Aprender tauromaquia con un anti taurino

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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Cuentan que a Blas Romero "el Platanito", que nació en Castuera (Badajoz), pero salió de allí muy chiquito, se le apareció la Virgen María y le dijo de esta manera:

- No mates ese torito, asesinas sangre bella.

Así me decía un chaval que venía a aprender a torear en el bosque más espeso del Batán de la Casa de Campo, en Madrid, muy cerca de donde las trabajadoras del Sexo suplicaban:

-Caballero, caballero, se la saco, se la saco, el amor está en mi puerta.

El chaval era nacido madrileño, de Carabanchel Alto, pero de padres salmantinos. Desde pequeño le cautivaron los toros, y tenía una ilusión muy grande toreando una testuz con cornamenta guiada, en su centro, por un palo largo y una rueda que unía dos pinas contiguas, que hacía las veces de torillo guiado por un compañero. A veces, era sólo la cornamenta en manos del compañero, que hacía, igualmente, las veces del toro.

Otras veces, le vi toreando a un joven con pasos útiles y molestos, que llevaba cubierta su cara y frente con una máscara de hierro con cara de diablo y dos cuernos, uno al lado del otro, sujetada a su cuello por una cinta y otra unida de la cabeza al cuello, por detrás. En su boca apretaban los labios una corneta, como esa que anuncia la salida del toro ("tarará, tararí, el toro va a salir").

De los toros que había visto, siempre le gustaron dos: el sardo, ojalado, calcetero, coliblanco y astillado del derecho; y el jabonero, tirando a barroso por la bragada; algo meleno y bien armado.

Siempre se acercaba un caballero a darle lecciones de toreo, que venía acompañado de una tarasca, mujer fea, sacudida, desenvuelta y de mal natural, que le regalaba con unos frutos de tapsias enteros que dibujaban en su centro una vulva, para darle ánimos, como diciéndole que de estas conseguiría las que quisiera si un día llegara a triunfar.

Para mí, él tenía estilo de toreador. Toreaba con mucho estilo y soñaba con torear los toros ciertos. Un día que el caballero, su maestro, como me dijo, le soltó un toro, reprendiéndole sin contemplaciones, se expresó con la verdad por delante, y me dijo, a oídos de todos:

-Me encanta que me reprenda, si esto puede adelantar mi aprendizaje; y estoy muy contento de aprender tauromaquia con un anti taurino en este jardín del Batán, jugando con varios toros.

-Daniel de Cullá

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