¿Pagar por prestar libros?

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La anulación de las tarifas del canon digital reabre el debate del canon bibliotecario

El debate ha vuelto a reabrirse a raíz de la eliminación de las tarifas del canon digital. En las bibliotecas, la noticia sirve para volver los pasos sobre el debate del canon en las bibliotecas. La recaudación roza el millón de euros anual. Blanca Calvo, directora de la Biblioteca, impulsó la Plataforma Bibliotecarios Contra el Canon. La crisis "llevará a replantearnos el modelo de propiedad intelectual", dice. El Ministerio de Cultura es quien paga por los libros prestados en la Biblioteca guadalajareña.

¿Considera justo que el Ministerio de Cultura tenga que pagar 0,20 euros por cada libro prestado en la biblioteca de su barrio, de su ciudad? "No", dice Isra, a sus 16 años, en el patio central de la Biblioteca Pública de Guadalajara. "Es un servicio público". Tras el mostrador, Eva, bibliotecaria, asiente: "Las bibliotecas te permiten conocer cosas que no te comprarías y luego vas a por ellas o conoces autores. Los lectores acaban comprando o regalando. No quita ventas a los autores".

La guerra contra el canon bibliotecario no ha terminado pese a que la batalla actual se libre más en internet y en el terreno de las nuevas tecnologías. De hecho, la Audiencia Nacional anulaba la semana pasada las tarifas del canon digital por considerar que la orden ministerial nació sin haber pasado ciertos trámites. Y Google recibía un varapalo judicial, que le impedirá ampliar 'Google Books'.

El pago de los derechos de autor toca de lleno también al papel y, de manera directa, a las bibliotecas, que prestan desde novelas hasta películas. "La lucha contra el canon sigue abierta", afirma a EL DIA Blanca Calvo, directora de la Biblioteca Pública de Guadalajara e impulsora de la Plataforma de Bibliotecarios Contra el canon, pese a admitir "desilusión en el grupo de bibliotecarios de la Plataforma porque hemos perdido una batalla, que no la guerra".

En la actualidad, Cultura paga los libros que se prestan en la Biblioteca de Guadalajara, al ser de titularidad estatal. Desde 2007, la Ley de la Lectura, el Libro y las Bibliotecas regula la remuneración para los autores por el préstamo de sus obras – las bibliotecas escolares y las públicas de municipios con menos de 5.000 habitantes no tienen que pagar–. Lo obligaba desde 1992 una directiva europea, por lo que España tuvo que pagar una millonaria multa.

Hay comunidades autónomas que no pagan el canon y quienes se escudan en los vacíos legales para no hacerlo. "Ahora se están pagando algunos cánones", dice Calvo "y tengo la mala suerte, de que de esta biblioteca se paga ... cuando el Ministerio me dice cuántos libros hemos prestado, le digo que no le contesto a eso, que lo siento mucho, que lo averigüen de otra forma, me hago objetora de conciencia, es mi única escapatoria".

La sociedad de gestión de derechos de propiedad intelectual (Cedro) mantiene, en su defensa, este argumento: "El pago por préstamo no tiene como finalidad resarcir a los autores por posibles ventas de sus obras que se dejen de realizar, sino remunerarles por un determinado uso de ellas (...) es indudable el papel cultural que desempeñan las bibliotecas y los beneficios que su trabajo reportan a los autores (...) Pero eso no debe eximirlas de cumplir otras obligaciones derivadas de la propiedad intelectual".

Calvo defiende que "los autores tienen que poder vivir de su trabajo" pero explica: "cuando una biblioteca compra un libro ya está pagando un porcentaje de derecho de autor". La solución pasa por "ayudar a que los contratos de los autores no sean leoninos y las editoriales no abusen y se repartan mejor las ganancias".

La esperanza podría estar, según Calvo, en la crisis, que llevará "a replantearnos el modelo de propiedad intelectual, que es completamente exagerado, desmadrado y asqueroso". Y explica: "al lado del grupo de voluntarios que vienen a ayudar a hacer los deberes a los niños en la Biblioteca, el hecho de que prestar un libro genere una ganancia en un editor, me parece tan salvaje... si estos voluntarios llevan a los niños a la lectura y eso va a tener como consecuencia que se presten más libros en esta biblioteca, que una editorial reciba más dinero, con lo que ya ganan... es que es el mundo al revés".

De hecho, afirma Calvo, la crisis "está haciendo que los Ayuntamientos no admitan un concepto de gasto más. Están rebajando mucho los presupuestos de las bibliotecas y para adquirir materiales, actividades culturales, personal... en esta tesitura, va a ser muy difícil que Cedro convenza que paguen 20 céntimos por cada libro comprado, que lo que quiere Cedro es que sea por cada libro prestado, que es bastante más dinero... y la SGAE también, se está viendo que está reduciendo sus ingresos".

Según Cedro, los escritores y traductores empezaron a cobrar por los préstamos de sus libros en 2010. La recaudación anual por préstamo rozaría el millón de euros.

"Lo que de verdad me preocupa", dice Calvo, "es que lo del canon es la punta de la lanza de las sociedades de gestión para que ahora cada vez que se presta un libro digital tengamos asumido que hay que pagar. La industria está intentando colarnos ventas de libros digitales que sólo se pueden prestar 25 veces. Si queremos más, lo tenemos que comprar otra vez".

El escritor italiano Carlos Fabretti, miembro de la Plataforma, dice que el préstamo "nos beneficia a los autores". Califica el canon como "una maniobra de los verdaderos piratas culturales (las grandes editoriales y gestoras de derechos)para incrementar sus abusivos beneficios".

La guerra sigue abierta.

"Una forma de entender la cultura, en juego"

La directora de la Biblioteca Pública de Guadalajara y portavoz de la Plataforma Contra el Préstamo de Pago en Bibliotecas participó en un Encuentro en Milán en agosto de 2009 con la ponencia 'El canon sobre el préstamo bibliotecario' donde se describía la situación española. En ella, decía que en este asunto "el Estado español ha hecho un largo recorrido hacia atrás, como el cangrejo, desde diciembre de 1994, fecha en que publicó la Ley de incorporación al Derecho español de la Directiva 92/100/CEE, hasta junio de 2007, en que se aprueba la Ley de la Lectura, del Libro y de las Bibliotecas". Según Calvo, "aparentemente, desde 1994 hasta 2003 no pasó nada. La Ley de incorporación al Derecho español de la Directiva 92/100/CEE había adaptado nuestra legislación al ordenamiento europeo dejando exentas a todas las bibliotecas, y eso nos daba mucha tranquilidad a los bibliotecarios. Pero en esos años, la entidad de gestión de derechos que se encarga en nuestro país del canon del préstamo no perdía el tiempo". En octubre de 2003," las cosas se aceleran de golpe, cuando el Tribunal de Justicia europeo condena a Bélgica en un procedimiento legal que se había abierto dos años antes porque la Comisión Europea no estaba conforme con que Bélgica hubiera eximido del pago del canon a todas las bibliotecas... esa condena llena de entusiasmo" a Cedro.

"Es muy probable que la fuerte oposición bibliotecaria y el gran esfuerzo desarrollado para concienciar a la sociedad haya dado fuerza al Ministerio de Cultura para negociar el canon a la baja y dejarlo en 0,20 por pieza adquirida. Pero ese es un pobre consuelo, porque con el canon lo que está en juego es algo más valioso que el dinero. Nos jugamos una forma de entender la cultura y los servicios públicos".

El manifiesto de Sampedro

José Luis Sampedro, autor, entre otras obras, de 'El río que nos lleva', basada en la actividad de los gancheros , es contrario al canon. Lo plasmó en 2007 en un manifiesto, que actualmente llega por correo electrónico con el lema 'Pásalo. Por el placer de la lectura'. "Cuando yo era un muchacho, en la España de 1931, vivía en Aranjuez un Maestro Nacional llamado D. Justo G. Escudero Lezamit. A punto de jubilarse, acudía a la escuela incluso los sábados por la mañana aunque no tenía clases porque allí, en un despachito (...) atendía su biblioteca circulante (...) Sus 'clientes' éramos hombres y mujeres a quienes sólo cobraba cincuenta céntimos al mes por prestar a cada cual un libro a la semana. Allí descubrí a Dickens y a Baroja, leí a Salgari y a Karl May. Muchos años después hice una visita a una bibliotequita de un pueblo madrileño (...) una joven titulada había ideado un rincón exclusivo para los niños con un trozo de moqueta para sentarlos. Las madres acogieron la idea con simpatía porque les servía de guardería (...) Cuando regresaban a por ellos, no era raro que los niños, intrigados por el final, pidieran quedarse un ratito más hasta terminar el cuento (...) Se pretende obligar a las bibliotecas a pagar 20 céntimos por cada libro prestado en concepto de canon para resarcir -eso dicen- a los autores del desgaste del préstamo. Me quedo confuso y no entiendo nada. En la vida corriente el que paga una suma es porque: a) obtiene algo a cambio. b) es objeto de una sanción.Y yo me pregunto: ¿qué obtiene una biblioteca pública, una vez pagada la adquisición del libro para prestarlo? ¿O es que debe ser multada por cumplir con su misión, que es (...) la de prestar libros y fomentar la lectura? Por otro lado, ¿qué se les desgasta a los autores en la operación?.¿Acaso dejaron de cobrar por el libro?. ¿Se les leerá menos por ser lecturas prestadas? ¿Venderán menos o les servirá de publicidad el préstamo como cuando una fábrica regala muestras de sus productos?. Pero, sobre todo: ¿Se quiere fomentar la lectura? ¿Europa prefiere autores más ricos pero menos leídos? No entiendo a esa Europa mercantil. Personalmente prefiero que me lean y soy yo quien se siente deudor con la labor bibliotecaria en la difusión de mi obra.

Lo dice ELENA CLEMENTE en El Día

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