La política

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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-"Menudo filón de latrocinio, hurto y costumbre de hurtar y defraudar es la política, dice Remírez tocando un laúd que dicen que era del arzobispo de Cantorbery, a quien se lo había regalado Carlos I de Inglaterra por haberle hecho una paja,

Remírez va montado en un falucho, cierta embarcación pequeña, costanera, de vela que surca las aguas de un charco, lavajo de mierda que rara vez se seca, o ría gallega instalada sobre el caparazón de una tortuga de mar sacada del Romancero de los Bandoleros, junto a una mambla o montecillo aislado en forma de teta.

Moñino o "el Moñigas", que está con él, no le pierde ripio, y aprovecha la ocasión para insultarle, "pues está de moda en el gobierno la injuria, los denuestos, las descalificaciones y difamaciones, láudano digno de aplauso y alabanza, y laude con que se cierran las excavaciones de memoria histórica", como él mismo dice.

-La política nos es dada en enfiteusis, canta Remírez, y luego se pone a recitar unos versos de Petrarca dedicados a Laura, célebre dama provenzal a quien el Poeta lauráceo no pudo soltarle la lazada que le sujetaba la braga, arrojándose, no obstante, sobre el conejo como un loco de amar, o un místico ejemplar.

Anoncillos y mamoncillos crecen a las orillas del charco, cual lago, al que podríamos llamar "lago TitiCaca", como quiere Moñino, recordando el gran lago del mismo nombre en los confines del Perú y Bolivia que se lo comparten, donde vienen a tomar el sol y bañarse los "laurentes", personas que se desempeñan en el trabajo de fabricación del papel de timo, así como los laureólos del culo, sacerdotes pedófilos que saben inmatricular en letanía, como ninguno.

También, de los árboles cuelgan lazos para cazar pájaros dañinos, especialmente niños o niñas que se suben a ellos para coger nidos. Igualmente, existe un lavadero donde se extraen auríferas y pepitas de oro cagadas por los ricos al defecar, que allí mismo se limpian el culo. Ellos solos, los ricos, ostentan el poder de pintar las aguas del charco de mierda con su sudor, y son queridos por sus gentes, que llevan una cámara sepulcral en sus entrañas con muchas tradiciones.

A la orilla del charco, que ahora se agita con ligero temblor de alguna parte del organismo, junto al tronco de un árbol está sentado desnudo Maquiavelo, vagabundo refranista, haciéndose pajas en número de tres, cual Titimalo, lechetrezno, en cada eyaculación clamando:

-Esta por la mala fe; esta por el engaño y está por la injusticia y lo inhumano que amo.

-¿Y a los pobres de la tierra, qué?, le pregunta Moñino a Remírez, y éste le contesta:

--"A los pobres que les den", como cantan los ricos y los políticos. A estos pobres se les ha colocado un lavador en sus retretes, para que limpien las armas de fuego y saquen brillo a los trabucos lujuriosos de sus mandamases, que son los titiriteros que traen y gobiernan los tontos o títeres, como tú, como vosotros.

-Entonces, lo que tú nos quieres decir, Remírez, es que la gran mayoría que somos los pobres no somos más que mamones de tigre para los ricos, ¿no?

No contestó Remírez. Callaron los dos, pues a lo lejos se veía venir la embarcación, en forma de gaviota, de una tristísima celebridad por sus tremendos saqueos, llamado "Barba Azul", arrastrando sobre el charco a un bribón que se deslizaba sobre el agua tras de él en patinete. Patinete, por otra parte, que habían traído otros templarios de la guerra de Judea.

-Daniel de Cullá

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