Trashumantes

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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Hoy salgo con mi amigo, haragán y regalón, después de comer una fritada grande de torreznos, a pasear él una tortuga, a la que ama y adora, porque dice que "su cabeza y cuello son idénticos a mi polla"; por lo cual, tendremos que ir a paso de tortuga, nunca mejor dicho. A mí me lleva una tórtola, ave muy semejante a la paloma, que tengo atada a la muñeca de mi mano derecha con hilo largo en su pata izquierda.

Como trashumantes nos sentimos. Vamos de Torresaviñán, en Guadalajara, a Torrijos, en Toledo. Sobre el caparazón de la tortuga hemos colocado dos rebanadas de pan fritas, dos huevos duros y mermelada de higos. Yo llevo, en el bolso derecho del pantalón, alpiste tipo para la tórtola.

Caminamos al estilo de una tijera de podar puesta sobre el suelo. En una zanja o cortadura vemos a un labrador desaguándose, cogido su pene con los dedos índice y cordal de la misma mano. Vemos, también, tijeretas que nacen sobre zarcillos a pares.

En nuestro caminar, nos pasó una pardala, que llevaba una manta anudada al hombro. En sus manos tenía flores del tilo. Iba hablando sola y se decía: "estas flores son medicinales".

-Te ha hecho tilín ¿eh?, le pregunto al amigo.

El me responde:

-Pues sí; no te lo voy a negar. Además mira cómo estira su cuello la tortuga. Parece pura coincidencia.

Yo miro a la tortuga y, al instante, me doy cuenta de que me ha tomado el pelo.

-Qué cabrón eres, le espeto. Ese palo que tienes dale contienda y a mí no me esperes, pues no te conviene.

-Sí, ya lo sé, me responde, echándome ojeadas expresivas como las que hacen los enamorados cuando se besan en público.

Mi tórtola se posó sobre un viejo tambor de un solo parche y caja de madera de figura esférica, parecido a una pandereta, pero sin sonajillas ni cascabeles, que estaba olvidada sobre un surco.

Yo quiero pasar de él, porque, como le digo a mi amigo, me recuerda el panderete del culo, que no le deja a uno sosegar ni un momento, nos molesta continuamente, haciéndonos ir y venir y ejecutar muchos y muy diversos movimientos y eyaculaciones.

-Es "el panderete de brujas", exclama mi amigo, cogiéndole, y comenzando a tocarle con bulla y alegría: sacando su cuello la tortuga al son de él, con movimientos tardos y pesados. Esta vez, sí.

Yo le digo:

-¡En buenas manos está el pandero¡

Él dejó de tocar el pandero, cuando yo le vuelvo a decir, ordenando:

-Calma, león, y mira: Mi tórtola lleva una hoja de álamo en su pico.

Él me responde:

-Y tú eres un tonto del higo.

-Daniel de Cullá

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