Carne, Castilla, cerdo

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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Hoy he ido a comprar unas bueñas, morcillas, al mercado Norte, que me parece un Capitolio paseado por gansas y gansos. Me gusta visitar las carnecerías y casquerías porque los bofes colgados, los hígados, las patitas de cordero, las tripas para hacer callos, la sangre, me parecen elogios colgados de pinchos, cebos de carne para pescar y cazar lobos. Ahora, ya no veo carne de burra ni de caballo, pero si hay cecina de vaca o de asno, manjares exquisitos.

Aunque me gustaría más tener estas exquisiteces en pastillas o granos, pues me duele la muerte desastrosa que les dan a todos estos animales, seres vivo, aprecio la masa muscular del cuerpo del animal, el revés de sus pieles. Recuerdo la semana de ejercicios espirituales, por Semana Santa, en el Seminario, que era una semana que pertenecía a la carne, a la lascivia, porque todo era, sacrificio y oración, un intento de vencer el pecado bendito de lujuria, la hermosa Lujuria que me producían, ahora, esas rojas y sangrantes tajadas del lomo espaldar o la faldilla del animal vaca, ternera, carnero. La abundancia de carnes hacía aumentar el mollar de la carne pecaminosa mía, que figuraba como una S de la taba en mi entrepierna.

Me dije: "carne que crece no puede ser estar si no mece", y me fijé en la dependienta con ojos lascivos. Estaba viva, hermosa, sin huesos. Me la imaginé desnuda con un deseo en mi lengua de abrir su sexual herida. ¡Y esas carnecillas que se levantaban en su pecho¡ No me hizo ni puto caso; tan sólo la escuché decir a una clienta: "aquí no hay carne de carnero" , y como sé que se dirigía a mí, porque la clienta me miró, dejó de ser mi musa.

Salí y miré al cielo. El cielo de Castilla es de la piel de un Asno. Y su tierra o suelo es como la uña del puerco u otro animal de pie hendido. Dicen el cuento y la leyenda que la Burra de Balam pacía en los cotos o dehesas del norte de la Península. El Sur estaba pacido por Borak, la burra de Mahoma. Por estas tierras, a los carnosos se les llamaba "marqueses de la romana", balanza en que el pilón es fijo.

En Castilla se hacen muchos castillos en el aire. Su educación está en manos de monjes Carpetanos castificadores, que hacen castos e inducen a guardar la castidad, mientras ellos se van de putas o a los columpios infantiles, que influyen en la política y lo social. Los estudiantes y los políticos van en carretones para aprender a andar en la Vida. El profesorado aprende en Cátedras de Rebuznos. La escritura sagrada está en manos de Asnos. Una gobernanta alemana que pasó por aquí, y se encontró en Madrid con nuestros gobernantes, dejó dicho: "Castilla es un País de buenos Asnos; y no digamos del Cerdo y sus morcillas". Uno de los nuestros, por no ser menos, también dejó dicho: "En Castilla el caballo lleva la verga y la silla. Y los castellanos entramos con todas, como la romana del diablo",

Ay, el cerdo. Hacía muchísimo tiempo que no escuchaba el Castrapuercas, silbato de capador y, ahora, él estaba ahí, en la plaza de España, para capar, en su tiempo de practicarlo. Parecía un san Antón apostado junto a la Fuente de los Delfines.

Después de pasar un tiempo triste esperando que le llevasen algún puerco, de repente, se vio privilegiado, porque empezaron a llevarle Cerdos, Cochinos, Lechones, Marranos, Gorrinos, Puercos, a los que capó con una extraordinaria habilidad, tanta, que los hombre y mujeres, admirados, decían de él: "Lo que vale un capador en este tiempo". Y él, después de imitar el gruñido de los cerdos, exclamó: "Más o menos bendito sea dios. En toda España se hallan muchos cerdos".

-Daniel de Cullá

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