Viva la hermosa mesonera

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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Estamos en un refugio al pie de las alturas de Sierra Nevada donde se conserva la nieve y el hielo. Ha pasado una ventisca en ventola haciendo el viento un esfuerzo para tirarnos al suelo. Hemos pagado la estancia de una noche a una mesonera vanidosa que nos ha tratado con jactancia y soberbia. Repentina e inesperadamente nos ha dicho que es de la morería de Granada. Mi amigo Ventor, que es un puto QUE ventea bien la caza, le ha preguntado: Te llamarás Ventolera, ¿no? Ella se ha dado la media vuelta, sin decir nada.

Este refugio es un ventorrillo. Tiene un ventanuco en el punto más elevado para dar paso a la luz. Este ventanuco es de nuestra habitación. Otro de los amigos ha dicho que, cuando suban a la habitación, él lo va a hacer como el chorizo o ladrón que escala una ventana.

En el salón, hemos cogido una mesa de cuatro sillas, acordando que vamos a participar todos en una ventregada de opiniones, parecida al número de animalillos que nacen de un parto. Yo me he quitado la faja que me pongo en el vientre, porque me aprieta.

-¡Es que eres un ventrón¡ ha exclamado Vera.

Equilibrando la mesa, hemos empezado a hablar a lo que salga:

Ventor: La mesonera parece una dama de comedia. Mirad, ahora tiene en su mano un instrumento de triunfo eréctil.

Tejadillo: Siempre pensando en lo mismo, Ventor; no tienes cura. Siempre empeñado en que te satisfagan tus deseos amorosos, y siempre acabas haciéndote una paja.

Ventura de García: No seas malo, Tejadillo. Ventor es un personaje del subgénero erótico. Las mujeres a las que enamora, o cree enamorar, huyen de él, pues las estratagemas que ejecuta caen por su propio peso, que su ingeniosa habilidad de sacar el miembro no es más que un enredo en su bragueta.

Yo: Ventor no es malo, compañeros. Es un fingidor de amores, que sabe de la reacción propia de las hembras.

Ventor; Vaya cómo me estáis poniendo, compañeros. Yo soy un vagabundo de amor dispuesto a trajinar lo que se me presente con raja. Mi pieza es como de madera de hilo espermático de 18 pies de largo y 6 1/2 por 4 ½ pulgadas de escuadría y en muchas de mis fábulas he cohabitado con Ciprina, Citerea, Urania, Pafia, Dione, y muchas más. Mi coito es como el de Júpiter trajinándose a Vulcano, hermoso y agraciado.

Yo: Menos lobas, "Caperucito".

Ventor: ¡Bueno¡ ¡Bien¡

Ventura de García: ¡No las he visto más gordas¡ ( El acaba de ver cómo Ventor tenía algo entre manos, algo parecido a un morcillón burgalés).

Yo y Tejadillo dirigimos la mirada adonde la tenía puesta Ventura de García. Ventor jugaba al monte, sí, como un juego de azar, viéndose negro para hacerle eyacular. Cuando hubo terminado su paja, exclamó:

-Me siento como un militar y eclesiástico en Indias, en Italia, en Tierra Santa.

Nuestro sitio olía a olor de santidad, hay que decirlo; y la mesonera vino a recordarnos que ya era hora de cenar, no sin antes mirando a Ventor, decir para todos:

-Cuando sepas del amor dejará usted de hacerse pajas.

-¡Viva la hermosa mesonera¡ exclamamos todos.

-Daniel de Cullá

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