Hebén

el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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Hebén, capripedo, de pies de cabra, que pendoneaba, hacía vida de pendón, pellejo, no era ni cabrero ni ovejero, cuidador de las ovejas o de las cabras, pero tenía metidas las cabras y las ovejas en el corazón. El sabía que cabra coja no quiere siesta, que cabra por viña, mal la madre tal la hija, y por do salta la cabra salta la que mama. El, fútil, insustancial, se creía hijo de aquel Jove, gran Señor del cielo. Saturno fue su padre, herrero de oficio, que no de profesión. Cual hazañero del amor, estaba enamorado de las cabras y de las ovejas. Por eso, siempre que veía las cabras o las ovejas pastar junto al río Hebro, río de la Península de los Balcanes, que lleva al presente el nombre de Maritza, que nace en los montes Ródope y desagua en el mar Egeo, más abajo de Trajanópolis, que se halla en su orilla, se sentía como un caprimulgo, chotacabras, y, escondido en la cabreriza, choza de cabreros, se hacía el amor solo, soñando con el cabreado, caballo empinado sobre los pies haciendo la corte a su hacanea, jaca noble y mansa que solía destinarse para cabalgadura de señoras.

Hazañero del amor, su deseo de cabalgar alguna oveja, alguna cabra, se le hacía casi imposible de dominar. Había escuchado muchos chismes y leyendas de cabreros y pastores que, en amor de cabrería, habían elevado hasta el cielo a muchas ovejas y cabras, mostrándose generosos y nobles, prometiéndose a hacer la misma operación. La legitimidad del amor no era propiedad única de ovejeros y cabreros, y él quería heredar esas coronas y esos cetros. El quería ser pastor y dar a las ovejas y las cabras la legítima del cielo, soñando en los ovovíparos, animales ovíparos, cuyos huevos se abren en el seno de la madre, como la víbora.

Quizás por eso, se le conocía por el mote de "El Víbora", que más de alguna vez le habían vito y oído decir que no le iba a la zaga a ningún Jumento..El día de autos de amor cabruno, se encomendó al Asno de Sileno, aquel Asno que contribuyó mucho a la derrota de los Gigantes, no sin antes releer las hojas medio carcomidas y viejas de alguna revista o periódico de la época en la que se leía que la policía británica arrestó a un hombre por violar una oveja en una granja de Bromley, Inglaterra. Hay mucho que andar para llegar allí, pensó. Y leyó: "Un hombre negro y alto atacó sexualmente a una oveja, oxeando, espantando las aves del corral en triángulo acutángulo, luego se fue corriendo, dejando prendas y ropa por toda la escena". Y este otro artículo del "turco violó cabras", en la ciudad de Grob-Gerau, Alemania. El propietario del rebaño de cabras tenía sospechas de que había algún problema en su establo, que las cabras estaban locas, e instalando una cámara, ésta grabó al turco en plena faena. En la residencia policial del sur de Hessen, el turco defendió su amor por las cabras argumentando que todas las religiones apoyaban la sodomía, el bestialismo y la pedofilia. Contó que el Ayatolla Jomeini escribió en su libro que " la sodomía con camellos ,vacas y ovejas está permitida para los hombres, bajo una condición: la carne de estos animales no puede ser vendida en su propio pueblo, sino en el pueblo vecino" que esto fue escrito en su libro de enseñanzas "Tahrir-ol-vasyleh"; y que muchos Papas y sus cardenales y arzobispos y curas autorizan y justifican la pedofilia. Que lo mismo hicieron aquel Nicolás de Ovando, caballero castellano, comendador mayor de Alcántara y sucesor de Francisco Bobadilla, ( el enviado por los Reyes Católicos para que hiciera pesquisición sobre los actos punibles que se atribuían a Cristóbal Colón, al cual enviaron preso a la Península y que, entre estos actos, se encontraban los de bestialidad y sodomía), en el gobierno de la isla Española, el cual ejerció hasta 1508.

Hay mucho que hablar sobre esto.

" Ha tres días que paso eso", se dijo "El Víbora". Y, como un poeta, comenzó a cantar:

Amar he
Amor hía
Habrá cabras y cañas
Todo el día
Habérmelas he con los cabreros
Se que hay gustos que merecen palos
Y hay gente muy necia
Y, ahora, voy a repetir
Lo que en Alcazarquivir:
Allí me las hice
Y me lavé las manos
Como Pilatos
Y entre hacecicos
Porción de flores unidas en cabezuela
Cuyos pedúnculos están erguidos
Y son casi paralelos
Y de igual altura
Sabre a lo que saben
Estas cabras
Y estas ovejas
Elevándolas hasta el cielo.

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