Si, profe

Escrito por El Club de la Comedia el . Publicado en Monólogos

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Cuando me preguntaban de pequeñito:

- ¿Y tú qué quieres ser de mayor?

Yo siempre contestaba:

- Médico, abogado, policía, periodista…

Vamos, que lo que yo quería era salir en una serie de televisión.

Lo que nunca dije fue “profesor”. Sí, porque en el cole mola todo menos los profesores: hay columpios, plastilina, niñas para tirarles de las coletas… Pero tú llegas allí y te tienes que poner a escuchar a un señor, sin coletas, al que pagan para que te enseñe cosas que a ti no te interesan. Es como si tus amigos te organizan una despedida de soltero y contratan a Karmele Marchante para que haga un strip-tease.

Cuando los padres nos mandan al colegio no saben en lo que se meten. Porque antes de ir al cole, tú creías que tu padre era Dios: “Mi padre sabe hacer aritos con el humo del cigarro… y le da cinco toques al balón sin que se le caiga… y vuela” Pero luego te das cuenta de que no. De que Dios… es la seño. Y llegas a casa:

- Pues ha dicho la seño que fumar es malo… Y que el fútbol embrutece a las sociedades, alienándolas de los verdaderos problemas que la acucian… Y que no vuelas… Lo ha dicho la seño.

Para ti, decir “Lo ha dicho la seño” es como decir “Lo ha dicho el Papa en la CNN” Y es que para un niño la seño tiene superpoderes. Está escribiendo en la pizarra y de repente dice:

- Juanito, cállate.

¡Sin darse la vuelta! ¡Vamos, hacía unos milagros que ni Jesús! Porque Jesús convertiría el agua en vino, pero es que la seño… la seño coge azul y amarillo… ¡Y hace verde!

Y, claro, te enamoras de ella. ¡¿Qué vas a hacer?! ¡Si no para de darte esperanzas! ¡Te manda a por tiza! ¡Te ata los cordones! ¡Te cura las pupas soplando! Pues eso: que en cuanto tienes dos años más lo único que quieres es verle las bragas. Yo me pasaba el día tirando el lápiz al suelo y recogiéndolo. ¿Por qué se creen que los niños están todo el rato sacándole punta al lápiz? No es porque escriban mucho, es porque se les despunta de tanto tirarlo.

Bueno, si hacía falta, tirábamos hasta la pluma de la comunión, lo que fuera. Pero siempre sabíamos de qué color llevaba las bragas: “¡Hoy azules!, ¡hoy blancas! ¡Hoy las mismas de ayer…!” Yo creo que la seño debería aprovechar esto y ponerse publicidad en las bragas… Por supuesto, publicidad institucional: “A tope sin drogas” Pero llega un día en el que te cambian a la seño por un profesor para cada asignatura, cada uno con su mote: El Conejo, que tiene unos dientes gigantes; El Bombilla, que tiene una cabeza gigante; El Lequio, que tiene…. Acento italiano.

Había uno al que llamábamos El Enrollao. Yo creo que en todos los colegios hay un enrollao. Es ese que llega el primer día y dice:

- A mí llamadme Carlos.

Es el que os lleva a ver la fábrica de chocolates Elgorriaga… el que te llama “colega, tronco, campeón”… Pero a mitad de curso aquello es un desmadre y la clase parece Tómbola. Y entonces se pone serio y empieza a hablarte de usted. Y le haces el mismo caso que le hacen a Ximo Rovira: ninguno. Es normal, después de haber sido colegas y compartido chocolate…

Teníamos otro que era El Amargao. Todo el día poniendo ceros. Este entraba en clase y en vez de buenos días decía:

- Fernández, un cero. Y van dos esta semana. Ya tiene la bicicleta.

Y le encantaba ausentarse y dejar a uno apuntando a los que hablaban.

- Javi, ¡una cruz por hablar!

- Pero si yo no estaba hablando.

- ¡Uh! ¡Otra!

¡Qué obsesión con que los niños no hablen! Los amargados son como las hemorroides: hay que sufrirlos en silencio. Y además, ¿qué pretenden al poner a un niño apuntando a sus compañeros? ¿Formar chivatos? Así empezó Judas: ¡Poniendo cruces!

Pero, para compensar, en todos los colegios hay una profesora “tía buena”. Aunque no nos estusiasmemos ¿eh? Para ser profesora “tía buena” no hace falta ni ser tía ni estar buena. Sólo hay que llevar vaqueros y dar inglés. Vamos, que si Loli Álvarez hubiera sido profesora de inglés, no le hubiera hecho falta operarse.

Y a la profesora “tía buena” siempre se le inventa un rollo. En mi colegio se decía que estaba liada con Galván, el cabrón de gimnasia. Que era un tío que estaba todo el día con el pito en la boca…

- A hacer flexiones, ¡pi, pi, pi! ¡Venga, Fernández, una más! Es que no le pone voluntad…

Y tú pensabas: “A éste me gustaría a mí verlo con la profesora de inglés en la cama… Ella, con el pito en la boca: ¡pi, pi, pi! ¡Venga, Galván, uno más…! ¡Es que no le pones voluntad!...”

Pero esta época ha pasado. Los profesores ya no pueden hacer lo que les dé la gana. Ahora los que hacen lo que les da la gana son los niños. Sí, porque conocen sus derechos y si el profesor les pregunta:

- A ver, Adrián, el sistema Penibético.

- ¿El sistema qué…? No hablaré si no es en presencia de mi abogado.

Y que no se les ocurra al profesor abrirle espediente… Porque el niño lo espera en la calle y la abre la cabeza.

Y por eso el tipo de profesor que más abunda es… el acojonado:

- ¿Os parece que pongamos un control de literatura el martes?

Y todos:

- ¡¡¡¡No!!!!

- ¡Vale, vale! Pero leéis La Colmena, ¿eh?

- ¡Nooooooo!

Bueno, pues… por lo menos veis la película…

- ¡Noooooo!

- Pues, pues comed miel.

- ¡Nooooo!

- Pues ved Gran Hermano, ¡que está lleno de zánganos!

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