El mundo está loco

Hombres maltratados

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Fátima apuñaló a Antonio en la cabeza y lo mató. Él iba a trasladarse a vivir a Málaga con su madre y su novia. Ocurrió en Carabanchel un 4 de enero. Él era, según sus vecinos, un hombre tranquilo.

Según los cronistas de sucesos, ha sido la primera muerte violenta de 2010 en la región. En realidad, es la primera víctima de la violencia de género del año, pero parece que la realidad varía dependiendo de lo que se tenga entre las piernas. Y digo ‘violencia de género’ porque decir ‘violencia machista’ es parcializar las expresiones para manipularlas. Porque ni la violencia es propiedad de los hombres, ni la ejercen sólo ellos. Eso es culpa del gremio al que pertenezco, que vive de eslóganes y muchas veces no se acuerda de que hay que llamar a las cosas por su nombre.

Hace unas semanas, el juez Francisco Serrano, titular del Juzgado número 7 de Violencia de Género de Sevilla, denunciaba cómo la Ley en cuestión estigmatiza al hombre. Por poner algunos ejemplos, el Ministerio del Interior eliminó en 2007 las estadísticas de hombres muertos por violencia de género. Acúsenme de demagogia si quieren, pero debe no ser un dato reseñable que en 2009 hayan muerto 51 mujeres y 30 hombres por esta causa, por no hablar de los suicidios, que han aumentado considerablemente. Tampoco se detiene a mujeres por denuncias falsas, a pesar de que varios magistrados ya han hecho la observación de que se ha utilizado esta treta para ganar custodias de hijos, quedarse con una casa o simplemente vengarse de algo. Hay hombres maltratados físicamente que llegan a morir, como el caso que he expuesto. Hay otros que sufren maltrato psicológico. Esa realidad existe y es numerosa.

Al juez le avalan 20.000 sentencias en este juzgado y premios de asociaciones de mujeres en defensa de sus derechos. Algunas asociaciones de feministas radicales (que, según mi opinión, se dedican a buscar el poder que antes tenían los hombres y lo que consiguen es dar mal nombre a las feministas que luchan cada día por los derechos de la mujer en una búsqueda de la igualdad real dentro de las diferencias lógicas entre sexos) han querido que se le expediente al decir esto por ser un "altavoz de maltratadores". Imponer la ley del silencio al que disiente y trata de ver las cosas desde otra perspectiva. Asociaciones de hombres y mujeres han apoyado a Serrano en el sentido contrario.

También es una realidad que reflejó Madridiario que no hay ayudas concretas a nivel nacional, regional o local al hombre maltratado. Los teléfonos de atención a mujeres no atienden a hombres que pasan por esta situación y sólo hay un centro en España (en la provincia de León) que da cobijo a hombres perseguidos y machacados por sus parejas, cuando sí hay cursos y centros para maltratadores.

Situaciones como estas todavía dan a algun@s mucha risa. "¿Cómo te va a pegar tu mujer? ¿Cómo te va a gritar? Si te amenaza de muerte es que no eres un hombre", entre otras muchas. Es lo mismo que pasaba hace unos años con las mujeres maltratadas cuando se decía: "Algo habría hecho" o "Se cayó por las escaleras". Quizás esto pase porque no se ha abierto o no se quiere abrir el melón del maltrato masculino.

La justicia (con minúscula) es a veces contraria a la moral. Este hecho hace que se den situaciones muy peligrosas, como en el caso de la Ley de Violencia de Género (exactamente, Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género), que aprovechan mujeres y abogados sin escrúpulos. En su artículo 1 ya establece que su objeto es "actuar contra la violencia que, como manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres se ejerce sobre éstas por parte de quienes sean o hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por relaciones similares de afectividad, aun sin convivencia". Ni una mención al hombre o al niño (por cierto, estadísticamente, el maltratador habitual de un menor suele ser su madre, no su padre) como víctima. Tampoco dice nada de la violencia de género entre homosexuales, que también se da. Debe ser que los hombres nacemos con el gen del verdugo femenino a cuestas.

Nadie dice que no esté bien esa protección. Muchas mujeres han sufrido y siguen sufriendo violencia por parte de sus parejas y hay que protegerlas. Es de sentido común. También es de sentido común que se luche por la igualdad en el plano doméstico y laboral para hombres y mujeres. Sin embargo, esta norma está descompensada. Porque debería proteger a todos los ciudadanos, no sólo a un género. Y menos, convertirlo en minoría. Primero porque la Constitución defiende que somos iguales ante la Ley, y, por tanto, nos debe proteger igual. Segundo porque si se protege sólo a las mujeres se las está victimizando, cuando los datos no reflejan que sean ellas las únicas víctimas, aunque los datos de contraste casualmente desaparezcan de las estadísticas oficiales (quizás por el efecto de los ‘lobbys’ o de una política voraz de recaudación de votos). Y tercero porque no se puede convertir en presuntos culpables a los hombres, pudiéndolos detener sin pruebas. Eso ha ocasionado situaciones muy injustas y lamentables.

La administración no debería dar herramientas para que el poder se vuelva a desequilibrar, en este caso, del lado de las mujeres. No se trata de una competición. Sino conseguir que todos seamos iguales en derechos y responsabilidades. Hasta un niño comprende que hay que penalizar al que se lo merece, sea hombre o mujer, porque es lo que debería defender el Derecho (con mayúscula), y no sólo buscar el réditos de un particular o un grupo de poder, cosa que hace a veces el derecho (con minúscula). No se trata de acatar y callar. También es necesario ver cada situación de forma objetiva y comprender que disentir sobre algo incompleto, parcial o equivocado está bien si así se evita el dolor de una parte desprotegida de la población.

Los políticos callan porque no les conviene hablar. El Congreso aprobó la Ley por unanimidad y ahora a ver quién es el guapo que va a decir que se equivocó. Les es más fácil desacreditar al poder judicial, a pesar de que son los que tienen la experiencia para hacer que impere la Justicia (con mayúscula), esa señora con los ojos tapados y una balanza que busca el bien común. Yo he sido testigo de cómo Bibiana Aído, ministra de Igualdad, ignoraba a asociaciones de hombres que venían a pedirle audiencia sobre este problema social en una presentación de un centro coordinado entre su Ministerio y el Ayuntamiento de Madrid a la prensa. Ése día se debía de haber olvidado la balanza en casa.

Por Enrique Villalba (Madridiario)

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