El diablo anda por Aranda

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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Estamos dentro de la iglesia de santa María, "la catedral" como la llaman los arandinos, frente al altar mayor, justo en la parte de atrás, donde se encuentra un retablo donde el arcángel san Miguel, falto de espada, pisotea en su pecho al Diablo para fines de sus amores, pues le pisa como el que pisa la uva para extraerle el zumo.

Al pasar delante de él, las madres con sus hijos pasan de prisa como alma que lleva el diablo, obligando a los niños a persignarse, pues se les ofrece a la vista como para causarles miedo, pues el ángel pisador se presenta como un violador de género, y el Diablo riente como quien no ha roto un plato.

Los hombres, muy machos ellos, pasan de largo y le miran de soslayo, pues se les parece un montón, como nos contó una beata enciende y apaga velas: una vela a san Miguel y otra al Diablo.

Estamos Almedina, Guzmán, Mateo, Zeus, Marta y yo.

-Mira, nos dice Almedina, la cara de este Diablo se parece a la del obispo de Calahorra, que tiene hacienda y pago en la Ribera.

-Ja, ja, reímos, sin alzar la voz, todos.

-Pues a mí, dijo Zeus, se me parece a la de Pedro Villacreces y Pedro Regalado, y a la del rey Felipe II, que dicen que pretendió aquí, en esta iglesia, el amor de una doncella principal de Torregalindo, y que venía disfrazado con postura de galán con plumajes, a verla y gozarla después de misa de ocho de la tarde, hecho un demonio, viéndole ella su cara por culpa de sus erecciones y eyaculaciones en tantas distorsiones y disposiciones de horror, lengua fuera, ojos saltones, bocas sin labios, caraculos, etc., que, como por un milagro, se fueron esculpiendo en los bajos del coro, según miraba ella excitada hacia lo alto en cada polvo; caricatos como sosteniendo el arquitrabe cual bajos o bufos de la masturbación o penetración cómica exagerando las facciones; caras adelante desvergonzadas.

- A mí, dije yo, se me parece a Pisistrato, célebre tirano de Atenas. Y estas caras deben de ser las de los monjes del Monasterio de la Vid cuando levitan de corridos, teniéndola levantada hasta el Señor.

-Sí, exclamó Guzmán: al ángel se le escucha decir, por sus facciones, mientras el Diablo ríe y enrolla con la cola su pierna angelical, que "hay que despenear al cabrito; despollarle, que es feo como un demonio".

Reímos todos, y Mateo dijo:

-Este Diablo es el prototipo del paleto de pueblo, del médico ignorante que no sabe recetar, del boticario eclesiástico, y del párroco enfermo de lujuria que sólo sabe decir a su pene cuando se le ve ante el espejo del curato: "Dios te la depare buena".

-Ja, ja, exclamó Marta, siguiendo: a mí me pasó. Yo lo vi. Fui sacada por mi novio de la casa paterna con anuencia mía y con intervención del vicario, pues mi padre se oponía sin justo motivo a mi casamiento, no sin antes vérsela al vicario que se la miraba ante el espejo, y que le hablaba diciendo: "esta picha mía vale un ducado".

Calló un instante, y siguió:

-Mi padre se llamaba hogaza y yo me moría de hambre.

Reímos todos.

-Este Diablo, dije yo, divulgó una fábula que algunos paletos y paletas de pueblos cercanos recuerdan y que dice que "un Asno de los de antes escuchó a su dueño decir que cuándo se libraría de tantos afanes y sufrimientos, que toda su lucha y trabajo, su hacienda y sus dineros se los llevaba la iglesia y el estado.

Entonces, un día, el Asno habló; le dijo:" Mi amo, cuando los hombres y mujeres hagan un río meando, se les acabará las penas y el trabajo".

-Que es lo mismo que decir, exclamó Guzmán "cuando las ranas críen pelo".

-O, dijo Zeus, "donde un muerto mea, todos mean".

Salimos de esta iglesia, donde el Diablo harto de carne, se metió fraile, que a Mateo le pareció, como él mismo dijo, "una manta con cornamenta en disfraz de judío", y nos fuimos a pasear.

Con alegría nos asomamos al río Duero por la barandilla del puente por donde si tiró el tío Juanillo, como canta la jota arandina. Atravesamos la Plaza Mayor, para ir a la calle Isilla, calle parecida a un cucharón, pues por aquí encontramos muchos bares, hornos de asar y buenas bodegas de vinos escogidos.

Saboreamos el bacalao rebozado y los torreznos de cerda, así como la típica morcilla. Vimos que algunos almorzaban palominos a la brasa. El vino que nos han servido ha sido un poco purrela de la Ribera.

- En los pueblos, dijo Almedina, no eres popular, si no matas puerco.

En los Jardines de Don Diego nos sentamos, esperando la hora de ir a degustar el lechazo, manjar de purpurado.

-Daniel de Cullá

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