Ruin año viejo holgando se descuerna

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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Una lluvia impetuosa de poca duración cayó sobre el aguacatillo, cierto árbol de la familia de los laureles, de tamaño grandísimo, aún mayor que el aguacate, mojando a las luciérnagas, menos luminosas que el cocuyo, y sobre los humores claros formados en los granos de la cara de mi amiga Armelia, lo mismo que sobre mi cara.

Como sobre una tierra sembrada de hojas, la lluvia nos pilló haciendo sexo entre hojarasca, en el Paseo de la Quinta, en Burgos, que parece, en Otoño una plancha de color ocre que cambia las hojas mojadas caídas de los árboles por el viento con variedad de formas, aspectos y tamaños. Hojas de estaño, de papel, de lata, de oro.

Los que caminan por encima de ellas parecen que pasan, al pisarlas, por una plancha de madera giratoria, o que asoman sus pies calzados por el vano de una puerta o por el de una ventana en armadura de cobre y plata de varias hojas.

Ahora, vemos cómo una pareja de jóvenes caminan de prisa, resbalan y se caen. Sobre el suelo, parecen dos petos y espaldares de lata cubiertos de hojas. Mirándose, se pusieron como hoja de perejil, increpándose el uno al otro. Debajo de las hojas cayó el joven quedando dos veces mojado; encima la chica, enseñando un culo de chapa fina y estañada con hojas húmedas. Viéndola así, sin bragas, parecía el culo de una hojalatera. A mí, que la vi, me dio tal asco que me prometí no volver jamás a hincarle el diente a ese hojaldre de hojalata, o ese queso de Cabrales envuelto en hojas otoñales.

Armelia dijo que parecían "una bola de sebo después de cocido al horno".

-Me tienes cocida, le dijo la chica, prosiguiendo:

-Deja lo que tienes entre manos para seguirlo con mejor ocasión.

El joven parecía una especie de hogaza con un una pieza de chorizo en el centro sobre esa hojarasca o conjunto de hojas caídas de los árboles en frondosidad más que excesiva e inútil por esta "senda de los elefantes", lugar por donde, al atardecer, y su noche, pasean las parejas enamoradas y se encuentran condones y trapos en camino que va hasta el Vivero municipal.

En un instante, se levantan por si solos y no sin gran esfuerzo; se sientan en un banco verde de la Caja del Círculo, moviendo y quitando a la ligera las hojas pegadas a la suela de sus zapatos.

Yo le digo a Armelia:

-El espíritu del Amor es llevado sobre las hojas.

Reímos.

El paseo está hojoso. Las hojas caídas de los árboles, y mojadas, forman holandillas, especie de lienzo o clase inferior de tabaco. Nos levantamos nosotros, también. Nos cogemos de la mano, marchando hacia el Capiscol, no sin antes oírsele a la joven decir en forma jocosa:

-El diestro en cabalgar a la brida y a la jineta, ahora tiene que ir andando, ¿eh?.

Les miramos y nos reímos los cuatro muy francos y estrepitosos, echando uno la mano sobre el hombro del otro, sin saber decir si primero fue ella o yo.

-Esta noche, le digo al oído, con el tercer polvo nocturno llegaremos a los orales maitines.

Mientras marchamos, se escucha a lo lejos la campana de la Cartuja de Miraflores que llama a unos frailes que han bajado, saltando la tapia, para ir a la cafetería de Fuente Prior a giñar, pues, como uno de ellos dice, "no queremos hacerlo en la celda por lo mal que huele el olor de santo".

A lo lejos, la ciudad de Burgos hace juegos o visos de luz al reflejarse en ciertos objetos o materias. Ya habían dado las luces de la repelente Navidad.

Armelia dijo:

-Son Fiestas para mear o cagar.

-Estas Fiestas turbias y cenagosas, le repliqué yo, están enfermas, embeodan y adeudan a la ciudad. Mientras el Consistorio despilfarra en luz, hay familias que no pueden pagar su recibo, y tienen que encender una vela , pues están con el agua al cuello, en trance muy grave.

Cada vez que nos acercábamos más a la ciudad, nos asombrábamos de cómo íbamos bajando hacia una letrina de luces y casetas de baratijas y alimentos caducados. Cosas baladíes e insignificantes. La catedral aparecía como una esmeralda de figura de perilla con pelos de punta.

-De estas Fiestas, aseveró Armelia, se surte la Iglesia y el Estado para abrevar el ganado.

Justo al llegar a la calle de la Paloma, cayeron del cielo cada una de las cuatro plumas que siguen a los cuchillos o remesas del ala de las aves, cubriendo las albardas de las bestias de carga que iban de un lado a otro contemplando los tenderetes o empezando a subir las escaleras que conducen a la catedral, abrevadero del sentido.

Garrulos eran ellas y ellos, que venían desde Arlanzón, lugar en la provincia de Burgos. Lugar ameno y fértil cubierto de vegetación.

El viento, el agua del río de su mismo nombre, hacían un ruido continuado. Unos niños y niñas del Instituto Comuneros cantaban bailando una jotita en los soportales de la calle la Paloma:

"Cásate con un pastor,
si quieres vivir tranquila,
es el único que hará
con tu madre buenas migas."

Armelia y yo, ahora, vamos comiendo unas fresas "acabadas de coger", como dice el tendero de la calle los Herreros. Nos sentamos, porque ha escampado, en un banco corrido de piedra de la Plaza Mayor. Miro a mi amiga, garrula, abultada de carnes, de buen comer, cómo hace gimnasia con unos movimientos espontáneos de los pies, como si hiciera salto de altura, salto con garrocha, trampolín. Me dice:

- Amigo, tú no sabes lo que cuesta mantenerse en forma. Aunque esto no es nada con lo que tuve que hacer ayer en la mañana en el sucio gimnasio de la Caja de Burgos. Tuve que aprender a hacer movimientos artificiales y forzados como caballo de saltos, mazas y pesas, escalera horizontal, dorsal, oblicua, tabla de puñales, escala marina, de pistones, cuerdas lisas, percha de amoros, escala de triángulos, escalones, muro de escalar, anillas, polea, paralelas, picas y banco para ejercicio en decúbito.

-Estás tu fresca, le digo yo, contrayendo los músculos en las extremidades anteriores y posteriores. Si con estos ejercicios piensas que vas a llegar a catedrática o política, lo tienes claro. Como no te engañes a ti misma en lo que piensas, es absurdo lo que pretendes. Además de que, por otra parte, a mi me gustas como eres.

-Pues sí, me responde. Ahora estoy andando los surcos que dejan ciertos políticos en la tierra al desovar. Me sé muy bien dónde ponen la pezuña y los huevos, pues el hoyo o señal que hacen es el mismo que el de las aves de montería hozando o escarbando en el erario público. Sé que la política es estiércol y excrementos de estos animales gárrulos.

-Bueno, le digo, si tú lo ves así, no vas por el mal camino. Pero ya sabes que hay que conocer muy bien el cómo echar a los animales, bueyes y borregos que nos habitan y que conforman la sociedad, el estiércol o excremento. Has de saber tronchar y comer las hojas de la Jurisprudencia local y regional después de haber despertado.

-Sí, ya sé, responde, que hay que presentarse con frialdad, con poco interés, con poca vehemencia, aunque con gracia e ingenio para sacarle dinero al constructor o banquero.

-A frías, le grito yo, fríamente.

Y ja,ja,ja, reímos viendo a unos peregrinos del Camino de Santiago que parecía vinieran a la catedral a tomar ciertas aguas medicinales, que se quedaron, por un instante, un poco pasmados al contemplarla; y contrariados, pensando que si merecía la pena el haber venido desde Frías, ciudad de la provincia de Burgos, a esta ciudad que, cual ave zancuda, destilaba resina en el mar de luces producidas por estas Fiestas espantosas.

-Ah, sí, respondió Armelia. Ya sé que hay que saber levantar o retorcer los pelillos de la política. Que tiras de cuero, goma, candaos, hay que hacer para que sea perfecto el ajuste de los pueblos.

-Advierto, amiga, que tienes una idea fija y esta idea en ti es como la pieza de la cabeza que ciñe la frente del animal y termina por los lados de las carrilleras.

-Aunque gárrula, me responde sonriente ella, yo sé hacer frontería, hacer frente a las cosas. Me siento caudilla, y ¿ves?, cada una de las fajas que se ponen en el serón por la parte de abajo adornan cruzadas mi pectoral. Y sé, también, que la política es el arte de hacer una pieza de piel, hecha a modo de almohadilla a medida, para ponerla en el testuz de los ciudadanos uncidos, para que no se les lastime la coyunda y, sumisos, obedezcan.

-Vaya facha-da que tienes, maja, le contesto yo entre risas. Como todas las bestias bautizadas tienes una señal gamada en la frente.

-Y tú tienes un rizo de cabello o bucle de Buco, macho de la cabra, me responde.

Armelia contrajo la piel de la frente próxima a las cejas haciendo producirse en ella arrugas verticales como demostración de enojo y desabrimiento.

-No tergiverses u oscurezcas la verdad, me dice. Este es un intento que deseo llevar a cabo. Yo sé que produciré muchos vástagos y espinas aunque no llegue a la altura del rosal, pero que sacaré fruto de las diligencias que haga, igual o más, como queda reflejado en las actuaciones de nuestros gárrulos.

-Tendrás que saber bien decir jaja, bendecir fu y fa, le respondo. No deberás manifestarte inclinada en un sentido ni en otro en un asunto, pues ya sabes que "en fucia del conde, no mates al hombre", y hacerte amiga de los banqueros opulentos.

Ella calló, cogiendo un garrancho, ramo quebrado, cortado y desgajado de un árbol, que comenzó a chupar.

Yo empecé a hacer escarabajos con los dedos, letras, rasgos en las hojas secas. A charnela, a modo de giros análogos al de las tapas de un libro al abrirlo o cerrarlo.

Rompo el silencio, y le digo:

-Sí, vale. Tú tienes, maja, garrones, experiencia en este reino de garullada, gavilla de pícaros, y no serás fácil de engañar. Eres charlatana y embaidora como los curas, que saben vender drogas con agua bendita y proyectos de falsa fe. En poesía pastoril, eres la primera.

Por un momento, gozamos de felicidad. Yo veía a mi amiga como ser dotado de órganos para ser fecundada, Pero sin la fementida iglesia de por medio, falta de fe y de palabra. Ninguno de los dos, como Félix, obispo de Urgel y Elipando, primado de Toledo, creíamos en la humanidad de Jesucristo, que se hizo zoquete tomando la cabeza de la lanada o escobillón del rebaño.

Viniendo a cuento, le pregunto:

-Armelia, maja, este año celebraremos Año Viejo, ¿no?

-A otra perra con este hueso; me dejas atontada, responde. En este instante, te veo como un Bucranio, figura decorativa de escultura que representa la cabeza de un buey. ¡Si esta celebración no es más que una superstición de grado, por las buenas o por las malas de la iglesia y del estado!

Hizo un silencio, y continuó:

-Al buey por el asta, y al hombre por la palabra, sí; pero al buey viejo múdale el pesebre y soltará el pellejo.

-Habló el buey y dijo mu, repliqué yo. Continuando:

-Pues bien, nos quedamos sin celebrar Año Viejo, que cencerros se me antoja esta Fiesta bueyuna. Teatro gracioso y chocarrero de un bufón tocando las doce campanadas.

-Sí, dijo ella. Espantajo que se pone al reloj apara espantar las horas.

-Daniel de Cullá

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