Chachi, chicha y cachi

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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En un bar poético musical, donde cuelgan de sus paredes dibujos y pinturas al estilo de Dalí, Picasso o Miró, hechas con el culo o la picha, rodeados de nubes de humo producidas por la cigarra o cigarro de la Tía María, me encuentro con una joven y, a la vez, vieja estudiante de Historia, a quien conocí en unos cursos de verano en Aranjuez, Madrid, y en Punta Umbría, quien recién ha participado en unos cursos de verano de la Universidad de Burgos.

-¿Cómo por aquí?, ¿Otra vez por aquí?, le pregunto. Y ella me responde:

-Sí. Yo, como te dije, si recuerdas, en los jardines de Aranjuez, me apunto a todas. Para mí es una gozada el asistir a cursos en los que te dan alojamiento y comida y no aprendes nada. Pero el hecho de convivir con otros y otras estudiantes, y conocer a "gente importante", a profesores encumbrados que nunca te echarán una mano, es de lo más chachi.

Hace una pausa, echamos un trago de un Cachi de cerveza, y sigue:

Es cojonudo el haber aguantado durante todo un fin de semana una sarta de sandeces, unas chapas a diario y acabar, en la fiesta de despedida del Curso, con el convencimiento de que todo ha sido ni más ni menos que una Cátedra de Rebuznos.

-Qué buena eres, y qué buena estás, jodía, le digo yo cortándole y dándole un beso, como le dije a una hebrea que conocí, también, en Aranjuez, pero que me dejó por otro hebreo que estaba mucho mejor que yo, ¿recuerdas?.

- Hay que reconocerlo, replica ella, sonriendo.

Yo le digo, de seguido:

-Luego, ¿habrá chicha, hermosa?

Ella me responde:

-Jo, tío, sigues igual que ayer, der. Igual de salido, ¿eh?.

Yo me asomé a su profundo seno que me recordó el que hace el mar de la India entre África y Arabia, que he visto en sueños, donde la ilusión cae con el ala quebrada y la Tierra la recoge, como en la escultura de yeso de Rodin.

Hacemos una pausa y echamos otro sorbo de nuestro cachi, al estilo de los literatos castellanos del siglo XVII, "a lo burro"; tanto, que pedimos otro.

-Oye, le digo, tú que estás al rollo de la Historia, me podrías decir, si sabes, claro, de dónde procede la frase aquella que nos decían nuestras abuelas y madres cuando estábamos estreñidos y no podíamos hacer cacas; frase que yo no sé si lo he soñado, pero que recuerdo haber leído multitud de veces en "la Celestina" de Fernando de Rojas.

Ella me mira como una pieza de los autos sacramentales redonda y alargada, mientras yo me siento sobre un cilindro de materia dura que se emplea en los oficios de amar y de amolar, insignia de mi jurisdicción.

De sopetón, le pregunto como un político de primera fila:

-¿Te vienes a la República independiente del retrete?

Tirando a rojo su color, tocándose el pelo con manos encendidas, me sigue y, tras de mí, mirándome como el capitán o patrón de un barco que mira el pasaporte del nombre del marinero que lleva o va a llevar, me insinúa que sí.

Yo me siento feliz de cambiar de rumbo. Pienso en lo bien que lo pasamos en un servicio de un bar de Punta Umbría, en Huelva, en un encuentro de Edita, editoriales independientes, donde hicimos el amor, ella montada sobre el lavabo, y yo contra ella, mi Luisa.

Ella me distrae del sueño, entramos en el retrete del bar, nos besamos y me dice:

-A ver "Conde" (yo me llamo Conde). A ver tu marca de cabrón hispano y si haces el gran papel que hiciste en Punta Umbría y en Aranjuez con tu poema polla caballeresco en mi Roncesvalles, o vasija para calostros.

-Espera, niñera de mi niño, le reclamé, pensando en la trenza de espadaña forrada de pellejo y en la sede de los pontífices en Roma.

Jadeante, exclamé:

-A Roma por todo, animándome a mí mismo; anunciando:

-Quien lengua tiene a Roma va.

Ella agarrándome con una mano el pene, antes de entrar, con la otra cogió una porción de papel, lo enrolló sobre el glande, le limpió y arrojó a la taza del váter. Puso cara de asco y me preguntó:

-A ver, majo ¿Cuál es la pregunta que me ibas a hacer?

-Bien se está san Pedro en Roma, exclamé, sintiendo, al instante, la membrana mucosa de su vaina.

-El pilón del lavabo es fijo y gradúa el peso de nuestros cuerpos por la longitud de mi brazo de palanca; para otras, brazo de gitano, le dije.

-¡Entra la romana con tanto¡ exclamó ella de forma admirativa.

Yo exclamé:

-La romana del diablo.

Terminamos el éxtasis, y reímos, pensando los dos en la pregunta. Yo le digo:

-Antes de que te haga la pregunta de Historia, admira las paredes de este retrete. Son una página abierta y clara de contra cultura. Mira:

Letras y dibujos: Cruz Negra A; Vota tu Polla; Controla el Estado; Fuck Cen***ship; la Abuela dice que las mujeres cristianas paren bastardos; Satán en tu Culo: Toda creencia es tóxica; etcétera. También, garabatos y pintarrajos. Y rayas dibujadas al tun tun con ton y son.

Salimos con otro cachi de cerveza y nos sentamos en la terraza, en una mesa que había quedado libre.

Le dije:

-Aquí la pregunta, seta bella: las abuelas y las madres nos dicen, desde pequeños, que cuando estamos estreñidos y no podemos hacer de vientre, la mejor fórmula mágica para hacerlo bien es pasar la mano derecha sobre el vientre, girándola al revés de las manillas del reloj, que es mano santa y milagrosa, al decir:

"Virgen del Pilar, déjame cagar". ¿Esta oracioncita o ruego es precristiana o árabe?

Ella piensa y afirma rotunda, casi colorada:

-Es árabe. Esta "oracioncita" o ruego cristiana, como tú bien dices, es árabe, y como todo en la cristiandad fue copiado o arrebatado a los árabes, quienes a su vez se lo arrebataron a los romanos y a los griegos.

Yo recuerdo, sigue, que una amiga árabe mía, cuando está estreñida, pasa sobre el vientre sus dos manos haciendo círculos y canta, porque hay que cantarlo:

"Mahoma de Amor y Paz, déjame cagar".

Hace una pausa y sigue:

-Ya los griegos, en aquel entonces, cuando se encontraban, para saludarse entre sí, no preguntaban "¿Qué tal estás?", si no "¿Qué tal cagas?".

Le di un besazo tal, que los jóvenes que nos rodeaban, algunos con pelos y plumaje de cáñamo, se levantaron de sus asientos, para aplaudirnos, haciendo que nuestros cuerpos flotantes se sumergieran en un abrazo.

-Eres más tonto que pipí, me dijo, besándome el oído.

-Daniel de Cullá

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