Historia infame

El holocausto católico en Croacia

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INTRODUCCION

Yugoslavia fue, durante la II Guerra Mundial, el escenario de uno de los genocidios más crueles de la historia. Con el beneplácito y la colaboración de la Alemania nazi y de la Iglesia Católica, representada por Aloisi Stepinac, obispo de Zagreb, Croacia se convirtió en 1941 en un estado independiente. Ante Pavelic, un católico ferviente y sanguimario, creó y dirigió un partido rebelde: la ustacha. A los dos meses de que los nazis ocuparan Yugoslavia, el partido ustacha anunció el programa de conversión obligatoria al catolicismo y de deportación y exterminio de los dos millones de ortodoxos serbios del país.

Al acabar la guerra y hacerse públicos los horrores del régimen nazi, los aliados prometieron al mundo que pondrían ante la justicia a los responsables de aquellos hechos. En el caso de los criminales católicos croatas, tan solo fue posible detener a una tercera parte de los 150.000 denunciados. Los norteamericanos descubrieron una red secreta, denominada en clave "Ratlines", en la que jugaba un papel principalísimo la Iglesia Católica y El Vaticano. Esta red se creó con el fin de facilitar la huida a Sudamérica de los criminales nazis, particularmente de los católicos ustacha. Personajes como Ante Pavelic, Andrija Artukovic, Gustav Wagner, Klaus Barbie, Franz Stangl, Walter Rauff, Josef Mengele y Adolf Eichmann, fueron algunos de los miles de criminales de guerra que la Iglesia Católica escamoteó a la justicia.

Ante Pavelic no fue un criminal de guerra como los demás, fue un führer olvidado de la II Guerra Mundial. En Yugoslavia, Pavelic y su partido, la Ustacha, organizaron su propio holocausto con la bendición de Hitler y de los nazis. Las órdenes de Pavelic condenaron a muerte a medio millón de compatriotas. Por su crueldad, Pavelic es comparable a Hitler y Mussolini. Ahora podemos averiguar cómo Pavelic pudo escapar de la justicia, a pesar de ser buscado por los ejércitos de la Unión Soviética, de Inglaterra y de los Estados Unidos.

La IIGM desencadenó un baño de sangre en Europa del Este. Allí fue donde murió la mayoría de los civiles, en los campos de concentración y en los terrenos del holocausto. Los alemanes redibujaron el mapa de la Europa del Este. Invadieron unos países y forjaron alianzas con otros hasta que el imperio nazi dominó toda la zona. En todos aquellos países, los alemanes encontraron la colaboración de voluntarios locales, grupos nacionalistas movidos por elites étnicas que confiaban en el apoyo nazi.

Esto fue particularmente evidente en la república balcánica de Yugoslavia, donde la Ustacha, el Partido Nacionalista Croata, luchaba por la independencia. Desde el exilio, Pavelic, organizó una campaña prebélica de terror y de asesinatos.

EL PARTIDO USTACHA Y EL ESTADO CROATA.

Nada más aterrizar en Francia, moría asesinado el rey de Yugoslavia. Pavelic fue declarado culpable de complot tras ser juzgado en rebeldía. Había encontrado un paraíso en Italia, donde lo protegía Mussolini. En Italia, Pavelic presidía el partido ustacha en el exilio. El partido ustacha era una organización terrorista católica que pretendía destruir el estado yugoslavo. Se preparaban en campos secretos y juraban en nombre de la sangre y la tierra.

En 1941, los británicos apoyaron un golpe para derrocar el gobierno pro alemán de la neutral Yugoslavia. Hitler montó en cólera. La Operación Barbarroja -el ataque a la Unión Soviética- tuvo que retrasarse y la wehrmacht se concentró en los Balcanes. La Iglesia católica colaboró con las tropas de Hitler con la actuación de una quinta columna ustacha. El 10 de abril de 1941, después del ataque alemán a la obstinadamente neutral Yugoslavia, Pavelic proclamó, con la anuencia de Hitler, el estado independiente de Croacia y recibió la calurosa felicitación del arzobispo Stepinac.

Sir Fitzroy McLean, de la Misión Militar Británica, confirma que la ustacha era un movimiento claramente racista y sus componentes se sentían muy orgullosos. Pone como ejemplo al ministro de Educación, Sr. Budac, que, cuando un periodista le preguntó cuál sería su política o la de su gobierno con las minorías religiosas y raciales no croatas, respondió: "Para esos tenemos tres millones de balas".

Tres semanas después de ocupar Pavelic el poder, promulgó unas leyes antijudías más estrictas aún que las de los nazis y dos meses después, el gobierno se encarnizó con su antiguo enemigo étnico, los serbios, cuya religión mayoritaria era la ortodoxa. El partido ustacha anunció el programa de deportación, de "conversión" al catolicismo y de exterminio de los dos millones de ortodoxos serbios del país. Este fue el principio de cuatro años de uno de los genocidios menos conocidos y en el que la Iglesia católica tuvo una participación activa.

Desde el principio, los ustacha se dedicaron a transformar Croacia en el Estado Católico que añoraba la Iglesia. Para tal fin se valieron de cualquier medio: desde la conversión forzada hasta el exterminio de los ortodoxos serbios, que constituían aproximadamente la tercera parte de la población. Muchos de los asesinos fueron frailes franciscanos. Uno de ellos, un tal Fray Miroslav Filipovic, fue incluso comandante del complejo de Jasenovac, al que me referiré más adelante, y responsable directo de la muerte de cuarenta mil hombres, mujeres y niños.

Pío XII sabía lo que pasaba en Croacia no sólo gracias a su puesto como cabeza de la jerarquía católica que lo mantenía informado, sino también por medio de otras fuentes. El propio Ante Pavelic le informaba regularmente sobre la catolización de la nueva Croacia y el jefe de la iglesia croata, el arzobispo Stepinac, le mantenía al corriente del número de "conversiones".

LAS CONVERSIONES FORZADAS.

Instalados en el poder, los ustacha decidieron convertir forzosamente al catolicismo a la tercera parte de los serbios, sus tradicionales enemigos, que profesaban mayoritariamente la religión ortodoxa, deportar a otra tercera parte y exterminar al resto. Ahora que tenían la fuerza, los católicos actuaron con una dureza inusitada.

Las conversiones forzadas de los serbios se realizaron no solo con el conocimiento, sino con la complicidad y el beneplácito del Vaticano y de la jerarquía católica croata. En todo el país se prodigaron este tipo de conversiones masivas, a veces con bautismos de sangre en vez de agua. El sacerdote Ivan Raguz urgió públicamente la matanza de todos los serbios, incluyendo los niños, "para que ni siquiera quede la semilla de estas bestias".

Los ustacha habían establecido las conversiones forzadas en su programa de "eliminación de elementos externos en el territorio croata". Stepinac, arzobispo de Zagreb, convocó una conferencia episcopal para dotar de sanción canónica a este programa. En aquella conferencia se creó el llamado Comité de los Tres, formado por el propio Stepinac, por el obispo Victor Buric y por el administrador apostólico Janko Simrac. Este comité sería el encargado de colaborar con el Ministerio de Justicia y Religión ustacha en todo el asunto de las conversiones forzadas y se acordaron las directrices a seguir.

Siguiendo esas directrices, muchos sacerdotes se comprometieron activamente en la labor conversora, que en muchas ocasiones ni siquiera pudo realizarse porque se procedía a asesinar directamente a los "aspirantes" a conversos. Los croatas sabían lo que eran las conversiones forzadas. El Padre Graham, historiador oficial del Vaticano, afirma que los grupos armados del partido ustacha iban a las zonas rurales y detenían a miles de campesinos serbios.

Las conversiones en masa se celebraban al aire libre. Muchas veces, cuando los del partido ustacha llegaban a un pueblo, se dirigían a un niño y le pedían que se santiguase. Los ortodoxos hacen la señal de la cruz llevando primero la mano al hombro derecho, mientras que los católicos lo hacen al revés. Si la criatura se santiguaba como los ortodoxos, quería decir que era serbio y lo mataban.

El propio Stepinac informaba al Papa el 18 de mayo de 1944 de que el número de "conversiones" al catolicismo de ortodoxos serbios ascendía a 240.000. El obispo Janko Simrak se convirtió en la mano derecha del arzobispo Stepinac en la tarea de presionar a los serbios ortodoxos a convertirse a la fe romana.

En octubre de 1941 Simrak fue nombrado administrador apostólico del obispado grecocatólico de Krizevci. Su tarea consistía en forzar a la conversión a tantos serbios como fuese posible. Poco después de que la conferencia episcopal decidiera forzar la conversión de los serbios ortodoxos, el administrador apostólico Dr. Simrak emitió una resolución que apareció en la publicación oficial del obispado de Krizevci (nº 2, 1942) Entre otras cosas decía:

Deben crearse inmediatamente consultorios especiales y comités eclesiales para aquellos que sean convertidos. Estos comités ayudarán a los sacristanes en su trabajo, no sólo en la organización de las conversiones sino también en la creación de parroquias para los conversos. Todos los sacristanes deben recordar que estos días son históricos para nuestras misiones y bajo ninguna circunstancia debemos dejar pasar esta oportunidad, debemos emplear toda nuestra fuerza para lograr nuestros objetivos. Ahora debemos demostrar con nuestro trabajo lo que hemos teorizado durante siglos. Hasta ahora hemos hecho muy poco en cuanto a la conversión, sólo por indecisión, por pequeños obstáculos y quejas de la gente.

Toda gran obra tiene oponentes pero no debemos permitir que eso abata nuestro espíritu porque de su éxito depende nuestra misión universal, la salvación de las almas y la gran gloria de nuestro Señor Jesucristo. Nuestra obra es legítima porque es acorde con la política oficial del Vaticano, con las directrices de la Santa Congregación de cardenales de la iglesia oriental y con la circular del gobierno del Estado Independiente de Croacia del 30 de julio de 1941 que informaba de su deseo de que los miembros de la Iglesia Ortodoxa oriental fuesen convertidos a la fe católica.

En 1941 la publicación diocesana oficial de Djakovo emitió un folleto que fue ampliamente distribuido entre los serbios. Decía: UNA SUGERENCIA AMISTOSA. Nuestro Señor Jesucristo dijo que debía haber un rebaño y un pastor y esta unidad debe cumplirse en el Estado Independiente de Croacia. ¡Escuchad este amistoso consejo, habitantes de fe greco-ortodoxa! El obispo de Djakovo ya ha acogido a miles de ciudadanos en la Santa Iglesia Católica y todos ellos recibieron certificados de honestidad de las autoridades estatales. Seguid el ejemplo de estos vuestros hermanos y acudid tan pronto como sea posible a la Iglesia Católica para ser recristianizados. Como católicos se os permitirá quedaros en vuestras casas. Podréis aumentar vuestra propiedad en paz y educar a vuestros hijos para con Dios y el Estado Independiente de Croacia. En la Iglesia Católica tendréis asegurada la salvación de vuestras inmortales almas.

Al comenzar las conversiones de serbios, muchos sacerdotes y ustacha fueron a ciudades serbias y comenzaron a ejecutar el plan de forma violenta. Las iglesias ortodoxas serbias fueron transformadas en católicas. "Nova Hrvatska" (25 de febrero, 1942) explicaba cómo se llevaban a cabo estas conversiones: La recristianización fue llevada a cabo de forma solemne por el sacristán de Petrinja, el honorable Mihael Razum. Una compañía ustacha estuvo presente en esta solemne ocasión.

"Katolicki List" (nº38, 1941), publicación controlada por el arzobispo Stepinac, afirmaba: Toda la aldea de Budinci fue rebautizada a la fe católica y se creó una parroquia de más de 2.300 personas. La recristianización fue preparada por el padre Sidonije Scholz, franciscano de Nasice, y otros sacerdotes como el sacristán principal de Osijek. En un banquete en el ayuntamiento se oyeron discursos bastante significativos y fueron aclamados Pavelic y Croacia.

Las autoridades ustacha organizaron una división especial encargada de la religión para "acelerar" la cristianización de los serbios. El sacerdote ustacha Dionizija Juric, franciscano y amigo de Pavelic, fue elegido para dirigir esta división, que diseñó un plan para convertir de forma sistemática a los serbios que lograron evitar la persecución y la masacre. Comenzó así una verdadera carrera entre algunos obispos y sacerdotes católicos para ver quién convertía a más serbios y quién acumulaba más bienes de sus parroquias.

Uno de los misioneros más fanáticos de la conversión fue el sacerdote Ante Djuric, del distrito de Dvor. Ordenó la masacre, saqueo y quema de muchas aldeas y envió a cientos de serbios al campo de concentración de Kostajnica. Mutiló y mató personalmente a serbios de Bosanska Kostajnika. En sus discursos enfatizaba siempre que los serbios del distrito de Dvor sólo tenían tres vías de escape: aceptar la fe católica, irse a otro lugar o sufrir la limpieza étnica.

El sacerdote Ambrozije Novak, guardián del monasterio Capucine de Varazdin, fue en 1941 a la aldea de Mostanica acompañado de los ustacha y ordenó al pueblo serbio que se reuniera. Les dijo, de acuerdo con el testimonio de numerosos testigos: Todos los serbios, estáis condenados a muerte y sólo podéis evitar esa sentencia aceptando el catolicismo.

Franjo Pipinic, sacerdote de Pozega, llevó a cabo conversiones masivas de serbios a finales de 1941 con la ayuda del capitán ustacha Peranovic. Dijo al pueblo serbio que aceptar el catolicismo era la única manera de salvarse de la muerte en campos de concentración.

El sacerdote y conocido fascista Peter Berkovic participó en conversiones masivas en los alrededores de Osijek. En "Ustaska Velika Zupa" (nº1372, 27 de abril, 1942) se describen los servicios que prestó con ocasión de su traslado a la "Oficina de Colonización". Parte de este informe dice: Su tarea abarcaba el período desde que los miembros de la Iglesia Ortodoxa oriental se preparan para convertirse al catolicismo hasta que se consuma la conversión y por lo tanto se encargó de la conversión de más de 6.000 personas en los municipios de Vocin, Cacinci y Ceralije".

El sacristán de Ogulin, el canónigo Ivan Mikan, redactó folletos dirigidos a los serbios donde les aseguraba que sufrirían, a menos que fueran rebautizados. Cobraba 180 dinares por cada conversión con lo que en un solo pueblo, Jasenak, recaudó 80.000 dinares entre los serbios.

Ante Djuric, sacerdote de Divusa, pasó a ser administrador ustacha tras la proclamación del Estado Independiente de Croacia. Participó en las obligatorias conversiones de serbios. Sacerdotes serbios ortodoxos, el Reverendísimo Mladen Ostojic de Zirovac y el Reverendísimo Ilija Vranjesevic de Ljubina, dieron el siguiente testimonio acerca de las actividades de Djuric: Antes de escapar, todos los empleados del gobierno y maestros serbios recibieron la orden del sacerdote Djuric de convertirse al catolicismo o abandonar su lugar de residencia y sus cargos. Una vez que aceptaron la conversión se les ordenó confidencialmente que forzaran a los demás serbios a aceptar el catolicismo o en otro caso se marcharan donde pudieran si querían librarse de la ejecución. De este modo, todo cabeza de familia se vio obligado a acudir al maestro local con un certificado de pago de 10 dinares para solicitar la conversión al catolicismo para ellos y sus familias. Los serbios del distrito de Dvor na Uni temblaban de miedo sólo con oír el nombre del sacerdote Djuric, que encerraba a serbios en una cuadra y un granero donde los torturaba con hambre y palizas hasta que aceptaban el catolicismo

Josip Orlic, sacerdote de Sunja y antiguo miembro de la Ustasha, obligó a los serbios de su distrito a aceptar el catolicismo utilizando los campos de concentración como amenaza. La gran mayoría de los serbios se convirtieron porque temían por sus vidas. Pero incluso muchos de aquellos rebautizados fueron llevados al campo de concentración de Jasenovac en mayo de 1942, donde prácticamente todos fueron asesinados. Dentro de este distrito, los ustacha destruyeron las iglesias ortodoxas serbias de Drljace, Brdjani, Kinjacka, Cetvrkovac, Petrinja y Svinjica. El sacerdote Sidonije Scholz fue uno de esos misioneros "sin miedo a los pequeños obstáculos" en la conversión de serbios. Peter V. Kovacevic, maestro de Belenice, declaró lo siguiente sobre él: Los serbios tuvieron que padecer todos los demonios de los sacerdotes católicos. Aceptamos la fe católica con un miedo espantoso. En nuestro distrito (Nasice) el padre Sidonije Scholz constituía la mayor amenaza. Ordenó matar a nuestro sacerdote, George Bogic, del modo más brutal. Lo sacaron de su casa durante la noche y lo masacraron, le cortaron la nariz, la lengua, las orejas y la barba; le abrieron el estómago y le enrollaron los intestinos alrededor del cuello".

El arzobispo Stepinac se mantenía informado. Los sacerdotes romanos locales obligaron a la gente de los pueblos en que los serbios habían sido convertidos o recristianizados a enviar telegramas de agradecimiento al arzobispo Stepinac expresando su profunda devoción. Stepinac fue informado de cada conversión masiva llevada a cabo en cada parroquia. Muchos de estos telegramas fueron publicados íntegramente en el periódico ustacha "Nova Hrvatska" y en la propia publicación oficial diocesana del arzobispo, "Katolicki List". Por ejemplo "Nova Hrvatska" publicó el 9 de abril de 1942 cuatro de estos telegramas dirigidos al arzobispo en los que se informaba de conversiones masivas en aldeas. Uno de ellos decía: 2.300 personas de las aldeas de Drenovac, Pusina, Kraskovic, Prekorecan, Miljani y Gjurisic, reunidas en Slatinski Drenovac, han aceptado hoy la protección de la Iglesia Católica Romana y envían un sincero saludo a su representante.

EL HORROR DE JASENOVAC.

En la larga lista de los campos de concentración croatas, ocupa un lugar especial Jasenovac. Entre 1941 y 1945 fueron asesinadas allí casi 800.000 personas. La mayoría fueron serbios, pero también murieron judíos, gitanos y comunistas. El modo de funcionamiento de aquellos campos se definió siguiendo el ejemplo de los campos nazis, pero la sevicia de la católica ustacha prevaleció sobre la eficacia alemana. A los croatas pareció no gustarles demasiado lo de gasear a los prisioneros con Ciclón-B y optaron por eliminarlos al estilo medieval, menos eficaz, pero más contundente, quemándolos vivos o utilizando martillos, cuerdas, hachas, cadenas o cuchillos. Los guardianes del campo hacían apuestas para ver quién podía matar más internos en una sola noche. El ganador fue un fraile franciscano, Pero Bnica, que degolló 1350 prisioneros con un cuchillo especial.

Mile Friganovic, participante en aquella apuesta, relató cómo sucederon los hechos: El franciscano Pero Bnica, Ante Zrinusic, Sipka y yo apostamos para saber quién mataría más prisioneros aquella noche. La matanza comenzó y poco después de una hora yo había matado mucha más gente que ellos. Me parecía estar en el séptimo cielo. Nunca había sentido tanta felicidad en toda mi vida. Ya después de unas pocas horas había matado 1.100 personas, mientras que los otros habían podido matar sólo 300 o 400 cada uno. Y entonces, cuando estaba experimentando el éxtasis más grande, me di cuenta que un campesino anciano me estaba mirando de pie, pacíficamente y con calma, cómo yo mataba a mis víctimas que morían con el más grande dolor. Su mirada me sacudió. En medio del más grande éxtasis quedé repentinamente paralizado y por algún momento no pude moverme para nada. Entonces caminé hacia él y descubrí que era algún vukasin (campesino) de la aldea de Klepci, cerca de Capljina, en donde su familia entera había sido muerta. Había sido enviado a Jasenovac después de haber trabajado en los bosques. Me contó esto con una paz incomprensible que me afectó más que los gritos terribles que nos rodeaban. De golpe sentí el deseo de romper su paz torturándolo de la manera más brutal y, mediante su sufrimiento, recuperar mi éxtasis y continuar recogijándome en la inflicción del dolor. Lo separé de los demás y lo senté sobre un tronco. Le ordené gritar: "¡Larga vida para el poglavnik Pavelic!" o de lo contrario le cortaría su oreja. El vukasin guardaba silencio. Le arranqué su oreja. No dijo ni una palabra. Le dije una vez más que gritara "¡Larga vida para Pavelic!" o le desgarraría la otra oreja también. Le arranqué la otra oreja. Grité: "¡Larga vida para Pavelic!" o te voy a romper la nariz. Y cuando le ordené por cuarta vez gritar "¡Larga vida para Pavelic!" y lo amenacé con quitarle su corazón con un cuchillo, me miró y lentamente me dijo: "Haz tu trabajo, hijo". Después de eso, sus palabras me dejaron perplejo, quedé paralizado, le arranqué los ojos, el corazón, le corté la garganta de oreja a oreja y lo arrojé a un pozo. Pero algo se quebrantó dentro de mí y no pude matar más gente aquella noche. El sacerdote franciscano ganó la apuesta porque mató 1350 prisioneros y le pagué la apuesta sin discutir.

El complejo de Jasenovac ocupaba una superficie de unos 240 Km. cuadrados y lo formaron 5 instalaciones. En 1941 las autoridades croatas establecieron las dos primeras: Krapje y Brocica, que se cerraron dos meses después. Los otros tres campos del complejo fueron los de Ciglana (inaugurado en noviembre de 1941 y desmantelado en abril de 1945), Kozara (creado en febrero de 1942 y desmantelado en abril de 1945) y Stara Gradiska, que fue originariamente un centro de detención de presos políticos hasta el invierno de 1942, que se transformó en un campo de concentración para mujeres.

Lo que hacían los croatas no gustaba a los alemanes ni a los italianos, sobre todo a la tropa, que estaba horrorizada ante los excesos de los ustacha. La segunda vez que Pavelic se reunió con Hitler, le dijo, orgulloso, que había puesto fin al problema de los judíos en Croacia antes de que Hitler lo hubiera conseguido en Alemania.

Cuando, en abril de 1945, los partisanos de Tito se aproximaban a Jasenovac, varios centenares de prisioneros se levantaron contra los guardias ustacha. Muchos de los prisioneros fueron asesinados, pero algunos consiguieron escapar. Los ustacha asesinaron a los supervivientes antes de desmantelar los últimos tres campos de Jasenovac. Los partisanos yugoslavos liberaron Jasenovac a primeros de mayo de 1945.

Nora Levin, en su libro "The Holocaust – The destruction of European Jewry 1933 – 1945," calcula que en Jasenovac fueron asesinados 770.000 serbios, 40.000 gitanos y 20.000 judíos.

En un pasaje de su novela Los anillos de Saturno, W.G. Sebald hace referencia a un articulo que trataba de las denominadas limpiezas étnicas que los croatas habían llevado a cabo y que comenzaba con la descripción de una fotografía sacada por uno de los milicianos de la ustacha croata, evidentemente para la posteridad, en la que los camaradas, de un humor excelente y en parte adoptando poses heroicas, cortan la cabeza a un serbio llamado Branco Jungic con un serrucho. Una segunda fotografía, tomada como en broma, muestra el cuerpo ya separado de la cabeza con un cigarrillo entre los labios medio abiertos del último grito de dolor. El lugar de este hecho, Jasenovac, el campamento emplazado junto al río Sava, en el que sólo setecientos mil hombres, mujeres y niños fueron asesinados con métodos que a los expertos del Imperio Alemán, como se comentaba en un círculo más íntimo, les hubieran puesto los pelos de punta. Serruchos y sables, hachas, martillos y puños de piel que se ceñían en el antebrazo con cuchillos inmóviles fabricados en Solingen exclusivamente para cortar cuellos, eran sus instrumentos de ejecución preferidos además de un tipo de patíbulo transversal en el que, como si fueran cornejas o urracas, ahorcaban en fila a quienes no pertenecían al pueblo croata, ya fueran serbios, judíos o bosnios que habían acorralado…

Las atrocidades ustacha eran "vox populi" y conocidas de modo particular por la Iglesia, entre otras razones porque participaba activamente en ellas. El cardenal francés Eugène Tisserant dijo a Nicola Russinovic, representante croata en el Vaticano, el 6 de marzo de 1942: Yo sé que los propios franciscanos, por ejemplo el padre Simic de Knin, han participado en los ataques contra la población ortodoxa, llegando a destruir sus iglesias, como sucedió con la de Banja Luka. Sé que los franciscanos de Bosnia y Herzegovina han actuado de forma abominable, y eso me duele. Tales actos no deben ser cometidos por gente instruida, culta y civilizada, y mucho menos por sacerdotes. Fue una campaña de "limpieza étnica", un intento de crear una Croacia católica "pura" mediante conversiones forzadas, deportaciones y exterminios masivos. El 18 de mayo de 1941 el Papa Pío XII recibió en el Vaticano a Pavelic, el caudillo ustachi de Croacia, en el momento en que se había puesto en marcha el plan de genocidio contra los serbios ortodoxos. Además, en 1943, el Papa expresó su complacencia con la carta personal que había recibido de nuestro poglavnic (caudillo).

A diferencia de Auschwitz, Dachau, Mautthausen, Bergen-Belsen y otros campos alemanes, Jasenovac pasó casi desapercibido no solo a la opinión pública mundial, sino también a la historiografía. La razón principal es que en la Yugoslavia de Tito existían muchos recelos sobre cualquier intento de investigación seria del genocidio católico contra los serbios, porque se consideraba peligroso para los fundamentos de un estado nuevo que propugnaba la hermandad y la unidad entre los yugoslavos y se esperaba de los serbios y los croatas que vivieran juntos, para lo cual convenía olvidar el pasado reciente. Por esta razón, al contrario de las víctimas judías, las víctimas serbias del holocausto ni siquiera han sido contadas. Todavía hoy, personas como Franjo Tudjman, el actual presidente de Croacia, cuestionan el número de las víctimas de los ustachas. En su libro La realidad histórica sin rumbo, reduce el número de prisioneros asesinados en Jasenovac a docenas de miles y exculpa en parte a los católicos ustacha al afirmar que en aquel campo los judíos jugaron un papel importante en el exterminio de sus propios compatriotas.

Los historiadores se han referido a Jasenovac como "el secreto oscuro del Holocausto" y "el capítulo suprimido de la historia del Holocausto". A las razones que han movido a echar tierra sobre lo ocurrido allí y que he expuesto en el párrafo anterior, hay que añadir que el actual gobierno gobierno croata no reconoce los horrores que protagonizó su país. El que muchas instituciones académicas y humanitarias occidentales se muestren renuentes a la hora de explicitar las auténticas dimensiones de aquel genocidio es una actitud vergonzosa que pesará sobre sus espaldas, porque la magnitud de los crímenes perpetrados en Jasenovac y el hecho de que la Iglesia católica estuviese involucrada en los mismos constituye una mezcla explosiva que no conseguirán ocultar los revisionistas históricos ni los que niegan el Holocausto. Tarde o temprano la humanidad acabará por desenmarañar completamente la verdad, tergiversada por el cúmulo de mentiras que los protagonitas y sus corifeos han lanzado con la pretensión de eludir responsabilidades y difuminar la gravedad de estos vergonzosos acontecimientos.

LOS CRIMINALES SE ESFUMAN. LA IGLESIA, CON LOS TERRORISTAS.

Conforme los aliados iban haciendo recular a los nazis en todos los frentes de batalla, el arzobispo Stepinac iba tomando cuantas medidas creía oportunas para ayudar a los ustacha ante un futuro que no se presentaba muy halagüeño. Siguiendo las peticiones de las autoridades ustacha, Stepinac convocó a la Conferencia Episcopal el 24 de marzo de 1945. Los obispos suscribieron una carta pastoral dirigida al pueblo croata en la que defendían la política que Ante Pavelic había llevado a cabo durante todos aquellos años. Naturalmente no se olvidaban de "los malos", y en la misma pastoral lanzaban una crítica implacable contra los partisanos de Tito, a quienes calificaban de bolcheviques y antirreligiosos.

Lo que Stepinac y los obispos de la Conferencia Episcopal pretendían con aquella carta pastoral era levantar la moral de la Croacia católica, que estaba en horas bajas ante las sucesivas victorias del ejército aliado en todos los frentes. Nikola Mandic, a la sazón presidente del gobierno ustacha, declaró que tanto Pavelic, como él y su gobierno esperaban que las acciones del episcopado produjeran los buenos resultados que todos deseaban, confiando en que la situación bélica cambiase y les fuese menos desfavorable. Esta confianza tenía su fundamento en los rumores que por entonces circulaban sobre las nuevas armas secretas inventadas por los nazis que estaban a punto de poder ser utilizadas. En la misma pastoral incluían los obispos mensajes destinados indirectamente a los aliados, pues no cabe interpretar de otro modo el énfasis que ponían en que la lucha de los croatas era un enfrentamiento ideológico contra el bolchevismo, por lo que convenía seguir manteniendo el Estado Independiente de Croacia.

A medida que la situación se complicaba, todos aquellos que deseaban salvar el Estado Independiente de Croacia llegaron a considerar al arzobispo Stepinac como la última esperanza. Diez días antes de la caída del régimen ustacha, Pavelic propuso a Stepinac que tomara el control. Este le pidió tiempo para pensarlo y comenzó las consultas al respecto. Entre tanto, la derrota llegó rápidamente. Cuando los ustacha se dispusieron a huir precipitadamente de Zagreb antes del ataque del ejército yugoslavo, acudieron de nuevo a Stepinac pidiéndole que intercediera por su causa ante la Santa Sede. Muchos ministros ustacha como Canki, Balen y Petric dejaron sus pertenencias bajo el cuidado del arzobispo Stepinac y en el palacio de éste enterró el ministro Alajbegovic los archivos del Ministerio de Asuntos Exteriores. Tras esfumarse las últimas esperanzas de que el Estado Independiente de Croacia perdurase, el arzobispo Stepinac ayudó a que funcionarios ustacha de alto rango como Mints, Smelled, Skull, Maric y otros pasasen a la clandestinidad.

Tito y sus partisanos habían sido los únicos que combatieron desde el interior al invasor nazi y a los ustacha, facilitando el camino al avance del ejército yugoslavo, que terminó por liberar al país. Los seguidores de Hitler, derrotados, huyeron. Los ustacha, entre ellos Ante Pavelic, también huyeron o se refugiaron en los bosques. En mayo de 1945, aprovechando la oscuridad, muchos ustacha pasaron a la zona controlada por los ingleses en Mariborg. El ejército británico que allí había, con el comandante Alexander al frente, miró hacia otro lado. Ante Pavelic, el hombre más buscado de Yugoslavia, también se había esfumado.

Los ustacha que se quedaron en el país no tardaron en contactar con las dependencias del arzobispo a través de sacristanes locales. El secretario de Stepinac, el sacerdote Viktor Salic, mantenía a estos grupos en contacto. En el otoño de 1945 Pavelic, cuyo paradero era oficialmente desconocido, envió a Yugoslavia a uno de sus lugartenientes de máxima confianza, el antiguo jefe de policía ustacha, el coronel Erik Lisak. Este entró en Yugoslavia de forma ilegal a través de Trieste, allí contactó inmediatamente con Salic y así pudo reunirse con Stepinac. En las dependencias del arzobispo recibió información sobre el paradero de los miembros de los grupos ustacha que quedaban en Yugoslavia, a quienes envió órdenes de incrementar las actividades terroristas. A raíz de esto los terroristas ustacha lanzaron un programa de sabotaje y asesinato de oficiales de la nueva república yugoslava con la intención de impedir su consolidación.

Para camuflar sus actividades estos grupos adoptaron un "nuevo" nombre: los Cruzados; aunque en realidad éste era el nombre que habían utilizado para realizar sus actividades legalmente en Yugoslavia antes de la guerra. De nuevo fue la Iglesia Católica quien posibilitó que llevaran a cabo sus planes. Tras la caída del estado títere Pavelic y un gran número de acusados de crímenes de guerra se refugiaron en Italia, algunos de ellos en iglesias y monasterios, y desde allí enviaban órdenes a los grupos ustacha cruzados que aún quedaban en Yugoslavia.

Las dependencias del arzobispo Stepinac se convirtieron en el centro de control que mantenía en contacto a los grupos ustacha cruzados. En su oficina se hizo una colecta para ayudar a los cruzados escondidos en los bosques. Les enviaron todo tipo de ayuda, incluido material médico y sanitario. El secretario del arzobispo, Dr. Salic, les ayudaba a huir a los bosques. Así lo hizo con el alférez ustacha Safet Pajic después de que éste entrara en Yugoslavia ilegalmente desde Italia. En la capilla de las dependencias del arzobispo consagraron una bandera para las fuerzas ustacha cruzadas.

Resulta significativo que el arzobispo Stepinac y el jefe de policía ustacha que había entrado ilegalmente en Yugoslavia, el coronel Lisak, se reunieran durante la conferencia episcopal en Zagreb. Desde aquí se emitió una carta pastoral de septiembre de 1945 que hablaba en contra de las autoridades federales de Yugoslavia e intentaba llamar a la acción a todos los enemigos de la nueva república yugoslava. Su efecto puede medirse por el aliento que dio a los grupos ustacha. Algunos de ellos tras ser capturados admitieron que fue la propaganda más trascendente en la lucha contra las autoridades nacionales. En una vista judicial el 15 de enero de 1946 el franciscano Kruno Miklic declaró: "Comencé a trabajar para organizar a los cruzados tras emitirse la carta pastoral, una vez que vi lo que nuestros líderes religiosos opinaban del gobierno actual".

En Yalta, los aliados habían acordado repatriar a los criminales de guerra, pero en 1945 eso resultaba más fácil de decir que de hacer. Ante Pavelic desapareció en la Europa del caos absoluto. Desde el Báltico hasta el Adriático, Europa estaba llena de refugiados. Millones de aquellos refugiados fueron conducidos a los campos donde se intentaba controlar la identidad de cada uno. Los había que eran víctimas del fascismo; otros, eran criminales de guerra y colaboradores, pero era difícil distinguirlos.

El Padre Graham, historiador del Vaticano, justifica que no se encotrase a muchos de ellos. Dice textualmente: "la gente había sido deportada y desplazada de su lugar de origen. Querían volver a casa, aunque había quien no quería volver a su país porque estaba en manos del ejército rojo, de los comunistas. Entre los centenares de miles de refugiados, no cabe duda de que había nazis, alemanes, y criminales de guerra de Yugoslavia o de Hungría y, naturalmente, no utilizaban su nombre. Si tenían algún documento, lo destruían y se hacían pasar por refugiados". Esto puede ser cierto en algunos casos, pero no en otros, como en el caso de Pavelic, pues era una persona demasiado conocida.

La guerra había terminado, pero con los criminales sueltos no podía haber una verdadera paz. Los había que, sin duda, eran culpables de crímenes en sus países. Otros, vivían en países que habían cambiado de bando durante la guerra. Y los había, incluso, que habían sufrido tanto en sus países, que no querían volver. Los vencedores trataban de encontrar a los nazis que huían, pero ¿estaba todo el mundo igualmente interesado en que apareciesen?

NADIE, EXCEPTO EL VATICANO, CONOCE EL PARADERO DE PAVELIC.

En 1945 los diplomáticos de Tito exigieron la detención y extradición de Pavelic y sus seguidores del partido ustacha. Los yugoslavos ya se habían ocupado de miles de croatas vencidos, pero era necesario encontrar a los líderes que habían cruzado la frontera. El Ministerio de Asuntos Exteriores británico y el Departamento de Estado de los Estados Unidos prometieron a sus aliados yugoslavos que los detendrían. Las unidades aliadas registraron la zona que controlaban y no encontraron ni rastro del hombre que buscaban.

En julio de 1945 el embajador de Tito en Londres, mediante carta enviada por valija diplomática, informaba al Foreing Office británico: Pavelic ha caído prisionero de las tropas del comandante de campo Alexander y ahora está en la zona de Austria controlada por el ejército británico.

El Foreing Office británico lo negó categóricamente e informó a la embajada yugoslava en Londres en una nota que decía textualmente: Se están haciendo todos los esfuerzos posibles para averiguar dónde está actualmente Pavelic. El servicio de espionaje británico informó al Foreing Office sobre los rumores de que Pavelic estaba, o bien en Salzburgo, en zona americana, o bien en manos de los soviéticos. Austria había sido dividida en zonas controladas respectivamente por franceses, norteamericanos, británicos y soviéticos, pero las sospechas de los yugoslavos se centraban en la zona británica.

Durante los años 1945 y 1946 las acusaciones yugoslavas se fueron haciendo cada vez más detalladas: Pavelic estaba en una casa cerca de Klagenfurt. Pavelic vivía en un monasterio disfrazado de monje. Pavelic había sido visto cerca de la casa de su familia. En agosto de 1946 la embajada británica en Belgrado comunicó al Ministerio de Asuntos Exteriores yugoslavo que estas informaciones eran de mal gusto y sin fundamento. El embajador de los Estados Unidos en Belgrado comunicaba a Tito en agoste de 1946: Pavelic no ha sido visto en ningún momento bajo custodia británica y ninguna autoridad británica ha sabido nunca dónde está.

Al cabo de tres meses, en noviembre de 1946, un comunicado interno del Foreing Office admitía: Cada vez está más claro que muchos de los colaboracionistas más importantes se están refugiando bajo el ala de la Iglesia

Gracias a la ley norteamericana de libertad de información y gracias también a los documentos recientemente hechos públicos, ahora sabemos por qué tantos criminales de guerra se escaparon por la red de los aliados. Las investigaciones en EEUU, en Australia y en Yugoslavia han permitido conocer la ruta que hizo Pavelic por las "Ratline". Su historia es como la de miles de personas que también se escaparon.

En diciembre de 1946 el servicio de espionaje austriaco se dio cuenta de que cada vez era más factible que Pavelic estuviese en Italia y que solo Draganovic(*) supiese dónde estaba. Draganovic había ofrecido ayuda a Pavelic en Austria y le había proporcionado documentos falsos.

En un documento de los archivos de espionaje de los Estados Unidos, de abril de 1947, puede leerse: En abril de 1946 Pavelic salió de Austria acompañado por un teniente de la Ustacha. Los dos iban vestidos como si fuesen sacerdotes católicos. En Milán Pavelic utilizó los documentos que le había proporcionado Draganovic para obtener un pasaporte español a nombre de Pedro Gonna. En mayo de 1946 Pavelic había llegado a Roma. Entonces sí que se hizo evidente que había encontrado un santuario en el interior del Vaticano.

¿EN QUE LUGAR DEL VATICANO SE ESCONDIA PAVELIC?

Antes de hablar del escondrijo de Pavelic es necesario hablar de uno de los personajes clave en todo este asunto: Krunoslav Draganovic, la eminencia gris del Vaticano para los asuntos relacionados con los Balcanes. Draganovic era un sacerdote croata que vivía en Roma. Era el secretario de la Hermandad de San Jerónimo. Y San Jerónimo era el colegio croata adjunto al Vaticano. Según la versión norteamericana, Pavelic se habría escondido allí entre 1946 y 1948, llevando consigo el oro arrebatado a los judíos y sacado de Croacia.

Sir Fitzroy McLean, miembro de la misión militar británica, ha declarado recientemente: Para mí, no hay duda de que muchos sacerdotes y clérigos croatas del colegio de San Jerónimo tenían unos sentimientos nacionalistas muy pronunciados y eran muy propensos a extralimitarse.

Pero Draganovic tenía un pasado. Durante la guerra había tenido un cargo oficial en el gobierno ustacha. Tito lo había clasificado como criminal de guerra. En 1943, los ustachas acordaron con Roma su traslado al Vaticano. Allí sirvió a la Iglesia en el Colegio de San Jerónimo, que era oficialmente un seminario croata, aunque en realidad funcionaba como un centro clandestino de actividad ustacha. De este modo, Draganovic pasó a ser el emisario "no oficial" de los ustachas en el Vaticano y el vínculo con la organización vaticana de ayuda a los refugiados de guerra. Junto a otros colaboradores como el Padre Golik, fue el responsable de ayudar y proveer a los criminales de guerra ustachas del apoyo necesario para escapar, mediante la falsificación de pasaportes de la Cruz Roja (Draganovic era también el representante croata en la Cruz Roja) y la creación de las "Ratline", unas vías de escape para criminales nazis creadas por la Iglesia Católica en diversos países del mundo. El reverendo Draganovic cumplía esta misión en frecuente contacto con Pío XII y monseñor Montini, que años más tarde sería el Papa Pablo VI. Los criminales ustachas lograron escapar gracias a los esfuerzos de la Iglesia. La mayoría terminaron en Argentina, un país simpatizante de la causa nazi y clero-fascista en aquellos años. Gracias a la Iglesia Católica, la mayoría de los criminales de guerra croatas encontraron su libertad.

El historiador del Vaticano, Padre Graham, dice de Draganovic:

Era de Bosnia y tenía una tendencia muy patriota, o sea muy nacionalista. Se propuso la misión de rescatar a sus compañeros croatas y era activo a más no poder. Huelga decir que después de la guerra fue el objetivo principal de los ataques del gobierno de Tito y la verdad es que creo que lo merecía. Era activo a más no poder.

El Sr. Fitzroy McLean afirma en una entrevista concedida a Granada TV: La rama de espionaje propia de la misión envió un informe muy importante sobre las actividades del P. Draganovic y del colegio croata. El verano de 1945 Draganovic recorrió personalmente los campos de concentración y entró en contacto con los principales responsables del partido ustacha, de modo que se pudiese mantener una fuerte unión entre San Jerónimo y los grupos del partido ustacha en Italia y Austria. Esto permitió formar un servicio de espionaje político.

Draganovic también distribuyó documentos de identidad falsos entre los fieles del partido ustacha que estaban en los campos de concentración. El valor de estos documentos en la Europa de la posguerra no se puede menospreciar. Los documentos en cuestión eran documentos de la Cruz Roja Internacional.

Había dos organizaciones que podían ayudar a todo el que tuviera aquellos carnés: La Comisión Vaticana para los Refugiados y los representantes nacionales de la Cruz Roja. Recordemos que el representante croata de la Cruz Roja era, precisamente, el P. Draganovic.

La rama croata de la Comisión Vaticana para los Refugiados estaba en el Colegio de San Jerónimo. Un informe del servicio de inteligencia norteamericano sobre Draganovic, fechado en 1946, afirmaba: La Hermandad Croata proporciona carnés falsos a los ustacha. Con estos carnés, juntamente con la aprobación pontificia, se pueden obtener pasaportes de la Cruz Roja Internacional, donde Draganovic tiene influencias que le aseguran la posibilidad de expedirlos".

Ivo Omrganin, antiguo diplomático croata que vivía en Roma y que trabajaba estrechamente con Draganovic, era una de aquellas influencias. Recientemente ha declarado: Yo, personalmente, o bien iría a la Delegación Internacional de la Cruz Roja y me concedería un pasaporte, o bien iría a la policía italiana de la ciudad para darles unos documentos policiales normales o el pasaporte Nansen"(*).

Los aliados, en su persecución de criminales de guerra, poco a poco se iban haciendo una idea de cómo eran los espías de las "Ratlines". La investigación sobre los carnés de identidad falsos y sobre el paradero de Pavelic apuntaba a Draganovic. Aunque Pavelic había conseguido escapar -de momento-, el cuerpo de contraespionaje norteamericano lo seguía muy de cerca. El destacamento rumano del cuerpo, si no hubiera sido por la protección del Vaticano, lo hubiera podido detener. En 1947 todos los servicios de inteligencia occidentales sabían que el Vaticano protegía a los fugitivos ustachas y que escondía a Pavelic.

A este respecto, Fitzroy McLean declara: Creo que en Roma, la mayoría de la gente que estaba interesada en este tipo de cosas, era consciente de que el Colegio de San Jerónimo y, sobre todo, el P. Draganovic, hacían todo lo posible para que estos ustacha de alta graduación, incluyendo a Pavelic, puedieran salir de Roma e ir a algún lugar más seguro.

Pero todavía tenía que haber una conmoción más importante. Cowan, un agente norteamericano de contraespionaje, introdujo un espía en el colegio croata. Este espía informó de que el Colegio de San Jerónimo estaba lleno de células operativas ustacha.

Para acceder al monasterio donde estaba el colegio, era necesario someterse a un registro completo para localizar identificaciones diferentes y armas. Todas las puertas estaban cerradas, y las que no, estaban vigiladas por un guardia armado. Se necesitaba una contraseña para ir de una habitación a otra. Toda la zona estaba vigilada por jóvenes ustacha vestidos de paisano y armados. Y el saludo ustacha se intercambiaba constantemente.

La apertura de los archivos de la Cruz Roja Internacional referentes a la posguerra ha cerrado por fin la polémica acerca de si los criminales de guerra nazis y croatas contaron con la ayuda del Vaticano para huir de la justicia hacia Sudamérica, Australia, Sudáfrica o Canadá. La respuesta está bien clara. Los cardenales Montini, Tisserant y Caggiano diseñaron las rutas de huida; obispos y arzobispos como Hudal, Siri y Barrere realizaron los trámites necesarios para crear documentos e identidades falsas a los asesinos; sacerdotes como Draganovic, Heinemann, Dömöter, Bucko, Petranovic y muchos otros firmaron de puño y letra las solicitudes para la concesión de pasaportes de la Cruz Roja a criminales como Josef Mengele, Erich Priebke, Adolf Eichmannn, Hans Fischböck, Ante Pavelic o Klaus Barbie.

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(*) El pasaporte Nansen era el patrocinado ante la Sociedad de Naciones por el explorador noruego F. Nansen, premio Nobel de la Paz, como sustitutivo del pasaporte común, del que carecen los apátridas, perseguidos políticos, etc.

LA IGLESIA GESTIONA LA MARCHA DE PAVELIC A LA ARGENTINA.

El colegio de San Jerónimo era algo más que un santuario: protegía a un gobierno en el exilio. En enero de 1947 los norteamericanos descubrieron que el propio Pavelic había estado en San Jerónimo. En febrero ya le habían seguido la pista hasta el monasterio de Santa Sabina, en la orilla izquierda del Tíber. Los norteamericanos celebraron una reunión de alto secreto el día 11 de abril de 1947 con el fin de planificar la detención de Pavelic. Querían evitar cualquier incidente diplomático y, por tanto, no podían detenerlo en territorio vaticano. A este respecto, Sir Fitzroy McLean, miembro en aquella época de la comisión militar británica, afirma que si la policía de seguridad de la zona hubiese entrado, sencillamente, en el colegio croata, se habría abierto una brecha definitiva en las leyes internacionales y, en consecuencia, una brecha considerable en las relaciones con El Vaticano.

La dirección de Pavelic en Roma coincidía con la de una biblioteca del Vaticano. El informe destaca que Pavelic siempre iba un paso por delante de sus posibles captores, pasando de un lugar seguro del Vaticano a otro. Cuando viajaba, iba en coche y siempre con matrícula vaticana. Con la ayuda de Draganovic, que tenía un espía personal, consiguió que no lo cogiesen. Según Ivo Omrganin, Draganovic tenía contacto directo con un individuo del servicio secreto norteamericano que le informaba de todo lo que quería saber sobre los secretos de muchos otros servicios secretos.

Todas estas circunstancias escondían el auténtico obstáculo para su detención. En el mes de julio, el Jefe de Operaciones del contraespionaje dio la orden de que Pavelic fuese detenido allí mismo. Una semana después, a esta orden se le añadió una cláusula añadida a mano que decía: "Nuevas instrucciones. No intervengáis". Esta misteriosa novedad permitió que Pavelic se fuese de Roma a través del último tramo del "Ratline".

Ivo Omrganin afirma en una reciente entrevista: Pavelic sabía que yo podía proporcionar visados de entrada a Argentina y que no preguntaba nada. Cuando Draganovic envió un pasaporte de la Cruz Roja, fui a las autoridades argentinas, obtuve el visado, y lo devolví. Así Pavelic pudo salir de Italia.

En otoño de 1947 llegó a Génova con un pasaporte falso que le proporcionó Draganovic a nombre de Pablo Aranias, un refugiado húngaro. En Génova, otro sacerdote croata fue el último contacto del "Ratline". El sacerdote Paternovic, también buscado por los yugoslavos como sospechoso de crímenes de guerra, consiguió pasajes en los barcos que iban a América del Sur y comunicó a Draganovic el número de literas disponibles. Así, Draganovic podía enviar este número de pasajeros desde Roma.

Los detalles finales de la marcha de Pavelic están llenos de misterios, pero se sabe que abandonó Italia por mar y que salió de peligro en Buenos Aires.

Según palabras de Sir Fitzroy McLean, En aquellos momentos habían pasado dos años desde el final de la guerra. Yo diría que entre la gente de los campos de concentración había muy pocos criminales de guerra. Quizá algunos se arriesgasen a entrar, pero a la mayoría ya los habían sacado a escondidas de Italia y los habían llevado a lugares más seguros, porque, evidentemente, todos reaparecieron en Argentina, donde volvieron a crear un nuevo "Estado Croata" independiente.

El presidente Perón, que en aquellos momentos tenía el rango de general de brigada, nombró a Pavelic consejero de seguridad. Perón concedió 35.000 visados de entrada a los croatas para formar un bloque de poder contra los comunistas.

UNA SOLA RESPUESTA PARA MUCHOS INTERROGANTES.

¿Por qué protegía la Iglesia a un hombre que había asesinado a medio millón de personas? ¿Cómo puedo un sacerdote croata solo proteger a Pavelic, que era un hombre buscado por todos los ejércitos de Europa? ¿Por qué el Colegio de San Jerónimo permitió que continuase sus actividades? ¿Por qué la jerarquía del Vaticano no controlaba a sus miembros… o sí que los controlaba?

Croacia era uno de los países favorecidos por el Vaticano. Era un refuerzo contra la Iglesia Ortodoxa del Este. El régimen de Pavelic, en tiempos de guerra, era -además de cruel- de un catolicismo exacerbado. La Iglesia Católica y los ustacha eran uña y carne con el Estado de Croacia. El P. Draganovic formaba parte del comité de las conversiones forzadas. El P. Petranovic era un oficial declarado de los campos de concentración. El arzobispo Stepinac era miembro del parlamento del gobierno ustacha. El soporte católico que había tenido Pavelic continuó durante toda su dictadura. Uno de los primeros actos del gobierno ustacha fue proscribir la Iglesia Ortodoxa. Legalizó el asesinato y la deportación en nombre de la religión católica. Los escuadrones de la muerte llegaron a crucificar a algunas víctimas.

Después de diez meses de atrocidades similares a esta, la inauguración del parlamento recibió incluso la bendición del arzobispo Stepinac y del representante del Papa, Marconi. El arzobispo Stepinac ofició en ceremonias de los ustacha y bendijo a voluntarios de las SS. En estas ceremonias estaba el símbolo de la pistola, el puñal y la granada sobre el altar. Los Padres Franciscanos tomaron parte activa en la campaña militar. Ofrecieron sus conventos a Pavelic, que los utilizó como bases militares. En el campo de exterminio de Jesanovac, el mismo comandante era un hermano franciscano.

Poco después de haber llegado al poder, en 1941, Pavelic tuvo una audiencia privada en el Vaticano con el Papa Pío XII. El Foreing Office pidió al embajador británico en la Santa Sede, Dacius Borne, que transmitiese su consternación. En un escrito del Ministerio de AAEE del Reino Unido y la Commonwealth al Vaticano se lee: La acogida de Pavelic es deplorable. Ha hecho más daño a su reputación en este país que cualquier otro acto desde que comenzó la guerra.

Al Vaticano no le importó. En 1942, Giovanni Montini, Subsecretario de Estado, confió a un representante de los ustacha que la Santa Sede no se puede imaginar a un croata que no sea católico.

En Croacia, Pavelic siguió esta política al pie de la letra para hacerla realidad. En mayo de 1943 Pío XII volvió a recibir a Pavelic en otra audiencia privada.

El Padre Graham, historiador del Vaticano, trata de justificar lo injustificable: Yo sé que los británicos y los norteamericanos estaban especialmente molestos y hablé con Timman, encargado de negocios norteamericano, que estaba perplejo e indignado porque el Papa recibido a Pavelic. Pavelic era católico, eso sí, y si iba a ver al Papa como católico, el Papa no se podía negar. Era un católico importante. Así, la explicación del Vaticano a Timman fue que el Papa no lo recibía como Jefe del Estado Croata, sino como católico. Pero eso ya se sabe que es como un reconocimiento implícito del papel que Pavelic tenía como Jefe del Estado de Croacia.

La victoria de Tito en Yugoslavia puso fin al poder político de la Iglesia Católica. El clericato no tenía lugar en el nuevo estado de Tito. Los miembros del antiguo régimen fueron hechos prisioneros o ejecutados. La Croacia católica fue absorbida por la Yugoslavia comunista. A pesar de que la guerra había separado a los ustacha de Croacia, no los separó de la Iglesia. El nexo de unión era Draganovic.

Ivo Omrganin, antiguo diplomático croata que vivía en Roma y que trabajaba estrechamente con Draganovic asegura que Draganovic era un actor que no pasaba desapercibido. Se dejaba caer por cualquier sitio y todos sabían qué hacía.

Monseñor Simcic, uno de los sacerdotes que trabajaba con Draganovic en 1946, dice en una entrevista concedida a Grenada TV: Draganovic hablaba muy a menudo del trabajo del Colegio de San Jerónimo con Monseñor Montini, el subsecretario de estado del Vaticano. Draganovic acudía a Montini para pedirle consejo en los "casos especiales". Tenían unas relaciones excelentes. Draganovic pedía a Montini más visados para "abrir las puertas" a las gentes de los campos de concentración. Muchas veces Montini se dirigió a Draganovic para pedirle que salvase a gente que estaba en peligro. O sea, que sí que hubo una relación personal. ¿Que si Draganovic conocía a Pío XII? Por supuesto que sí. Los presentó Montini y el Papa lo apreciaba mucho porque era un gran hombre.

Aunque es de sobra conocido, el tantas veces citado Padre Graham, corrobora que Monseñor Montini era la mano derecha del Papa para las actividades humanitarias. De hecho era el director operativo, o sea, que sí que tuvo contacto con Draganovic y con otros refugiados. Siempre, claro, dentro de su radio de acción. Y como sabemos, llegó a ser el Papa Pablo VI.

INTERMARIUM.

La jerarquía vaticana permitía que Draganovic ayudase a Pavelic y a otros criminales de guerra a escaparse por el "Ratline". ¿Qué esperaba a cambio el Vaticano?

William Gowen, el agente del contraespionaje norteamericano, descubrió que un grupo secreto anticomunista denominado "Intermarium" tenía la respuesta. Intermarium significa "entre mares" y durante los años 20 y 30 el deseo del Vaticano era conseguir una federación de estados católicos desde el Báltico hasta el Adriático a fin de luchar contra la amenaza de los bolcheviques.

Intermarium era un grupo político formado durante los años 20, después de la Revolución Rusa. Lo componían católicos nacionalistas que querían mantener a raya a los comunistas. Era como un telón católico que atravesaba Europa.

El Padre Graham, historiador del Vaticano lo explica en los siguientes términos: En los años 30, Stalin era un hombre muy poderoso. La propaganda comunista también. Y Pío XI, que murió en 1939, se había opuesto frontalmente al comunismo. Movilizó a todas las organizaciones católicas para luchar contra el comunismo. ¿Estaba equivocado? De ninguna manera. El comunismo era una amenaza para la Iglesia a dos niveles. A nivel teológico -más bien, teorético que ideológico- con la teoría de que Dios no existe; y después, en el nivel que esta sociedad moderna debería basarse en la ausencia de Dios. El segundo nivel es el práctico, el de la simple persecución. Stalin quería aniquilar la Iglesia Católica en la Unión Soviética, y el partido comunista en el extranjero seguía evidentemente las mismas fases cuando podían controlar el poder político. Ellos también seguirían el mismo patrón, de manera que estos dos niveles, era completamente lógico que la Iglesia Católica, y el Papa como su líder, tuviese una imagen oscura de lo que representaba la Unión Soviética, sobre todo con Stalin.

En el Este, la Iglesia Católica luchaba por su supervivencia. Esta lucha la involucró en las intrigas políticas de Intermarium y de las "Ratlines". El capítulo final del escándalo "Ratlines" lo conoció Gowen, el agente del contraespionaje, a través de las declaraciones de Ferenc Vajta, un ex criminal de guerra húngaro. Como informador no podía tener mejores credenciales: antes de la guerra había sido colaborador activo de Intermarium y se había escapado a Roma por el "Ratline". Sus explicaciones estaban llenas de revelaciones considerables. Según él, los servicios secretos ingleses y franceses estaban involucrados en Intermarium antes de la guerra porque financiaban las actividades y protegían a los agentes.

Cuando los ustacha asesinaron al rey de Yugoslavia, los ingleses protegían a uno de los conspiradores. La mano derecha de Pavelic, Abducevic, fue después fue ministro del interior de Croacia en guerra y después agente británico. Intermarium había llamado la atención prebélica de los británicos porque era una organización antibolchevique preparada y los objetivos del servicio secreto de espionaje británico eran los que se consideraban prioritariamente nacionalistas y antibolcheviques.

Sir Stewart Mencias, que dirigió los servicios secretos de espionaje desde 1939 era un antibolchevique acérrimo y formaba parte de la elite británica. Antes de estallar la guerra, algunos miembros de esta elite británica eran abiertamente profascistas y apoyaban a Hitler. Veían a los nazis como protectores de Europa, que la defendían del comunismo y se servían de sus poderes y de su influencia para decirlo. El decano, era el duque de Windsor.

La guerra supuso un golpe mortal a las esperanzas de un pacto entre los británicos y los nazis contra el comunismo. En 1945 todas las esperanzas de contener el comunismo se habían esfumado. El ejército rojo liberó a Europa del Este de los nazis y la ocupó. Los nacionalistas locales, el Vaticano y occidente tuvieron que aceptar que Stalin estuviese en el poder. Los países de Intermarium se convirtieron en el bloque comunista. La guerra había convertido el sueño de un telón católico en un telón de acero.

La guerra supuso una breve interrupción en la lucha contra los comunistas. En palabras de Mr. Bullit, ex-embajador de los EEUU en Moscú, Los comunistas son fascistas rojos. Stalin no se detendrá por voluntad propia. Se le tiene que parar.

LA PARANOIA ANTICOMUNISTA DE POSGUERRA.

En 1945 los servicios secretos británicos y franceses reactivaron la relación con los fascistas, igual que el Vaticano. Cuando Pavelic entró en Austria, William Gowen, el agente norteamericano, informó. En un documento del archivo de espionaje de los EEUU, fechado en agosto de 1947, se informa: Los británicos lo protegieron [a Pavelic] en las instalaciones que ellos custodiaban, durante un período de dos semanas. A causa de la incomodidad que representaba para las autoridades británicas, abandonó estas instalaciones, pero se quedó en la zona ocupada por los británicos dos o tres meses más. Mantenía el contacto con los servicios secretos británicos.

Gowen también informó que de que un teniente coronel británico fue el encargado de vigilar dos camiones cargados con lo que se suponía que eran las propiedades de la Iglesia Católica en la zona británica de Austria. Estos dos camiones entraron en Italia y los dirigieron a un destino desconocido. Era el tesoro que se habían llevado los ustacha cuando huyeron de Zagreb. Parte del oro no salió nunca de Yugoslavia y lo encontraron más tarde en un convento franciscano. Era el oro que habían robado a las víctimas que los ustacha habían asesinado. El tesoro si que salió y fue entregado al Padre Draganovic, que aseguraba que utilizaría el dinero para la liberación de Croacia.

Se hicieron llegar copias del Intermarium libre a los campos de desplazados de Austria e Italia y una emisora de radio ustacha emitía desde el interior de la zona británica.

Sir Ftzroy Maclean, de la Misión Militar Británica: Yo creo que a todos les hubiera resultado dificilísimo mantener un control adecuado en los campos de concentración. En parte porque no había bastante gente para hacerlo, pero lo que sí que creo que consiguieron hacer muchos fue establecer un régimen y administrar solos un régimen propio. En el mercado negro se podía conseguir una pistola a cambio de un kilo de café y eso permitió que muchos se armasen. Hubo desertores y vendidos de un bando y del otro que vivían en las montañas. Eso es justamente lo que los gobiernos aliados y evidentemente el gobierno británico querían que se acabase.

En 1947 se firmó un pacto con Tito. Los aliados entregarían a los altos cargos del partido ustacha, pero no a los militantes de base. Uno de los negociadores fue el general de brigada Fitzroy Maclean. La caza de criminales de guerra no encabezaba la lista de prioridades de los aliados. En palabras del propio McLean: Mi trabajo consistía en formar un equipo para identificar a estas personas. Y en lo posible, seleccionar a las que no tenían cargos en contra, es decir, que no podían ser consideradas criminales de guerra, para tratar de sacarlas de Italia y así poder liberar al gobierno italiano de la presión para devolverlas.

Los campos de concentración estaban llenos de anticomunistas con experiencia bélica adquirida en la lucha contra los soviéticos. Demostraron ser el caldo de cultivo para reclutar a gente de la Intermarium, aunque fueran criminales de guerra buscados.

Ivo Omrcanin, diplomático croata que había trabajado estrechamente con Draganovic, comenta: Comenzó porque los británicos financiaron la acción y, por tanto, todo el dinero dado a Intermarium procedía de la Gran Bretaña, de los británicos.

Ahora Gowen pensaba que el servicio secreto británico estaba detrás de la evacuación por parte del Vaticano del líder del partido ustacha y también del resurgimiento de Intermarium. Las explicaciones de Bachter alertaron a los norteamericanos sobre el potencial de Intermarium como una red anticomunista establecida.

En julio de 1947 Gowen informaba a sus superiores: La característica más destacada de estas complicadas actividades es la incapacidad de estos anticomunistas para encontrar una base estable para sus operaciones. La opinión de esta gente es que una coordinación amistosa por parte de los EEUU construiría una base sólida para el futuro.

Los Estados Unidos se unieron al intento de reclutar a estos anticomunistas. El problema práctico era cómo proteger a estos reclutados del peligro constante de secuestro y de detención por parte de los comunistas. Los juicios en Yugoslavia ponían énfasis en el peligro. El juicio público al arzobispo Stepinac se utilizó como forma propagandística para acusar al Vaticano, al partido ustacha y a Occidente en general de conspirar contra el estado comunista. Los norteamericanos necesitaban una forma secreta de sacar del peligro a sus nuevos amigos y utilizaron al Padre Draganovic.

Según Ivo Omrcanin El cuerpo de contraespionaje norteamericano envió agentes sin avisar. Dijeron que había gente y nosotros les dijimos que bien, que viniesen. Después, esta gente daba un nombre. Seguramente era su nombre de verdad y conseguían los documentos. Entonces podían salir poco a poco con los de raza croata. El Vaticano dio 1000 dólares por cada individuo.

Sucedió lo más impensable: los vencedores de la guerra -los aliados- ayudaban a los criminales de guerra a escaparse con la protección del "Ratline" del Vaticano, muchas veces disfrazados de sacerdotes.

Draganovic tenía el apoyo de los EEUU. En un documento del archivo de espionaje de los EEUU fechado en julio de 1948 se afirma: El acuerdo consiste en una simple ayuda mutua. Estos agentes ayudan a personas de interés para el P. Draganovic y, a cambio, el P. Draganovic ayudará a personas de interés para esta comandancia. Algunas de estas personas pueden ser de interés para la política de "desnazificación" de los aliados. Por tanto, esta operación no puede recibir de ninguna manera el beneplácito oficial.

Allen Douglas y James Jesus Angleton, que años después dirigirían la CIA, utilizaron las "Ratlines" para sacar a escondidas de Alemania a científicos y expertos en espionaje nazis. Así es como Klaus Barbie se escapó y fue a Bolivia. A Barbie se le conocía como "el carnicero de Lión" y era buscado por los franceses. Después de la guerra fue reclutado por los americanos y trabajó para el contraespionaje en Munich. Los franceses lo descubrieron y exigieron la extradición. El contraespionaje dio instrucciones para que Barbie no fuese entregado, a pesar de que el Departamento de Estado de los EEUU afirmase en público lo contrario. Klaus Barbie sabía demasiado. A los conservadores franceses no les convenía que hablase porque podía revelar que algunos colaboradores de De Gaulle habían sido informadores nazis. Concretamente, Barbie amenazó con decir que había obtenido información de François Poncet durante la guerra. Esto podía proporcionar a los comunistas franceses un golpe de propaganda espectacular.

François Poncet había sido el representante de De Gaulle en la Cruz Roja Internacional y era al Alto Comisario francés para Alemania. Para no poner en un compromiso a los amigos conservadores de Francia, Dulles envio a Klaus Barbie a través del "Ratline". Cuando Klaus Barbie conoció a Draganovic, le preguntó por qué colaboraba. Draganovic dijo que si ayudaba a salvar nazis y anticomunistas, era "porque se ha de conservar una especie en reserva de la cual nos podamos servir en el futuro".

Sir Ftzroy Maclean: Draganovic continuó ejerciendo de sacerdote mientras hacía todo lo que podía para el partido ustacha. Yo creo que fue un miembro activo de este movimiento desde el principio.

El P. Draganovic no estaba solo. Sacerdotes de Alemania, de Italia, de Austria y de Hungría tenían sus propios "ratlines". El Vaticano conocía perfectamente los crímenes de la II Guerra Mundial, pero, aun así, permitió que sus sacerdotes protegiesen a los culpables. ¿Por qué? ¿Qué sacaba el Vaticano? El Vaticano era explotado por algunos de los peores criminales de guerra del s. XX, pero era explotado con consentimiento. La paranoia sobre el comunismo cegó a los líderes de la Iglesia católica ante la diferencia entre el bien y el mal. Traicionaron la fe de millones de personas. El Vaticano, en nombre de la caridad cristiana, estaba salvando a criminales de guerra.

¿Qué ganaban los aliados con la "Operación Ratline"? La red Intermarium, que reavivaron después de la guerra, estaba llena de espías soviéticos. El hombre que los británicos designaron para que dirigiese las operaciones antisovéticas, con el reclutamiento de nazis incluido, fue Kim Philby. Philby desertó en Moscú en 1963. La CIA tuvo que volver a revisar todos los salvoconductos de seguridad que se habían dado a los fugitivos nazis por el MI-5 y el MI-6. Más de una década de operaciones de la guerra fría estaba comprometida y no se podía hacer nada.

¿Quién sacaba provecho? Los únicos que salieron ganando fueron los miles de criminales de guerra buscados que se escaparon por las "ratlines". Dejaron Europa devastada con sus crímenes y, a cambio, recibieron nuevas vidas con nuevas identidades. Era la recompensa por haber luchado contra los comunistas antes, durante y después de la II Guerra Mundial.

Fuentes:
Mundo Laico
Jasenovac Reasearch Institute

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