La reina de los zánganos y los piratas en la roca

el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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Alto y abrupto promontorio de la costa meridional de España en cuya falda está fundada la ciudad de Gibraltar, formando como una península unida al continente por una lengua arenosa, es el mismo monte Calpe de los antiguos, y una de las dos llamadas "columnas de Hércules". Aquí la despreocupada religión pirata, generadora de alegres y desenfadados juegos, en los que el vencedor no recibe como premio más que su propia satisfacción, materializada por una corona de hojas verdes que luego será rumiada asnífluamente, por el éxtasis que conduce a la unión con la divinidad y que se produce por flor de piratería, ejercicio de robar, saquear, destruir, andando por el mar , quiere volver al Pacto del Zanjón, tratado ajustado por el general Martínez Campos en nombre del gobierno de la Metrópoli con los jefes insurrectos que puso fin en 1878 a la primera guerra de insurrección de la isla de Cuba.

Palabras y en barbas, pero no en auténticos conocimientos.

Cremona, reina de los zánganos embrutecidos por la pereza, ha quedado peonza, a pie, y no ha ido a comerse un pepinillo, pepino pequeño adobado en realeza.

- "No se me da un pepino la cosa, no me importa un pepino", le dijo a Pepino de Landen, llamado el Viejo, mayordomo mayor o primer ministro de Austrasia en los reinados de Clotario y Dagoberto y en la minoridad de Sigeberto II, al cual venera la Iglesia como santo, celebrando su fiesta el 21 de Febrero.

Por su parte, el rey Pepónides, lechuguino, pisaverde, zanguayo, sujeto alto, desvaído, ocioso y que se hace el simple, ha ido a visitar al padre Jerónimo, que no tiene pepita en la lengua, a la sazón prior de los agustinos escurialenses, tocando la pepitaña, especie de flautilla que se hace de la caña de trigo, a indagar en unos manuscritos de trascendente importancia.

Avicena, médico y boticario, recogiendo materiales para la preparación de la troica, nos lo cuenta:

-" Felipe III, mal aconsejado por su valido, el Duque de Lerma, había expulsado a los moriscos de España, y dedicado con gran esfuerzo a mantener en pie de guerra sus Naos que correteaban por el Mediterráneo y que servían para engordar el bolsillo de sus tripulantes y valedores. Precisamente frente a Sale, en la costa atlántica de Marruecos, donde los moriscos españoles se habían refugiado fundando la República de las Dos Orillas, el capitán de galeras español Pedro de Lora, en el año 1612, avistó dos bajeles que, por orden del Sultan de Marruecos, Muley Zidan, transportaban su biblioteca, conjunto de inapreciable valor formado por 4.000 manuscritos en los que se hallaba recogida toda la ciencia árabe, turca, persa e israelí.

Trabado el combate, los soldados españoles abordaron y apresaron las naos marroquíes, apoderándose de su tesoro bibliográfico que pusieron a disposición del monarca español". ( Páginas de Historia de la Farmacia. José Luis Gómez Caamaño).

"Pepino de Landen tiene poca alteza de pensamiento, carece de aguijón y no labora viril, chupa, y zangarrea, rasga sin arte la guitarra", dijo el rey Pepónides.

Mientras, el cadí, el visir, el ilustre, el señor de los viernes de pasión, se pasa por el forro las sesiones de discusión, las controversias, queriendo hacer un lupanar de los hospitales como de las escuelas. "Primero jodo yo, aunque sea por decreto", dicen que ha dicho a personas desprovistas de base científica y malformación social y moral. Continuando: "Por un ladrón, pierden ciento en el mesón, lo sabemos, que todos hemos nacido en el Archipiélago de los Ladrones, las Islas Marianas."

Esta opinión ha vuelto a producir y renacer el pleito de los jarabes, en la que tomó parte activa Miguel Serveto, creyendo a pie juntillas lo que Avicena cree indispensable cuando afirma que "a los medicamentos hay que añadirles cualquier cosa para aumentar su eficacia. Si no puede penetrar se debe facilitar su deglución y asimismo ayudar su tránsito intestinal".

Que por lo mismo, la reina ha invocado a Gilberto Motier de la Fayette, ¿de la Foyette?, que tuvo gran parte en la expulsión de los ingleses del territorio de Francia, quien se encomendó a Fray Gerundio, Modesto Lafuente, de Rabanal de los Caballeros (León), que a zurra o vuelta de patadas y coces contra los infieles a puerta de la cuadra, había recitado:

"- El ganado ha quedado encerrado
El reloj quedó sobre la mesa
Me quedan pocos amigos
Sólo me quedan sus brazos."

 

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