El plan de Dios y el libre albedrío.

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"Deléitate asimismo en Jehová, Y él te concederá las peticiones de tu corazón. Encomienda a Jehová tu camino, Y confía en él; y él hará. [...] Acecha el impío al justo, y procura matarlo. Jehová no lo dejará en sus manos [...]Pero la salvación de los justos es de Jehová, Y él es su fortaleza en el tiempo de la angustia. Jehová los ayudará y los librará; los libertará de los impíos, y los salvará, por cuanto en él esperaron."
(Salmos 37,4-5.32-33a.39-40)

"No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? (…)vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas".
(Mateo 6,31.32b-33)

"Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquél que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿o si pescado, en lugar de pescado, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión?"
(Lucas 11,9ss)

Los monoteísmos se basan en dogmas que tratan de describir las características de su deidad inefable. Le adscriben omnipotencia y omnisciencia. También se dice que Dios es padre amoroso; sabe lo que nos conviene, escucha nuestras oraciones, y nos colma de bendiciones si aceptamos su guía. De ser por Él, nos salvaría a todos. Pero también es perfectamente justo. Por eso nos habría creado libres para elegir entre el bien y el mal. Si hacemos su voluntad recibiremos vida eterna y si no, condenación. Esto sería parte del "Plan Divino" para la humanidad, establecido desde tiempos eternos, cuyo desarrollo ineludible no puede ser detenido por ningún mortal: "No se cae la hoja de un árbol sin la voluntad de Dios".

Son pilares de la fe: Dios tiene un plan perfecto trazado desde la eternidad; cada uno de nosotros estaba en su mente antes de que fuéramos siquiera concebidos. Nuestras vidas tienen sentido porque formamos parte de ese Plan; Él quiere que todos nos salvemos porque ama incluso a los pecadores… pero como contraprestación tenemos libertad para elegir entre el bien y el mal, porque Él desea que lo amemos "libremente".

¿Qué problema puede haber en creer este conjunto de afirmaciones? Aceptar todo esto no implica renunciar a la razón, no es un "suicidio intelectual". ¿O sí? Examinemos estos dogmas detalladamente.

Los hechos objetivos muestran que Dios ama mucho la libertad humana, tanto, que permitió que un presidente bautista decidiera lanzar dos bombas atómicas sobre Japón en 1945. Dios respetó tanto la "libertad" de Harry Truman, que 90.000 personas en Hiroshima y 70.000 en Nagasaki fueron vaporizadas en milisegundos, y muchos más sufrieron meses y años de agonías prolongadas por quemaduras radiactivas cancerígenas, sin importar las decenas de miles de plegarias de las víctimas al despertarse en esa mañana fatídica. Ninguna fue escuchada. Al parecer, Dios ama más la libertad de un genocida estadounidense que la vida de más de 160.000 japoneses inocentes.

¿Por qué Dios no los protegió como a los hebreos en el Éxodo? ¿Por qué no movió el corazón de la tripulación cristiana para evitar el genocidio? Tal vez no seguían la religión verdadera: Truman y sus militares eran cristianos y esos Nipones sólo eran un montón de paganos sintoístas dignos del fuego nuclear. O tal vez no. El 11 de septiembre de 2001, antes de ir a trabajar o antes de abordar sus respectivos aviones, numerosos cristianos oraron por su protección pero murieron aplastados entre toneladas de escombros y chatarra. Dios valoró más el libre albedrío de Osama Bin Laden al estrellar dos aviones contra las torres, que las plegarias de las víctimas y sus familiares desesperados que rogaban por sus seres queridos. Tal vez, como los japoneses, estaban orando al Dios equivocado; Bin Laden es musulmán y sus víctimas eran "asociadores" dignos de la Ira de Alá.

Ante este panorama, las palabras de Jesús citadas al comienzo suenan huecas. ¿Qué padre, si sus hijos le piden salud, les arroja un avión a 900 km/h cargado de combustible? ¿Qué padre, si sus hijos le ruegan protección, los mata con una explosión atómica?

Estos "hechos incontestables" muestran un error insalvable en el Cristianismo: si el hombre tiene libre albedrío, entonces no puede existir un plan de Dios, y viceversa. Esto se puede demostrar por reducción al absurdo. Asuma lo siguiente:

-Aunque Dios anhela que todos se salven, nos da libre albedrío. -Dios tiene un plan con una misión especial ineludible para cada persona. Si estas premisas son ciertas, entonces:

  1. Cada ciudadano de Hiroshima y Nagasaki fue creado por Dios para cumplir una misión de su Plan.
  2. Dios quería que Truman no matara a nadie, pero le permitió asesinar a los japoneses inocentes.
  3. Truman truncó el cumplimiento de la misión de los 160.000 japoneses inocentes.
  4. Cualquier Plan Divino que dependiera de las víctimas quedó truncado.
  5. Entonces no existe plan de Dios ineludible. Esta conclusión muestra que la aceptación de la primera premisa refuta la segunda. Si alguien puede destruir la misión de decenas de miles de personas que Dios quería vivos, entonces no se cumplió su plan, y por tanto, no es posible que dicho plan exista.

Esto se puede probar de forma más general. Si el plan divino incluye un propósito eterno para todos y si somos libres asesinar a quien queramos, entonces:

  1. Dios debe respetar nuestra libertad de asesinar a alguien antes de cumpla su propósito.
  2. El propósito para esa víctima no se cumple.
  3. Su propósito eterno no se cumple.
  4. No puede existir dicho plan ineludible. Esto recibe corroboración fáctica como la mostrada. Dios valoró más la libertad de Hitler que la vida y ruegos de sus millones de víctimas. Por tanto, si el hombre tiene el poder de truncar cuando quiera la existencia de cualquier persona con una misión en la vida, entonces el plan de Dios es susceptible de ser truncado por el hombre y por tanto, no existe.

El panorama para quien ora es desolador. Si al levantarse ora por la salud de su familia, pero un asesino decide masacrarla, Dios no intervendrá, como no intervino en Hiroshima, Nagasaki, Auschwitz, o las Torres Gemelas. Dios valora más el libre albedrío del psicópata.

¿Qué salida encuentra el Creyente? La negación: insistirá en la existencia del proyecto divino. "Los caminos del Señor son inescrutables", dirá, sugiriendo que las más de 160.000 muertes instantáneas, y las centenares de miles de agonías por cánceres y quemaduras radioactivas estarían previstos en su plan, un plan genocida que él considerará "infinitamente justo". Como esto requiere que otras personas ejecuten genocidios, los autores sólo estarían siguiendo el derrotero de Dios; de lo contrario, el plan no se habría llevado a cabo. Los militares, ante la encrucijada de bombardear o no hacerlo, tendrían que haber optado por lo primero. Serían títeres de Dios. Piezas ciegas de un plan minucioso de exterminio. No habrían sido libres. El libre albedrío no existiría.

Esta conclusión también se puede demostrar de forma más general: si cada persona tiene una finalidad ineludible en el plan de Dios, entonces debe llevarlo a cabo. Entonces nadie podría decidir oponerse a las acciones de cumplimiento. Entonces nadie sería verdaderamente libre. Si Dios tiene un plan, somos autómatas que seguimos su antiguo derrotero planteado "pro kronon aionion". Más aún, orar no tendría sentido: sería pedir a Dios que cambiara su derrotero planteado desde la eternidad. Si lo hiciera, habría cambiando su plan al vaivén de nuestras peticiones y esto refutaría la mismísima existencia de dicho plan eterno.

Estas conclusiones concuerdan con lo que se deduce de la supuesta omnipotencia divina: si Dios todo lo puede, puede saberlo todo (la omnisciencia es un corolario de la omnipotencia); si todo lo sabe, sabe qué decisiones tomaremos desde milenios antes de nuestra existencia; si conoce de antemano nuestras decisiones, puede escribir todos y cada uno de nuestros actos de antemano, incluso nuestra aceptación o rechazo de su voluntad; si nuestra aceptación o rechazo de Dios está determinada de antemano, entonces nuestra salvación o condenación está predestinada.

Si nuestra condenación está predestinada, no importa cuánto deseemos aceptar a Cristo como Dios y Salvador Personal, o cuán fielmente recibamos la penitencia seguida de la eucaristía diariamente. Terminaríamos condenados; todo sería inútil. De la misma forma, si en el "Libreto Divino" estuviéramos destinados a la salvación, no importa cuánto robemos, cuántas personas desmembremos vivas, cuántos menores violemos, cuántas bombas atómicas detonemos sobre millones de inocentes. Terminaríamos salvos. Bien lo dijo Lutero: "Si la gracia es verdadera, debes entonces llevar el pecado verdadero, no uno imaginario. Dios no salva aquéllos que son sólo pecadores imaginarios. Sé pecador, y haz que tus pecados sean graves, pero haz que tu confianza en Cristo sea aún mayor, y regocíjate en Cristo, que vence el pecado, la muerte y el mundo". (1)

Si estamos predestinados, Dios sería un "Padre" creador de autómatas que seguirían su plan a rajatabla, y al final de su existencia preprogramada, recibirían un premio eterno o un castigo infinito por seguir su rol. Un verdadero modelo de justicia: crear autómatas con una tortura eterna preprogramada, y hacer que oren para salvarse a pesar de que serán ignorados.

La salida del creyente ante semejante encrucijada, es otra vez, rehusarse a creer que somos autómatas. Tendríamos que ser verdaderamente libres, o Dios no sería justo al premiarnos o castigarnos. Pero si eso es así, entonces nosotros decidiríamos nuestros actos sólo en el momento en el cual se dieran, y hasta ese momento, nada ni nadie podría saber la conclusión de lo que fuéramos a escoger. Si esto es así, Dios no podría saber de antemano nuestras decisiones y por tanto, otra vez, ni existiría plan de Dios, ni Dios sería omnisciente, y por consiguiente, tampoco sería omnipotente. Es un panorama opuesto al de la fe: si somos libres, Dios no es todopoderoso, y si Dios es todopoderoso, somos autómatas. No pueden ser las dos a la vez: o se elige la omnipotencia de Dios o se elige nuestra libertad.

Las conclusiones anteriores, todas opuestas a las creencias cristianas mayoritarias, se deducen de sus dogmas siguiendo un camino lógico simple. Si los dogmas citados son ciertos, sus conclusiones refutan los mismos dogmas; la fe es una completa "reductio ad absurdum". Tener fe es un suicidio intelectual:

  • Si el Dios amoroso tiene un Plan, éste involucra la vaporización instantánea de decenas de miles de personas inocentes que oraron el mismo día por su protección.
  • Si Dios es omnipotente, somos autómatas y nuestro castigo o premio eterno, es inmerecido.
  • Si Dios es omnipotente, nuestro destino es ineludible sin importar nuestras decisiones.
  • Si Dios tiene un plan ineludible, pedirle en oración es superfluo pues el desenlace no dependerá de ello.
  • Si tenemos libre albedrío, entonces Dios no tiene un plan ineludible.
  • Si tenemos libre albedrío, orar por protección es vano, pues Dios no interfiere con la libertad de los homicidas.
  • Si tenemos libre albedrío, Dios valora más la libertad de un genocida en masa como Stalin o Hitler, que la vida y las oraciones de millones de personas.
  • Si tenemos libre albedrío, Dios no es omnipotente.
  • Si Dios es omnipotente, somos autómatas.

Todas estas conclusiones contrarias al cristianismo y muchas más se deducen lógicamente si se aceptan los dogmas cristianos. Esto muestra que la fe cristiana es lógicamente inconsistente y por tanto, falsa como un todo. Aceptarla requiere mantener en la mente ideas contradictorias al mismo tiempo; requiere violar el principio mínimo del pensamiento humano: la no contradicción. No puede ser cierta una afirmación y su negación, simultáneamente. Menos aún decenas de afirmaciones y sus respectivas negaciones. La fe cristiana exige creer premisas inconsistentes que violan los fundamentos de la lógica. A pesar de lo que pregonen clérigos y fieles, seguirla es un suicidio intelectual.

Lutero lo expuso de una forma clara, aunque repulsiva: "Ya que la novia del diablo, la Razón, esa ramera bonita, viene y piensa que es sabia, y que lo que dice y piensa es del Espíritu Santo, ¿quién puede ayudarnos entonces? Ni jueces, ni doctores, ningún rey o emperador, porque [la Razón] es la principal ramera del Diablo".(2)

Notas:

(1)Letter 99, Paragraph 13. Erika Bullmann Flores, Tr. from: Dr. Martin Luther’s Saemmtliche Schriften Dr. Johann Georg Walch Ed. (St. Louis: Concordia Publishing House, N.D.), Vol. 15, cols. 2585-2590. Obtenida en Wikiquote

(2)Martin Luther’s Last Sermon in Wittenberg … Second Sunday in Epiphany, 17 January 1546. Dr. Martin Luthers Werke: Kritische Gesamtausgabe. (Weimar: Herman Boehlaus Nachfolger, 1914), Band 51:126, Line 7ff. Obtenida en Wikiquote

Fuente: Publicado en: Vida de hoy, 26/04/07 diario El tiempo – Autor: Hernán Toro, miembro del grupo paisa Escépticos Colombia, escribió sobre los monoteismos. ****

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