Historia infame

El internamiento psiquiátrico en España

Escrito por Luis Fernando Barrios Flores el . Publicado en Historia infame

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El internamiento psiquiátrico en España: de Valencia a Zaragoza (1409-1808)*

Resumen

En 1409 un fraile mercedario, el P. Jofré inaugura en Valencia el que para buena parte de la doctrina fue el primer manicomio, propiamente tal, de la historia. Con independencia de la discusión sobre su primacía, lo cierto es que este establecimiento es exponente de una tradición humanitaria que materializada en la creación de numerosos establecimientos psiquiátricos en España y en América, llega hasta los albores del s. XIX y que influye -en este caso a través de las descripciones del Manicomio de Zaragoza- en la obra del más conocido adalid de la reforma psiquiátrica, Philippe Pinel.

Los Manicomios de Valencia y Zaragoza se constituyen así en paradigmas del inicio y del ocaso de la asistencia psiquiátrica en España en el período 1409-1808.

El manicomio de Valencia

Aunque existen varios precedentes de establecimientos hospitalarios en la ciudad de Valencia,1 lo cierto es que no será hasta 1409 cuando el Padre Jofré funde un manicomio en el sentido específico del término. Fray Juan Giliberto Jofré, nació en Valencia el 24 de junio de 1350 y tras estudiar Derecho en Lérida regresaría a su ciudad natal en donde tomaría los hábitos de la Orden de la Merced. Además de sus condiciones como buen predicador y de hábil trato en lo político, destacan en lo que aquí interesan dos cualidades: su labor como redentor de cautivos (cuando fue vicario del convento de Lérida solicitó en 1391 al rey Juan I su intercesión en favor de los cautivos) y su dedicación a pobres y desamparados (además de lo que a continuación se dirá fundó un hospicio para niños abandonados en Valencia en 1410 y una hospedería para peregrinos pobres en El Puig en 1416).

Es en esta última condición en donde se inserta el relato que sigue. El 24 de febrero de 1409 cuando Jofré se dirigía a la catedral de Valencia (en ese mismo año sería nombrado Comendador de Valencia) contempló cómo un grupo de muchachos insultaba y apedreaba a un loco. Consternado, mudaría el previsto contenido de su sermón, y tal como narra el Libro Becerro proclamó:

"En la present ciutat ha molta obra pía é de gran caritat é sustanció: empero una ni manca, que´s de gran necesitat, so es un hospital o casa hon los pobres inocents é furiosos acollits...perque sería sancta cosa é obra molt sancta que en la ciutat de Valencia fos feta una habitació ó hospital en que semblants folls é inocents estiguesen en tal manera que no anasen per la ciutat ni poguesen fer dany nils ne fos fet".2

Era, en suma, necesaria la creación de un hospital o casa que acogiese a locos e inocentes para que no deambulasen por la ciudad y pudieran sufrir daños. El sermón fue escuchado por Lorenzo Salom (o Saloni), quien junto a otros diez amigos portaron los fondos necesarios para su materialización. Comienzan las obras el 9 de mayo del mismo año y tras obtener los pertinentes permisos del rey D. Martín3 (en diciembre de 1409 para el comienzo de la fábrica, el 7 de febrero de 1410 el privilegio de dar por amortizados los bienes para la manutención y conservación y el 15 de marzo de 1410 las Constituciones para su administración y gobierno) y delPapa Benedicto XIII (Bula de 16 de mayo de 1410), se inauguró el 1 de junio de 1410 el "Hospital d´inocents, follcs i orats" bajo el amparo de la Virgen, Nuestra Señora de los Inocentes y de los Desamparados.

El hecho de que fuera precisamente en Valencia donde se erigiera una institución de estas características no fue probablemente ajeno a la prosperidad de este territorio en la época. Efectivamente, solo el reino valenciano, entre los que componía la Corona de Aragón, superó con éxito la crisis económica de los siglos XIV-XV. La pujanza económica del reino fue causado sin duda por la riqueza del suelo, pero también al crecimiento demográfico y urbanístico de la ciudad, el esplendor de la vida ciudadana y a la potencialidad financiera.4

Tan temprana preocupación por la asistencia a los enfermos mentales se ha pretendido explicar básicamente de dos formas. Por un lado se ha querido ver la influencia benéfica de la civilización árabe en lo que al tratamiento de la locura respecta.5 A diferencia de los pueblos occidentales, para quienes los locos eran "posesos" los pueblos orientales percibirían la locura como resultado de una "visita divina". De este modo los frailes de la Merced en contacto con los musulmanes por su labor de rescate de presos-asimilarían tal tradición -que incluso pretende remontarse al siglo VII según el testimonio dado por León el Africano-, Por otro lado, no faltan autores que no dudan en residenciar en la caridad cristiana el origen de tan humanitario trato. Por eso se dice que "el hospital ha sido una consecuencia práctica de una idea religiosa, sin la cual la Medicina no sería hoy lo que es", pues en aquel tiempo frente a la locura cabían dos tratamientos antitéticos: "la Iglesia empleaba los medios suaves del exorcismo; el Estado los conducía a la hoguera".6 Pero esta justificación sobre la base de la "caridad" no satisface a todos. Así González Duro,7 apoyado en el testimonio que realizara Gaspar Escolano en 1610 defiende que el real motivo de la creación del hospital valenciano sería la solución de una problemática social grave, el elevado número de pobres, vagabundos y locos que deambulaban por aquel entonces por Valencia.

En otro orden de cosas, ha sido intensa la polémica en torno a si cabe calificar de primer manicomio del mundo el establecimiento creado por el P. Jofré. Un sector de la doctrina mayoritario en España8 aboga por la primacía del establecimiento de Valencia. Incluso modernamente se ha puesto de manifiesto que si bien existieron otros establecimientos de acogida de dementes en épocas anteriores, falta en todos ellos el dato decisivo, la presencia de tratamiento sanitario. Ni el Bar el Maristan de Bagdad (s.XII), ni el Maristan de Granada (1365-1367) alcanzaron el grado de especialización al que llegó el Hospital de Valencia.9 Para Merenciano la primacía, que constituye un auténtico "descubrimiento" es inequívocamente imputable a Valencia:

"En este momento histórico y en este ambiente, un frailecito se atreve a decir que los locos son enfermos y que deben ser recogidos en un hospital para su curación. Este hecho insólito es lo más revolucionario que pudiera darse en aquellos días. Este afrentar una verdad médica contras las creencias religiosas y las conveniencias sociales se realiza en Valencia".

Y este descubrimiento tiene un sentido médico:

"Por primera vez en la Historia se expresa un sentido genuinamente médico de la locura con todas sus consecuencias: inocencia, irresponsabilidad, peligrosidad de origen psicopatológico, necesidad de tratamiento "especializado".10

Otra corriente de autores -anglosajones, por supuesto11 residencian en el Hospital de Betlehem (Inglaterra) la primera institución mental europea, pues fundado en 1247 por Enrique II, a partir de 1377 recibiría a enfermos mentales, aunque los mismos autores españoles antes citados ponen de manifiesto que hasta 1473 no se recibía en él asistencia propiamente médica.

Por su parte, Comelles12 mantiene una posición escéptica. Repara este autor en cómo la frecuente confusión entre asistencia y terapéutica propicia el empleo de la "mirada médica" y halla una nosología científica en tiempos en los que los criterios nosográficos poco tenían que ver con los actuales.

Personalmente considero no excesivamente relevante esta polémica a la que sin embargo he querido dedicar unas líneas por la intensidad con que históricamente se ha planteado. Lo realmente trascendental, y de ello se dejará testimonio en las siguientes páginas, es que en España se inicia tempranamente una corriente humanitaria en el tratamiento de la locura, corriente que extiende sus efectos hasta los mismos inicios del XIX. Esta corriente anclaría sus orígenes -según los partidarios de la raíz cristiana en el tratamiento de la locura- en la obra de los santos Cosme y Damián (s. IV), el interés de San Isidoro de Sevilla (ss. VI-VII) o las previsiones de protección jurídica del loco en las Siete Partidas de Alfonso X el Sabio (s. XIII).

En lo referido a la descripción de este hospital, recuérdese cómo el rey D. Martín autorizó las normas por las que habría de regirse esta institución. Especial interés tiene el recordar cuáles fueron las condiciones para el ingreso en él. El Libro Becerro13 especifica en su norma 6ª.

"Que el Clavario del Hospital pudiera recoger por grado o por fuerza los locos que hallare por la ciudad; no comprendiéndose en esta medida los que sus padres o curadores tuviesen cerrados".14

Es esta una figura trascendental en la vida y régimen del Hospital, el "Clavario" u "Hospitaler" era un cargo que recaía en uno de los 10 administradores del establecimiento (en sus inicios fue el propio Lorenzo Salom), y que ostentaba asimismo funciones de representación. El vulgo le denominaría "pare dells folls", denominación que como adivinable tiene analogía a las preexistentes figuras del "padre de huérfanos" o "padre de pobres". A juicio de González Duro15 el "Clavario" asumía dos funciones: en lo externo, desempeñaba una auténtica labor de policía sanitaria (recogida de locos por la ciudad); en lo interno, asumía la función disciplinaria. El trato en principio era correcto, pero solo si se cumplían las indicaciones y obligaciones de régimen interior, de lo contrario el castigo corporal, la colocación de grilletes o en encerramiento en jaulas o gavias era la respuesta institucional.

Sobre el tratamiento en esta institución no sabemos demasiado. Desde luego, el mero hecho de tener a los dementes en sitio adecuado, protegiéndolos del hambre, del frío y de los malos tratos ya era un avance notable. Pero el tratamiento propiamente tal en la práctica se limitaba a la terapia ocupacional: los varones en la huerta, las mujeres tejiendo.16 También pueden apreciarse algunos criterios clasificatorios, anticipo de lo que con el paso del tiempo se convertiría en regla básica de este tipo de instituciones.17

El Hospital de Valencia tendría gran fama al menos hasta el s. XVI, buena muestra de ello son los elogios que de él hace Lope de Vega en su obra "Los locos de Valencia"18 que no dejan lugar a dudas:

"Oíd: que habéis de haceros tan furioso,
que todo el mundo por furioso os crea.
Tiene Valencia un hospital famoso,
adonde los frenéticos se curan
con gran limpieza y celo cuidadoso,
Si aquí vuestros peligros se aventuran,
y os encerráis en una cárcel destas,
creed que de la muerte os aseguran..."

Tras el Hospital de Valencia se sucederá la construcción o habilitación de espacios manicomiales. Además del de Zaragoza al que a continuación dedicaremos especial atención, se fundará en Sevilla un establecimiento en 1436 por Marco Sancho, en el cual se practicará la hidroterapia. En Valladolid se fundaría por el auditor de la Cancillería de Estado D. Sancho Velázquez de Cuéllar otro manicomio. En Palma de Mallorca se crearía otro, dentro del hospital general (1457). En Toledo se crea el Hospitales de los Inocentes (1480). En Granada, en 1527. Y en Barcelona, el Hospital de la Santa Cruz, en donde al parecer ya se recogían religiosos y perturbados desde 1412, sería reedificado en 1680 y constituyó el precedente del establecimiento modelo dirigido por Pi i Molist desde 1889. Perduraría hasta 1978.

Otro tanto sucedería en América en donde Fray Bernardino Álvarez creó la Orden religiosa de San Hipólito para "curar locos", fundando hospitales para este tipo de enfermos en Oxtepec, Zalapa, Perote, San Juan de Ulúa, La Habana, Puebla de los Ángeles, Antequera en el valle de Oaxaca, Querétaro y Acapulco.19

El desarrollo de esta concepción profundamente humana de atención al enfermo mental sería anticipo práctico de toda una corriente doctrinal especialmente respetuosa con la libertad y la dignidad de la persona. Me refiero en concreto a la llamada "Escuela de Salamanca".

Con raíces en la primera cátedra de Teología de 1416 (Bula Sincere de Benedicto XIII reorganizando los estudios salmantinos), se otorga tal nombre a un conjunto de maestros que aún partiendo del campo teológico irradiarán sus concepciones en los terrenos ético y jurídico que se suceden en las dos Cátedras (Prima y de Vísperas) de Teología. Fueron ocupantes de la primera: Francisco de Vitoria (1526-1546), Melchor Cano (1546-1551), Domingo de Soto (1552-1560), Pedro de Sotomayor (1560-1564), Mancio de Corpore Christi (1564-1575), Bartolomé de Medina (1576-1581) y Domingo Báñez (1581-1604).

Francisco de Vitoria, constructor de una teoría del derecho internacional público que presta especial atención al fenómeno de la guerra (De iure belli), abordará también en sus Relectiones otros problemas prácticos tanto políticos como morales (suicidio, homicidio...) Melchor Cano, en De locis theologicis profundizará la indagación teológica al ser buen conocedor de las fuentes positivas. Domingo de Soto centrará sus estudios sobre el tema de la justicia (De ilustitia et iure) y hace exégesis de la obra tomista. Bartolomé de Medina llevará a cabo interesantes indagaciones psicológicas, éticas y estéticas, al destacar su teoría del amor y de la belleza cimentada sobre los conceptos de fin y de voluntad, y realizará aportaciones sobre el Derecho de gentes. Domingo Báñez polemizará en torno al tema de la libertad humana (De iure et iustitia decisiones). Al margen de la Escuela de Salamanca cómo no citar la labor de Diego de Covarrubias y Leyva.

El manicomio de Zaragoza

Pocos años después de la inauguración del Hospital psiquiátrico valenciano se crea una institución similar en Zaragoza.20 El interés de esta institución radica en su perduración temporal, lo que permitiría que sirva de ejemplo del movimiento reformista psiquiátrico que se irradia por Europa a fines del XVIII y principios del XIX. Pero, paradójicamente, diversos factores quisieron que el nacimiento del internamiento psiquiátrico moderno coincidiera con el ocaso de la tradición asistencial española.

Según papeleta obrante en el Archivo del Ayuntamiento de Zaragoza,21 el rey Alfonso V había ordenado el 2 de febrero de 1425 la compra de unas casas para el acogimiento de enfermos. La fundación tenía las características de beneficencia general, en el sentido de que se acogían en ella ya no solo personas aquejadas de enfermedades comunes sino también enfermos contagiosos, dementes, expósitos y mujeres desgraciadas.

En el frontispicio de este Hospital se encontraba la leyenda: "Domus Informorum, Urbis et Orbis", indicativa de la apertura de la institución a cualquier persona de cualquier origen o condición que precisara estar asistida: "Había dos quartos grandes para locos y locas. Eran éstos de todas las naciones", dirá el P. Murillo en "De las excelencias de Zaragoza" (1615), según relata Royo.

En lo que al aspecto psiquiátrico respecta, el establecimiento estaba destinado a "recoger a los insensatos, evitar los insultos a que se hallaban expuestos, mejorar su situación y procurar restablecerles el juicio", todo ello da lugar a que Royo pueda afirmar que:

"La fundación del Hospital de Nuestra Señora de Gracia marca el punto desde el cual los dementes dejaron de ser considerados como seres extraordinarios, y a la antigua apreciación de considerarlos como poseídos del demonio, o como abortos de la Naturaleza, sigue la de considerarlos como enfermos, tanto que eran asilados junto a los mismos enfermos comunes."22

Como señalan Fernández Sanz y Royo Sarría,23 lo peculiar de la "Casa de Locos" de Zaragoza fue el hecho de ser de fundación oficial, "gubernamental, por decirlo así" a diferencia de las otras instituciones de la época (Valencia, Sevilla y Toledo, concretamente), que fueron producto de la iniciativa particular. De ahí que, como señala la papeleta obrante en el archivo municipal: "el dicho Sr. Rey, querient probeir á los pobres enfermos, había feito comprar unas casas...".

La admisión en el Hospital Nuestra Señora de Gracia era precedida de un examen, para saber según las "Ordinaciones" del Hospital24 si son locos o no. Tras la admisión una Junta de médicos determinaba la forma, medios y tiempos en que habían de poner en cura los locos. Según una papeleta obrante en la biblioteca de D.A. de San Pío,25 el ingreso se hacía conforme a las siguientes formalidades:

"Para ser admitidos por dementes, todos han de traer información jurídica de ser locos, y también de pobreza, si se han de admitir como pobres. Y porque la experiencia ha acreditado que, aún con la información de dementes, se tomó la resolución de que, antes de asentarlos por locos ni pasarlos al departamento, se detengan en la sala de enfermos, siendo visitados de médicos, y que éstos se hagan cargo de si están o no locos, para admitirlos por tales o despacharlos".
Para los hombres, establecían las Ordenaciones de 1723, había un Padre y para las mujeres una Madre.
"los cuales tendrán cuidado de vestirlos y hacer que anden limpios, mudándoles camisas y ropa de cama a sus tiempos y que coman a sus horas".

Este paternal tratamiento se completaba con la laborterapia. Laborterapia a la que el P. Murillo se refería en estos términos:

"Son estos locos y locas del mucho provecho, porque las locas lavan los paños y hacen las coladas y otras cosas en las quadras de las mujeres, y los locos sirven en algunos ministerios tan asquerosos que, si tuvieran juicio, con dificultad se aplicarían a hacerlos, si no tuvieran muy grande caridad".

La importancia de la laborterapia en el Manicomio de Zaragoza puede verse en unas reglas u ordenaciones llevadas a cabo por encargo de Felipe V por D. Miguel Escartín, Obispo de Lérida, en 1723.26

"Dentro de la Casa, harán trabajar a los locos en todos los ministerios y servicios que pudiesen hacer conforme a su disposición; y a las locas, en hilar, coser, hacer roscadas y otros ejercicios, y pondrán cuidado los regidores...
Porque entendemos que hay mucha necesidad de que se tenga particular cuidado en la curación de los locos, y siendo enfermos como los demás, es justo que se les apliquen los remedios necesarios".

En cuanto a la asistencia médica, según las mismas "Ordenaciones" de 1723, se establecía la presencia de dos médicos residentes, nombrados por oposición, los cuales tenían obligación de visitar a cada enfermo dos veces al día (una entre 7 y 8 de la mañana y otra entre 2 y 3 de la tarde). El tratamiento farmacológico era la última ratio, ya que los médicos (dirá la papeleta de la biblioteca de D. A. de San Pío) "sólo acostumbran medicinar a los que están muy coléricos o frenéticos".
En lo que respecta a la vigilancia según la documentación de D. A. de San Pío:

"El personal de vigilancia se compone de un padre vigilante mayor y varios padres menores, y un eclesiástico destinado para celar que los locos sean asistidos y cuidados con puntualidad. Las locas tienen un padre mayor y la mujer de éste, que sirve de madre principal, y dos madres inferiores".

No es en absoluto desdeñable la influencia de la experiencia asistencial española, concretamente de la información sobre el Hospital de Zaragoza en Pinel. Lo cierto es que José Iberti, a instancias del "Comité de Mendicidad" de París emitió un informe que lleva por título "Detalles sobre el Hospital de Zaragoza", que sería publicado en París en 1791 y fue obviamente conocido por Pinel.27

Además de contener diversa información sobre la apertura asistencial del establecimiento sin distinción alguna, a las condiciones de las dependencias y del vestuario y alimentación de los pacientes, dos datos en él contenidos son especialmente relevantes: el relativo al tratamiento y el concerniente a las condiciones de ingreso:

En lo relativo al tratamiento relata textualmente Iberti:

"En cuanto al tratamiento, se emplean los baños de agua dulce, los refrescantes; pero estos medios son, por lo general, infructuosos. Es asimismo difícil practicarles remedios durante los accesos, sobre todo las sangrías, pues pueden deshacer el vendaje; mas una experiencia constante ha demostrado en este Hospital que el medio más eficaz es la ocupación o un trabajo que ejercite sus miembros. La mayor parte de los locos que se emplean en los talleres u oficios de la casa curan en general. Los empleos que se dan a los locos en este Hospital son los de limpiar la casa, a excepción de las salas de enfermos, de llevar el agua, el carbón, la leña. Se les emplea en la cosecha, trilla, vendimia, en la recolección de la oliva, en arrancar las malas hierbas del campo; se les encarga también de llevar los enfermos y los heridos en las camillas, siempre bajo la inspección de uno de los guardianes que se llama padre".

Por lo que respecta a los requisitos de ingreso:

"Para que se pueda admitir un loco en este Hospital hace falta que se presente un certificado firmado por los oficiales de justicia, el cura y el médico del lugar, con la declaración de indigencia del enfermo y de sus familiares".

Sin embargo, en contra de lo que afirman algunos autores Pinel no llegó a visitar Zaragoza. Pero lo cierto es que la influencia del modelo asistencial zaragozano en Pinel es manifiesta, y no solo por la cita que de este manicomio hace sino incluso porque con la tan famosa ruptura de las cadenas por parte de Pinel, lo que este hace no es sino equiparar el manicomio francés al español, ya que "los locos de Zaragoza nunca tuvieron cadenas", concluirá Royo Sarría.28

El Manicomio de Zaragoza sería absolutamente destruido por los bombardeos del 3 de agosto de 1808 y la destrucción que conllevó la entrada en él de tropas francesas al día siguiente.

Aunque nuestro relato cronológico termina aquí, en 1808, merece la pena dar una idea de la elección de esta fecha. No es casual. Marca la constatación del ocaso de la tradición asistencial psiquiátrica en España.

A comienzos del XIX comienza un proceso de degradación asistencial que puede imputarse a las desamortizaciones, a los destrozos ocasionados por la guerra, a la pérdida de las colonias americanas, a la indefinición jurídica de este tipo de asistencia y a la crisis ideológica y jurídica.29

El fenómeno desamortizador tuvo muy directa repercusión en la degradación de la asistencia psiquiátrica en este período.30 Ya la primera legislación desamortizadora (Godoy, 1797) tiene por objetivo los bienes de hospicios y hospitales. La segunda época desamortizadora (Mendizábal) hará el resto. Por su parte la Guerra de la Independencia supuso el saqueo de patrimonios muebles y la destrucción de inmuebles dedicados a la asistencia psiquiátrica (como ejemplo el modélico establecimiento de Zaragoza fue incendiado y destruido por completo). Pero es que, al margen del fenómeno directamente destructivo de la contienda, la propia situación bélica desarticuló el sistema de compensación previsto por la legislación desamortizadora, lo que provocó en las instituciones asistenciales una carencia de medios manifiesta.31 A ello hay que añadir la desaparición de un, hasta entonces, relevante soporte económico: las colonias americanas. Emancipadas casi todas ellas dicho soporte desapareció. Las sucesivas crisis políticas posteriores a la Guerra de la Independencia y que van más allá del reinado de Fernando VII provocaron una indefinición en la regulación asistencial produciéndose un auténtico vacío en este sentido: eliminados los derechos jurisdiccionales de hospitales y hospicios no se promulgaron los instrumentos legales que aseguraran la tutela del Estado sobre ellos con la consecuencia inevitable de que las instituciones quedaron confiadas a su suerte durante medio siglo.32 La publificación de la asistencia psiquiátrica no resolvió en modo alguno el problema, ya que la Ley de Beneficencia de 23 de enero de 1820 y su Reglamento de 6 de febrero de 1822 obliga a que las Casas de Locos pasen a las Juntas Municipales de Beneficencia, las cuales carecían de medios para su mantenimiento.33
Las consecuencias de ello fueron que los departamentos de dementes de los hospitales quedaron relegados y el loco -periclitado el movimiento ilustrado-volvió a considerarse básicamente como un peligro.34 Al propio tiempo, y por sí fuera poco, creció la corrupción y la ineficacia.35

En fin, que primeramente empeoraron las condiciones materiales por falta de recursos económicos, para después irse borrando todo atisbo asistencial.36 Por ello, años después de los comentarios laudatorios de Pinel, la descripción que hace Esquirol es absolutamente contraria y negativa.37

A principios del XIX funcionaban los manicomios de Valencia, Zaragoza, Sevilla, Toledo y Valladolid, a la vez que existían hospicios para enajenados y manicomios adscritos a hospitales generales en otras ciudades.38 Pero avanzado el siglo, la situación se volvería tal que Giné y Partagás afirmará:

"En España, no obstante haber sido los iniciadores de tan santa institución, estamos en este punto tan sumamente rezagados, que casi debemos contentarnos con tener una página gloriosa en la historia de la filatropía".39

Vendrían después tiempos aciagos, marcados por un deseo de mimetizar legislaciones foráneas (Ley de internamientos francés de 1838) pero, sobre todo, por un hecho constatado por los escasos trabajos que sobre esta época existen,40 la utilización del internamiento con un inocultable componente clasista: se internarán en instituciones benéficas -públicas o privadas- aquellos enfermos que no puedan -o no se deseen acoger- por familias acomodadas.

Referencias bibliográficas

  1. De los que da buena cuenta Nogales A. La enfermería y el cuidado de los enfermos mentales en el s. XV. Cultura de los cuidados 2001;9:15-21.
  2. Libro Becerro manuscrito por Manuel Calvo el 22 de diciembre de 1848, p. 1. Se traduciría por: "En esta ciudad hay muchas y muy importantes obras pías y caritativas; una falta, sin embargo, y es muy necesaria; ésta es, un hospital o casa en donde los pobres inocentes y furiosos sean recogidos... porque sería una cosa y obra muy santa que Valencia construyera un albergue u hospital en le que tales locos e inocentes estuviesen de tal manera que no deambulasen por la ciudad y no pudieran hacer ni recibir daño". Recogido por Merenciano FM. Vida y obra del P. Jofré. Archivos Iberoamericanos de Historia de la Medicina. 1950;II(2):318.
  3. Real privilegio recogido en Domingo F y Calatayud J. El primer hospital psiquiátrico del mundo. Valencia: Diputación Provincial, 1959. Recogido por López Piñero JM. Antología de clásicos médicos. Madrid: Triacastela, 1998:122-123.
  4. Cfr. Martín JL. La Península en la Edad Media, Barcelona: Teide, 1980:903-912. Que se basa para hacer tal afirmación en las descripciones de Francesc Eiximenis ("Regiment de la Cosa pública"), el anónimo "Doctrina compendiosa" y los trabajos de Álvaro Santamaría y Leopoldo Piles.
  5. Alexander FG y Selesnick ST. Historia de la Psiquiatría. Barcelona: Espax, 1970: 150; Fernández E. Historia de la asistencia a los alienados. Trabajos de la Cátedra de Historia Crítica de la Medicina 1932-1933; I:47 y Royo JM. El Manicomio de Zaragoza (Seis siglos de fundación). Trabajos de la Cátedra de Historia Crítica de la Medicina 1935-1936;VII:58.
  6. Merenciano FM. Vida y obra del P. Jofré. Archivos Iberoamericanos de Historia de la Medicina 1950;II(2):308ss.
  7. González Duro E. Historia de la locura en España. TI. Madrid: Temas de Hoy, 1994:28-35.
  8. Partagás JR. Hospitales de Valencia en el siglo XV. Su administración, régimen interior y condiciones higiénicas. Madrid, 1927; Simó D. Notas históricas del Hospital de Inocents, follcs i Orats de Valencia. Valencia, 1957; Merenciano FM. Op. cit. 309-359.
  9. Barcia D. Historia de la psiquiatría española. Madrid: You & Us, 1996-107-111; López Ibor JJ y López-Ibor Aliño JJ. Historia de la psiquiatría española. En: Ruiz Ogara C López-Ibor Aliño JJ y Barcia D. Psiquiatría. Barcelona: Toray, 1982:31-32. Sobre el Maristán de Granada García Granados JA, Girón E. y Salvatierra V. El Maristán de Granada. Un Hospital islámico. Granada, 1989.
  10. Merenciano FM. op. cit.: 314, 323.
  11. Eager R. The Treatment of Mental Disorders (Ancient and Modern). Exeter, 1945; Zilboorg, History of Mental Psychology. New York, 1941 y O´Donoghue. The story of the Betlehem Hospital from its foundation in 1247, 1914; New York, 1945.
  12. Comelles JM. La razón y la sinrazón. Asistencia psiquiátrica y desarrollo del Estado en la España contemporánea. Barcelona: PPU, 1988:37.
  13. Citado por Merenciano FJ. Op. cit.; 324ss.
  14. Según el "Llibre de costums generals scrites de la insigne ciutad de Tortosa". "Puede uno prender a su pariente loco u orate, por su propia autoridad y conservale y retenerle preso en hierros o en otra cárcel, hasta que haya recobrado el sentido o haya muerto, para que no haga daño en personas o cosas. Y por muy grande que sea el daño que haga, el orate o loco no puede ser castigado ni puesto en tormento. "
  15. González Duro E. Historia de la locura en España. T.I. Madrid: Temas de Hoy, 1994:32-33.
  16. Merenciano FJ. Op. cit.; 326.
  17. Comelles JM. La razón y la sinrazón. Asistencia psiquiátrica y desarrollo del Estado en la España contemporánea. Barcelona: PPU, 1988:34.
  18. Lope de Vega F. Los locos de Valencia. Madrid: Aguilar, 1996.
  19. Barcia D. Historia de la psiquiatría española. Madrid: You & Us, 1996 y Merenciano FM. Op. cit.: 337.
  20. Cfr. en general sobre este establecimiento Fernández Doctor A. El Hospital Real y General De Gracia de Zaragoza en el s. XVIII. Zaragoza: Instituto Fernando el Católico, 1987.
  21. Royo Sarría JM. El Manicomio de Zaragoza (Seis siglos de fundación). Trabajos de la Cátedra de Historia Crítica de la Medicina 1935-1936; VII: 59ss.
  22. Royo Sarría JM. Op. cit.; 61. Lo más relevante de este establecimiento sería, según la doctrina, la introducción del "tratamiento moral", desde su misma fundación; López Ibor JJ y López-Ibor Aliño JJ: op. cit.; 33. Cfr. Gimeno Riera J. La casa de los locos y el Hospital de Nuestra Señora de Gracia. Zaragoza, 1808.
  23. Fernández Sanz E. Historia de la asistencia a los alienados. Trabajos de la Cátedra de Historia Crítica de la Medicina 1932-1933; I: 49, 51 y Royo Sarría JM. Op. cit.; 58.
  24. Ordinaciones del Hospital Real y General de Nuestra Señora de Gracia de la Ciudad de Zaragoza. Zaragoza, 1723: 81ss. Cfr. Royo Sarría JM. Op. cit.; 64 y Jiménez Salas M. Historia de la asistencia social en España en la Edad Moderna. Madrid: CSIC, 1958:166.
  25. Para la descripción de estas Ordinaciones sigo a Royo Sarría JM. Op. Cit.
  26. Fernández Sanz E. op. cit.; 53.
  27. El informe se titula "Detalles sobre el Hospital de Zaragoza, en España, destinado especialmente al tratamiento de locos o maníacos, por M. Iberti, Doctor en Medicina", y fue publicado en La Médecine eclairée par les sciences physiques, au Journal es écouvertes relatives aux différents parties de 1´ art de guerir, bajo la Dirección de Fourcroy (París, 1791, T. II: 315-318). El informe aparece reproducido en Espinosa Iborra J. Un testimonio de la influencia de la psiquiatría española de la ilustración en la obra de Pinel: el informe de José Iberti acerca de la asistencia en el Manicomio de Zaragoza (1791), Asclepio 1964;XVI:179-182.
  28. Royo Sarría JM. Op. cit.: 79.
  29. Comelles JM. Op. cit.; 39-41.
  30. Hay acuerdo doctrinal al respecto: Espinosa Iborra, J. La asistencia psiquiátrica en la España del siglo XIX. Tesis Doctoral. Valencia, noviembre 1965:41-43; Comelles JM. Op. cit.: 39-40; Barcia D. Op. cit.:130ss.
  31. Espinosa Iborra J. La asistencia psiquiátrica en la España del siglo XIX. Op. cit.: 41-42; Comelles JM. Op. cit.: 40.
  32. Álvarez-Uría F. Miserables y locos. Medicina mental y orden social en la España del XIX. Barcelona: Tusquets, 1983.
  33. Cfr, Arias Miranda J. Reseña histórica de la Beneficencia española. Madrid, 1862.
  34. Espinosa Iborra J. La asistencia psiquiátrica en la España del siglo XIX. Op. cit.:44.
  35. Fontana J. La quiebra de la monarquía absoluta. Barcelona: Ariel, 1971.
  36. Espinosa Iborra J. La asistencia psiquiátrica en la España del siglo XIX. Op. cit.:45-46.
  37. Esquirol E. Maisons d´aliénés. En: Dictionnaire des sciences médicales. Vol. 30. Paris, 1818:47-95.
  38. Bertolín JM. Dispositivos de asistencia psiquiátrica en la España contemporánea del período de "entresiglos". Asclepio 1993;XLV(1):195.
  39. Gine y Partagás J. Curso elemental de higiene privada y pública. T. II. Barcelona: Librería de Juan y Antonio Bastinos Edits., 1882: 420. La culpa, según Gine no es achacable a los médicos, sino a la Administración pública "que raras veces se ha dignado fijar su atención en este asunto".
  40. Muy especialmente Bercovitz R. La marginación de los locos y el Derecho. Madrid: Taurus, 1976.

Luis Fernando Barrios Flores. Hospital Psiquiátrico Penitenciario de Alicante, España.

*Por los interesantes comentarios realizados por el autor en las referencias bibliográficas, el Comité Editorial de esta Revista decidió publicarlas tal y como fueron presentadas.

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