Los grajos siempre estan rodeados de chovas

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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Mi amigo Cholo, que dice ser hijo mestizo de blanco e india, me invita a ir con él a una misa de aniversario de sus padres. Me dice: que sí o sí, que tengo que ir, porque si no, me pierdo un asado de cabrito; y yo no me lo puedo perder. Así que voy, a sabiendas de que me encontraré como una chota en una catedral.

Nada más ver al grajo en la popa de la iglesia justo al lado del altar, por detrás, rodeado de chovas, se me revuelven las tripas y me entran ganas de cagar. No puedo ver a estos grajos siempre rodeados de chovas, beatas cornejas, que les ayudan y les alimentan carnal y espiritualmente.

Las oraciones, evangelios y sermones son como cometas para engañar a los niños y bobos de baba. Se lo digo a mi amigo y me hace callar, "que hay que respetar el lugar". Dando un topetazo de hombro con él, le digo:- Me cago en ti, haciendo el gesto de llevar mi mano derecha a sus bolitas, como en el golpe a la bola con el palo cuando se juega a la chueca, o como se hace en el barrio de Chueca, en Madrid, donde los chotos maman a los chotos entre sí.

Él refunfuña, pero yo le sigo hablando. Le digo:

-Ese cura es un máquina, como la de hacer chorizos curados al incienso sobre un balancín de volatineros con cabeza de chorlito.

-Y ¿por qué no te vas de propósito a la mierda? me responde.

-Vaya cristiano que eres tú, que la derramas por los bordes, le contesto.

Yo miro y veo al cura chorreando; diciendo las mismas sandeces de siempre; cosas que se van sucediendo poco a poco con breves intermitencias de levantarse unos, sentarse, y ponerse de rodillas otros; dejando una señal de alcanzar el cielo cual chorrera en el traje de golilla, o pendiente de venera de alguna orden militar; para mí, un jamón con chorreras, la gloria.

Es un padre trinitario, como me dijo mi amigo antes de entrar en la iglesia. El padre Chorrillo, que echa el grano del evangelio en el surco entre borregos, en chorro contínuo.

Me estoy cansando. El estar aquí, es gracias al asado de cabrito que me espera. Miro a mi amigo, y veo su cara delatora parecida al cáñamo que se saca limpio de la segunda operación en el rastrillo. ¡Tiene cara de beato¡ madre mía, despidiendo cierto tufo como el de los santos, exclamo para mis adentros.

No aguanto más, y me marcho cuando veo que las cornejas le ayudan al padre Chorrillo a dar la comunión a borregos y borregas flacas y enfermizas de mente.

Me quedo a la entrada a esperar, pues está cayendo un chaparrón o aguacero. Si no, me hubiera largado sin decir ni pío. "Ya no me importa el cabrito", me digo, cuando miro y veo, justo junto a la puerta de entrada, a una chuchumeca, mujercilla pequeña de mala figura que pide limosna. Me acerco a ella y le doy los cincuenta céntimos que no he querido echar en el cepillo.

-Daniel de Culla

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