Los otros en lo literario

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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Para ser alguien en las Bellas Artes, sobre todo en la Literatura, que es lo mío, había que venir a Madrid, y visitar el Café Gijón, donde se reunía la nueva ola de las Legras y el Teatro, los poetas malditos y los vanguardistas, o ir a la Ballena Alegre, si eras un carcamal, donde se reunían los ilustres más casposos.

Me fue difícil llegar a Madrid, pero llegué. Y me puse a sembrar sus calles de versos. Yo tenía mi estilo propio, mi género, mis formas sin consagrar Yo respingaba alto sobre el resto de los señores consagrados y las mujeronas todavía lozanas en sus cabales, gracias al Verbo.

Con mi porte libertario enhilaba mis argumentos en una revistilla "Hoja Muerta", de la PAX ( Porno Anarco Xerocopia). Oraciones de revuelta y conjuros por la Vida y su Libertad hacían gavilla aparte, destinado como estaba yo a implorar de los "divinos" o "consagrados" la publicación de mis libros y, quizás, el futuro descanso del éxito.

Ya me sabía yo que sería ardua la tarea, harto difícil, porque algunos de los encumbrados tocaban la guitarra con la hoz, y otros con el brazo disecado de santa Teresa, ya en el frío del viejo Madrid o entre los vendedores de flores en Carabanchel, donde me instalé.

Así que, ni corto ni perezoso, me fui al café Gijón, donde se encontraba la crema, la flor y nata de las Bellas Artes, que en aquella época alucinaba al pueblo, a ofrecer la madeja de mis versos con la única recomendación de mi bello cuerpo y mi pantalón ceñido de campana, que se enmarañaba en las bellas chicas que esperaban un contrato como modelos o actrices de teatro, aunque llegaran a ser secundarias.

Me puse a mano y en saludo con un premio nobel encumbrado, a quien visité, posteriormente, en su casa, quien me abrió la puerta sin invitarme a pasar, saludándome y diciéndome que podía usar de sus versos para mi revista, pero que perseverase, porque el que persevera alcanza el éxito, sin más, terminado con un adió y un portazo en la puerta. Jamás he leído un texto de él, ni lo leeré.

También, conocí a otro poeta encumbrado, quien se las daba de liberal pero que trabajaba como corrector en una compañía editorial norteamericana. Este me recibió a la entrada de su empresa, nos saludamos, me dió el nombre de algunas editoriales vanguardistas, y un "adiós, muy buenas". Nunca leí ni leeré algo de él.

De estos y otros personajes me acordé, más tarde, en la mili, sobre todo recordando aquella poesía tradicional que yo les cantaba a mis compañeros de magisterio, que en este entonces hacían, como yo, la mili en el CIR nº 2, Centro de Instrucción de Reclutas en Alcalá de Henares:

"Ayer en el cuartel se me cayó un botón
Y vino el general a pegarme un bofetón.
Qué bofetón me dio el cacho de animal,
Que estuve cinco días sin podérmela menear".

La inquietud me movía en el café Gijón y aledaños, pero no en la Ballena Alegre, donde no había más que carcas, igual que con los que me encontré en varias Jornadas Literarias, Fiestas de la Poesía y otras marcas.

Conocí a Federico Muelas, gracias a Carlos de la Rica. (Digo los nombres de quienes me han dejado huella y me han movido en el vaivén del columpio de las Letras con gozo y placer).

A Federico Muelas le he leído, pero más, mucho más, a Carlos de la Rica. La naturaleza de su Toro de Barro, editorial, hizo de mí un torbellino de pasión. Me hizo mucho, pues además, y a través de él, conocí a un ilustre y adorable poeta, editor de la revista Artesa, en Burgos: Antonio L. Bouza, gran amigo que me formó para alcanzar un puesto en la Administración Local, para poder sobrevivir, quien resistió el embate de los tiempos y está en cabeza de la poesía castellana, y de vanguardia.

A través de Bouza, conocí a Luis Conde, entrañable poeta y amigo, quien, aunque no salió de Artesa, que yo sepa, su poesía trasciende como la de un gavilán con cuatro uñitas de gato. Conocí, también, a Jesús María Jabato Saro, "un amante de la Cultura" (Diario de Burgos); y a José Pablo Arévalo García Galán, un pregonero exquisito, y excelente en sus letras, de las Fiestas Patronales de Burgos.

Más tarde, conocí a José García Nieto, un escritor y poeta del Siglo de Oro, que sigue presente, y quien fue el primero en admirar mi estilo y publicarme; el mejor y más humano de su generación, quien me llevó de la mano por las revistas Poesía y Poesía Hispánica, por él dirigidas.

De seguido, una vez salido del cuartel del Ministerio del Ejército en la Plaza de Cibeles, conocí a Gonzalo Armero, quien dirigía junto con Mario Hernández, de forma maravillosa, la revista Trece de Nieve. Con los dos comí, alguna que otra vez, en un restaurante chino al final de la calle Fuencarral, muy cerca de donde comía Gala, siempre rodeado de jóvenes bellos, y a quien no le entré a saludar pues me podía el sentirme humillado si no me aceptaba en su círculo amoroso.

Gonzalo Armero, lleno de vanguardia y de gran corazón, como todos los poetas que amo, siempre que bajo a Madrid, aun hoy día, él es quien me lleva de la mano a ver exposiciones, de las que él hubiera sido el mejor.

Estos son los poetas y escritores que amo y leo en español o castellano; los otros, me importan un bledo, ni fu ni fa.

-Daniel de Cullá

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