Para papa las raspas

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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El niño no quiere estudiar ni trabajar. "Nos ha salido rebelde", padre", dice la madre. Es de una generación "nini", ni estudia ni trabaja. El padre es mucho más débil que la madre, y pasa olímpicamente de la educación del niño, que por eso, se advierte en ellos que su matrimonio pende de un hilo; que su separación o divorcio están a la vuelta de un insulto, pues lo menos que se llaman entre ambos, en el cuarto o quinto insulto, es llamarse "puta verbenera" él a ella; y ella a él: "vago, maricón de mierda".

La madre sufre como sufren todas las madres. Su preocupación es distinta que la del padre. "La madre protege, el padre jode", le había dicho el confesor el día de su Comunión.

¡Y cómo sufre¡ El niño va a clase cuando quiere. Anda entre litroneros y porretas. Ya tontea con las chicas, y a la de sexto de primaria estuvo a punto de dejarle preñada. En sus altos y bajos de las neuronas, con esfuerzo le aprieta el buen Asno; como a su padre "el cerdo ese, cara cola, picha babosa", como dice la madre; pues cada vez que viene de su trabajo de "chupatintas" en una subcontrata municipal, lo único que quiere es follar. "Y. en general diré, como cuento a mis amigas, que, en este cerdo de marido que me ha tocado, no hay polvo en que no falten quebrados, o haya medios, pues, en sus últimos tonos, suele ser falsete, un poco quedo".

La madre le dice al niño: "Hijo, tú que sabes tanto protestar y te la das de listo y tu talento despliega la ciencia de los Asnos, lo menos que podrías hacer es tener algo de respeto a tus padres, y si tu padre no sabe imponer respeto ni autoridad, haz caso a tu madre, pues mal te las vas a ver en la vida, si no haces caso a madre. Que tu padre sea un lerdo, un insulso, y un peso o maza al rabo haya que ponerle, tú, mi hijo, no debes seguir sus pasos".

El niño, realmente es un cafre, como todos los niños, pues insulta a los padres, y llega a casa a las horas que le placen; un villano, como lo entiende o no entiende la sociedad. Tiene un talento que no es talento, pero que, de seguro es ciencia, pues siendo esto de la educación de los hijos un punto delicado, en conciencia debemos decir que la culpa toda es de los padres y de la Enseñanza y, más, de la religión en general, pues está probado que toda esta tradicional enseñanza educa para ser Jumentos, y su fin, que está probado, es llegar al techo de la Vida siendo magnate mangante, cura pedófilo, o político fiador de engaños.

-Hijo, que te quiero grande y bueno, le dice la madre a la hora de los postres de un día cualquiera en que el niño ha llegado a comer. Que te presten admiración y asombro. No nos digas que te vas de casa, pues sábete que en todas naciones y sus tiempos diferentes, en climas variados y bien diversos, siempre se cuecen las mismas habas: si no trabajas no comes, no haces el amor, no progresas como hombre, que en ninguna parte atan los perros con longaniza.

-Pero madre, le replica el hijo, por lo que yo veo y contamos en nuestra pandilla, los grandes de España, como los de Francia, como los de Italia, han conseguido llegar a donde están con estudios y sin estudios y tan sólo por el peso de sus rabos y gracias a que en el tigre de sus cámaras, cónclaves, han demostrado admiración y asombro por esa rareza que llevan los demonios: los cuernos y el rabo. Esto debiera investigarse, madre, y no atacarnos y atracar nuestra juventud.

-Pero, hijo, exclama la madre, ¡qué cosas dices¡ Ya ves al gilipoyas de tu padre sonriente, con esa rareza que los Asnos tienen en la cabeza, que ni te pregunta qué diablos tiene tu razón. Sé que ya te ha dicho, orgulloso como padre, que si quieres ir de putas, él te las paga, pero probando él primero, pues quiere catarlas antes de que tú las entres.

-Madre, pero madre, exclama el hijo. No digas nada de padre, porque le tratas como a un pelele o tonto de capirote. Siempre le sirves la comida en plato de plástico. Siempre me dices "para Papá las raspas", y él no exhala el menor eco. Es un santo pajares, que te ha tocado en la tómbola, le has elegido y te jodes. Ya estoy harto de que me pongáis piedras al rabo, y que la Enseñanza nos educastre.

Hace una pausa, y sigue:

-Sin meterme en honduras ni dibujos, os voy a dar una alegría, señora Doña Ponefaltas, os lo aclaro: El hambre y el amor a mis padres, que sois vosotros, me ha obligado a montar una granja de hormigas, que ordeñaré con guantes de boxeo. No necesito fiar con los bancos de la plaza mayor, ésos están para os sentéis, y os roben por la espalda; no necesito que me avaléis. Vosotros sí que sois unos demonios de esa rareza que llaman matrimonio.

-Daniel de Cullá

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