El mundo está loco

Vampiros de hoy

Escrito por Isabela Herranz el . Publicado en El mundo está loco

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Consumidores del líquido vital forman parte de secretas comunidades vampíricas.

LOS VAMPIROS SE HAN PUESTO DE MODA EN LOS ÚLTIMOS TIEMPOS GRACIAS A NUMEROSAS PELÍCULAS, NOVELAS Y SERIES DE TELEVISIÓN. SIN EMBARGO, JUNTO A LA MODA DE DISFRAZARSE DE «CHUPASANGRE» EN CARNAVAL Y HALLOWEEN, HA LLEGADO OTRA QUE IMITA LA VERDADERA ESENCIA DE ESTOS SERES DE ULTRATUMBA: LA DE BEBER SANGRE HUMANA. ESTA PRÁCTICA HA CALADO HONDO ENTRE LOS ADOLESCENTES, PERO TAMBIÉN HAY ADULTOS CONSUMIDORES QUE ASEGURAN NECESITARLA FISIOLÓGICAMENTE, Y QUE EN OCASIONES SE AGRUPAN EN SOCIEDADES VAMPÍRICAS PARA DAR RIENDA SUELTA A SUS PULSIONES MÁS OCULTAS…

Algunas personas obsesionadas con imitar a los vampiros han llevado su obsesión al extremo de buscar ‘donantes’ vivos que estén dispuestos a dejarse chupar la sangre directamente del cuello», explica Justin Caba, divulgador médico y colaborador de Medical Daily. Consciente de los peligros para la salud que entraña esta práctica, Caba no se explica cómo Julia Caples ha conseguido sobrevivir durante 30 años a pesar de beber un par de litros de sangre al mes. ¿Acaso el tracto intestinal de esta mujer ha evolucionado como el de los murciélagos vampiro, impidiendo que el alto contenido en hierro de este líquido se iltre al torrente sanguíneo? Es muy improbable, pero si Caples no miente, ¿cómo explicar que su hábito todavía no la haya llevado a la tumba?

Ella es tan solo una más entre los miles de personas que, al parecer, tienen el hábito de ingerir el líquido vital de los seres vivos. No todas lo hacen por los mismos motivos. Desde el punto de vista clínico, son varios los casos registrados de individuos que sufren de vampirismo o síndrome de Renield, un trastorno mental caracterizado por la excitación sexual asociada a la necesidad de ver, sentir o beber sangre de forma compulsiva. Sin embargo, ni Caples ni otros vampiros modernos entran en este grupo. Debemos buscar otras causas que expliquen cómo una práctica tan extravagante puede atraer a tanta gente. No se dispone de cifras concretas, pero a tenor de algunos estudios médicos y sociológicos, son muchos más de lo que en principio pudiera pensarse.

DRÁCULAS AUTÉNTICOS

A mediados de 2014, la doctora Teresa de Toni, de la Universidad de Génova (Italia), dio la voz de alarma sobre la creciente y peligrosa moda entre los adolescentes de beber sangre humana a imitación de los personajes vampiros de la saga de novelas Crepúsculo –escritas por la estadounidense Stephenie Meyer–, que han sido llevadas a la gran pantalla con notable éxito. La mezcla de vampirismo, romances, sexo y aventuras parece desatar el entusiasmo de los adolescentes italianos, que no tienen ningún reparo tanen autorretratarse bebiendo sangre con el in de subir sus fotos a las redes sociales. En relación con este fenómeno de los selies, el médico Federico Bianchi di Castelbianco, director del Instituto de Ortofonología en Génova, ha señalado que «es una verdadera enfermedad ligada a la falta de reconocimiento del cuerpo. Los jóvenes están en busca de su identidad y algunos hasta pasan diez horas al día haciéndose autorretratos». Algunos de estos muchachos de entre los 15 y 19 años se extraen sangre de los antebrazos con jeringas para luego beberla en secreto con sus amigos porque, como añade Bianchi di Castelbianco, «beber sangre signiica ser bello, fuerte y valiente. Al someterse al rito, reciben el mayor reconocimiento del grupo».

Es probable que esta práctica tan en boga entre los adolescentes italianos se pueda explicar recurriendo a factores culturales y psicológicos como los mencionados, pero algunos médicos apuntan también a extrañas necesidades isiológicas por parte de algunos individuos. Según Steven Gruenstein, hematólogo del Hospital Monte Sinaí en Nueva York, «ciertas personas pueden sentirse proclives a beber sangre debido a una deiciencia de hierro o de otro mineral».

Esto último ha sido corroborado por un amplio estudio etnográico, realizado a lo largo de cinco años por el escritor John Edgar Browning en varias comunidades estadounidenses de «vampiros auténticos », que proliferan sobre todo en zonas metropolitanas de Nueva Orleans y Búfalo.

SOCIEDADES SECRETAS

La inestimable aportación de este experto en vampiros de renombre internacional merece que rescatemos algunos de los aspectos más sorprendentes de un fenómeno insuicientemente investigado, entre otras razones por la reticencia de sus protagonistas a «salir a la luz», pues la opinión pública asocia a estos individuos con asesinatos sangrientos. Nada más lejos de la realidad según Browning, quien los considera inofensivos y pacíicos. Si se definen como «vampiros auténticos » es porque se identiican con muchos de los rasgos que culturalmente se han atribuido a estos seres de leyenda y, por lo tanto, los imitan. Pero eso no significa que ingerir el líquido vital sea una práctica habitual en todos ellos, a excepción de algunos rituales de carácter puntual. Los que beben sangre con regularidad son los que aparentemente la necesitan, tal como explica Gruenstein. Browning apunta en la misma dirección: «Lo hacen por una necesidad que caliican de natural. Si no beben sangre, sus organismos no producen las energías sutiles básicas que los mantienen revitalizados». Así y todo, no la obtienen a cualquier precio: «No consiguen esta sustancia sin el consentimiento del donante –asegura Browning–. En una ocasión, para proseguir con mi investigación, me ofrecí voluntario y alimenté a un vampiro, que utilizó un escalpelo estéril que acababa de comprar».

Esta necesidad fisiológica –no psicológica– sería una prueba de que no estamos frente a un fenómeno de imitación por inluencias culturales, ni provocado a causa de problemas psicológicos. De hecho, muchos vampiros auténticos no creen en lo paranormal y apenas saben quién era el conde Drácula. Simplemente aseguran sufrir fatiga, dolores de cabeza y un intenso malestar estomacal, que sólo se normaliza cuando beben sangre. «En EE UU hay miles de personas que hacen esto y no creo que sea una coincidencia ni una moda pasajera –airma Browing–. La comunidad de vampiros auténticos presume de tener miembros en varios países, desde EE UU e Inglaterra, pasando por Rusia y Sudáfrica. Sus síntomas y comportamiento son un verdadero misterio».

Al margen de que a algunas de estas personas les guste dormir en ataúdes, ponerse colmillos y vestirse con ropas góticas, la gran mayoría son gente normal que trabaja de camarero, abogado, secretario… Y no deja de resultar interesante que los miembros de estas comunidades dediquen parte de su tiempo y su patrimonio al voluntariado en todo tipo de causas sociales. En general, son individuos bien integrados en la sociedad, deiende Browning: «Los vampiros auténticos a los que he conocido y entrevistado tienen entre 18 y 50 años, pertenecen a ambos sexos por igual y practican la ingesta psíquica o física de sangre. Entre ellos hay ateos, monoteístas, politeístas, heterosexuales, homosexuales y bisexuales. Algunos tienen hijos, otros están casados o divorciados… No albergo ninguna duda de que son ciudadanos competentes, que llevan a cabo sus rituales de sangre con garantías sanitarias y se hacen revisiones médicas regulares».

ALIMENTO PELIGROSO

Por otra parte, tanto Browning como el psiquiatra D. J. Williams, que también ha tenido un estrecho contacto con estas personas, no encontraron indicios de trastornos mentales. Su mayor problema es conseguir sangre. Algunos recurren a amigos íntimos o familiares, otros pagan por ella. La extracción se efectúa siguiendo un procedimiento médico para evitar posibles contagios, pero incluso así esta práctica conlleva importantes riesgos para la salud, por mucho que estos vampiros aseguren no sufrir efectos secundarios incluso con la ingesta de cantidades elevadas. A falta de registros médicos, es imposible conirmar la peligrosidad de tan extravagante hábito, aunque se sabe con certeza que la práctica continuada de beber sangre entraña numerosos peligros.

Si en vez de animal, la sangre consumida es humana, el riesgo preocupaaumenta. Los motivos son diversos. Además de los posibles patógenos que contenga, los humanos no poseemos mecanismos especializados para «digerirla». «No somos vampiros, no hemos evolucionado con un mecanismo digestivo extractor de hierro, así que beber sangre puede matarnos – alerta el divulgador cientíico Benjamin Radford–. En pequeñas cantidades, digamos unas cucharaditas, y siempre que la sangre esté libre de patógenos, tal vez no te haga daño. Más allá de eso, ¡cuidado porque es tóxica!». Efectivamente, como explica Katherine Ramsland, autora de The science of vampires (La ciencia de los vampiros), «a diferencia de los murciélagos vampiro que se nutren de sangre, los humanos no poseemos la membrana mucosa a lo largo del tracto intestinal que actúa como barrera para impedir que el hierro llegue en exceso al torrente sanguíneo».

En esto hay consenso cientíico. Virólogos moleculares, epidemiólogos y médicos en general llevan décadas alertando de que la sangre humana es una bebida peligrosa por su enorme capacidad para expandir enfermedades. Recordemos que dolencias como la hepatitis (B y C), el sida y muchas más pueden contraerse de esta forma. Además, como indicábamos anteriormente, uno se puede intoxicar con hierro, elemento para el que los humanos no tenemos defensa. En el caso de consumo de sangre animal no parece haber tanto peligro. ¿O sí? El astrofísico Paul Jaminet y su esposa Shou-Ching, bióloga de la Universidad de Harvard (EE UU), señalan al respecto que «la mayor preocupación con la sangre como alimento es el riesgo de infecciones. Todos los alimentos que contengan el líquido elemento necesitan cocinarse bien para matar los microbios».

En las recetas de helado, magdalenas y tortas que los Jaminet recogen en su libro Perfect health diet (La perfecta dieta saludable), incorporan el ingrediente de la sangre como sustitutivo del huevo. Su justiicación es que muchas personas presentan intolerancia al huevo, además de anemia, de modo que por su contenido en hierro, la sangre puede resultar beneiciosa: «Si tenemos en cuenta el uso de la sangre en la cocina desde un punto de vista histórico, no resulta tan raro como pueda parecer –escriben en su obra–. Ha formado parte de la cocina occidental desde la antigua Grecia, donde las morcillas de sangre son mencionadas por Homero en La Odisea, y hoy en día, desde Escocia a Italia, pasando por España, Rusia, Tanzania y China, muchos platos tradicionales todavía utilizan el líquido elemento».

ELIXIR DE LA ETERNA JUVENTUD

Pero ¿se trata de un hábito alimenticio saludable? El médico experto en cáncer David Khayat alerta sobre la sangre que consumimos al comer carne: «En cuanto a la relación entre el cáncer y la ingesta de carne roja se han planteado varias hipótesis, pero la más interesante es la que incrimina a la hemoglobina contenida en este alimento». Efectivamente, según diversos estudios cientíicos sobre el cáncer, como los de A. J. Cross y su equipo (2003) y R. L. Nelson (2001), hoy sabemos que el hemo favorece la formación de compuestos N-nitrosados muy tóxicos y potencialmente cancerígenos, mientras que el hierro presente en la sangre podría provocar la aparición de radicales libres muy reactivos, capaces de perjudicar el ADN y de favorecer una mutación cancerígena. Una forma de evitar este riesgo, según propone Khayat, sería seguir una práctica ancestral de israelíes y musulmanes: desangrar la carne antes de prepararla. «La carne se relaja después del choque térmico y, poco a poco, va soltando la sangre. Es una regla interesante que deberían tener en cuenta los que quieran seguir un régimen anticanceroso».

Jaminet recomienda que, si utilizamos el líquido vital para cocinar, éste sea fresco y de primera calidad. Sin embargo, por ricos y nutritivos que puedan resultar algunos platos elaborados con sangre de animal, más saludables son los compuestos de sangre «fabricados » por cientíicos en laboratorio.

Los experimentos realizados hasta ahora con sangre, tanto animal como humana, han conirmado que es el auténtico elixir de la eterna juventud, puesto que, entre otras cosas, mejora el funcionamiento cerebral y, en consecuencia, podría convertirse en un medicamento esencial para combatir el Alzheimer y otras muchas enfermedades.

Dos de los neurólogos más implicados en este tipo de investigaciones son Saul Villeda y Tony Wyss-Coray, de la Universidad de Stanford (EE UU). Sus ensayos con ratones viejos que recibieron transfusiones del líquido vital de otros jóvenes, han conirmado que hay ciertos aspectos del envejecimiento que pueden ser reversibles. «La sangre joven es capaz de rejuvenecer la plasticidad sináptica y de mejorar la función cognitiva –explica Villeda–. Todavía se están dando los primeros pasos en este campo». Estudios similares han conirmado que la sangre joven puede repercutir en la actividad de las células madre estimuladoras del crecimiento en el cerebro del ratón.

En cuanto a los integrantes de las comunidades de vampiros auténticos, mientras no se abran al exterior, los cientíicos no se interesarán por descubrir a qué se debe su necesidad de beber sangre. Browning pide para este colectivo el mismo respeto que se exige para otros grupos minoritarios: «El hecho de que no los comprendamos, no signiica que debamos despreciarlos. Lo que les sucede es real. No sabemos por qué y ellos tampoco, pero hacen cuanto pueden para llevarlo lo mejor posible».

ANEXOS

LOS PODERES MÁGICOS DE LA SANGRE

En la antigua Roma, a los enfermos epilépticos se les aconsejaba asistir a los combates de los gladiadores para que bebieran la sangre fresca de los que acababan de morir. Esta «cura» se siguió aplicando durante los siglos posteriores con el líquido vital de los ajusticiados en la horca.

A finales del siglo XV, el papa Inocencio VIII fue alimentado por su médico con la sangre todavía caliente de tres hombres jóvenes.

Al parecer, tenía la esperanza de salvarle la vida de este modo.

A la sangre menstrual también se le han atribuido propiedades medicinales.

En su Historia Natural, Plinio loa las virtudes medicinales de este flujo que, además de poseer efectos benéficos para diversas dolencias, mataba las plagas de insectos a distancia e incluso controlaba las tormentas en el mar.

En la mitología y en la religión la sangre menstrual también ha tenido reputación de poseer amplios poderes mágicos y ser fuente de inspiración creativa.

En Grecia fue el «vino tinto sobrenatural» que Hera dio de beber a los dioses. Por su parte, la deidad hindú Kali-Maya invitó a los dioses a que se bañaran en el fluido sangrante de su útero y lo bebieran. También en los países nórdicos estaba divinizada la que llamaban «hidromiel roja» de la reina Mab.

El dios Thor debía su vida eterna a un baño en un río de sangre menstrual, y el poder de Odín procedía de la «sangre sabia» que había bebido del caldero triple de la Diosa Madre. A su vez, los faraones egipcios ingerían una ambrosía que llamaban «la sangre de Isis».

ESTIRAMIENTOS FACIALES VAMPÍRICOS

Los avances científicos han dado lugar al fenómeno de los estiramientos faciales vampíricos (vampire facelifts). Consiste en extraer la sangre del individuo para centrifugarla y obtener el denominado PRP o plasma rico en plaquetas. Dicho líquido vital, obtenido mediante punción, se centrifuga para separar los distintos componentes (glóbulos blancos, rojos, plaquetas, plasma) y así obtener unas sustancias llamadas factores de crecimiento, que son regeneradores de los tejidos dañados. Este plasma se inyecta luego en la cara y, al parecer, reduce las arrugas y líneas de expresión. No es una terapia barata (una sola sesión cuesta unos 1.200 dólares) y sus efectos son temporales. Como tantas otras cosas, la han puesto de moda famosos como Kim Kardashian. Michael Mosley, médico y periodista de la BBC, ha probado este tratamiento y asegura que «un par de semanas después, tal como se me había asegurado, se produjeron algunos cambios sutiles.

Pero es caro y la mejora no fue lo bastante notoria como para repetir». En cambio, estas inyecciones del propio plasma sanguíneo parecen ser muy eficaces para curar heridas y lesiones deportivas en tejidos blandos y duros. También se han hecho algunos experimentos en el Hospital Real de Londres para curar heridas que no se cierran en enfermos con diabetes del tipo 2, con resultados positivos.

¿SABIAS QUE...?

Al igual que las huellas dactilares no se modifican a lo largo del tiempo, nuestro grupo sanguíneo también es permanente: se transmite de forma hereditaria y no cambia a lo largo de nuestra vida, de ahí que sea un elemento más para conocer la personalidad de un individuo. Sin embargo, hasta los trabajos llevados a cabo por la psicóloga francesa Léone Bourdel, que consagró 26 años de su vida (desde 1940 hasta su muerte en 1966) a investigar las relaciones existentes entre los diferentes grupos sanguíneos y el temperamento, no se realizó un estudio sistemático sobre tales relaciones.

Isabela Herranz - Año Cero

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