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Pederastia en Perú

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La explotación sexual infantil es un fenómeno tolerado en la Amazonia peruana

"La ley de protección del menor es de las mejores de América Latina, pero no se aplica", indican las oenegés.

PANTALEÓN Y LAS NIÑAS VISITADORAS

"Aquí rodaron Pantaleón y las visitadoras", explica el muchacho que se ha ofrecido como guía para llevar al falso turista en canoa desde el embarcadero de Nanay hasta un recóndito restaurante flotante. El chico señala hacia el río Momón y uno se imagina al fílmico capitán Pantoja creado por Vargas Llosa dando órdenes en el barco al pelotón de prostitutas visitadoras.

De aquel ficticio burdel navegable no queda rastro pero sí de las visitadoras, aunque ahora son niñas. El chico de la canoa está dispuesto a llevar una chibola de catorce años hasta unas también discretas cabañas que asegura que están cerca, sobre el Momón, y donde el supuesto cliente podría esperar sin ser visto. La niña cuesta 150 soles (37 euros). Así de fácil.

Aunque no existen estadísticas oficiales, Iquitos, la ciudad más grande de la Amazonia peruana, no es sólo el destino más tradicional de turismo sexual en el país, sino que aquí la explotación sexual infantil cobra una dimensión dramática a causa del alto grado de tolerancia y aceptación social por parte de muchos de sus habitantes, unido a la pasividad de las autoridades.

“Detrás de los niños explotados siempre tienes una familia que no ve la protección al menor como necesaria”, explica Ítala Morán, coordinadora de la ONG La Restinga, que desde 1995 trabaja en la prevención de esta lacra y en el apoyo a menores prostituidos. A lo largo de su historia, la organización ha tratado un centenar de niñas de entre doce y dieciocho años, lo que constituye sólo la punta del iceberg.

Muchas de las denuncias van a caer en saco roto por la falta de implicación policial y judicial. “En las comunidades que no tienen ningún tipo de apoyo por parte de instituciones como el poder judicial esto ha generado toda una cultura de aceptación de los delitos”, indica Morán.

La situación se ve agravada por el hecho de que tanto las menores como, en muchos casos, sus familias se encuentran cómodas. Dejando al margen el fenómeno de la explotación infantil por mafias de trata de blancas, que captan a sus víctimas en las comunidades y los barrios pobres de la Amazonia, La Restinga identifica dos vías de iniciación.

Por un lado, las menores persiguen el contacto sexual con adultos directamente o a través de intermediarios, para poder acceder precozmente a un estilo de vida que las permita comprarse el último modelo de teléfono móvil o vestir a la moda. Por el otro, los padres de bajos recursos incentivan que sus hijas caigan en manos de hombres mayores acomodados que acaban manteniendo a la familia.

Aunque la ONG aclara que la mayoría de abusadores no son turistas, sino habitantes de la región, el bulevar que discurre a la vera del río Itaya es el lugar donde cualquier turista extranjero puede contratar más fácilmente los servicios de una menor. Mototaxistas, vendedores ambulantes o muchachos que observan atentamente a los turistas intentando adivinar sus intenciones son intermediarios habituales.

La explotación sexual infantil es evidente y tolerada en la Amazonia peruana pero el tema no forma parte de la agenda de Ollanta Humala y Keiko Fujimori, los candidatos presidenciales que el próximo domingo se enfrentarán en la segunda vuelta.

“Lo que habría que hacer es superfácil: cumplir la ley”, diceMorán. “El código de protección al menor es uno de los mejores de América Latina, pero no se aplica”, añade, mientras recuerda uno de los varios casos de explotación de menores que han salpicado a autoridades locales. El más famoso fue el escándalo que protagonizó hace años nada menos que un presidente del Tribunal Superior de Justicia regional, junto a otro magistrado, cuando su coche sufrió un accidente mientras iban acompañados de dos adolescentes, a las que dejaron abandonadas en la carretera. Una investigación del propio poder judicial no encontró ningún indicio de delito.

Fuente: La Vanguardia (2011)

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