El abuelo postizo de Verena

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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Mi abuelo postizo, no natural ni propio, sino agregado, se llama Calderón. Sus ojos son negros y vivos. Como él mismo dice: "siempre anda con cien ojos", estando muy sobre aviso; procediendo con mucha cautela en todo. Sus orejas velludas y movibles son cual murciélagos que van a echar a volar, o del ladrón que hurta a los que están durmiendo. Tiene un callo pequeño y redondo en la parte superior del dedo medio del pie izquierdo." Me dice:

Tienes que andar con mucho ojo, y poner mucho cuidado en las cosas. Veo que te comes a los chicos con los ojos, mirándoles con gran insistencia movida por el amor. Pero recuerda que no vale hacer estimación de él, si este no te responde y se entrega con asiduidad y atención.

Pero, abuelo le digo yo, ya sabes que me miro en tus ojos, y te quiero entrañablemente, y deseo que me digas cómo fue tu juventud.

Responde el abuelo:

A los quince años, ya era yo un excelente chavalote, con una picha digna de un torero. Pelo suave en las pelotas, miembro regordete, no demasiado grande, con articulaciones nerviosas y flexibles.

Cierro los ojos y me muero de risa, porque me hace recordar al noviete que tuve cual res vacuna aún no domada, con el que hice amor con toques extraordinarios y orgasmos en obsequio de mi Chumino y de su Picha, en cada una de las masturbaciones o ceremonias del sexo que se hacen durante este tiempo. Novio al que, después, dejé, porque me falló en el trato y comportamiento, pues me pegaba, recordando, ahora, lo que me decía mi madre cuando yo le preguntaba:

Madre, qué es amar. Y ella respondía:
Hija, Trabajar, follar y llorar.

Estoy aficionada a mi abuelo postizo porque me lleva a los charcos a coger ranas, pensando yo en el rano o sapo que, al disponerme a besarle, se convierta en príncipe o rico heredero. Tanta es mi afición a él, que le sigo al pajar para ayudarle a subir alpacas o haces, gavillas o atado de mieses, sarmientos, varas, ramas o cualquier otra cosa semejante.

Allí fue cuando, un día, me vino la "depre", que me abatió de una manera depresiva. El se había adelantado a mí, siguiéndole yo a paso callado y ocultándome detrás de una albarda. Le vi en pelotas, en cueros, lleno de ardor y coraje, subiendo a un taburete, banqueta o alzapiés, atrayendo hacia sí una vieja burra a la que había cubierto de una manta, y que estaba quieta en una esquina con fatigoso aspecto, y , enderezando su picha, la montó, diciendo: "la polla del amo engorda a la yegua y a la burra y al esclavo".

En un abrir y cerrar de ojos, la pobre burra resucitó, pues comenzó a dar brincos, coces y Rebuznos, sacando la lengua entre los dientes de una manera lujuriosa, cayendo él sobre las pajas y las cagalutas de las cabras y ovejas.

Después de la corrida, mi abuelo se puso en cuclillas, doblados el cuerpo y las piernas de manera que las nalgas descansen en los calcañares, empezando a cagar el muy guarro cantando:

"Soy el Jefe de bandoleros
Mi culo nada intimida
Ni picha me puede arredrar
Que vengan seguratas
Que vengan maderos
Mi trabuco navajero
Ala, en cuclillas y a cagar ".

Su badajo y su chorizo amierdado parecían que aplaudieran las hazañas de este robusto aldeano, mi postizo abuelo, que yo no sé cómo mi abuela le elegiría en la velada de las fiestas del pueblo, y que para ella fue, pues ya no vive, según decía: "el más deleitoso del pueblo".

Cuando él se hubo ido, yo me retiré. Salí del pajar y me eché a llorar, pues estas cosas me causaron llanto y tristeza. Bajo un sauce llorón me cobijé, cual penacho formado por plumas que se doblan y caen sobre mi cabeza. Ningún rano o sapo se había convertido en príncipe ni aun dorándoles los rayos del sol poniente.

Ahora, recordé la picha de mi abuelo postizo, cumplida, plena, sin limitación a pesar de su edad, que entró de lleno en el chocho de la Burra y que, al pasar casi me da.

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