Pelleja y Pellejo

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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"En el Amor, todo, menos el matar", le decía una lechuga a un pepino para ensalada. Y es que es doloroso cómo se arriesgan las mujeres cuando se entregan a otro. Como no estamos en el pellejo de una o de otro, pasamos olímpicamente del dolor y el sufrimiento de estas mujeres que son vilipendiadas, heridas salvajemente, asesinadas, en su mayoría por no dar cabida permanente al pellejo del otro, que si no queda muy satisfecho y engreído, después de meterla, murmura de ella, la desacredita, y se lanza a por ella como un energúmeno, incluso matándola.

El macho nunca queda satisfecho de su "zamarra", su hembra, como él mismo dice. Pocas mujeres se dan cuenta de que porque el macho se la folle, éste tiene que tener el corazón alegre, no. Existen muchas razones por las que el macho las hiere. El hombre tiene el corazón duro de las maderas, y la picha bien jocosa; pero por sí misma, por naturaleza, no por él, que es como el caracol que, cuando eyacula, se muere. El pellizcar los labios de la vagina es otra cosa; algo que intenta poner de moda el pato Donald ese, que quiere llegar a la Casa Blanca, made in Usa.

El cántico de la poesía tradicional: "Más quisiera ser mochuelo y tener redondo el pico que no tener una suegra que me revuelva el hocico", es igual para las mujeres. El hombre no encuentra afición y sentimiento interior grande en la única mujer. Para muchos, es un dolor, una molestia peneal. Muchos encuentran dificultad y trabajo en dirigir la pluma a su overo, ovario. Otros se preguntan: "¿Mereció o valió la pena?

La pena, y grande, ¡el pene¡, es que canallas, caníbales y criminales que tratan a las mujeres peor que a la suela de su zapato, nunca aprendieron que el hombre, para ser hombre, ha de elegir entre tres mujeres: a una que hable mucho y haga poco; o a otra que no alabe en su vida su ímpeto sexual, pues siempre será su hombre un "maricón de mierda"; o a otra, que la engendre a la primera, y "luego no vengas con quejas".

Ora de los pelos púbicos, ora de la cola, estas son las plumas que le sirven al pájaro y a la pájara para iniciar el amor en vuelo. Pasar la pata negra por entre las piernas, la mujer; tragar el pene grande en la luna de miel, "sí que es penoso", como me dijo una compañera de trabajo, cantando, porque me vio salido y sin localizar mi erección:

-"Pajarito, rito, rito, no te comas mis cerezas; y si te las comes, luego no me vengas con más ganas de ellas, que tú sufres de pene, y puedes considerar las vueltas que da la piedra de un molino y meterla debajo de ella, que ya lo probó don Quijote en el culo de Sancho, cuando se le cayó el yelmo de su cabeza.".

Lo cierto es que, cuando dos se quieren y se casan, la mujer es la que manda, y el macho adquiere una rabieta de libro, pues se siente como un delincuente condenado a un pene, que debe meter con amor en la boca estrecha de una vasija, que deja salir una corta cantidad de líquido, cuando él, rompiendo toda regla, eyacula como un burro.

Estando en estas, de un zarcillo sobre una cuesta o declive de un terreno, y de un ave con copete de plumas en la cabeza, salió un canto que decía: "Hombre, no seas azote de verdugo. Si tomas el pendil o manto de las mujeres, que va desde la solera al caballete, ama con respeto. Si rompes con la mujer, rompe con amor. No mates en cotos, cercas o lugares de la calle. Sencillamente, no mates. No seas el maleante que finge amar, para después pegar a la mujer sobre el fogón, en la cocina. No seas pendejo, pellejo. No tienes derecho de apropiarte de ellas. Haz como los políticos de pendón y calderilla, que alzan bandera propia y sostienen y pagan su mesnada de puteríos con dinero público, alzando y levantando pendones cuando les conviene".

-Daniel de Cullá

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