El Glamour de la Iglesia

Escrito por El Club de la Comedia el . Publicado en Monólogos

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Se dice que la Iglesia no se adapta a los tiempos. ¡Y a mí me parece muy bien!

Porque, seamos sinceros, la Iglesia se ha modernizado poco, pero cada vez que lo hace pierde parte del glamour que ha tenido siempre. Sí, porque la Iglesia es la institución más glamourosa que existe, después de servidor, claro.

La Iglesia siempre ha sido puro glamour: esos cálices dorados, esos ábsides churriguerescos, esos cirios de dos metros… ¡Todo marca Christian… Dior! ¡Si es que es todo divino! Bueno, y esos, ángeles… con esas plumas. Porque dirán que los ángeles no tienen sexo, pero pluma…

Mira si la Iglesia tiene glamour, que cuando hacen ejercicios… ¡son ejercicios… espirituales! ¡Para no sudar! Porque sudar es una ordinariez… ¡Y esa agua bendita a la entrada del templo, que la gente se la pone así… como si fuera Chanel…! ¡Es fenomenal! Y esa megafonía… con esa voz que sólo tienen los curas, reverberando por toda la iglesia:

- Queridos hermanos… anos, …anos, …anos….

Pero a mí lo que más me subyuga de la misa es ese momento Teresa Rabal: “Me pongo de pie, me vuelvo a sentar… porque a los oficios vamos a jugar…” ¡Si es que con tanto levantarse y sentarse se te queda un culo maravilloso…! Es un aeróbic divino. ¡Pero, cuidado! ¡Porque la Iglesia empieza a tener preocupantes síntomas de desglamourización.

Antes la Iglesia sólo anulaba el matrimonio a la gente con mucho glamour, como Carolina de Mónaco. Porque esta gente pide la nulidad, para casarse con un príncipe, o con un marqués… Y claro, en un vulgar juzgado, no te vas a casar con un marqués. Pero ahora… le van a dar la nulidad a Rociíto, para que se case con un… con un… ¡Con un Fidel! ¿Pero qué título es ése? ¿Marqués de Collarín?

La Iglesia está perdiendo glamour, verdaderamente. Ya es casi imposible asistir a una de esas maravillosas misas cantadas en latín… Ahora lo que hay es una panda de catequistas, ¡con esos jerséis con coderas!, tocando la guitarra: “Santo, santo, santo, santo es el señooooor…” Luego la gente se queja de que Dios no escucha… No me extraña, si es que debe de llevar tapones en los oídos.

Pero lo que ya es mucho son los curitas de ahora… ¿Ustedes se acuerdan de lo guapo que estaba Richard Chamberlain en el Pájaro Espino, con su alzacuellos? ¡Me lo van a comparar con la pinta que llevaba Andrés Pajares con esos vaqueros de Zara! ¡Ay, Señor, Señor! Si parece Ortega Cano de andar por casa, “con batín de franela”, es como si el conde Drácula apareciera en chándal.

Por eso la gente ya no va a misa más que cuando hay una boda. Y claro, ahí es cuando los curas tienen que aprovechar para meterle al pueblo todos los mensajes juntos. Yo estuve en la boda de Cayetano Rivera, el hijo de Carmina, y el cura empezó a soltar mensajes locos en el sermón:

-… La juventud está enferma… Tres de cada diez jóvenes están deprimidos…

¡Pues serán los tres que siguen viniendo a misa!

¿Y qué me dicen de las monjas de ahora? Porque las de antes… ¡Aquellas monjas “ala delta”! Que parecían que iban a echar a volar… Pero hay que reconocer que aquellas monjas tenían glamour, con esa toca blanca enroscada… ¡Podían ir a las carreras de Ascot! Y con aquellos hábitos negros hasta los pies… Que daban terror, ¡que es lo que tiene que dar una monja! Ahora, las monjas siguen metiendo miedo, ¡pero por esa toca horrible que llevan por los hombros! Una toca utilitaria como de ir a hacer recados… Con la falda por debajo de la rodilla y esas medias tan tupidas que no sirven ni para un atraco, porque te las pones en la cabeza y no ves nada. Eso sí, ya te pueden disparar, que las balas rebotan.

Pero el que más glamour ha perdido es el Papa. Que ha dejado el púrpura y va siempre de blanco, ¡y en esa horterada de papamóvil! ¡Si parece el camión de los helados, con el heladero dentro! Los papas de antes iban en carroza o en cochazo, y cuando se bajaban, no andaban con los pies como todo el mundo. Los papas siempre iban a hombros de la guardia suiza, a la sillita de la reina. ¡Eran auténticas reinonas! Ahora, el Papa no sólo pisa el suelo, sino que se lanza sobre él, ¡y lo besa! ¡Y se revuelca! ¡Vamos, yo creo que podría trabajar de Boris Izaguirre en Crónicas Marcianas! Y en el fondo, fondo, fondo del armario, prefiero que la Iglesia no me deje casarme con mi novio porque, si van a cantar esos catequistas con coderas, prefiero seguir viviendo en pecado.

La paz sea con vosotros.

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