Las Cuatro Estaciones del abuelo Vivaldi

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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PRIMAVERA

De la mano de la nieta, el abuelo sale a pasear los bosques y espesuras para reconocer y gozar de la suprema belleza y armonía del campo, los árboles y las flores, cogiéndolas él para plantarlas en el pecho de la niña, vistiéndola con su hermosura, partiendo algunos tallos de leche con los que jugar pegando los dedos en el oído, la nariz, y la lengua; también, sus dedos entrambos, y jugando a pegar la postal de la Cartuja de Miraflores, que está en sitio alto, y que se mece en oración de penitencia por haber pecado a pleno campo.

VERANO

De la mano de la nieta, el abuelo sale a pasear los campos amenos, los ríos, la montaña, las fuentes, los lagos, etc., para gozar del paisaje y retozar, para luego, con el cielo en descampado, tenderse sobre la yerba y besarse rozando la lengua los labios, como hace el río Arlanzón con la Catedral de Burgos al atardecer por entre los claros de sus muslos, al igual que hizo el rey más castellano con la más deliciosa reina bizantina en los trigales de Castilla, en iglesias y conventos.

OTOÑO

De la mano de la nieta, el abuelo sale a pasear los ocres y dorados Por capricho de la niña, el abuelo lleva un cencerro con el que suena como un buey y recorren la Senda de la Naturaleza, la Senda de los Elefantes, pisando hojas caídas de los árboles y algún que otro condón rajado, anunciador de haberse empreñado las parejas. Sentados en un banco que mira a El Plantío, el abuelo pone a la nieta sobre sus rodillas con el baile de san Vito, apretándola contra sus muslos volanderos, que tiemblan al roce del sentido.

INVIERNO

De la mano de la nieta, el abuelo sale a pasear con un paraguas blanco sobre el que se refleja la caída de la tarde. Pasean las calles y plazas de la vieja Ciudad. Se acercan a una tienda de chuches "Caramelolandia leyendo un letrero que dice "Aquí no se fía". Compran unos regalices, bolitas de maíz y chocolate blanco."No, chocolate, no; pues vamos a tomar un chocolate con churros", dice el abuelo. En su caminar ven a una pareja de novios recién casados en el Teatro Principal. Se miran, se besan y ven cómo la mano de la novia se acerca a la entrepierna del novio para despertar al pájaro. Lo mismo hace la nieta, quien, mirándole al abuelo, le dice:

Abuelo, aquí no hay pájaro, sólo están los huevos..

Daniel de Cullá

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