Noche de Halloween en Sevilla

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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Dicen unos críos que un señor ha bajado desde la Huerta del Rosario a la plaza de san Pedro, montado en una borrica, con cara redonda como un culo y mofletudo como un obispo, ofreciendo caramelos y cromos de El Jabato y Roberto Alcázar y Pedrín, haciendo gestos con la mano para fines de sus instintos pecaminosos, al igual que los curas pedófilos.

Es atardecer en Sevilla, en día de Halloween, y una señora mayor ha dicho, cuando le ha visto llegar a la plaza: "disfrazao viene el diablo". Allí, junto a la iglesia donde fue bautizado Velázquez, ha pretendido hacer amistad con una niña que llevaba un botijo de agua y un niño que llevaba colgando de la mano derecha un esqueleto con huesos de plástico.

-No os acerquéis a él, les ha gritado la señora. Que Diego Velázquez se llama de día y, en noche de Halloween, Lujuriosa Fantasía. Que no es más que un gomarrero, ladrón de gallinas. No aceptéis sus caramelos endemoniados. Cuando os hable, miradle la lengua y veréis que es bífida, hendida en dos partes, como la de una serpiente venenosa.

Calló, y volvió a decirle:

-No se os ocurra, ni por lo más mínimo, quedar con él, pues en esta noche de Halloween viene con postura de gala, bien vestido, y os dirá que os llevará a la Casa de Pilatos, un lugar de fantasía, y, allí, os meterá en una alforja, marchando por lugares por él solo conocidos para violentaros, diciéndoos con halagos: "Dios te la depara buena, amorcito", haciéndoos chupar, a la luz de las estrellas, un palo dulce, carnoso, que es como con el que todos los hombres mean.

-Recordad lo que nos dijo el cura: "que lo sucedido a María, cuando se llegó a ofrecerse a ella, y por lo bajito le dijo:

-Mucho os quiero, María.

Y ella respondió:

-Yo a vos también.

- Que todavía es el hoy que sus padres sufren la pena de no haberla vuelto a ver, y la autoridad dice "que no llega a casa y, a estos días, nunca llegará."

Los chicos echaron a correr, pero, en un instante curioso e instintivo, volviendo la vista atrás, vieron, con asombro, cómo María se iba con él, (¡"qué estúpida¡", exclamó la niña), guiando la borrica.

A escondidas, les siguieron, viéndoles marchar por la Puerta de la Macarena, graciosos de sainete, sujetos proverbiales de imbecilidad lujuriosa.

Los críos cruzaron el río Guadalquivir por el puente de Isabel II. Se acercaron a una cantina en Pajes del Corro, en el Barrio de Triana, donde se celebraba Halloween "a lo burro", contemplando cómo unos camareros freían pescaditos que anunciaban de su río, y, en una escala propia de notas musicales, cantaban: "bobos van y viene a Halloween, cada cual con su asno".

-Daniel de Cullá

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