Aguijada catalana

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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Flavio Estilición, de estirpe vándala, ministro y general de Teodosio y de su sucesor Honorio viene cantando, siguiendo las orillas del río Jiloca, afluente del Jalón, que nace cerca de Teruel y corre por el bajo Aragón, del Romance:

"Rey Juan, si se te acuerda
Que me diste la palabra
Que me darías a Barna
En una noche ganada.
-Si lo dije, no me acuerdo,
No desdigo mi palabra".

Vio venir a lo lejos a una casada sin suegra castellana, cargada de esteras, harta, cansada de aguantar o sufrir, montada en un Estrellero, caballo que despapa levantando el pico, rodeada de lechuzas, búhos, mochuelos, y se la oía decir que los castellanos eran muy malos, que bien estarían sin ellos, pero que no quería que pasara lo de Toledo que, llegando don Alvaro de Luna, el año 1449, pidió un empréstito para el Rey, y se alborotó el pueblo y quemó la casa de un mercader rico y se apoderó de las puertas de la ciudad.

Flavio no se creía lo que oía, pero tenía deseo de probar al inductor de la autodeterminación o la aguijada catalana, que se expresaba como Odilón, célebre abad del monasterio de Cluny, y Juan de Ochoa (Ochoa, vocablo vascuence que significa lobo, y por el cual se expresa en esa lengua el nombre propio castellano Lope, que tiene igual significado), escritor castellano del siglo XVI autor de una vida de Carlos V, y de una crónica de Jorge Castrioto; y que estimula, incita, excita con ahínco la ejecución de esta cosa.

Sí, le quería ver estrellar, tropezar con algún obstáculo que haga abortar o fracasar los propósitos o placeres políticos que trata de realizar. No obstante, le traía un regalo, un odómetro, aparato que marca los pasos que se andan a pie o a caballo o las vueltas que da las ruedas de un vehículo, para conocer la distancia recorrida, comprado a Odón, arzobispo de Cantorbery.

Por otro lado, esta casada sin suegra, que era de los Solises de Salamanca, pero empadronada en Gerona, creyente a pie juntillas de que el Buey es de donde pace, no de donde nace, soñaba con echar de su país la bestia, el excremento o estiércol españoles. Le dolía poder ver a su presidente autónomo recibir un día estocada por cornada de todos "esos estólidos, estúpidos, estrechos de inteligencia" que desean darle cien patadas en la boca del estomago, y ya había preparado con sus propias manos un estomaticón, emplasto compuesto de varios ingredientes que se aplica como confortativo sobre la boca del estómago, por si acaso.

Flavio parecía que envidiaba su virtud y la quería atraer hacía él, y volverla del revés, cual estercolero que recoge el estiércol. Ella, dándose cuenta, y deseándolo, hecha y puesta en alto, le quiso abrazar, y, como pesada, se le cayó encima y le descalabró.

Flavio respira ronco y anheloso como moribundo que muere y resucita sobre un estéreo, unidad de medida para leña apilada, que equivale a un metro cúbico. Y le decía, como podía, a esta casada sin suegra, que la lectura de la autodeterminación será estéril; que la estima o concepto formado sobre la situación de un barco por los rumbos seguidos y las distancias corridas, será estigma, y que la aguijada catalana manará o caerá destilando gota a gota y su gnomon, de cuadrante solar, será marcado con hierro candente por el estigmatizador de estirpe vándala.

La casada se dejó hacer por el medio moribundo sobre un madero cuadrado de 3 pulgadas por 6 y 18 pies de largo con sendos chaflanes en las esquinas. Nadie hay como ellos dos que perciban o aprecien lo bello. Flavio la abrazaba y penetraba cual estibador, sujeto práctico a pesar, entongar y almacenar cajas, sacos y otros objetos.

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