Día de lluvia

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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Salgo con una hija bastarda de un tabernero amigo de mi padre, Carlos, que vive en la plaza de Pavía, en Burgos. Ella va al colegio de los dominicos. Yo, como muchos jóvenes, y como dice mi madre soy "un perro sin amo", de esos que, montados en bicicleta van a buscar y enamorar a niñas a las puertas de los colegios.

Para mí, como para mi chica, la Política es la gomia del caudal público, pues consume, roba, gasta y aniquila todo el Erario público que se le pone a mano. La Religión, en la que no creemos, nos parece un lago para muertos, donde los curas se hacen pajas o traen a los infantes a navegar sobre sus aguas pedófilas. Como el padre Gondar, que da religión, y cuida exageradamente de su atavío y adorno, quien a su pene llama "Góndola", y exclama: "Ay, mi zagalejo, pastorcillo mozo subordinado a tu Rabadán, mayoral de pastores".

Dicen que es, además de profesor, capellán de un Centro Geriátrico a las afueras de Burgos. Creo que de Tardajos, pero no hago caso.

Hoy he quedado con ella, junto al campo de Fútbol "El Plantío", cercano al Hospital de la Cruz Roja. Le traigo un librito que me ha encargado "El Murciélago alevoso", de Fray Diego González, agustino del siglo XVIII, sobre el que tiene que preparar un trabajo, modelo de lenguaje castellano.

El título ya me trae pensamiento lujuriosos, y la visión de su murciélago labiado entre el gordal de sus muslos, unto de res que adoro, cuyos pelillos desato con la lengua, como hiciera Alejandro Magno con su espada al nudo gordiano, ese famoso nudo que había en un santuario de la ciudad de Gordio.

Ella dice que mi pene es gordo, cuatro dedos de ancho y dos de grueso, y que me va a tocar el premio gordo, su murciélago poco ataviado. Ahora, sueño con llevar mi pájaro a su nido, justo cuando ella llegue y nos vayamos al lado de una olla o remolino del río Arlanzón cercano.

Justo, en este instante, pasa un viejo alechugado con cachava, parecido a un mono antropoide. No creo que me haya visto, pues se le escucha un ruido ventoso producido por gases en el interior de su culo, haciendo quiebros con su ojete. Y sonríe al escucharse. ¡Qué cabrón¡ me digo. Pero, me consuela el verle, porque pienso que este será su último "gorigori", canto con que se acompañan los responsos.

Me parece el tiempo de espera largo. A lo lejos, veo que se acerca mi chica. Viene con su paraguas. Yo estoy con el mío. Ha dejado de llover, y como no ha sido mucho, la yerba no estará muy mojada, siendo, además, verano, como es.

-Hola, gorrión, me saluda

-Hola, gordi, le respondo.

Nos besamos, y, cogidos de la mano, nos vamos hacia la olla del río, yo pensando en las gotas de cera que al caer hacen un cirio pascual; ella, en la razón del Sexo, al que yo iré a residenciarle.

-Daniel de Cullá

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