Gajos y mondas

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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Gajos y mondas de frutas y hortalizas se las hemos echado a los cerdos, al estilo de cuando recitamos poemas en un bar musical llenos de bebedores y "porretas", grupo de jóvenes con perro y bicicleta, que pasan de los cantos como zoquetes.

- "Echémosles un canto de flor de mayo y todos los cerdos se volverán marranos!", comenzó a recitar uno. Esto lo decía porque al entrar con una bolsa del supermercado El Árbol llena de limones y naranjas, alguna gente le rio, diciendo:

-Tienes menos brío que el pedo de un marica.

Su carácter era idóneo para ser reído.

En una mesa, afuera del bar, unos hablan de política. Lo mejor que han dejado dicho es que: "España es beneficiada en mordaza"

En otra, tres chicas acarician una perra con afiligranado requiebro y rondas amatorias de sus dedos.

-"A mí me gustaría que me recitaran esta chicas una nana en la mi polla", exclamó un tal que tenía los brazos dibujados, tatuados, y llevaba barba.

El sabía tocar la guitarra y capar grillos, como el mismo nos dijo.

Otro joven había salido a recitar, comenzando el poema de esta manera:

"Si he jodido o no he jodido
Mi picha os lo dirá
Ha desarmado a las gallinas
Y ahora los huevos os va a dar"

Era este un encuentro de poesía, una reunión de buen humor, siempre bajo la dirección de un "trastornao amonestador". Para otros, no era más que un sermón del padre Cecé, porque ceceaba; o del padre Padilla que se fue a hacer puñetas.

La tarde noche estaba fresca. Una joven dijo que podía escuchar la cultura oral tanto como gozar el sexo oral.

Yo no sé si porque el Consistorio preparaba el año 2016 "Burgos ciudad europea de la cultura", o simplemente por pasear, una procesión de cerdos y cerdas recorría el paseo del Espolón en Burgos entre gruñidos profanos y sagrados al compás del gramejón y la espadilla como dice que hacen las mujeres de Peñaparda, en Salamanca.

-No, dijo otra joven. Es porque la cerdada está protestando. Y, a pesar del difícil transcurrir de los cerdos, ellos mismos se entrelazan con gruñidos de fandangos y jotas.

Iban a recorrer todo el Espolón, dejando a salvo de su cierta matanza, como ellos mismos gritaban, las morcillas y chorizos, moneda corriente y aceptada en esta tierra de titos.

Las gentes, en baile de panderos, cantaba coplas con la expresión más rotunda del sentir hispano, colocando sobre troncos de añosa encina, tótem hispánico, a los cerdos para su quema, una vez degollados, y sangrados.

Abiertos en canal lo cerdos, el matarife les colgaba de las patas delanteras en un gancho sujeto a un viejo arado de palo que cruzaba el techo como en lo alto de un altar seudogótico, la última sangre cayendo en un canastillo.

Los críos cantaban:

"Viva mi cerda la nueva
Que la vieja ya no vale
Que la vieja la han dejado
Para sacar manjares".

-Daniel de Cullá

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