El grajillo y la podóloga

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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Hoy, aquí y ahora, me estoy lavando los pies en un barreño con agua templada y sal, como se hacía antiguamente cuando no teníamos agua corriente ni servicios, o como lo hacen, ahora, los pobres del extrarradio de las ciudades por falta de luz y de agua, mientras los ricachones contaminan sus piscinas particulares con polvos, ladillas y pajas. O como, también, lo sigue haciendo "La chiquita picarona" en el cuadro de Julio Romero de Torres.

Lo hago, porque mis pies, como dice mi parienta, parecen dos pequeñas rocas repletas de percebes y caracolillos. Estoy medio desnudo, en bata, y, entre las piernas, al abriese la bata, asoma el pico un pajarillo más feo que un grajillo. Yo creo que tiene frío, porque el pobrecillo está en cueros y se calienta gracia al calor de sus huevos.

La parienta, al verme, llena de reniegos, exclama:

- Das asco; me das vergüenza.

Yo, en el intento de meter al grajillo y sus huevos presos, el grajillo, entre mis dedos, enseñó las alas, riendo yo de soberbio, mientras mi parienta salía de la casa con un portazo en la puerta, gritando:

-Te daría dos hostias, "burra", por no decirme "maricón de mierda".

Yo meto los pies en el agua. Qué alegría y qué gozo, qué calentitos mis pies entre la sal y el agua. Me imagino en san Vicente de la Barquera, en Cantabria, restregando mis pies contra la roca que tiene en sus entrañas el mejillón y los percebes.

-Dime, mejillón, percebe, grajillo, de quién eres, todo vestido de pelos.

-Soy de Daniel y Daniela, mis padres bellos y santos.

El grajillo al alma me llega, al cielo del paladar, que no me coge en sus carnes, mientras me agacho y restriego mis pies, me corto un juanete y callos, hasta que mañana vaya a la podóloga que me espera en el Centro de Día de Mayores "Juan de Padilla". ¡Que no voy a ir con estos pies con estas pintas ¡

Me acabo de lavar y remojar los pies; de limpiar tanta callosidad y escamas, y aprovecho el mismo agua para sacar al grajillo de su cama y lavarle con salero y con primor, como lo hago siempre que subo al Mar Cantábrico, que me gusta más que el Mar Mediterráneo, pues en éste se ven más algas, mierdas y pelos.

Pero, mira el grajillo tan cojonudo, aferrado a sus huevos, que no quiere salir de su rincón de entrepierna, y canta:

-No señor, no me saque de mi cama, que es un hueco de entrepierna en el que estoy desde que nací, y hasta que muera he de seguir aquí.

-Daniel de Cullá

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