Baphomet, la cabra de Aleister Crowley

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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A Crowley le bastaba presumir la ofensa, y ésta en su honra era tan veloz que, como si fuera un dios, ofendía a todo lo que se le ponía por delante y se lo follaba, diciéndoles en el cogote : "Cierta vino a ser mi afrenta".

En todo su discurrir de un lado a otro de las naciones del Globo, se convencía cada vez más de que la lectura de los signos ocultistas se adivinaban más graciosos en el ojo del culo de Willian Butler Yeats, por ejemplo, poeta y dramaturgo irlandés, un místico, que se moría de asco en un halo de la boca de Aleister que olía a demonios; igual que le pasaba a Samuel Liddell, famoso mago del ocultismo moderno, quien se expresaba de esta manera: " Crowley sin duda me ofende, Crowley sin duda me afrenta".

Pero ellos dos, como muchos otros y otras se disfrazaban para acceder con gusto a los Templos y Órdenes donde él estaba, y a los que él mismo fundara, como el de la Orden Hermenéutica del Alba Dorada (Isis-Urania), la Astrum Argentum, y el Ordo Templi Orientis (O.T.O.), aun hoy día en vigor, donde rige su ley de Thelema: "Haz lo que quieras".

Crowley, estudiante "perdigón", que perdía muchos cursos, tan odiado como querido de la misma manera en que iba vestido, "Hermano Perdurable" (Frater Perdurabo), y The Great Beast 666 (La Gran Bestia 666), se sentía perpetuo y no escrupulizaba ni desperdiciaba ocasión para follarse a cualquiera, no siendo más que una cabra perdida por mil y quinientos que a él le jodieran.

El ácido y el éxtasis le hicieron andar con el pie derecho, sirviendo de perconteo a todos sus discípulos y discípulas. El peralte de sus Órdenes y Templos excedía un arco o bóveda en altura a su culo. Muchos le odiaron a muerte, otros le defendieron por lo común a martillo y escuadra, pero todos ellos, quitándole su manto mágico, pretendiendo resaltar su fortaleza, se dejaban hacer perrerías y, mucho más, guarrerías, cuya evidencia no deja lugar a dudas.

Percuciente, que hiere, es su "Libro de La Ley", el libro sagrado de Thelema. Su virtud cardinal, la Fortalezxa. Que Crowley estaba como una cabra, era evidente, tan evidente como las impresiones que recibía de los objetos, los animales y las personas por medio de los sentidos y las combinaciones del ácido como su base.

En el imaginario pictórico que se desarrolló en torno a él, resaltamos el modo como Aleister convenció a su novia Leah para que copulara con una cabra, atrayéndola hacia sí con una especie de lazo para cazar perdices. La cabra estaba destinada a ser sacrificada en el momento del clímax, pero, aunque la cabra no cooperó, comunicando una fortaleza grande y violenta, justo cuando Leah se corría, su garganta fue cortada de todos modos, uniendo Crowley su sangre al orgasmo de Leah, para después bajar él al sexo de ella y chuparle en muy gran manera, excesivamente, como si estuviera perdidamente enamorado.

Cuentan que Leah, demostrando una fortaleza más serena y espiritual, y para pagarle a Crowley lo que había perdido con la cabra, cantó una canción muy parecida a la que cantaron en su día, y cantan, todavía, El Chivi, Molotof y los Torteros Muertos, no sin antes decirle, mientras le agarraba del pene: "Baphomet, por do salta la cabra, salta la que mama"; y, ordeñándosele, comenzó a cantar:

"La cabra la cabra la madre que la parió
Yo tenía una cabra que era más un cabrón
Parecida a la de los romanos y legionarios
Que tiene por costumbre arañar los cojones
Mientras joden cual marranos".

-Daniel de Cullá

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