Las Ojetes y los Tapagujeros

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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Mi pueblo, que no es mi pueblo, es tradicional y pintoresco como cualquier otro. El río más cercano está a unos cinco o diez kilómetros, por eso, como dice un viejo del pueblo: "aquí, el río que tenemos es el que hacen las vacas cuando mean".

Este pueblo es agricultor más que ganadero. Las viejas siguen mirando por el ventanillo, y los viejos no miran más allá de las tejas. Los jóvenes, en su mayoría, han marchado a las capitales de otras tierras, siempre pensando, eso sí, en volver para la feria o para las fiestas. Fiestas que, por otra parte, son muchas, como dicen las abuelas, que han cortado el rabo a su macho por entrar en cuadra ajena.

Las mujeres aquí, como en todas partes, se van mucho de la lengua, y la envidia, los dimes y diretes, se sirven entre dos platos bendecidos por el cura párroco en su iglesia.

En este pueblo, que es tu pueblo, hay dos peñas que destacan en besitos y abrazos "a lo Burro": Las Ojetes y los Tapagujeros, que se quieren y se odian como si fueran novios de Antequera. Los Tapagujeros son brutos con vitola, todo lo que hacen es por hacer daño a las Ojetes, como sea, con el rabo o con la lengua,

Estos, los Tapagujeros, llevan colgado del cuello un cencerro, y ellas, las Ojetes, una concha de vieira, de esas del Camino de Santiago, y se las dan a los muy machos con pan y quesito, para que lo tengan en cuenta. Pollinas, como ninguna, ellas les mandan a la mierda o donde se fue el padre Padilla, "a hacer puñetas".

Pero aun así, y quizás por eso, muchas se quedan preñadas en fiestas, "por ir sin bragas a la feria", como dice Roquito Tapagujeros, pues si lo hacen en estos días, nacerán críos muy bestias. "¡Hasta un joven del Ejército de Tierra, llamado Podenco, dejó preñada a una Ojete, llamada Galga, de sangre bella¡"

Las litronas y el alcohol corren como lluvia por las tejas.

-Madre, a mí no me esperen ni para la comida ni para la cena, dicen ellos y ellas.

-Hijo, hija, dicen ellas, tened cuidado con esos cabritos o cabritas que sólo tienen largos el rabo y la lengua, que ellos, los Tapagujeros, os hacen un hijo a la primera de cambio, comiendo de ese guisado de sangre de vuestra prenda: y ellas, las Ojetes, a vosotros, Tapagujeros, os cogen por el rabo barriendo hasta la habitación de la abuela.

-¡Demonios de Tapagujeros¡ gritan unos abuelos, que están sobre la acera que da al Ayuntamiento, en cuyo balcón lucen banderas con estrellas. Mirad como en volandas a las Ojetes se las llevan. Ellas les escupen a ellos en la cara, ellos a ellas en la entrepierna. Los Tapagujeros las suben arriba y abajo, abajo y arriba, frotándose con ellas, para que más deprisa arda la candela, mientras tamborileros y gaiteros, grupos de cornetas, tocan las castañuelas y vuelan al aire con sus manos los pañuelos rojos y morados de las fiestas.

-Daniel de Cullá

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