El mundo está loco

La honradez empresarial

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Verá usted: yo era un honrado industrial lechero. Mi empresa era una leche (con perdón). Leche de vaca, con su nata, su sabor, su agua, etc.

Mis trabajadores, tan buenos que ni rechistaban con los chanchullos que mermaban sus ingresos, un mal día, del que no quisiera acordarme, solicitaron por escrito, en triplicado ejemplar y póliza de tres pesetas, hablar conmigo.

Naturalmente, me negué a ello. ¡Hasta ahí podríamos llegar!. Tienen un salario, seguros sociales, chabolas, pueden comer todos los días y aún no se conforman. Les das la mano y se toman el brazo.

- ¡No seáis burros!.- Les dijo mi secretario.- Si os ponéis farrucos, seréis despedidos por alborotadores.

- ¡No seguiremos trabajando hasta ser oídos!.

- ¿Cómo?. ¿Váis a organizar un conflicto colectivo?.

- Lo que sea para conseguir que se haga justicia, dándonos lo que nos pertenece, después de las pertinentes deliberaciones.

Ante esta postura hostil, mi secretario se retiró, ya que no podía seguir dialogando con semejantes elementos subversivos.  

Dos días más tarde, continuaban encerrados en la central lechera. No me amilané. Hice una pertinente llamada telefónica:

- ¿Juan?.¿Eres tú, Juan?. Oye: referente a tu oferta de compra de mi central lechera para levantar bloques de pisos, ¿sigue en pie?.

- Naturalmente, cuando tu digas cerraremos el trato.

- Eso está hecho, pero hay que concretar algunos puntos; ahora mismo voy a verte.  

En mi cochazo y conducido por mi chófer, llegué a la mansión de Juan. Ya en su despacho, y después de los consabidos abrazos, le expuse:

- Los obreros están encerrados porque quieren hablar conmigo y yo no lo deseo. Con mi plan, mataremos dos pájaros de un tiro. Tú quieres construir rápidamente y yo pretendo desprenderme de mis trabajadores de la forma más rápida posible. Colocamos unas cargas de dinamita en los cuatro costados de mi central lechera, las hacemos explosionar, y ya tienes el camino preparado para comenzar. Como que los trabajadores la habrán espichado bajo los escombros, yo también quedaré libre de problemas. Tu pago del terreno y la indemnización del seguro, me permitirán la apertura de un nuevo negocio.

- ¿Y la investigación?.

- Está todo previsto; por efecto de la explosión, reventarán las conducciones de gas, y esa será la motivación oficial de la catástrofe: una fuga de gas.  

Todo sucedió como había supuesto. Los funerales fueron soberbios. Vinieron personajes muy importantes, se hicieron discursos, rodaron lágrimas, cobré la indemnización y mi amigo Juan me liquidó su deuda.

Hoy, en el lugar que ocupaba mi central lechera, se alzan unos soberbios edificios, y yo soy un honrado industrial aceitunero.

Y nada más.  

Bruno Zurdo.

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