Hombrecillos Verdes). No obstante (fueron más listos que los soviéticos), no convocaron una rueda de prensa, y pronto quedó claro que lo que habían obtenido era lo que se conoce como “púlsar”. De hecho fue el primer púlsar, el de la Nebulosa del Cangrejo. Bien, ¿qué es un púlsar? Un púlsar es una estrella que se ha encogido hasta el tamaño de una ciudad, y se mantiene por medios que no siguen otras estrellas, no por la presión del gas, ni por la degeneración de electrones, sino por fuerzas nucleares. Es en cierto sentido un núcleo atómico del tamaño de Pasadena. Ahora que, también sostengo, que es una idea al menos tan extravagante como un faro navigacional interestelar. La respuesta a qué es un púlsar ha tenido que ser algo poderosamente extraño. No es una civilización extraterrestre, es otra cosa; pero una cosa que abre nuestros ojos y mentes e indica posibilidades en la naturaleza en las que nadie había pensado.

Entonces llegamos a la cuestión de los falsos positivos. Frank Drake en su experimento original Ozma, Paul Horowitz en el programa META (Megachannel Extraterrestrial Assay – Ensayo de Megacanal Extraterrestre) patrocinado por la Sociedad Planetaria, el grupo de la Universidad de Ohio y muchos otros grupos han encontrado señales que hacen palpitar el corazón. Pensaron, por un momento, que habían captado una señal genuina. En algunos casos no tenían la más ligera idea de qué eran; las señales no se repitieron. La siguiente noche orientas el mismo telescopio al mismo punto del cielo con la misma modulación, frecuencia y paso de banda, todo igual, y no escuchas nada. No publicas los datos. Puede haber sido un mal funcionamiento del sistema de detección. Puede ser un avión militar AWACS volando y emitiendo en los canales de frecuencia que se supone están reservados para radioastronomía. Puede ser una máquina diatérmica al final de la calle. Hay muchas posibilidades. No declaras inmediatamente que has encontrado inteligencia extraterrestre debido a que tienes una señal anómala.

Y, de repetirse, ¿la anunciarías? No lo harías. Tal vez es un engaño. Tal vez es algo que no has sido lo bastante inteligente como para imaginar que esté sucediendo en tu sistema. En lugar de eso, llamarías a un grupo de científicos de otros radiotelescopios y les dirías que en esa zona particular del cielo, en esa frecuencia y paso de banda y modulación y todo lo demás, parece que estás recibiendo algo divertido. ¿Podrían, por favor, echar un vistazo y ver si obtienen algo similar? Y sólo si varios observadores independientes logran el mismo tipo de información en el mismo punto del cielo, empiezas a pensar que tienes algo. Incluso aunque no sabes que ese algo sea inteligencia extraterrestre, pero al menos podrías determinar que no es algo terrestre. (Y que no es algo en la órbita de la Tierra; es algo más lejano). Esa es la primera secuencia de eventos que se requerirían para estar seguro de que realmente has tenido una señal de una civilización extraterrestre.

Ahora observa que hay cierta disciplina implicada. El escepticismo impone una carga. No puedes simplemente salir y gritar “hombrecillos verdes”, porque vas a quedar como un tonto, como le pasó a los soviéticos con el CTA-102, cuando resultó ser algo bastante diferente. Se necesita una precaución especial cuando las espadas están en lo alto. No estamos obligados a cambiar nuestras mentes antes de que las pruebas estén ahí. Está bien no estar seguro.

A menudo se me hace la pregunta: “¿Crees que hay inteligencia extraterrestre?” Doy los argumentos estándar – hay muchos lugares allí fuera, y uso las palabras miles de millones, y demás. Y entonces digo que me sorprendería si no hubiese inteligencia extraterrestre, pero, por supuesto, no hay pruebas convincente de ello. Y entonces me pregutan: ¿Sí, vale, pero ¿qué piensa realmente?” Y yo digo: “Acabo de decirle lo que realmente pienso”. “Sí, pero, ¿qué le dice el corazón?” Pero intento no pensar con el corazón. En realidad está bien reservarse un juicio hasta que tengamos evidencias.

Después de que mi artículo “El fino arte de la detección de tonterías” apareciera en Parade (1 de febrero de 1987), tuve, como puedes imaginar, una gran cantidad de cartas. 65 millones de personas leen Parade. En el artículo ofrecí una larga lista de cosas que dice que se habían “demostrado o eran presuntamente tonterías” — treinta de tales elementos. Los defensores de todas esas posiciones quedaron uniformemente ofendidos, por lo que recibí grandes cantidades de cartas. Incluso di un conjunto de prescripciones muy elementales sobre cómo pensar acerca de las tonterías — los argumentos de autoridad no funcionan, cada paso en la cadena de pruebas debe ser válido, etc. Mucha gente me escribió diciendo: “Está absolutamente en lo cierto en las generalidades; desafortunadamente eso no se aplica a mi doctrina particular”. Por ejemplo, una carta dijo que la idea de que la vida inteligente existe fuera de la Tierra era un excelente ejemplo de tontería. Concluía: “Estoy tan seguro de esto como de cualquier otra cosa que haya experimentado. No hay vida consciente ahí fuera en el universo. La humanidad, por tanto, retorna a su posición correcta como centro del universo”.

Otro escritor estaba de acuerdo en general conmigo, pero dijo que como escéptico empedernido, tenía mi mente cerrada a la verdad. De forma notable, había ignorado las pruebas de que la Tierra tiene 6000 años de antigüedad. Bueno, no las he ignorado; he considerado las evidencias propuestas y las he rechazado. Hay una diferencia, y esta es la diferencia, podríamos decir, entre prejuicio y post-juicio. El prejuicio es hacer un juicio antes de haber observado los hechos. El postjuicio es hacer el juicio después. El prejuicio es terrible, en el sentido de que cometes injusticias y caes en graves errores. El post-juicio no es tan terrible. No puedes ser perfecto, desde luego; también puedes cometer errores. Pero es aceptable hacer un juicio tras haber examinado las pruebas. En algunos círculos incluso se alienta a ello.

Creo que parte de lo que impulsa a la ciencia es la sed de maravillas. Es una emoción poderosa. Todos los niños la sienten. En una clase de primer curso, todos la sienten; en una clase de último curso, casi nade la siente, o al menos, la reconoce. Algo pasa entre el primer curso y el último, y no es sólo la pubertad. No sólo las clases y los medios no enseñan mucho escepticismo, también se anima poco este agitador sentimiento de maravillarse. La ciencia y la pseudoencienia surgen ambas de este sentimiento. La pobre popularización de la ciencia deja un nicho ecológico para la pseudociencia.

Si la ciencia se explicase a la persona media de una forma que fuese accesible y emocionante, no habría cabida para las pseudociencias. Pero hay una especie de Ley de Gresham por la cual en la cultura popular, la mala ciencia expulsa a la buena. Y por esto, creo que tenemos que culpar primero a nosotros, la propia comunidad científica, por no hacer un mejor trabajo en popularizar la ciencia, y segundo, a los medios, que son a este respecto casi uniformemente horribles. Cada periódico de Estados Unidos tiene una columna astrológica diaria. ¿Cuántos tienen siquiera una columna astronómica semanal? Y creo que también es fallo del sistema educativo. No enseñamos cómo pensamos. Éste es un grave fallo que, en un mundo con 60 000 armas nucleares, incluso compromete el futuro humano.

Sostengo que hay muchas más maravillas en la ciencia que en la pseudociencia. Y, además, en la medida que sea el significado de este término, la ciencia tiene una virtud adicional, y no es una despreciable: la de ser cierta.

Autor: Carl Sagan - Fecha Original: Otoño de 1987

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