Pino roble canicoso

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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"Todo poderoso y sempiterno Árbol Pino Roble, yo, Tonto, Tontilio, con una tontera cual tonsura en el cabello, aunque del todo digno de parecer y confiado, bailo a tu alrededor, una vez colocadas en tus ramas las bragas de las mujeres jóvenes y mayores, hermanas de la vida y amigas de mi alma, que he cogido de sus cuerdas de tender la ropa con veneración providencial, prometiendo adorar el sexo femenino a través de estas bragas colgadas humildemente y suplicadas a vuestra inmensa bondad, que va desde los picos de Urbión a la Sierra de la Demanda, en la cabecera del Arlanza, en Tierra de Pinares.

Que su olor de suavidad es holocausto de mi bordoncillo carnal y pajillero, de connotaciones chistosas, que derrama arroz con leche por tu amor; que por eso no he encontrado novia, como dice mi abuela, y los hombres de mi pueblo llaman "corusco de joder resplandeciente".

Esta fórmula rezaba Tonto Tontilio, en el paraje conocido como "El Piquillo", al lado de la carretera que conduce a Navaleno, con vistas al pueblo de Canicosa de la Sierra, con semblante afabilísimo y salido, rindiéndose a las femeninas bragas, en señal de agradecimiento y reverencia, bailando y botando alrededor del árbol, llevando consigo en la mano derecha una, que blandía, cogiendo con la mano izquierda el pene, cayendo al suelo, levantándose y abrazándose al árbol, cual semilla que se enraíza en el pino albar, eyaculando luz que caía contra el árbol y contra el suelo, encomendándose su alma a los diablos en este trance.

Para él estas bragas eran reliquias, porque realmente las quería y adoraba, lo mismo que a otras que tenía, cogidas de muñecas que desvestía en tiendas de regalo o en el rastro del Burgos sabatino, en un pequeño relicario con el que siempre dormía, y que estimaba mucho, tanto o más que al árbol, al que mostraba afecto y ternura grande, un sentimiento tan vivo, que a los más amigos declaró un día "que su ardiente deseo era derramar su semen en el árbol para darle eterna vida".

Asimismo, este árbol para él era santo, y no permitía que nadie le tocase, haciéndose el ofendido. Cuando veía venir a alguien, les hacía señas con la cabeza de que no, de que no se acercaran a este árbol, pues si le tocaban, les traería el mayor mal conocido. De hecho, se dice en el pueblo que muchos pajares se habían incendiado y, sabedores de que a esta prenda le encantaba quemar cosas, lo que le excitaba sexualmente, siempre dirigían sus miradas culpatorias hacia él.

Las comadres no acababan de entender bien a este Tonto Tontilio, y, aunque admiraban su destreza de mudar su pene de la mano derecha a la siniestra, tocándose, al mismo tiempo, con la mano derecha, su cogote, sí sabían que esto era porque, un día de sus danzas, cayó de rodillas frente al tronco de su árbol santo querido y alguien, de quien nunca supo, por detrás de las orejas, que a la verdad era la parte por donde siempre le daban, había sentido la mayor y más fatigosa penetración, lo que para él fue, como él mismo dijo " un abrazo azote, un relicario de amor y dolor en sus partes".

Estos hechos fueron relatados en una obra corta de teatro escrita por el que suscribe con el título de "Las Bragas de Maromal", que fue representada en el Espacio Tangente de Arte y Compromiso, de Burgos, que mereció alcanzar cierta gloria perecedera, gracias a que, en su final, Tonto Tontilio se hace pino joven y vigoroso penetrando el añoso roble, que le acogió en su seno y le dio cobijo y sustento, viniendo el ganado vacuno a mear en él, haciendo de sus meadas río, creciendo, a su alrededor, níscalos y hongos, y dando vida a los pinochos.

-Daniel de Cullá

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