Memento

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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Os voy a contar de una aventura carnal que nos sucedió a mi amigo y a mí en un piso de un edificio cercano a las Clarisas, en Burgos, viendo un anuncio de compañía de un periódico sandio y gaznápiro, en el que lo más que se anuncia son melones y sandías, y puerros, también, tratados con viagra; modo impuesto por dos animales carniceros, parecidos al lobo, un poco más pequeños, pero más grandes que el gato, en el huerto de cultivadores "Don Ponce".

El anuncio, firmado por dos Anuncias, escrito como una canturía rítmica, ofrecía sexo de dos maduritas, todavía de buen ver, al son de una música para elevar lo bastante el badajo, y pueda llamársele canto en la boca del cielo del paladar, en eyaculación poética para ser expresada con condón, pues ellas no podían saborear la miel, aunque saben muy bien de su naturaleza, porque no pueden tomar azúcares, pues tienen la tensión muy alta, y la matriz caída.

Nos gustó el anuncio, por lo expresivo y poético, y, ni cortos ni perezosos, nos fuimos a por ellas con dos condones ya usados, todavía dulces y suaves, empalagosos, con sabor a caramelo de lilas, que, para ellas, serían exageradamente tiernos y agradables, no hay duda.

Llegamos a su edificio, llamamos al timbre del segundo izquierda; sabido, porque habíamos tenido que llamar antes por teléfono. Sin preguntar "¿Quién es?", nos abrieron. Subimos. Oh, ridícula y cachonda sorpresa: en el quicio de la puerta (esto era para desquiciar a un santo), están las dos Anuncias, como dos Melpómenes, con una mano sujetándose el dodotis y con la otra un condón inflado, terminado en la punta con el dibujo de una máscara de la tragedia griega, muy parecidas a sus caretos de viejas arrugadas y chochas.

Sin mediar palabra, sin decir ni un ¡hola", ni preguntarnos nuestros nombres, que son Nestorio y Eutiques, las dos. al unísono, como dos devotas de Melquisedec, que se creía superior a Cristo, nos ordenaron :" Traed vuestras pollas que les colocamos el condón y chupamos".

Asombrados, como el que va de Damasco a Antioquia, o el que sale de casa de su puta querida y vuelve a la casa familiar, los dos, también al unísono, como dos caballeros carpinteros que trabajan el mismo mueble, les dijimos:

-Pues no, señoras nuestras, no, que nuestras pililas les llevan puesto, y tienen un sabor a caramelo de lila, y parecen dos duques de Joyeuse, valerosísimos generales de Luis XIV. Ahora, se les enseñamos. Miren, amadas putas vejestorios.

Sonrieron entre los huecos de sus dentaduras melladas, apareciendo una humedad pegajosa, que les empezó a caer de los labios. Con ojillos avispados y alegres, recién operados de cataratas, y con manos temblorosas, empezaron a quitarse el dodotis, haciendo mella en nosotros, causando un efecto depresivo en nuestro ánimo y polla, al ver unas setas sin canto ni filo, que parecían unos morruños de Cangas de Onís.

Este era el "memento" en la entrepierna de sus coños, que conmemoraban a los vivos y a los muertos. Eran dos manojos pochos mellados en su honra. Sus bragonas o dodotis eran de Braganza. ¡Pudimos leer la marca¡ Quizás habían ido a Portugal el sábado pasado en un viaje del IMSERSO a comprar ropas, y condones, ¡claro¡

Sus piernas eran de distinto color que el cuerpo. Sus vaginas estaban caídas y bien caídas. Parecían dos pellejos delgados a modo de pergaminos enrollados. Sólo se salvaba en ellas el tercer ojo, que nos pareció el ojo de Memnón, personaje fabuloso de la mitología griega y egipcia, símbolo del Sol. Un Sol de los muertos, pues todo en ellas dos eran una membranza, memoria y recuerdo del Día de los Muertos. Que así se sentían nuestros penes y que, por eso, nos quitamos el condón y se les pusimos a ellas en sus temblorosas manos, diciéndoles:

-Este es nuestro regalo por vuestra atención. Chupadles, que saben a caramelo de lila. Lo de la pilila, como veis, na de na; y de los veinte euros, iros a la puerta de la Catedral, o a tomar por culo.

-Iros vosotros a la mierda, maricones de lo mismo, gritó una de ellas. No nos hacéis falta para nada. Tenemos el terreno cubierto de membrillos, y nuestros cuerpos despiden sonidos melodiosos al ser heridos por los primeros rayos solares.

Con risotadas, nos fuimos saltando escaleras de tres en tres, de cuatro en cuatro, como los generales del rey de Persia Darío vencidos por Alejandro, por los campos. Ellas cerraron la puerta de un fuerte golpe, quizás porque no había vecinos, que se habían ido a sus pueblos de fin de semana.

-Daniel de Cullá

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