El mundo está loco

El precio de tu currelo

Escrito por Jose Carlos León el . Publicado en El mundo está loco

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¿Y si te digo que no vale Nada?. Absolutamente nada. En la mayoría de los casos tu trabajo no vale nada. ¿Te suena duro? Pues déjame que me explique y luego lo debatimos si quieres. Empecemos por el principio, que es el derecho al trabajo. Un derecho que en España avala nada más y nada menos que la Constitución de 1978:

El artículo 35 dice “Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo”.

Así, que con la ley en la mano, el trabajo es algo que nos ganamos nada más nacer, como si fuera un derecho divino. Eso sí, también dice que es una obligación. Así que tan castigo divino como don.  Pero si es un derecho garantizado por ley, el estado debería lograr que en el país hubiera suficientes empleos en todas las especialidades para que todos pudiéramos ser lo que quisiéramos ser. No quiero entrar en un debate político porque no es el foro adecuado ni mi objetivo, pero para eso, debería ser el propio estado quien creara esos puestos de trabajo, como ocurriría en un sistema comunista puro, sin participación empresarial en el proceso productivo.

Pero ocurre que en la gran mayoría de países, quien genera los puestos de trabajo son las empresas privadas. Son ellas, las que aportando un capital que quieren ver crecer, localizan a las personas que lograrán rentabilizar esa inversión con su esfuerzo y conocimientos. Su trabajo es crear trabajo para otros. Ambos ganarán dinero por ello. Y ambos deberían poder elegir en qué lado están.

Aquí surge el primer problema: la rentabilidad del trabajo. Algo que, amparados en ese derecho innato, olvidamos con frecuencia. Nuestro trabajo tiene que servir para que gane dinero quien nos lo proporciona, tanto como a nosotros mismos. Vuelvo entonces a formular la pregunta del título. ¿Cuánto vale tu trabajo? Y vuelvo a repetir: en la mayoría de los casos, nada. Y me explico.

Salvo que seas funcionario, una actividad que por definición es deficitaria (algo también discutible), el mero hecho de que tú trabajes, no tiene ningún valor intrínseco. Sólo tendrá valor cuando alguien esté dispuesto a pagar por ello. Y no me refiero a tu jefe, que también, si no al rey del mundo actual: el consumidor.

Te pondré un ejemplo práctico, dentro del sector en el que me muevo: la publicidad y el diseño. Supongamos que eres un diseñador buenísimo. Un genio creativo con grandes ideas y un estilo artístico sublime. Además, eres capaz de realizar ese trabajo de forma rápida y sin fallos. Hoy te levantas, te vas al estudio y en una mañana creas una campaña ganadora. ¿Cuánto vale eso? ¿Cuánto deben pagarte por ello?La respuesta es: ¿Alguien te lo ha pedido? ¿Tienes un cliente que te lo ha encargado y ha ofrecido un pago por ello? Porque si no es así, ese trabajo de ocho horas no tiene ningún valor.

Es como levantarte y ponerte a pintar la pared del vecino. No esperes que te pague por ello si no te lo ha pedido él. El mero hecho de que vayas a trabajar, no significa que vayas a obtener una recompensa por ello.  Y lo mismo ocurrirá con la persona de administración, la de compras, la de producción…. todos ellos le deben su sueldo, además de a su trabajo bien hecho, al departamento de ventas, que son quienes logran “colocar” tu trabajo y hacer que éste valga algo. (¡Vivan los vendedores! ¡Vivan!).

Pero al final, quien decide el auténtico valor de lo que haces, es el cliente que compra. ¿Sólo él? No, tú también cuentas.

Es tu derecho y tu deber. Así lo sentencia la Constitución. No nos gusta acordarnos de nuestros deberes, nos gusta más pedir y reclamar. Pero la realidad, es que por mucho derecho que tengamos, es nuestra responsabilidad mantenerlo y hacerlo rentable. Como dice el juego “por mí y por todos mis compañeros”. Por pura solidaridad.

Para que nosotros trabajemos, alguien debe vender ese trabajo en alguna parte (si eres autónomo, esto lo sabes de memoria y te parecerá una estupidez). Y para que ese comercial venda tu trabajo, lo que hagas en tu área de responsabilidad debe ser bueno. Tu trabajo debe corresponder con lo que le pedimos al cliente que pague por ello. Y debe ser tan bueno que no ponga en peligro el trabajo que hace el resto de tus compañeros. Ni debe retrasarlo. Ni debe costar más que el de ellos proporcionalmente. Si no trabajas bien por puro egoísmo de mantener tu trabajo, deberías hacerlo para que tus compañeros puedan mantenerlo. En este sentido, no hay nada más insolidario que el absentismo laboral. Cuando faltas a tu trabajo sin causa justificada, estás encareciendo el producto que tus clientes piden, y estás haciendo trabajar más por lo mismo a tus compañeros. Pero recuerda lo primero: si el producto sale más caro, será más difícil venderlo. Si es más difícil venderlo, será más difícil que lo cobres…

Por último, y volviendo a la pregunta ¿Cuánto vale tu trabajo?, la paradoja de los precios y los sueldos eso que al final llamamos “inflación”: Seguro que todos o casi todos vosotros pensáis que deberíais ganar más de lo que ganáis y en cuanto os sea posible, pediréis un aumento. Al mismo tiempo, probablemente pienses que los precios están por la nubes y son exagerados. ¿Pero de dónde si no salen nuestros salarios, si no es de lo que se cobra al consumidor?.

Os pondré un nuevo ejemplo, tomando el reportaje de TVE “Aquí hay mucho tomate” de Comando Actualidad:

Este reportaje, realiza un seguimiento de la verdura desde su orígen hasta el consumidor para encontrar la razón del incremento de su precio hasta en un 500%., desde los 0,50 € de coste inicial, hasta casi lo 3.80€ en el mercado. Las conclusiones “periodísticas” son que los intermediarios encarecen el precio en lo que veladamente, o al menos no afirman nunca lo contrario, es un ejercicio de especulación. Y yo me pregunto si esa mentalidad es correcta. ¿Por qué le llaman intermediario especulador cuando quieren decir creación de empleo? Porque al final, lo que decubrimos es que de un kilo de tomates, viven el agricultor y sus proveedores, el transportista que lo lleva al centro de manipulación, el manipulado, el transportista que lo lleva al mayorista, el mayorista que lo vende y finalmente el minorista. Podemos discutir si alguno de ellos abusa con los precios que incrementa (¡Ojo! que el estado vive de ese incremento llamándolo “valor Añadido” y cobrándole el 16% a cada uno) pero lo que no podemos decir es que se trata de especulación, pues como mínimo, cuento cuatro o cinco puestos de trabajo implicados… ¿y cuánto vale su trabajo? ¿Y cuánto vale su inversión?

Así que, piensa con calma. ¿Cuánto vale tu trabajo?

Autor: José Carlos León

Profesor Docente del Master de Gestión Cultural del IART (Madrid). Publicitario de profesión con aspiraciones de comunicador. Mantiene el blog comicpublicidad desde 2005 por la necesidad vital de contar cosas y archivar ideas. Como emprendedor ha sido socio fundador de dos agencias de publicidad y una productora discográfica, entre otras aventuras. Actualmente roba tiempo a su labor de consultor en marketing y comunicación para terminar su primera novela y un manual de publicidad para no publicitarios.

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